historia de mi vida 9
Diario conservador de la actualidad
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domingo, 7 de junio de 2026
Planned Parenthood: ya está bien, no?, por Fernando Álvarez Fernández de Gamarra
Planned Parenthood no le preocupa la salud de las mujeres. Le preocupa su nómina. No es una frase ingeniosa ni una exageración retórica: es la conclusión lógica cuando se analizan sus cifras, su comportamiento político y su resistencia casi histérica a cualquier reforma que ponga en riesgo el aborto como eje de su negocio.
Durante décadas, Planned Parenthood se ha presentado como una organización sanitaria integral, dedicada a la “salud sexual y reproductiva”. Sin embargo, cuando se examina con rigor su estructura financiera, sus prioridades reales y su reacción ante la posible pérdida de fondos públicos, el relato se derrumba. Lo que queda es una organización ideológica, profundamente dependiente del dinero estatal y absolutamente incapaz de sobrevivir sin la práctica sistemática del aborto.
Dice la policía que si seguimos el dinero nos encontramos al final con el asesino. En el año fiscal 2023, el llamado “sistema Planned Parenthood” (que incluye la central (PPFA), Planned Parenthood Global y las clínicas afiliadas) ingresó aproximadamente 2.054 millones de dólares. No se trata de una cifra menor ni de un presupuesto ajustado: estamos ante una de las mayores organizaciones “sin ánimo de lucro” del ámbito sanitario mundial. Si fuese “con ánimo de lucro”, excuso decirles…
De ese total, cerca de 700 millones de dólares proceden directamente de fondos públicos estatales y federales, principalmente a través de Medicaid y de programas sanitarios gestionados por los estados. Es decir, alrededor de un tercio de todos sus ingresos proviene del contribuyente estadounidense, incluidos millones de ciudadanos que rechazan frontalmente el aborto.
Planned Parenthood insiste en que ese dinero “no se utiliza para abortos”. La afirmación es formalmente cierta y materialmente engañosa. Medicaid financia la infraestructura: edificios, sueldos, personal sanitario, equipos, sistemas informáticos y logística. Esa misma infraestructura es la que practica abortos. Separar contablemente el acto final no cambia la realidad económica: sin dinero público, el sistema colapsa.
La prueba definitiva es su comportamiento. Planned Parenthood podría conservar gran parte de esa financiación si renunciara a practicar abortos, manteniendo servicios de anticoncepción, diagnóstico de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual), revisiones ginecológicas y educación sexual. No lo hace. Prefiere perder cientos de millones antes que abandonar el aborto. Eso demuestra que el aborto no es una prestación más, sino el núcleo del modelo. Se han agachado y se les ve el culo.
¿Y por que Planned Parenthood no ayuda a las madres con una verdadera Planificación familiar? Si Planned Parenthood fuese realmente una organización orientada a la salud y al bienestar de las mujeres, sería lógico encontrar programas sólidos de apoyo a la maternidad. Ayuda económica directa, acompañamiento durante el embarazo, apoyo psicológico para continuar con la gestación, redes de conciliación laboral o asistencia social para madres en situación de vulnerabilidad.
Nada de eso existe de forma relevante en Planned Parenthood. No hay partidas presupuestarias significativas dedicadas a ayudar a una mujer a tener a su hijo y seguir adelante con su vida. No es una prioridad estratégica ni financiera. El embarazo en dificultad no se aborda como un problema social que merece apoyo, sino como una “situación a resolver” mediante el aborto.
Si los cientos de millones de Medicaid se destinaran a apoyar a mujeres embarazadas en apuros, Planned Parenthood sería innecesaria, estarían muertos. Existen miles de centros de salud comunitarios capaces de ofrecer servicios ginecológicos sin eliminar al hijo. Ese escenario es el que Planned Parenthood teme: perder su monopolio ideológico y su posición privilegiada. Y de ahí su inmensísimo cabreo disfrazado de “derechos” y mucha “democracia”. Si los pobres bebés víctimas pudiesen hablar antes de que los desmembrasen y los tirasen a la basura, mandarían a freír espárragos a esos “derechos” y a esa “democracia”. Lamentablemente no pueden. Que no se preocupen, nosotros chillaremos por ellos. ¡Apartad vuestras manos asesinas de ellos ¡
El feminismo y el ensañamiento de los dirigentes de la nueva Eugenesia es tremendamente productivo y reconfortante. Eso sí, tienes que coger tu conciencia y tirarla por el inodoro. El discurso de Planned Parenthood habla constantemente de mujeres vulnerables, pero su estructura directiva vive muy lejos de esa vulnerabilidad. Según los formularios fiscales oficiales (Form 990, año fiscal 2023), los principales cargos ejecutivos perciben remuneraciones propias de grandes corporaciones.
La presidenta de la organización, Alexis McGill Johnson, supera los 900.000 dólares anuales sumando salario y beneficios. Otros altos directivos superan holgadamente el medio millón. Y esto corresponde solo a la cúpula nacional, sin contar directivos regionales, asesores y cuadros intermedios.
Cuando Planned Parenthood denuncia “ataques a los derechos”, en realidad está defendiendo esta estructura salarial y de poder. El aborto es el pegamento que mantiene unido el sistema. Sin aborto, la organización debería reconvertirse, adelgazar su estructura y perder influencia política. Por eso no está dispuesta a ceder ni un milímetro.
Planned Parenthood es la heredera directa de la eugenesia del siglo XX, adaptada al lenguaje del siglo XXI. Donde antes se hablaba de “vidas indignas de ser vividas”, hoy se habla de “derechos reproductivos”. El resultado es el mismo: la eliminación sistemática del más débil, justificada por criterios sociales, económicos o psicológicos.
No se trata de una comparación retórica. Es una continuidad ideológica. La selección de quién nace y quién no, basada en circunstancias externas, es la esencia de la eugenesia. Planned Parenthood no sólo no reniega de ese legado, sino que lo defiende con uñas y dientes porque su supervivencia depende de ello.
¿Y en España?
Ojalá España llegue algún día a una situación similar. Ojalá las administraciones públicas se atrevan a revisar la financiación del sistema abortista y a exigir transparencia, alternativas reales y apoyo efectivo a la maternidad. Aquí también se destinan millones de dinero público a estructuras que no ayudan a las mujeres y sí contribuyen a la pérdida de vidas humanas.
Mientras faltan recursos para cuidados paliativos, salud mental, dependencia o apoyo a familias, el aborto sigue recibiendo trato preferente. Planned Parenthood es el espejo en el que no deberíamos mirarnos, pero del que sí deberíamos aprender.
Planned Parenthood no defiende la salud. No defiende a las mujeres. Defiende un negocio ideológico sostenido con dinero público. Y cuando una organización necesita eliminar vidas humanas para justificar su existencia, el problema ya no es político ni sanitario: es profundamente moral.
VA SIENDO HORA DE QUE PLANNED PARENTHOOD DESAPAREZCA Y QUE EN ESPAÑA HAGAMOS LO MISMO CON LAS DATOR, EL BOSQUE. SERGINE MÉDICA, ISADORA, MÈDIC ARAGÓ, GINECOLÒGICA SANTS, ACUARIO VALENCIA, MEDITERRÁNEA MÉDICA, GINEALMERIA, GINELEVEL, DELTA MÉDICA MURCIA, ADÀLIA. ETC… (YA ESTÁN EN EL PUNTO DE MIRA).
https://www.periodistadigital.com/politica/opinion/columnistas/20260202/carmelo-alvarez-fernandez-gamarra-planned-parenthood-noticia-689405177949/
sábado, 6 de junio de 2026
No podemos eliminar la carne de vacuno de nuestra dieta, por el Dr. Escribano
Vivimos un momento de auge en el cuidado de nuestra salud y bienestar. Ponemos mucha más atención a nuestros hábitos del día a día y, además, tenemos acceso a mucha más información sobre los productos alimentarios que compramos e ingerimos, siendo conscientes de la importancia de llevar una dieta equilibrada y nutritiva. Sin embargo, también existen criterios ideológicos alrededor de la selección de nuestros hábitos de alimentación que no están alineados con la opinión de los médicos especialistas en nutrición.
Y es que, a menudo, esos criterios ideológicos tienden a suprimir de la dieta la ingesta de carne de vacuno, eliminando con esta decisión la aportación de diferentes nutrientes necesarios para la fisiología del ser humano, como proteína de alta calidad, vitamina B12, hierro hemo y zinc. El Dr. Antonio Escribano, catedrático de Nutrición deportiva, Especialista en Endocrinología y Nutrición y en Medicina de la Educación Física y el Deporte, defiende que «la carne forma parte de una dieta saludable para la fisiología del ser humano» y explica que «dentro de un patrón saludable, contribuye a mantener músculo, fuerza, rendimiento físico y cognitivo y, además, previene déficits nutricionales relacionados con todos los sistemas del organismo».
Dr. Escribano, ¿qué beneficios tiene para nuestra salud física y mental el consumo de carne de vacuno?
La carne de vacuno posee beneficios a muchos niveles. Aporta proteínas de alto valor biológico con todos los aminoácidos esenciales, lo que es fundamental para mantener masa muscular, fuerza y función, especialmente relevante en mayores y en personas activas. Además, aporta micronutrientes difíciles de cubrir sin consumir alimentos de origen animal como son la vitamina B12, hierro hemo (más biodisponible que el de los alimentos vegetales), zinc, selenio, riboflavina, niacina, B6, colina, etc. La carne de vacuno es particularmente eficiente en B12, hierro y zinc.
Por otra parte, proporciona ciertos beneficios que podemos denominar como «funcionales» y que, a menudo, no se tienen en cuenta. Entre estos cabe destacar el aporte de creatina, carnosina y taurina, que tienen especial relevancia en el rendimiento, recuperación y algunos aspectos cognitivos y neuromusculares del organismo.
Hay un aspecto casi desconocido y por supuesto poco tenido en cuenta que es la repercusión en la salud mental. La carne, y en general los alimentos de origen animal, contribuyen de forma eficiente a evitar déficits de B12 y, en parte, de hierro y zinc, cuyo déficit se asocia con anemia, fatiga, síntomas neurológicos y deterioro neurocognitivo.
En su opinión, ¿cuáles son las razones fundamentales por las cuales algunos consumidores se plantean reducir o incluso eliminar la carne de vacuno en su dieta? ¿Son decisiones fundadas y con base médica?
En gran porcentaje de casos son decisiones basadas en criterios ideológicos, relacionados con el bienestar animal, motivos ambientales y climáticos, preferencias culturales y también basados en moda, imitación a personajes conocidos, etc. En algunos casos se argumentan razones basadas erróneamente en criterios de salud, ya que, si se elimina el consumo de carne «por salud» sin evaluar sustitutos se termina con déficits (B12, hierro, zinc) o con una dieta dominada por ultraprocesados vegetales.
¿Cuáles son las consecuencias más significativas o carencias de las dietas que eliminan la carne?
Las más significativas, y las más habituales que se observan, consisten en déficits que afectan a determinadas moléculas que son muy importantes para preservar la salud. Entre estas carencias cabe señalar las siguientes:
Vitamina B12: existe un riesgo real y constatado en dietas sin alimentos animales; déficit con anemia megaloblástica y alteraciones neurológicas potencialmente irreversibles.
Hierro: especialmente hierro hemo (más biodisponible) y riesgo de ferropenia en mujeres, adolescentes, deportistas y mayores.
Zinc y selenio: puede afectar a la inmunidad, piel, cicatrización, función tiroidea y antioxidante.
Proteína total y calidad proteica: es muy difícil cubrirla con vegetales, ya que exige estrategias muy difíciles de seguir (mezclas, cantidad, digestibilidad).
Creatina/carnosina/taurina: hay descensos previsibles al eliminar carne; que afectan al rendimiento y recuperación.
¿Es más sano tener una dieta basada sólo en vegetales y frutas? Existe una corriente de opinión que propugna que lo realmente saludable es alimentarse exclusivamente de esta categoría de alimentos si se pretende estar sanos. ¿Es cierto?
No. Sólo vegetales y frutas no es un patrón completo para un omnívoro como somos los humanos: carece de proteína suficiente con calidad y biodisponibilidad asegurada, grasas esenciales (omega-3), y micronutrientes críticos (B12 de forma obligada, y con frecuencia hierro/zinc/yodo/calcio).
Alimentarse exclusivamente de vegetales y frutas traerá como consecuencia un déficit casi inevitable de B12 sin suplementación o fortificados e incluso a pesar de ello, con consecuencias hematológicas y neurológicas, una insuficiencia proteica y pérdida de masa muscular, un déficit de grasas esenciales y todo lo descrito en respuestas anteriores.
Pero, podemos pensar: bueno, lo que no tomo en el plato, lo tomo con suplementos. ¿Eso sirve como sustitutivo?
Algo sirven, pero no son equivalentes al alimento en sentido global. En el caso de la vitamina B12 la suplementación es eficaz y, de hecho, obligatoria en veganos. Suplementar el hierro, zinc, etc.: puede corregir déficits, pero con algún inconveniente en tolerancia, absorción, etc. y en general es muy complicado sustituir un bloque de alimentos (proteína completa, otros micronutrientes, etc.).
Sustituir la carne por «píldoras» suele ser una mala idea: se pierde la densidad nutricional y se medicaliza la dieta. La estrategia sensata es: primero los alimentos y la planificación adecuada y usar el suplemento sólo cuando hay indicación motivada clínicamente, pero siempre por prescripción médica.
Desde su experiencia, en un proceso de acompañamiento nutricional a una persona, ¿cómo le afecta el consumo pautado de carne?
En la práctica clínica es lo mejor para la población, ya que permite cubrir B12, hierro hemo, zinc y proteína de alta calidad con facilidad como hemos expresado ampliamente en respuestas anteriores.
Si me permite preguntarle sobre este aspecto… Usted es, si no estoy confundida, un profesional que acompaña a numerosos deportistas profesionales y también ha trabajado con los actores de La Sociedad de la Nieve de Juan Antonio Bayona, quienes tenían que adelgazar muchísimo por motivos de guion. ¿Qué papel jugó la carne de vacuno (proteína animal) en aquel proceso? ¿Considera que un deportista de elite puede prescindir de la carne en su alimentación?
Cuando hay que diseñar una pérdida de peso importante como se hizo en la película La Sociedad de la Nieve, hay que valorar y mantener la presencia de la proteína animal, ya que aporta mayor saciedad con cantidades menores y mantiene de forma adecuada la masa muscular durante el tiempo que hay que mantener el déficit calórico para proceder a la pérdida de peso, y por supuesto mantener los aminoácidos necesarios para la síntesis de neurotransmisores que condicionan el rendimiento cognitivo.
Con respecto a los deportistas, es muy difícil prescindir de la carne en su alimentación, ya que exige una planificación dietética muy detallada para cubrir la energía necesaria para la práctica deportiva, la proteína total necesaria, leucina por comida, hierro, B12, vitamina D, calcio, yodo, omega-3, etc. Independientemente, hay que mantener un control analítico frecuente y suplementación muy específica y complicada de llevar a cabo de forma continuada.
Hay personas que están reduciendo o suprimiendo la proteína animal en su dieta y, sin embargo, compran productos veganos/vegetarianos que imitan la carne, sabor y textura de esta. ¿Qué opina?
Es obvia la «incongruencia» de eliminar carne, pero comprar «carne vegetal» que la imita. El hecho revela algo simple: mucha gente no quiere dejar el alimento por gusto y/o cultura, etc. Quiere dejarlo sin renunciar a la experiencia sensorial. Muchos sucedáneos cárnicos son ultraprocesados, con listas largas de ingredientes, aditivos, y a veces alto sodio.
Como conclusión: ¿daría algún mensaje a la sociedad que defina los beneficios del consumo de carne?
La carne es un alimento que forma parte de una dieta saludable para la fisiología del ser humano. Es densa en nutrientes: proteína de alta calidad, vitamina B12, hierro hemo y zinc. En cantidades moderadas y dentro de un patrón saludable, contribuye a mantener músculo, fuerza, rendimiento físico y cognitivo y a prevenir déficits nutricionales relacionados con todos los sistemas del organismo.
https://okdiario.com/salud/dr-escribano-no-podemos-eliminar-carne-vacuno-nuestra-dieta-motivos-ideologicos-16059369
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 1-8
Querido hermano:
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.
viernes, 5 de junio de 2026
León XIV y los musulmanes
no existe una “comunión” entre cristianos y musulmanes
Hay palabras que en política sirven para adornar un discurso, pero que en boca de un papa o de una cuenta pontificia no pueden usarse como si fueran plastilina. “Comunión” es una de ellas. El tuit en español de @Pontifex_es sobre Argelia no se limita a elogiar la convivencia, la paz social o la cooperación entre personas de distinta religión. Va bastante más lejos. Afirma que “bajo el manto de Nuestra Señora de África, se construye la comunión entre cristianos y musulmanes”. Y ahí es exactamente donde está el problema. No en la cortesía con los musulmanes. No en el deseo de paz. No en la posibilidad de colaboración civil. El problema está en llamar “comunión” a algo que, en sentido católico, no lo es.
En el lenguaje de la Iglesia, la comunión no es una emoción amable ni una metáfora buenista para designar que la gente se lleva razonablemente bien. La comunión tiene un contenido doctrinal objetivo. El Catecismo explica que la unidad de la Iglesia está asegurada por “vínculos visibles de comunión”: la profesión de una misma fe recibida de los Apóstoles, la celebración común del culto divino y de los sacramentos, y la sucesión apostólica por el sacramento del orden. Eso no describe una simpatía mutua. Describe la pertenencia efectiva a la misma realidad sobrenatural fundada por Cristo. Si no hay misma fe, si no hay mismos sacramentos, si no hay comunión eclesial, hablar de “comunión” deja de ser precisión católica y se convierte en confusión terminológica.
La propia doctrina católica distingue con bastante claridad entre los cristianos no católicos y los fieles de religiones no cristianas. Respecto de los cristianos separados, el Catecismo habla de una “cierta comunión, aunque no perfecta”, fundada en el bautismo válido y en la fe en Cristo. Esa formulación ya muestra que la palabra “comunión” no se reparte indiscriminadamente. Se aplica, aunque de modo imperfecto, allí donde existe incorporación bautismal a Cristo y un vínculo real, aunque herido, con la Iglesia. Esa lógica no puede trasladarse sin más al islam, porque el islam no bautiza en Cristo, no confiesa a Jesucristo como Hijo de Dios, no reconoce la Trinidad ni participa del orden sacramental de la Iglesia. Entre católicos y ortodoxos cabe hablar de comunión imperfecta. Entre cristianos y musulmanes, no.
Aquí conviene anticipar la réplica habitual. Se citará enseguida Lumen gentium 16 o Nostra aetate 3, donde el Concilio afirma que los musulmanes “adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso” y que la Iglesia los mira con aprecio, reconociendo en ellos elementos de verdad religiosa, una vida moral seria y la práctica de la oración, la limosna y el ayuno. Todo eso es cierto. Y precisamente por ser cierto conviene leerlo entero y no mutilarlo. El Concilio no dice que exista comunión eclesial con el islam. Dice otra cosa muy distinta: que hay una referencia al Creador, que existen bienes y verdades parciales, y que eso justifica el respeto, el diálogo y la colaboración. Además, Nostra aetate recuerda al mismo tiempo que la Iglesia “anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo”, en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa. Es decir, respeto sí; indiferentismo, no. diálogo, sí; licuefacción doctrinal, no.
El problema del tuit no es, por tanto, que sea demasiado amable con los musulmanes. El problema es que borra una frontera conceptual que el propio magisterio conserva. Una cosa es reconocer que un musulmán, como criatura racional, puede buscar sinceramente a Dios, vivir con rectitud moral y participar de ciertos bienes que la gracia no deja de sembrar en el mundo. Otra cosa muy distinta es presentar esa situación como “comunión”. Porque la comunión, para la Iglesia, nace de Cristo y conduce a Cristo. No brota simplemente de la aspiración común a la dignidad, al amor, a la justicia y a la paz. Esas aspiraciones son humanas y nobles, pero no constituyen por sí mismas la comunión sobrenatural de la Iglesia. Reducir la comunión a un consenso ético es vaciarla de su contenido específicamente cristiano.
La clave está en no confundir niveles. Puede haber convivencia social sin comunión de fe. Puede haber cooperación por la justicia sin unidad religiosa. Puede haber estima mutua sin compartir la revelación cristiana. Puede incluso afirmarse, con el Concilio, que los musulmanes adoran al único Dios creador, en el sentido de que su intención religiosa no se dirige a una pluralidad de dioses paganos, y a la vez mantener sin vacilar que rechazan verdades esenciales de la fe cristiana: la Trinidad, la filiación divina de Cristo, la Encarnación y la Redención tal como la confiesa la Iglesia. En cuanto eso se olvida, la diferencia entre verdad plena y verdad parcial desaparece bajo una niebla sentimental. Y esa niebla siempre favorece al error.
De hecho, el Catecismo dice expresamente que la fe cristiana no puede aceptar “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva dada en Cristo, y añade que ese es el caso de ciertas religiones no cristianas. La frase tiene un alcance directo para el islam, que se presenta históricamente como una revelación posterior que corrige elementos centrales del cristianismo. Eso no impide el respeto hacia los musulmanes como personas, pero sí impide diluir la diferencia doctrinal bajo expresiones ambiguas. Si Cristo es la revelación plena y definitiva del Padre, entonces no se puede hablar ligeramente de comunión religiosa allí donde esa plenitud es negada.
También Dominus Iesus fue publicada precisamente para cortar estas derivas. El documento recuerda que el diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora, pero “no sustituye” la missio ad gentes. Y advierte contra el relativismo que desfigura el carácter definitivo de la revelación de Jesucristo, la singularidad de la fe cristiana y la unicidad salvífica de Cristo y de la Iglesia. Más aún: afirma que los hombres no pueden entrar en comunión con Dios sino por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu. Esa afirmación basta para medir la ligereza del tuit. Porque cuando el magisterio habla de comunión en sentido fuerte, la vincula a Cristo, a la Iglesia y a la economía de la salvación, no a una atmósfera interreligiosa de cordialidad compartida.
Se dirá que se trata de un lenguaje pastoral, no de una definición dogmática. Pero precisamente ahí está el peligro. La mayor parte de los fieles no leen documentos conciliares ni declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Leen titulares, frases, tuits y consignas. Y si desde canales oficiales se emplea un vocabulario técnicamente incorrecto, el resultado práctico es una catequesis deformada. El fiel medio acaba concluyendo que todas las religiones son, en el fondo, variantes de una misma experiencia de Dios; que la misión ya no consiste en anunciar a Cristo, sino en acompañar espiritualidades diversas; y que la Iglesia debe renunciar a la precisión doctrinal para resultar acogedora. Eso no es pastoral. Eso es desarme intelectual.
Todavía hay otro detalle significativo. El tuit coloca esa supuesta “comunión” bajo el manto de Nuestra Señora de África y habla del amor maternal de Lalla Meryem que reúne a todos como hijos. La imagen puede sonar poética, pero también ahí se desliza una ambigüedad seria. María ocupa en el cristianismo un lugar inseparable de la Encarnación del Verbo. Es Madre de Dios porque el Hijo que nació de ella es verdadero Dios y verdadero hombre. En el islam, en cambio, María es venerada, sí, pero dentro de una cristología radicalmente rebajada, donde Jesús no es el Verbo encarnado ni el Redentor crucificado y resucitado. Invocar a María como manto común sin recordar la verdad cristológica que la define es otra forma de usar símbolos católicos para fines vagamente conciliadores, pero doctrinalmente desactivados. Nostra aetate reconoce que los musulmanes honran a María, pero en el mismo pasaje recuerda que no reconocen a Jesús como Dios. Esa precisión no es secundaria. Es la cuestión central.
La Iglesia no necesita hostilidad hacia los musulmanes. Necesita exactitud. No necesita agresividad verbal. Necesita claridad conceptual. Nadie discute que cristianos y musulmanes puedan vivir juntos, colaborar por el bien común, rechazar la violencia y defender la dignidad humana. El Concilio lo recomienda expresamente. Lo que no se puede hacer es llamar “comunión” a lo que, según la propia doctrina católica, es como mucho convivencia, diálogo, cooperación o relación de respeto. Cambiar el nombre de las cosas no mejora la realidad. Solo la vuelve más confusa.
La cuestión de fondo es más grave de lo que parece. Cuando el lenguaje eclesial deja de ser preciso, la fe se vuelve borrosa. Y cuando la fe se vuelve borrosa, la misión se paraliza. Si la comunión ya no exige una misma fe, un mismo bautismo y una misma incorporación a Cristo, entonces deja de haber motivos para evangelizar. Bastará con celebrar diferencias, elogiar convergencias éticas y producir textos bienintencionados. Pero esa no es la lógica católica. La Iglesia existe para anunciar a Jesucristo, no para disolverlo en una espiritualidad universal de tono diplomático. Lumen gentium abre precisamente afirmando que Cristo es la luz de los pueblos y que la Iglesia desea anunciar el Evangelio a toda criatura. Y el Catecismo insiste en que el esfuerzo misionero comienza con el anuncio del Evangelio a los pueblos que aún no creen en Cristo. Si eso sigue siendo verdad, entonces no se debe hablar como si la comunión ya estuviera construida donde todavía falta lo esencial.
En suma, el tuit no escandaliza por exceso de cortesía, sino por defecto de teología. Con una sola palabra mal empleada, desdibuja la diferencia entre relación humana y comunión sobrenatural, entre respeto y unidad de fe, entre diálogo y pertenencia eclesial. Y cuando una cuenta pontificia normaliza esa confusión, no está edificando la paz religiosa, sino debilitando la inteligencia católica de quienes la leen. Hay términos que un periodista puede usar a la ligera. Un papa no. Y “comunión”, desde luego, es uno de ellos.
Ayuda a Infovaticana a seguir informando
https://infovaticana.com/2026/04/13/leon-xiv-y-su-problematica-concepcion-de-la-comunion-entre-cristianos-y-musulmanes/
jueves, 4 de junio de 2026
La soledad
Quien no ha estado sólo día tras día, mes tras mes, año tras año, no sabe el daño que hace la soledad no deseada. Es como ser un pez en una pecera observando la vida sin poder vivirla.
No sé por qué me tocó a mi, qué tan malo hice en otra vida. Pero me da más miedo que la muerte. No quisiera volver a pasar por eso nunca más.
miércoles, 3 de junio de 2026
Las víctimas deben construir el relato, nunca eta, por Fernando Rueda
Quien debe contar lo ocurrido son las víctimas de ETA, lo que no puede ser es que el relato lo hagan los asesinos. No nos lo podemos permitir como sociedad democrática». Pedro Lechuga, periodista por encima de todas las cosas, me habla con vehemencia sobre el documental Memoria revelada, promovido por la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, que ha dirigido con el objetivo de poner en valor el papel de la fotografía de prensa como instrumento vital para dejar constancia del dolor y las consecuencias de la violencia de ETA.
Pienso, mientras me cuenta el contenido de la película de no ficción, en las imágenes que pude contemplar durante 40 años sobre los salvajes atentados de ETA. Recuerdo verme obligado a desviar los ojos, cuando en los periódicos de papel veía reflejadas las consecuencias de esos atentados. A veces, para evitarnos el sufrimiento del cuerpo destrozado, optaban por mostrarnos las aceras llenas de sangre, el bolso tirado de la víctima que pasaba por allí o el autobús reventado con restos de uniforme verde. Fotos en las que podías intuir el vuelo de los sueños finiquitados de tantos hombres y mujeres normales, la mayor parte con problemas para llegar a final de mes, que podrían haber pasado al olvido si un fotoperiodista no hubiera apretado el disparador para atrapar ese momento.
Pero es que, además, los profesionales del fotoperiodismo no eran conscientes de que con el paso de los años, tras cientos de asesinados y miles de heridos, los terroristas de ETA y los que les apoyaron, iban a intentar minusvalorar o borrar esa huella asquerosa, manipular la memoria de jóvenes y mayores, y convertir su despiadada e inexplicable guerra en una lucha justa de un pueblo que, por cierto, mayoritariamente estuvo contra ellos.
Por ese motivo, aplaudo con el mayor ruido posible de las palmas de mis manos las acciones que desde el periodismo, buscando datos objetivos, recuperen la historia de esos años de plomo para que las memorias endebles o aquellas otras que nunca vivieron la historia terrorista de España, puedan visualizar lo que pasó.
El fotoperiodista y el mellizo que sobrevivió
Memoria revelada es el cuarto proyecto audiovisual de Pedro Lechuga, un periodista objetivo, acreditado, luchador, inconformista, apasionado por defender nuestra profesión. Ha investigado en Castilla y León, y ha encontrado al destacado fotoperiodista Fidel Raso, uno de esos profesionales que acudía a cubrir la información tras los atentados de ETA. Y también ha buscado en su comunidad y fuera de ella víctimas de atentados en los que Raso hizo fotos. Después los ha juntado. El resultado es impactante, conmovedor y, por encima de todo, una muestra del mejor periodismo, el que pretende contar una historia interesante y desconocida para el que la ve.
Sin hacer espóiler, hay una historia que te hiela el corazón: la del encuentro de Fidel con Alex Moreno. El atentado ocurrió el 7 de noviembre de 1999. Un guardia civil destinado en Erandio, Antonio Moreno, salió de casa para llevar a sus hijos mellizos a una piscina cubierta en Deusto. Los miembros de ETA Juan Carlos Iglesias Chouzas, Javier Martínez Izaguirre y Rosa María Arana Txakartegi habían puesto sus ojos en él, era un objetivo fácil, y le colocaron una bomba lapa en el vehículo que solo utilizaba para desplazamientos familiares, cuando estaba fuera de servicio. Antonio estuvo dos años recuperándose de sus heridas, su hijo Alex sufrió quemaduras en una pierna y se le perforó el tímpano y Fabio murió en el acto, su cuerpo quedó dividido en trozos.
En otro momento, Fidel Raso conversa con Marimar Blanco. En la escena, la hermana de Miguel Ángel Blanco comparte emociones y sentimientos con un fotoperiodista que vivió el horror de ese vil asesinato, una sensación de la que no le libró la mirada a través de una cámara fotográfica.
Acabo con una frase de Sebastián Nogales, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León: existe «un miedo real a caer en el olvido», y hay que criticar que quienes apoyan a los terroristas tengan ahora «más trascendencia visual». Esperemos que con documentales como este, que será estrenado la última semana de febrero en Valladolid, eso deje de ocurrir.
https://theobjective.com/espana/2026-01-17/victimas-relato-nunca-eta/
martes, 2 de junio de 2026
Libros
Como ya he dicho alguna vez, no sé qué hubiera sido de mi sin los libros. Puede que no estuviera aquí. Mi familia no me prestaba atención y no tenía amigos. Vivía en mi mundo de fantasía detràs de un libro.
Cuando crecí fui leyendo cada vez lecturas más complejas y en varios idiomas. Ellos fueron mis compañeros, mis confidentes y mi consuelo. Pronto empecé yo también a escribir como parte de mi terapia.
lunes, 1 de junio de 2026
El Napoleón del crimen, por Arturo Pérez Reverte
Ayer mismo, caminando por la acera de una calle de Madrid, un niño de unos seis o siete años que iba despistado con sus padres, mirando el escaparate de una tienda, tropezó conmigo. Le acaricié la cabeza con una sonrisa, y ya iba a seguir adelante cuando escuché a su padre decirle al crío, con mucha naturalidad. «Mira por donde andas, por favor. Gracias». Y luego me dirigió una mirada de excusa. Entonces el niño, sin mirarme, dijo «perdón» y siguió su camino junto a ellos. Me quedé tan sorprendido por el suceso, por aquella reconvención paterna y la reacción del niño, del todo extraordinarias en estos tiempos, que volví la cabeza para verlos alejarse. Eran dos padres jóvenes, normales. Dos padres de infantería. Pero aquellos diez segundos junto a ellos habían hecho hermosa la mañana, y la calle parecía otra, más despejada y luminosa, y al fin continué mi paseo aún con la sonrisa en la boca, pensando que Dios o el diablo aprietan pero nunca ahogan, y que siempre hay quien se salva, y te salva. O te da esperanza. Que siempre quedan uno, o diez, o cien, justos en Sodoma. E incluso en Gomorra.
Hay días, como ayer, en los que lamento no ser millonario, como el tío Gilito o el que sea su equivalente ahora. Pero no un millonetis cualquiera, sino de verdad, a lo bestia, de ésos que pueden pagarlo todo y comprar cuanto se les pone en el morro. Un fulano con viruta suficiente para crear varios centenares, o miles, de becas para niños bien educados. Niños a los que sus padres les hayan enseñado, previamente, que las buenas maneras hacen mejor el mundo, nos hacen mejores a todos y son mecanismo clave, puerta franca para acceder a lugares y corazones. Niños, por ejemplo, como los de mi amigo Etienne de Montety, que cada vez que invitaba a cenar en su casa hacía que sus cuatro hijos, entonces de entre diez y dieciséis años, se encargaran de recibir y atender a los visitantes, cosa que hacían todos con una formalidad y una responsabilidad exquisitas. O aquel otro zagal de ocho o nueve años que una vez se me acercó con mucho aplomo junto a un bar de la Plaza Mayor y dijo: «Oiga, señor, ¿puede pedirle un vaso de agua al camarero, por favor?... Tengo sed, y como soy pequeño, puede que a mí no me haga caso».
Por eso digo que, si tuviera una pasta gansa, crearía las becas Reverte Malegra Verte. Mandaría a mis agentes por todo el mundo a buscar niños de ambos sexos bien educados, para pagar sus estudios y dedicarlos luego, cuando fuesen grandes, a la ciencia, las humanidades, la vida social y la política. Y también, de paso, gratificaría a los padres que los educaron. Financiaría el merecido bienestar de quienes les enseñaron a decir buenos días, por favor y gracias, a manejar los cubiertos, a no hablar con la boca llena, a vestirse con decoro según cada momento de la vida, a no tutear a las personas mayores, a comprender que una sonrisa, una palabra adecuada, un gesto cortés y de buena crianza, tan propios de la gente humilde como de la más afortunada, son la mejor tarjeta de visita, todavía hoy, incluso en un mundo que, como el nuestro, se va poquito a poco al carajo.
Pero eso sí. Ya metido en faena, si como dije fuera millonetis sin límite y sin tasa, también es posible que se me fuera la pinza y me diese un chungo en plan Bin Laden, o Doctor No, o profesor Moriarty -el Napoleón del crimen, enemigo de Sherlock Holmes-, y comprara una isla llena de aparatos electrónicos, misiles nucleares y Úrsulas Andress, o lo que equivalga ahora a eso; y también un gato de Angora para acariciarlo en plan canónico mientras enviaba por el mundo a mis sicarios en plan ninjas suicidas, en comandos implacables que se curraran la otra cara de la luna.
Algo así como una brigada pesticida, letal, higiénica, secuestradora y exterminadora de padres de niños, e incluso de algún niño que otro -todos acaban siendo adultos- de esos groseros y maleducados que empujan en las puertas, permanecen mudos ante las palabras «buenos días», ignoran cómo se pronuncia un «por favor», tutean al lucero del alba y no han dado las gracias a nadie en su puta vida. Y ordenaría a mis esbirros especial ensañamiento y torturas refinadas tipo Fumanchú con los padres de familia que se dejan las gorras y sombreros puestos en los locales públicos, gritan al teléfono móvil, entran en calzoncillos y chanclas en los restaurantes, se hurgan la nariz y se rascan las axilas, los huevos o el chichi -seamos paritarios- mientras te empujan en el metro o el autobús. Veneno, soga y puñal, oigan. Sin piedad. Y yo reiría en mi isla, juas, juas, juas, con risa de malvado Carabel, viéndolo todo por videoconferencia, mientras acariciaba al gato.
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