Diario conservador de la actualidad
jueves, 17 de diciembre de 2020
La pandemia de la malaria
domingo, 13 de diciembre de 2020
Melancolía
Las navidades siempre me ponen melancólica pero no porque las eche de menos, sino todo lo contrario. Sólo recuerdo haber disfrutado realmente de estas fiestas cuando era muy pequeña, y eso por la ingenuidad del momento y porque eran los años setenta y todavía se celebraba bien. Más tarde, cuando éramos mayores, recuerdo que sentía que yo sólo estaba allí para servir la mesa porque todo el mundo me ignoraba, y solía acabar la nochevieja llorando en silencio.
Cuando tuve mis propios hijos recuperé parte del encanto pero, al celebrar con las familias de cada uno resultaba muy agobiante, teniendo que comprar casi cuarenta regalos cada año, y atender a los niños al mismo tiempo que no se descuidaba al resto. Afortunadamente hace tiempo que acabaron los eventos multitudinarios y recuperamos parte del encanto de celebrar en familia nuclear y no dejarnos llevar por el consumismo puro y duro. Pero aún así para mí las navidades no son lo mejor del año.
miércoles, 9 de diciembre de 2020
Psicología del autoritarismo
Una de las perversiones más corrientes de la democracia es la que
confunde la validez del criterio de la mayoría con su capacidad para
decidir cualquier cosa fuera del ámbito apropiado. Guiarse por el
criterio de la mayoría es una norma prudente siempre que estemos seguros
de que la mayoría de referencia sea competente en el asunto. Por
ejemplo, es razonable seguir los criterios de la mayoría de los
virólogos a la hora de entender lo que ocurre con una epidemia de origen
vírico, pero no es muy sensato creer lo que puedan decir al respecto al
mayoría de los peluqueros o de los notarios.
En las democracias, las mayorías determinan la elección de los
gobiernos e influyen, mediante la opinión pública, en su forma de
actuar, pero ni las mayorías políticas ni los gobiernos que en ellas se
apoyan son garantía de nada. Esto es trivial, lo malo es que muchas
veces se olvida, en especial cuando ese olvido favorece los designios
políticos de los olvidadizos. Entonces convierten su opinión en dogma, y
pasan de estar con la mayoría a creer que están pura y simplemente en
posesión de la verdad. De ahí a concluir que el error
debe ser combatido con los medios a su alcance no hay más que un paso, y
ese es el paso que seda cuando las democracias y los gobiernos se
convierten en autoritarios, o, como se ha empezado a decir, en
iliberales.
Las democracias no están bien protegidas contra este tipo de derivas y
no es fácil que lo estén, porque lo que lo causa no es un problema
jurídico ni político, sino un abuso de la legitimidad democrática que
dan las mayorías y que se apoya en un sesgo intelectual y moral bastante
fácil de contagiar. El autoritario siempre se hace la misma pregunta de
Lenin, “¿libertad para qué?”, porque entiende que una vez que la verdad
que encarna ha sido reconocida y aceptada por la mayoría social, y no
digamos nada si es una mayoría que se considera nacional, todo
lo que no sea seguir esa senda es ilegítimo y ha de ser perseguido como
un atentado contra lo más sagrado.
Con tan sencillo proceder se
comienzan a poner en práctica acciones contra cualquier institución que
sirva para preservar el pluralismo social y la libertad de conciencia. Y
cuando se está en esa tesitura, se pone en discusión la independencia
de los jueces, los derechos individuales, y, en especial, la presunción
de inocencia, y el conjunto de las libertades públicas, empezando por la
libertad de pensamiento y opinión, es decir por maniatar a las
universidades y a los periódicos para que no difundan el mal.
El fenómeno más llamativo es la aparición de nuevos censores, en la creencia de que está justificado que algo así como una nueva policía del pensamiento intervenga a través de procedimientos tecnológicos para evitar que se propague el mal, que se difundan falsedades, o que se incite al odio
Es interesante notar que en la historia de la conquista de las libertades, lo que se suele llamar izquierda había desempeñado un papel de importancia, pero, por desgracia, ahora que la izquierda ha alcanzado enormes cotas de poder en todas partes, ha predominado en ella una notable tendencia a prohibir, condenar y silenciar las opiniones discrepantes, es decir que muy buena parte de la izquierda se ha vuelto autoritaria, un epíteto que casi siempre se había empleado para criticar posiciones más bien conservadoras que progresistas, por emplear la dicotomía habitual.
Los autores discrepan sobre este punto, puesto que hay quienes
piensan que la izquierda nunca ha sido tolerante, y quienes afirman que
su colonización por la intolerancia más rampante es cosa reciente. En Koba el terrible,
un libro que no puede leerse sin espanto, Martin Amis recuerda que un
camarada se quejó a Lenin de que se estuviese fusilando a mucha gente
cuando los bolcheviques siempre habían sido contrarios a la pena de
muerte, a lo que el filósofo ruso contesto “Bah, paparruchas”. La
conquista del poder político siempre ha tenido una gran capacidad de
transformar a los vencedores, aunque quepa sospechar que solo sirve para
mostrar su verdadera faz. En todo caso, cabe constatar que la izquierda
de talante liberal se muestra en retroceso pro todas partes mientras
los autoritarios de izquierda campan por doquier, en EEUU, en Europa y
en España.
Tampoco la derecha se libra de sus autoritarios con facilidad, y da
la sensación de que el mundo entero está perdiendo los papeles, que la
tolerancia se ha convertido en una rareza. Que los autoritarios de
derecha o de izquierda se dejen llevar de sus querencias entra dentro de
lo previsible y puede ser soportado con calma y combatido con ironía.
Sin embargo, tal vez el fenómeno más llamativo esté en la aparición de
nuevos censores, en la creencia de que está justificado que algo así
como una nueva policía del pensamiento intervenga a través de
procedimientos tecnológicos para evitar que se propague el mal, que se
difundan falsedades, o que se incite al odio, y que eso se haga por
empresas que se fundan en avances tecnológicos y en cambios sociales que
han sido disruptivos, que han modificado en muy buena medida hábitos y
creencias tradicionales hasta hace muy poco.
Es asombroso que esta clase de tecnocensuras se abran paso sin producir verdadero escándalo, pues suponen, nada menos, que tales entidades con ánimo de lucro están en condiciones de independencia
ideal para definir el bien, defender la verdad y que, además, gozan de
una sabiduría especial para discernir las intenciones del público, lo
que, como se diría en castizo, es de no creer. Google, en concreto, parece haber entendido que su motto, bastante presuntuoso, (Don’t be evil)
le concedía autorización para evitar el mal que pudieran hacer otros,
es decir, para ejercer de fiscal, policía y juez a través de indicios,
para establecer la peligrosidad en las opiniones que rebasa
cualquier contención jurídica y supone estar en absoluta posesión de una
verdad inviolable.
El caso de James Damore un ingeniero al que se
expulsó de la compañía por sostener opiniones que atentaban (ni siquiera
supuestamente, eso aquí no haría falta según Google) a lo que la
empresa estima una política correcta en relación con estereotipos en
torno a la cuestión feminista, supone, nada menos, que Google cree estar
en posesión de la única verdad sostenible en un asunto, el de los
límites entre la influencia biológica y los hábitos culturales, sobre el
que se viene discutiendo décadas sin la menor posibilidad de establecer
por ahora, al menos, una verdad que sea indiscutible, salvo para Google
que para eso es tan poderosa.
¿Qué pasa con Google, pues? Pues da la sensación de que la libertad
intelectual y moral le importa un carajo, y que está dispuesta a lo que
sea con tal de que su merecido credencial de joya tecnológica se adorne
con el archi discutible título de maestro de moral y gurú indisputable
en la inexistente ciencia sobre el bien y el mal.
La psicología del autoritarismo se funda en la creencia de que hay
que proteger de sí mismas a la personas, porque pueden hacerse daño,
porque son como niños a los que hay cosas que todavía no se les pueden
explicar, pero se les pueden prohibir. Aparte de que, por fortuna, ya no
actúan así, de una manera tan burda, ni los profes de parvulario, cabría recordar que una conducta irrenunciable de las revoluciones democráticas es lo que Kant denominó sapere aude,
el atrevimiento a pensar por cuenta propia, un hábito intelectual
imprescindible para avanzar en cualquier terreno y cuya erradicación en
las universidades de elite pronto las acabará convirtiendo en una
lamentable y oportunista especie de catequesis.
https://disidentia.com/psicologia-del-autoritarismo/
jueves, 3 de diciembre de 2020
Mis libros de refranes
Durante algunos años llegué a autopublicar quince libros pequeños. La mayoría eran recopilaciones de posts de mis blogs porque he llegado a ser muy prolífica en alguna época. Los tres últimos corresponden a los años en que estuve recogiendo refranes y expresiones españolas. Esos libros están en descarga gratuita en Bubok.es, pero también se pueden comprar en papel y os lo agradecería. El enlace está en el lateral del blog y no hay más que seguir las instrucciones.
Realmente no se trata de explicaciones literales sobre los refranes sino más bien de lo que me inspira a mí cada uno, desde un punto de vista como siempre de humanismo cristiano. Creo que pueden resultar interesantes para pasar unas horas. No me considero escritora pero me gusta guardar parte de lo que escribo. En casa tengo los quince libros y así mi labor en internet tiene una parte visible aunque sólo sea para mí misma. Os aconsejo que les echéis un vistazo.
martes, 1 de diciembre de 2020
Lo que sea, sonará
Otra de las frases que he oído mucho. Me recuerda a un comentario que recibí el otro día sobre que no está en nuestra mano prevenir los problemas. Ni siquiera sabemos si podremos celebrar estas navidades. O si lo haremos sólo con la familia directa. La verdad es que a mí eso no me molesta demasiado porque no soy amiga de las grandes concentraciones familiares ni de trasnochar. Pero mis hijos supongo que sí echarán de menos ver a sus primos porque casi no los ven durante el año.
Claro que realmente eso es un problema que tiene poco que ver con el covid. En enero llegarán las vacunas y yo desde luego no pienso ponermela pero me temo que mi familia sí lo hará y es su decisión. Nos espera un largo invierno. Por fortuna mi hija mayor piensa venir algunas semanas si la pandemia lo permite y la pequeña unos cuantos días. Mientras podamos seguir saliendo a la calle y no cierren los comercios al menos espero que podamos evitar la ruina.
Un video de Agustín Laje sobre Maradona: https://www.outono.net/elentir/2020/11/27/un-argentino-critica-el-mito-de-maradona-y-denuncia-la-hipocresia-de-las-feministas/?fbclid=IwAR09r5c9laGfQ9LdlJbY-A_GfL3IEZWOfDx3Kk1IB_KZFcrzoF9P0U_EcwU
viernes, 27 de noviembre de 2020
Esto es pan para hoy y hambre para mañana
Es una de las frases preferidas de mi madre, que en paz descanse. Se refiere a una decisión que soluciona algo de forma temporal pero no a largo plazo. Mi madre era un dechado de sabiduría popular y sus dichos forman parte de mi vida. Me ha costado mucho asumir su ausencia, hace ya cinco años. Mis padres eran los pilares de mi vida y yo los admiraba muchísimo porque representaban todos los valores de este mundo que ya no existe. Me temo que yo no he conseguido conservarlos ni transmitirlos a mis hijos como ellos.
Llevo una racha de despedidas porque poco después mi hija mayor se fue a vivir a Alemania y hace tres meses que se ha ido la pequeña a Francia, pero me parece un siglo. Desde entonces vivo en el hoy y ya no hago planes para el futuro, más ahora con la pandemia que nos tiene a todos en vilo. Pero me temo que soy bastante pesimista con el avenir porque, como dice la frase, parece que nos estamos centrando en los problemas actuales postergándolos para el día de mañana.
Os dejo otro editorial de César Vidal sobre el coronavirus: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-cui-prodest-24-11-20#disqus_thread
lunes, 23 de noviembre de 2020
El aislamiento y las clases
Como ya sabéis voy a clase de francés una vez a la semana. Resulta que han separado los pupitres, abren la ventana y además llevamos mascarilla. Con todo ello resulta que nos oímos bastante mal, y sobre todo a mí porque tengo un timbre de voz agudo. Así que la profesora no me entiende bien y me parece que eso le molesta. Yo no puedo hacer nada por evitarlo, más que intentar gritar lo más posible. En la última clase casi no nos entendimos. Los demás tenían que repetirle lo que decía.
Entre eso y que el horario es muy incómodo, la verdad es que me estoy planteando si seguir el próximo trimestre. Es una lástima porque la clase me gusta mucho y la profesora es buena, pero empiezo a no disfrutar de la enseñanza por culpa del aislamiento y las condiciones complicadas en que estamos. Voy a probar un par de clases más hasta fin de trimestre y ya lo pienso. Porque la verdad es que me cuesta bastante dinero para no aprovecharlo bien.
sábado, 21 de noviembre de 2020
Ven al cine
Hemos ido al cine a ver Desafío total de nuevo y nos ha encantado. Estábamos solos en la sala. Una pena. Como sigan así tendrán que cerrar.
jueves, 19 de noviembre de 2020
Otro video interesante
Como veo que os ha gustado Agustín Laje, os traigo otro enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=IOPCbzOs6GI&feature=share&fbclid=IwAR164VX1SpQ-KBP1R1vujipckry0BLWRH4E6JdskoBUsb71Gm674FHw-9c0
martes, 17 de noviembre de 2020
Conspiraciones
Más de una vez me han dicho que soy una conspiranoica y supongo que es cierto. Pero no lo puedo evitar. Me encantaría ser de esas personas que se creen a pies juntillas todo lo que dicen en los medios. Sería mucho más feliz sin duda. Pero desde niña siempre he cuestionado todo lo que oía y he necesitado sacar mis propias conclusiones. Cuando vivía el Papa Juan Pablo II yo estaba encantada con el, aunque nunca he sido parroquiana. Fue ver al Papa Francisco y desde el primer momento no me gustó nada. Luego el tiempo no ha hecho más que confirmar mi primera impresión.
Respecto a la enfermedad también he sentido desde el principio que algo no cuadraba. Ni el confinamiento, ni las mascarillas, ni las pruebas pcr. Por eso empecé a buscar en internet y encontré exactamente lo que buscaba. Preferiría pensar que estoy equivocada y que todo funciona como nos lo cuentan, pero lo siento porque no puedo cambiar mis pensamientos. La policía del cerebro todavía no se ha inventado y mientras tanto yo no puedo evitar pensar lo que pienso. También sobre la ideología de género, el aborto, la eutanasia y el nuevo orden mundial. Soy una rebelde del siglo XXI.
Os recomiendo este video: Agustín Laje. La generación idiota: https://www.youtube.com/watch?v=pPdBEr8mlqs&feature=share&fbclid=IwAR3JODG9KaYV1T42dBFGE_pWy-G8JC42WImYeX3xvwpdDWg1Y6Wof6wVHDE
Record de parados extranjeros con subsidio, por Francisco Núñez
En pleno anuncio del Gobierno de una nueva regularización de inmigrantes (más de 500.000), las prestaciones asistenciales a los parados extr...