Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Por qué el mundo está girando a la derecha, por Itxu Díaz

 Las últimas buenas noticias vienen de Chile. José Antonio Kast es el nuevo presidente. La prensa europea ya lo ha etiquetado como “de extrema derecha”, lo que sin duda significa que es un tipo normal y conservador con sentido común que hará las cosas bien. A veces me pregunto qué titulares utilizará la izquierda el día en que emerge un líder verdaderamente de extrema derecha; tal vez necesiten una palabra compuesta que ocupe tres líneas de espacio. Levantemos un vaso a Kast y a Chile, que ha renunciado a la miseria y la corrupción.

Chile se suma a la larga lista de países de todo el mundo que, en el nuevo equilibrio de poder, se están alineando con la derecha. La explicación es más sencilla de lo que parece.

Siempre hemos creído que la izquierda postmoderna declaró la guerra a la derecha, a la libertad, a la propiedad privada y a la moral más básica. Pero hay algo más importante: declaró la guerra a la naturaleza. Y por arrogante que parezca una postura política, nunca se puede ganar una guerra contra toda la naturaleza.

La izquierda ha tratado de decirle a la naturaleza que está mal en todo. Incluso ha negado la biología. E incluso ha tratado de explicar a la naturaleza que también está equivocado sobre su percepción del clima, y que cualquier calentamiento que pueda estar experimentando es el trabajo de la humanidad minúscula. La naturaleza no habla, pero de vez en cuando se ríe frente a los tontos.

El odio a la ciencia ejercido por la izquierda en las últimas dos décadas es asombroso. Considere la economía. El socialismo es un plan científicamente fallido en todos los laboratorios donde se ha probado. Pero la izquierda dice lo contrario. Y en cuanto a las ciencias sociales (como socióloga, sostengo que esta es la primera mentira: llamar a algo que no es ciencia una ciencia), han sido, desde el principio, el gran caldo de cultivo ideológico para los progresistas perezosos que, incapaces de completar un título de humanidades reales o fallar en un título en ciencias, inventaron una calificación menor que agrupa las tonterías de un montón de temas. Incluso otorgando la noción de que la sociología es una ciencia, la izquierda ha luchado obstinadamente de frente contra su verdad empírica: los hombres no son inherentemente violentos o sexistas, la diferencia entre hombres y mujeres no es una construcción social, y los crímenes de los pobres no son culpa de los ricos que los oprimen. La lista de absurdos defendidos por sociólogos progresistas durante un siglo llenaría un largo ensayo, una larga serie de artículos, que prometo abordar algún día si mis amigos de The American Spectator aprueban la idea.

La medicina merece una mención especial, donde todo el cuerpo de conocimiento acumulado a lo largo de los siglos ha sido anulado, demostrando que la izquierda, si fuera una sola entidad, se acariciaría en la espalda cada mañana, encantada con su autodescubrimiento. La reasignación de sexo es una mentira; tal posibilidad no existe, y sin embargo han insistido en practicarla. La terapia hormonal enferma a la gente, no las cura. El aborto no es una opción médica, sino un asesinato, algo que va directamente en contra de la razón misma de la existencia de la medicina, que es salvar vidas. Y la eutanasia no alivia ningún dolor; también es asesinato. Me hubiera gustado un izquierdista consistente defender esta posición de forma natural y sin eufemismos, decirnos: “Estoy a favor de matar a los ancianos y a los enfermos”, y para que el debate comience allí.

La izquierda ha luchado con uñas y dientes contra otra verdad empírica, esta vez del campo científico de la demografía: que la familia es el modelo más exitoso para construir sociedades fuertes y estables. En criminología, han negado la evidencia científica de que castigar los delitos es más efectivo en la lucha contra la delincuencia que la obsesión por reintegrar a las personas con una alta probabilidad de reincidir en la sociedad.

El lenguaje no es técnicamente una ciencia, pero han tratado de pervertir sus reglas más básicas para usarlo como un arma ideológica, derribando lo que los académicos y la misma evolución del habla a lo largo de los siglos habían construido.

Y tal vez no lo sepas, pero en este momento la estructura de los despiertos se derrumbó, eminentes pensadores de izquierda también estaban trabajando para desmantelar las matemáticas. Sé a ciencia cierta que en varias escuelas europeas, se ha agregado un eslogan al tema, y ahora se llama “matemáticas con una perspectiva de género”, lo que supongo que significa que 1 + 1 equivale a 2 si eres un niño, y cualquier número que te guste si eres una niña.

Incluso la ingeniería. Hubo mucha risa cuando un ministro europeo anunció un plan nacional para analizar a fondo si se construyeron carreteras, túneles y puentes con una perspectiva de género. No hubo tanta risa cuando anunció la asignación presupuestaria que dedicaría a tales tonterías.

De todos modos, amigos, bienvenidos a la nueva política del sentido común. Ahora todo lo que queda es para los demócratas cristianos en todas aquellas naciones europeas donde la derecha ha ganado las últimas elecciones para dejar de unir fuerzas con la izquierda para evitar que formen un gobierno. Porque en este punto de la historia, estoy más enfurecido por aquellos que se jactan de su sentido común pero insisten en hacer frente a la izquierda desquiciada que por los propios izquierdistas, que habitan en un universo tan exuberante y onírico como el de los probadores profesionales de hongos alucinógenos.

https://spectator.org/why-the-world-is-turning-to-the-right/

martes, 8 de septiembre de 2026




 

Líos de familia

 Soy una gran defensora del matrimonio y la paternidad,  pero eso no significa que no vea la realidad. Con el tiempo es habitual que haya roces y algunos dejen de hablarse, muchas veces por razones de dinero.

Al convertirse en adultos sus caracteres difieren y sus intereses también.  También hay historias de envidias y celos que vienen de muy lejos. Es un tema delicado.

lunes, 7 de septiembre de 2026

El gran robo electoral que se avecina, por Eduardo Inda

El término pucherazo se alumbró en la Restauración para nominar una práctica que era habitual en España desde que se instauró el derecho de voto, especialmente en el mundo rural, aunque naturalmente ya era moneda de uso corriente en los pocos países que habían pasado de monarquías absolutas a regímenes democráticos o semidemocráticos. En España los pucherazos se convirtieron en moneda de uso corriente en el mismo momento de la aprobación del «sufragio universal» en la Constitución de Cádiz de 1812. Sufragio universal entre comillas porque durante más de un siglo las mujeres carecieron del más elemental de los derechos en un sistema de libertades. Sólo metían la papeleta los machirulos.

Hecha la ley, se hizo la trampa. Las fórmulas para torcer la voluntad popular se pusieron en práctica ya en las primeras elecciones generales celebradas en España, las constituyentes de 1810. La mente hispánica, genéticamente dotada para la trampa, alumbró diversos modus operandi: desde el método Lázaro en honor a ese Lázaro de Betania de la Biblia que se levantó y anduvo —aquí los muertos se levantaban, votaban y regresaban a la tumba—, hasta la burda compra del sufragio, pasando por el vaciamiento de las urnas para introducir en ellas las siglas deseadas por el cacique de turno o el cumplimiento sin rechistar por parte de los campesinos de las órdenes del señorito para apoyar a tal o cual candidato.

Uno de los personajes más brillantes intelectualmente y a la vez malévolos en términos prácticos de la Restauración fue Álvaro Figueroa, conde de Romanones, que se convirtió en la principal autoridad en materia de atracos electorales. En el turnismo era habitual la alteración de los resultados, más en las elecciones municipales que en las generales, donde los controles eran más exhaustivos. Ésa fue precisamente la excusa que se sacó de la chistera la izquierda en 1931 para desautorizar el dictamen de las municipales y forzar el exilio de Alfonso XIII convirtiendo la desde tiempos inmemoriales monárquica España en una República, la segunda de nuestra historia.

Lo cierto y verdad es que el sufragio a distancia es, por su propia naturaleza oscurantista, más sensible al pucherazo que el presencial

Si bien es cierto que la Segunda República fue, en palabras del gigantesco Stanley G. Payne, la primera democracia española, no lo es menos que no fue precisamente un camino de rosas ni un campeonato de santos o beatos. El magistral libro Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa demuestra vía documentos públicos oficiales que las izquierdas robaron sin cortarse un pelo los comicios del 16 de febrero de 1936 que otorgaron la Jefatura del Gobierno y luego la Presidencia de la República al increíblemente sobrevalorado e injustamente loado Manuel Azaña. Al menos un 10% de los escaños conseguidos por el Frente Popular lo fue por obra y gracia del pucherazo, básicamente mediante la simple alteración de las actas.

Si el veredicto de las elecciones de 2023 que Pedro Sánchez tenía perdidas hasta prácticamente una semana antes, tal y como atestiguaban unánimemente todas las encuestas, fue consecuencia de un pucherazo sólo lo saben el marido de la pentaimputada y Dios, que está en todas partes y naturalmente también en esas sacas electorales de un voto por correo que se disparó exponencialmente por la fecha de la cita con las urnas, 23 de julio, en pleno verano, con media España de vacaciones y la otra media preparando las maletas. Lo cierto y verdad es que el sufragio a distancia es, por su propia naturaleza oscurantista, más sensible al pucherazo que el presencial por la perogrullesca razón de que en todas las mesas electorales de España hay interventores al menos de los dos principales partidos. Colar papeletas del PSOE cuando hay testigos del PP y viceversa es física y metafísicamente imposible.

Pero ojo a los sospechosos datos de las generales de 2023. Optaron por el voto por correo 2.471.000 españoles, millón y medio de personas más que en las generales de noviembre de 2019 y un millón más que en las de abril de ese año en el que nos tocó pasar por las urnas dos veces porque Sánchez y el delincuente de Pablo Iglesias no se ponían de acuerdo. «Si pactase con Podemos no podría dormir por las noches», llegó a asegurar el Pinocho de La Moncloa. La comparación con el uso de esta modalidad de voto en los comicios de 2015 y en la repetición de 2016 es sencillamente escandalosa: en los primeros la emplearon 788.000 personas y en los segundos, 1,3 millones. A más voto por correo, más posibilidades de tongo. Cómo se controla continúa siendo el gran agujero negro de nuestra democracia.

Si yo fuera Feijóo no las tendría todas conmigo teniendo en cuenta el gran pucherazo encubierto que está pergeñando en la sombra Sánchez

Si Sánchez fue Romanones en las generales es imposible certificarlo más allá de toda duda razonable. Sí lo fue en las Primarias socialistas de 2014 y en el Comité Federal de 2016. Pero el repaso de los datos induce cuasiinstantáneamente al mosqueo. Ahí va uno de ellos tremendamente ilustrativo: en la Comunidad de Madrid el PP obtuvo el 47,3% de los votos en las autonómicas del 28 de mayo de 2023, cifra que se desmoronó hasta el 40,5% en las elecciones al Congreso y al Senado del 23 de julio. Sospechoso en el más inocente de los escenarios porque no habían transcurrido ni dos meses. No meras conjeturas sino una realidad incontrovertible resultó la cadena de robos electorales consumada por el PSOE en las municipales de 2023 en diversas localidades de Almería, Melilla, Murcia, Ciudad Real, Sevilla, La Gomera y Tenerife. Un pucherazo puede constituir una casualidad por aquello de que en toda organización cuelga alguna que otra manzana podrida, tantos, evidentemente no.

Que Alberto Núñez Feijóo será el próximo presidente del Gobierno es algo en lo que coinciden todos los sondeos excepto los del malversador Tezanos. Pero yo que el de Los Peares no las tendría todas conmigo teniendo en cuenta el gran pucherazo encubierto que está pergeñando en la sombra Romanones Sánchez. La nacionalización de presuntísimos nietos de exiliados en aplicación de ese escandaloso cajón de sastre que representa la Ley de Memoria va viento en popa. Y nacionalización es igual a derecho de voto. Por cierto: a estos nuevos españoles se les asigna por defecto Madrid como circunscripción electoral con el indisimulado objetivo de joder a Ayuso. Lo que no llegará a tiempo para adulterar el resultado es la regularización de 800.000 inmigrantes ilegales anunciada por el Gobierno. No podrán votar en 2027 pero sí en 2031. Si pierden el poder el año que viene, no pasa nada, que ya lo recuperarán dentro de cinco.

A un servidor que es de natural malpensado le da que el Gobierno con estas nacionalizaciones hace más trampas que el Barça con Negreira

Esta gracia se ha otorgado ya a 490.000 supuestísimos descendientes de exiliados que vinieron al mundo en naciones recónditas, principalmente iberoamericanas, a los que no sé qué carajo se les ha perdido en unas generales en España. Si a sus padres les importaba cero lo que ocurría electoralmente por estos pagos, esencialmente porque habían nacido en el extranjero, ya me dirán o me contarán ustedes qué interés pueden tener los hijos de los hijos de los exiliados, muchos de los cuales no han pisado nuestro país en su vida. Eso en el caso de que sean sangre de la sangre de las personas que abandonaron España tras finalizar la Guerra Civil, que es mucho suponer. A un servidor que es de natural malpensado le da que con estas nacionalizaciones están haciendo más trampas que el Barça con Negreira. La pregunta del millón de dólares es inevitable: ¿cómo coño se certifica empíricamente que fulanito o menganito es nieto de exiliado?

Hasta Abundio colegirá que los nietos de exiliados, si realmente ostentan esa condición, votarán masiva por no decir unánimemente por opciones de izquierda, bien el Partido Socialista, bien Sumar o como diantres se acabe llamando finalmente la propuesta de los de Yolanda Díaz o quién sabe si ese Podemos que está en las últimas. Estos 490.000 nuevos votantes suponen ya más que la diferencia total de sufragios que hubo entre Feijóo y Sánchez el 23 de julio de hace tres años: 339.000. Vamos, que al PP y a Vox les van a endosar un pucherazo mucho más sutil que los de antaño porque encima éste será legal. Conviene no olvidar que esta prostitución de un censo electoral al que no va a reconocer ni la madre que lo parió no ha terminado. Sigue su curso. Lo que Sánchez ha perdido con Begoña, David, el latrocinio, las putas, los cocainómanos, las negligencias criminales en la pandemia y en Adamuz, sus tics autocráticos, el apagón y sus pactos con ETA y los golpistas catalanes, lo va a ganar con estas nacionalizaciones. El autócrata acabará dejando como un vulgar principiante a Romanones. Tiempo al tiempo.

 

 https://okdiario.com/opinion/gran-robo-electoral-que-avecina-16586104

domingo, 6 de septiembre de 2026

Las vacas no dan leche

Sé que para algunos puede sonar sorprendente, pero es así. Yo, que me dedico al mundo lácteo, os lo aseguro: las vacas no dan leche. Y diría incluso que la clave del éxito en esta vida, tanto profesional como personal, está en entender que las vacas no dan leche.

Para que las vacas den leche hay que levantarse temprano, ir al establo, llevarlas a la sala de ordeño, lavar y desinfectar la ubre, asegurar un ambiente tranquilo, una temperatura adecuada, conectar la ordeñadora, vigilar el proceso... Requiere esfuerzo, constancia y foco. Es decir, trabajar.

Yo diría que las personas que entienden que las vacas no dan leche, que o las ordeñas o no tienes leche, o trabajas para conseguir lo que quieres o lo más seguro es que no lo consigas, están más satisfechas con su vida. Sin embargo, hay quien piensa que las vacas dan leche, que no hace falta ordeñarlas, no hace falta trabajar, y claro, viven frustradas por que aún siguen esperando a que les den lo que "les corresponde".

Según Edelman Trust Barometer 2025, España está en cabeza de descontento entre los 26 países analizados. Y parte de ese descontento viene de la percepción de que "los ricos" tienen más de lo que deberían. Eso alimenta que siete de cada diez jóvenes en España consideren justificado el activismo hostil; es decir, dañar propiedad pública o privada, atacar personas online, difundir desinformación e incluso justificar la violencia.

Y, en parte, ese descontento es comprensible. La renta bruta disponible de las familias Españolas lleva una década prácticamente estancada, y sigue estando por debajo de la media de Europa.

Pero, ¿es esto realmente culpa de los "ricos"? ¿Quiénes son los "ricos" de este país? "Ricos" de verdad, de los que aparecen en Forbes Worlds Billioners List, en España hay pocos. Solo 32 españoles tienen un patrimonio superior a 1.000 millones de dólares, de los cuales 28 son mayores de 80 años y levantaron su fortuna hace décadas en industrias tradicionales.

¿A ver si el problema va a ser que no hay suficientes "ricos"? Nuestra élite económica, salvo contadas excepciones, pertenece a una generación que levantó su patrimonio en otro momento histórico, con otras reglas del juego, cuando el país estaba por construir. Y eso debería preocuparnos mucho más que lo ricos que son.

Porque un país en el que no hay quien cree riqueza es un país en el que la movilidad social se frena, en el que la innovación pierde ritmo y en el que los jóvenes dejan de creer que su esfuerzo puede cambiar su destino. No es casualidad que, mientras en Estados Unidos la mayoría de los grandes patrimonios son fruto del emprendimiento reciente, aquí sigamos dependiendo de imperios familiares creados hace medio siglo. Si queremos más leche -más prosperidad, más oportunidades, más futuro- animar a mirar la vaca ajena con envidia no soluciona nada: hay que crear las condiciones para que cada generación pueda ordeñar la suya.

Por eso, en vez de estar tan descontentos y culpar a "los ricos", habría que ponerse a ordeñar la vaca; es decir, a trabajar. Aumentar la población activa, mejorar la cualificación de los trabajadores e incrementar la productividad de las empresas combatiendo el absentismo.

Porque la realidad de España es que sólo trabaja el 59% de la población activa, frente al 75,8% de la media europea. Pero es que, además, de los que en teoría trabajan, cada día 1,7 millones de ellos faltan a su puesto de trabajo. El absentismo laboral, con un coste anual de 33.000 millones de euros (16.000 millones asumidos directamente por las empresas), representa una amenaza para la competitividad de nuestras empresas. Queremos aumentar salarios, pero para eso es imprescindible aumentar la productividad. En la última década, España solo ha incrementado su productividad un 0,5%, frente al 1,2% de la media de la OCDE.
Cambiar la mentalidad

Pero para que todo esto sea posible, hay que cambiar la mentalidad: dejar de pensar que las vacas dan leche e interiorizar que, para que den leche, hay que ordeñarlas, hay que trabajar.

Buscar una cabeza de turco señalando al "rico" como culpable de todo tiene las patas muy cortas. Criminalizar al empresario, asociarlo a la caricatura del señor con chistera y puro, no es la solución. Entre otras cosas, porque no se corresponde con la realidad. España es un país de pymes y es uno de los lugares en los que más cuesta sacar adelante una empresa.

Según la OCDE, el 70% no sobreviven más de cinco años. El empresario aquí no es el señor del Monopoly que algunos usan para dividir a la sociedad. Es la mujer que emprende para conciliar, el joven que quiere continuar la granja de sus padres, o el jubilado que no quiere quedarse en casa. Personas normales que arriesgan su patrimonio y su calidad de vida para crear algo que, si funciona, genera empleo, oportunidades y valor para la sociedad.

Cada vez vemos más empresas, incluso rentables, que acaban cerrando porque no hay quien quiera ponerse al frente. Si ser empresario fuese tan sencillo y tan rentable, y si fuésemos todos "unos capitalistas despiadados" que no paran de enriquecerse a costa de los demás, como dijo una política de este país, ¿por qué no hay más gente que quiera emprender?

Dejemos de buscar cabezas de turco. Los empresarios generamos riqueza; los políticos son los responsables de gestionar los recursos que todos aportamos con nuestros impuestos para crear bienestar. Y llega un momento en que resulta evidente para la población que hoy se hace política para estar en política, y no para ayudar a avanzar a la sociedad, que debería ser su verdadera función.

Aunque a veces parezca que la opinión pública es lo mismo que la opinión publicada, la realidad es que no lo es. Por mucho que se intente desprestigiarnos, según Edelman Trust Barometer la ciudadanía distingue entre ruido y hechos: las empresas somos hoy la única institución percibida como competente y ética. Mientras gobiernos y medios suspenden en ambas dimensiones, la sociedad reconoce que las empresas cumplimos, creamos empleo, innovamos y actuamos con responsabilidad.

Esa confianza no se regala: se gana liderando con propósito, siendo transparentes y generando valor real para el país. Por eso es tan importante reivindicar el papel del empresario como motor de progreso y estabilidad.

Ser empresario es un orgullo. Para mí, además, es una filosofía de vida. Yo educo a mis hijos en que una buena parte de sentirse satisfecho con la vida viene de tener claro que es lo que quieres y de esforzarte para conseguirlo.

Es importante educar a nuestros hijos -y a la sociedad en general- en esta formula básica para ser libre y estar satisfecho con la vida en vez de ser dependiente y vivir fustrado: Las vacas no dan leche. Hay que ordeñarlas, hay que trabajar.

Carmen Lence. Presidenta de Grupo Lence

 

sábado, 5 de septiembre de 2026

La verdad oculta


 

 Una reflexión personal


El coraje callado de los abuelos y padres que sostienen España mientras el sanchismo mira hacia otro lado


En medio de mínimos históricos de natalidad, con tasas de fecundidad en 1,1 hijos por mujer y nacimientos rondando los 318.000-321.000 anuales, las familias españolas resisten gracias al apoyo intergeneracional de abuelos y padres. Este sacrificio cotidiano desmiente las políticas que priorizan el individualismo y el reemplazo migratorio frente a incentivos reales a la natalidad patriótica y la familia como pilar social.


  Abuelos y padres sostienen a las familias con apoyo intergeneracional no reconocido, mientras políticas gubernamentales priorizan migración sobre incentivos fiscales reales a la natalidad.

  Familias numerosas exigen deducciones fiscales, prestación universal por hijo y conciliación efectiva; su sacrificio contrasta con el individualismo oficial y el reemplazo demográfico.

  La resistencia familiar tradicional revela la esterilidad de un modelo que no facilita la vida a quienes quieren tener hijos en España.

Hay una España que no sale en los telediarios oficiales: la de los abuelos que recogen a los nietos del colegio porque los padres llegan exhaustos de un trabajo que apenas da para el alquiler, la de las madres que posponen la maternidad hasta los cuarenta porque antes no hay forma de emanciparse, y la de los padres que aprietan los dientes y hacen números cada mes para que la casa no se venga abajo. 

Esa España, la real, sigue trayendo hijos al mundo a pesar de todo. No gracias a las políticas del Gobierno, sino a pesar de ellas.

Los datos del INE son implacables. En 2024 se registraron apenas 318.005 nacimientos, la cifra más baja desde que hay registros. La tasa de fecundidad se hundió hasta 1,1 hijos por mujer, solo superada a la baja por Malta en Europa. En 2025 hubo un leve repunte a 321.164, un 1% más, pero el saldo vegetativo sigue en negativo porque las defunciones crecieron más. Y lo más revelador: más del 10% de esos niños nacen de madres de 40 años o más, el porcentaje más alto de la UE. España no tiene un problema de ganas, tiene un problema de condiciones.

Ahí entran los abuelos. Ese ejército silencioso de jubilados que se convierte en guardería gratuita, en apoyo emocional y en colchón económico cuando la hipoteca o el colegio amenazan con comerse el sueldo entero. Sin ellos, muchas familias se habrían rendido. Es un sacrificio intergeneracional que nadie presupuesta, que no aparece en las ruedas de prensa de Moncloa y que, sin embargo, está sosteniendo la cohesión social que las estadísticas oficiales dan por descontada. Mientras tanto, el individualismo progre celebra la “libertad” de no tener hijos como un logro feminista y luego se rasga las vestiduras porque la población envejece y hay que importar mano de obra.

El sanchismo ha optado por el camino fácil: celebrar la diversidad migratoria como solución mágica al invierno demográfico. En 2024, un tercio de los nacimientos fueron de madres extranjeras. La población total sigue creciendo gracias a la inmigración ,España rozaba los 49,5 millones a principios de 2026, pero el núcleo nativo se contrae. Francia manda cartas a los jóvenes de 29 años recordándoles que la fertilidad cae; aquí se aprueban leyes de familias que equiparan monoparentales con numerosas y hablan de “diversidad” mientras la vivienda se encarece, los salarios precarios se multiplican en el turismo y la conciliación sigue siendo un eslogan vacío.

Las familias numerosas, esas que la Federación Española de Familias Numerosas lleva años pidiendo que se valoren de verdad, son las que más aportan al futuro de las pensiones y del país. Piden deducciones fiscales reales, una prestación universal por hijo como existe en media Europa y permisos de cuidado remunerados que no castiguen económicamente a quien decide criar.

Lo que reciben es una fiscalidad asfixiante que castiga precisamente a quien más hijos trae y un discurso que presenta la maternidad tardía como empoderamiento en vez de lo que es: el síntoma de un sistema que hace casi imposible formar una familia en los años óptimos de fertilidad.

El paradigma español de su política demográfica:Iva de los condones al diez por ciento, Iva de los pañales al 21.

El contraste es humillante para quienes diseñan estas políticas estériles. Mientras los abuelos y padres españoles aprietan los dientes, pagan impuestos y cuidan de los suyos con recursos propios, el Gobierno apuesta por un reemplazo demográfico que no resuelve el problema de fondo: una sociedad que ha dejado de creer que traer hijos al mundo merece la pena. La resistencia de esas familias no es solo demográfica, es moral. Demuestra que la vida familiar tradicional no es un relicto del pasado, sino la única vía sostenible para mantener un país cohesionado, con raíces y con futuro.


JULIO ARIZA

viernes, 4 de septiembre de 2026

Por la neutralidad de España, por Luis Fraga

 spaña se mantuvo neutral en la I y II guerras mundiales. Hizo bien. Los conflictos intraeuropeos nada tenían que ver con nosotros. Teníamos otro problema en el norte de África en el que ningún país europeo apoyó a España.

Hubo, sin duda, voces que reclamaban la participación de España en una y otra guerra a favor de uno u otro bando. Afortunadamente, no se les hizo caso a esos belicistas de salón. Sabia decisión, la neutralidad.

En la I guerra europea de 1914 (un suicidio europeo), también llamada I Guerra Mundial, nos mantuvimos al margen con buen criterio. Veníamos debilitados por la agresión norteamericana de 1898 en la que habíamos perdido Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Y la neutralidad obtuvo réditos: un razonable crecimiento económico y, sobre todo, ninguna víctima española en un conflicto que ni nos iba ni nos venía, lejos de nuestras fronteras.

En la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1939 (segundo suicidio europeo), España de nuevo se mantiene neutral. Buena decisión. Hitler intentó convencer a Franco en la célebre entrevista de Hendaya de que se uniese al Eje, pero el astuto gallego de Ferrol supo torear al Führer y esquivar la insensatez que hubiese sido meternos en el avispero de esa guerra, puesto que de hacerlo hubiésemos perdido Canarias y España, ya exhausta por la guerra civil de la que acabábamos de salir, se hubiese desestabilizado en magnitudes inimaginables.

2026: No hay, declarada, III Guerra Mundial. Y ello porque, de haberla, sería nuclear entre la OTAN y Rusia. Hay, en cambio, guerras en el mundo. Guerra mundial y guerras en el mundo son, en efecto, conceptos distintos.

2026: Guerras en el mundo: Ucrania. Irán. ¿Y qué hace España? Irán: Independientemente de sus catastróficos errores en política exterior (Gibraltar, Marruecos y el Sáhara), España acertará manteniéndose al margen, por mucho que le pese al vociferante Trump, que cree que somos su colonia. La guerra la inicia Trump, engañado por Israel y el lobby judío en los USA. Que no nos metan en ella. Neutralidad española.

¿Y Rusia? Más complicado. Empezaré por la conclusión: Conviene a España mantenerse neutral en esta guerra a la que insensatos dirigentes en Alemania, Francia y el Reino Unido quieren llevarnos. Motivos:

1. No es nuestra guerra. El enemigo para España nunca ha venido del Este, sino del Sur. El gasto de defensa español ha de ir orientado a Ceuta y Melilla y las Canarias. Así de claro.

2. Francia y Alemania, en cambio, son más belicistas. Se preparan para una guerra contra Rusia. Revanchismo histórico, tal vez. Alemania fue derrotada por Rusia en la II Guerra Mundial e incluso perdió Königsberg, actual Kaliningrado, lugar de la fundación de Prusia y, por lo tanto, de Alemania, tras una guerra de agresión e invasión hasta las puertas de Moscú en la que murieron millones de rusos. Y Francia, lo mismo: También invadieron Rusia, incendiando Moscú, pero los generales rusos, en su contraataque, acabaron celebrando en París la derrota de la Grande Armée de Napoleón.

Dejemos de lado a Francia. Demasiados problemas internos tiene. Y el inepto Macron perderá las elecciones. Más importante es lo de Alemania. Llaman, ahora, al incremento del gasto militar. Llaman, ahora, a la movilización de jóvenes contra Rusia. Todo ello por la guerra de Ucrania. Dicen (y ni ellos mismos se lo creen) que tras Ucrania será Alemania el objetivo de Moscú. ¿Es creíble? No. Entonces, ¿qué hay detrás? Muy sencillo: el complejo militar-industrial alemán. Guerra para ganar dinero. Keynesianismo militar. E imprudencia de Merz y sus aliados del SPD. Han reducido el gasto social para dedicarlo al belicismo. Una locura

Pero esto no durará. Por escrito afirmo (que se me reproche en su día si me equivoco) que las siguientes elecciones alemanas las ganará la actual oposición de AfD. Que son contrarios a una guerra contra Rusia, como es natural en cualquier cabeza con algo de sano juicio, pues Rusia aniquilaría a Alemania. Y entonces, cuando gane AfD, muchas cosas cambian. En política, todo o casi todo es efímero. Y el electorado alemán, gente formada y con sensatez, sabrá darle la espalda a la actual coalición gobernante y sus errores.

España: que no nos metan Francia, Bruselas (dirigida por locos y locas) y Alemania en estos líos que poco o nada afectan a España. Con Ucrania: Hemos de enviar ayuda humanitaria, sí. Pero no armas ni dinero para armas como Francia o Alemania o el Reino Unido, puesto que ello equivale a echar gasolina al fuego de una guerra que, si sigue, verá a Ucrania perder más territorio y morirá más gente. Y, sobre todo, hemos de acoger a sus refugiados. Esa es la inmigración buena: personas europeas asimilables a nuestra cultura, y no africanos.

 https://www.larazon.es/opinion/neutralidad-espana_202607226a5ff304303ca6202cc42dc4.html

Blogger no me deja comentar de momento

 Alguien ha tocado donde no debía

Por qué el mundo está girando a la derecha, por Itxu Díaz

 Las últimas buenas noticias vienen de Chile. José Antonio Kast es el nuevo presidente. La prensa europea ya lo ha etiquetado como “de extre...