Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Las vacas no dan leche

Sé que para algunos puede sonar sorprendente, pero es así. Yo, que me dedico al mundo lácteo, os lo aseguro: las vacas no dan leche. Y diría incluso que la clave del éxito en esta vida, tanto profesional como personal, está en entender que las vacas no dan leche.

Para que las vacas den leche hay que levantarse temprano, ir al establo, llevarlas a la sala de ordeño, lavar y desinfectar la ubre, asegurar un ambiente tranquilo, una temperatura adecuada, conectar la ordeñadora, vigilar el proceso... Requiere esfuerzo, constancia y foco. Es decir, trabajar.

Yo diría que las personas que entienden que las vacas no dan leche, que o las ordeñas o no tienes leche, o trabajas para conseguir lo que quieres o lo más seguro es que no lo consigas, están más satisfechas con su vida. Sin embargo, hay quien piensa que las vacas dan leche, que no hace falta ordeñarlas, no hace falta trabajar, y claro, viven frustradas por que aún siguen esperando a que les den lo que "les corresponde".

Según Edelman Trust Barometer 2025, España está en cabeza de descontento entre los 26 países analizados. Y parte de ese descontento viene de la percepción de que "los ricos" tienen más de lo que deberían. Eso alimenta que siete de cada diez jóvenes en España consideren justificado el activismo hostil; es decir, dañar propiedad pública o privada, atacar personas online, difundir desinformación e incluso justificar la violencia.

Y, en parte, ese descontento es comprensible. La renta bruta disponible de las familias Españolas lleva una década prácticamente estancada, y sigue estando por debajo de la media de Europa.

Pero, ¿es esto realmente culpa de los "ricos"? ¿Quiénes son los "ricos" de este país? "Ricos" de verdad, de los que aparecen en Forbes Worlds Billioners List, en España hay pocos. Solo 32 españoles tienen un patrimonio superior a 1.000 millones de dólares, de los cuales 28 son mayores de 80 años y levantaron su fortuna hace décadas en industrias tradicionales.

¿A ver si el problema va a ser que no hay suficientes "ricos"? Nuestra élite económica, salvo contadas excepciones, pertenece a una generación que levantó su patrimonio en otro momento histórico, con otras reglas del juego, cuando el país estaba por construir. Y eso debería preocuparnos mucho más que lo ricos que son.

Porque un país en el que no hay quien cree riqueza es un país en el que la movilidad social se frena, en el que la innovación pierde ritmo y en el que los jóvenes dejan de creer que su esfuerzo puede cambiar su destino. No es casualidad que, mientras en Estados Unidos la mayoría de los grandes patrimonios son fruto del emprendimiento reciente, aquí sigamos dependiendo de imperios familiares creados hace medio siglo. Si queremos más leche -más prosperidad, más oportunidades, más futuro- animar a mirar la vaca ajena con envidia no soluciona nada: hay que crear las condiciones para que cada generación pueda ordeñar la suya.

Por eso, en vez de estar tan descontentos y culpar a "los ricos", habría que ponerse a ordeñar la vaca; es decir, a trabajar. Aumentar la población activa, mejorar la cualificación de los trabajadores e incrementar la productividad de las empresas combatiendo el absentismo.

Porque la realidad de España es que sólo trabaja el 59% de la población activa, frente al 75,8% de la media europea. Pero es que, además, de los que en teoría trabajan, cada día 1,7 millones de ellos faltan a su puesto de trabajo. El absentismo laboral, con un coste anual de 33.000 millones de euros (16.000 millones asumidos directamente por las empresas), representa una amenaza para la competitividad de nuestras empresas. Queremos aumentar salarios, pero para eso es imprescindible aumentar la productividad. En la última década, España solo ha incrementado su productividad un 0,5%, frente al 1,2% de la media de la OCDE.
Cambiar la mentalidad

Pero para que todo esto sea posible, hay que cambiar la mentalidad: dejar de pensar que las vacas dan leche e interiorizar que, para que den leche, hay que ordeñarlas, hay que trabajar.

Buscar una cabeza de turco señalando al "rico" como culpable de todo tiene las patas muy cortas. Criminalizar al empresario, asociarlo a la caricatura del señor con chistera y puro, no es la solución. Entre otras cosas, porque no se corresponde con la realidad. España es un país de pymes y es uno de los lugares en los que más cuesta sacar adelante una empresa.

Según la OCDE, el 70% no sobreviven más de cinco años. El empresario aquí no es el señor del Monopoly que algunos usan para dividir a la sociedad. Es la mujer que emprende para conciliar, el joven que quiere continuar la granja de sus padres, o el jubilado que no quiere quedarse en casa. Personas normales que arriesgan su patrimonio y su calidad de vida para crear algo que, si funciona, genera empleo, oportunidades y valor para la sociedad.

Cada vez vemos más empresas, incluso rentables, que acaban cerrando porque no hay quien quiera ponerse al frente. Si ser empresario fuese tan sencillo y tan rentable, y si fuésemos todos "unos capitalistas despiadados" que no paran de enriquecerse a costa de los demás, como dijo una política de este país, ¿por qué no hay más gente que quiera emprender?

Dejemos de buscar cabezas de turco. Los empresarios generamos riqueza; los políticos son los responsables de gestionar los recursos que todos aportamos con nuestros impuestos para crear bienestar. Y llega un momento en que resulta evidente para la población que hoy se hace política para estar en política, y no para ayudar a avanzar a la sociedad, que debería ser su verdadera función.

Aunque a veces parezca que la opinión pública es lo mismo que la opinión publicada, la realidad es que no lo es. Por mucho que se intente desprestigiarnos, según Edelman Trust Barometer la ciudadanía distingue entre ruido y hechos: las empresas somos hoy la única institución percibida como competente y ética. Mientras gobiernos y medios suspenden en ambas dimensiones, la sociedad reconoce que las empresas cumplimos, creamos empleo, innovamos y actuamos con responsabilidad.

Esa confianza no se regala: se gana liderando con propósito, siendo transparentes y generando valor real para el país. Por eso es tan importante reivindicar el papel del empresario como motor de progreso y estabilidad.

Ser empresario es un orgullo. Para mí, además, es una filosofía de vida. Yo educo a mis hijos en que una buena parte de sentirse satisfecho con la vida viene de tener claro que es lo que quieres y de esforzarte para conseguirlo.

Es importante educar a nuestros hijos -y a la sociedad en general- en esta formula básica para ser libre y estar satisfecho con la vida en vez de ser dependiente y vivir fustrado: Las vacas no dan leche. Hay que ordeñarlas, hay que trabajar.

Carmen Lence. Presidenta de Grupo Lence

 

sábado, 5 de septiembre de 2026

La verdad oculta


 

 Una reflexión personal


El coraje callado de los abuelos y padres que sostienen España mientras el sanchismo mira hacia otro lado


En medio de mínimos históricos de natalidad, con tasas de fecundidad en 1,1 hijos por mujer y nacimientos rondando los 318.000-321.000 anuales, las familias españolas resisten gracias al apoyo intergeneracional de abuelos y padres. Este sacrificio cotidiano desmiente las políticas que priorizan el individualismo y el reemplazo migratorio frente a incentivos reales a la natalidad patriótica y la familia como pilar social.


  Abuelos y padres sostienen a las familias con apoyo intergeneracional no reconocido, mientras políticas gubernamentales priorizan migración sobre incentivos fiscales reales a la natalidad.

  Familias numerosas exigen deducciones fiscales, prestación universal por hijo y conciliación efectiva; su sacrificio contrasta con el individualismo oficial y el reemplazo demográfico.

  La resistencia familiar tradicional revela la esterilidad de un modelo que no facilita la vida a quienes quieren tener hijos en España.

Hay una España que no sale en los telediarios oficiales: la de los abuelos que recogen a los nietos del colegio porque los padres llegan exhaustos de un trabajo que apenas da para el alquiler, la de las madres que posponen la maternidad hasta los cuarenta porque antes no hay forma de emanciparse, y la de los padres que aprietan los dientes y hacen números cada mes para que la casa no se venga abajo. 

Esa España, la real, sigue trayendo hijos al mundo a pesar de todo. No gracias a las políticas del Gobierno, sino a pesar de ellas.

Los datos del INE son implacables. En 2024 se registraron apenas 318.005 nacimientos, la cifra más baja desde que hay registros. La tasa de fecundidad se hundió hasta 1,1 hijos por mujer, solo superada a la baja por Malta en Europa. En 2025 hubo un leve repunte a 321.164, un 1% más, pero el saldo vegetativo sigue en negativo porque las defunciones crecieron más. Y lo más revelador: más del 10% de esos niños nacen de madres de 40 años o más, el porcentaje más alto de la UE. España no tiene un problema de ganas, tiene un problema de condiciones.

Ahí entran los abuelos. Ese ejército silencioso de jubilados que se convierte en guardería gratuita, en apoyo emocional y en colchón económico cuando la hipoteca o el colegio amenazan con comerse el sueldo entero. Sin ellos, muchas familias se habrían rendido. Es un sacrificio intergeneracional que nadie presupuesta, que no aparece en las ruedas de prensa de Moncloa y que, sin embargo, está sosteniendo la cohesión social que las estadísticas oficiales dan por descontada. Mientras tanto, el individualismo progre celebra la “libertad” de no tener hijos como un logro feminista y luego se rasga las vestiduras porque la población envejece y hay que importar mano de obra.

El sanchismo ha optado por el camino fácil: celebrar la diversidad migratoria como solución mágica al invierno demográfico. En 2024, un tercio de los nacimientos fueron de madres extranjeras. La población total sigue creciendo gracias a la inmigración ,España rozaba los 49,5 millones a principios de 2026, pero el núcleo nativo se contrae. Francia manda cartas a los jóvenes de 29 años recordándoles que la fertilidad cae; aquí se aprueban leyes de familias que equiparan monoparentales con numerosas y hablan de “diversidad” mientras la vivienda se encarece, los salarios precarios se multiplican en el turismo y la conciliación sigue siendo un eslogan vacío.

Las familias numerosas, esas que la Federación Española de Familias Numerosas lleva años pidiendo que se valoren de verdad, son las que más aportan al futuro de las pensiones y del país. Piden deducciones fiscales reales, una prestación universal por hijo como existe en media Europa y permisos de cuidado remunerados que no castiguen económicamente a quien decide criar.

Lo que reciben es una fiscalidad asfixiante que castiga precisamente a quien más hijos trae y un discurso que presenta la maternidad tardía como empoderamiento en vez de lo que es: el síntoma de un sistema que hace casi imposible formar una familia en los años óptimos de fertilidad.

El paradigma español de su política demográfica:Iva de los condones al diez por ciento, Iva de los pañales al 21.

El contraste es humillante para quienes diseñan estas políticas estériles. Mientras los abuelos y padres españoles aprietan los dientes, pagan impuestos y cuidan de los suyos con recursos propios, el Gobierno apuesta por un reemplazo demográfico que no resuelve el problema de fondo: una sociedad que ha dejado de creer que traer hijos al mundo merece la pena. La resistencia de esas familias no es solo demográfica, es moral. Demuestra que la vida familiar tradicional no es un relicto del pasado, sino la única vía sostenible para mantener un país cohesionado, con raíces y con futuro.


JULIO ARIZA

viernes, 4 de septiembre de 2026

Por la neutralidad de España, por Luis Fraga

 spaña se mantuvo neutral en la I y II guerras mundiales. Hizo bien. Los conflictos intraeuropeos nada tenían que ver con nosotros. Teníamos otro problema en el norte de África en el que ningún país europeo apoyó a España.

Hubo, sin duda, voces que reclamaban la participación de España en una y otra guerra a favor de uno u otro bando. Afortunadamente, no se les hizo caso a esos belicistas de salón. Sabia decisión, la neutralidad.

En la I guerra europea de 1914 (un suicidio europeo), también llamada I Guerra Mundial, nos mantuvimos al margen con buen criterio. Veníamos debilitados por la agresión norteamericana de 1898 en la que habíamos perdido Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Y la neutralidad obtuvo réditos: un razonable crecimiento económico y, sobre todo, ninguna víctima española en un conflicto que ni nos iba ni nos venía, lejos de nuestras fronteras.

En la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1939 (segundo suicidio europeo), España de nuevo se mantiene neutral. Buena decisión. Hitler intentó convencer a Franco en la célebre entrevista de Hendaya de que se uniese al Eje, pero el astuto gallego de Ferrol supo torear al Führer y esquivar la insensatez que hubiese sido meternos en el avispero de esa guerra, puesto que de hacerlo hubiésemos perdido Canarias y España, ya exhausta por la guerra civil de la que acabábamos de salir, se hubiese desestabilizado en magnitudes inimaginables.

2026: No hay, declarada, III Guerra Mundial. Y ello porque, de haberla, sería nuclear entre la OTAN y Rusia. Hay, en cambio, guerras en el mundo. Guerra mundial y guerras en el mundo son, en efecto, conceptos distintos.

2026: Guerras en el mundo: Ucrania. Irán. ¿Y qué hace España? Irán: Independientemente de sus catastróficos errores en política exterior (Gibraltar, Marruecos y el Sáhara), España acertará manteniéndose al margen, por mucho que le pese al vociferante Trump, que cree que somos su colonia. La guerra la inicia Trump, engañado por Israel y el lobby judío en los USA. Que no nos metan en ella. Neutralidad española.

¿Y Rusia? Más complicado. Empezaré por la conclusión: Conviene a España mantenerse neutral en esta guerra a la que insensatos dirigentes en Alemania, Francia y el Reino Unido quieren llevarnos. Motivos:

1. No es nuestra guerra. El enemigo para España nunca ha venido del Este, sino del Sur. El gasto de defensa español ha de ir orientado a Ceuta y Melilla y las Canarias. Así de claro.

2. Francia y Alemania, en cambio, son más belicistas. Se preparan para una guerra contra Rusia. Revanchismo histórico, tal vez. Alemania fue derrotada por Rusia en la II Guerra Mundial e incluso perdió Königsberg, actual Kaliningrado, lugar de la fundación de Prusia y, por lo tanto, de Alemania, tras una guerra de agresión e invasión hasta las puertas de Moscú en la que murieron millones de rusos. Y Francia, lo mismo: También invadieron Rusia, incendiando Moscú, pero los generales rusos, en su contraataque, acabaron celebrando en París la derrota de la Grande Armée de Napoleón.

Dejemos de lado a Francia. Demasiados problemas internos tiene. Y el inepto Macron perderá las elecciones. Más importante es lo de Alemania. Llaman, ahora, al incremento del gasto militar. Llaman, ahora, a la movilización de jóvenes contra Rusia. Todo ello por la guerra de Ucrania. Dicen (y ni ellos mismos se lo creen) que tras Ucrania será Alemania el objetivo de Moscú. ¿Es creíble? No. Entonces, ¿qué hay detrás? Muy sencillo: el complejo militar-industrial alemán. Guerra para ganar dinero. Keynesianismo militar. E imprudencia de Merz y sus aliados del SPD. Han reducido el gasto social para dedicarlo al belicismo. Una locura

Pero esto no durará. Por escrito afirmo (que se me reproche en su día si me equivoco) que las siguientes elecciones alemanas las ganará la actual oposición de AfD. Que son contrarios a una guerra contra Rusia, como es natural en cualquier cabeza con algo de sano juicio, pues Rusia aniquilaría a Alemania. Y entonces, cuando gane AfD, muchas cosas cambian. En política, todo o casi todo es efímero. Y el electorado alemán, gente formada y con sensatez, sabrá darle la espalda a la actual coalición gobernante y sus errores.

España: que no nos metan Francia, Bruselas (dirigida por locos y locas) y Alemania en estos líos que poco o nada afectan a España. Con Ucrania: Hemos de enviar ayuda humanitaria, sí. Pero no armas ni dinero para armas como Francia o Alemania o el Reino Unido, puesto que ello equivale a echar gasolina al fuego de una guerra que, si sigue, verá a Ucrania perder más territorio y morirá más gente. Y, sobre todo, hemos de acoger a sus refugiados. Esa es la inmigración buena: personas europeas asimilables a nuestra cultura, y no africanos.

 https://www.larazon.es/opinion/neutralidad-espana_202607226a5ff304303ca6202cc42dc4.html

Blogger no me deja comentar de momento

 Alguien ha tocado donde no debía

jueves, 3 de septiembre de 2026

Inmigración descontrolada


 Recomiendo la primera media hora

Experimentar al límite

 No muchas personas han experimentado lo que yo viví de joven. Presencié un intento de suicidio y por tres veces intentaron matarme. Yo también pensé en suicidarme.

No lo hice por mi madre. No quería hacerla sufrir así. Por lo demás no hubiera tenido problema. Por suerte sigo aquí y eso me ha ayudado mucho a comprender la vida.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Primero te destrozamos la vida y luego te matamos compasivamente, por Juan Manuel de Prada

Convendría que reparásemos en las vicisitudes de la existencia de Noelia, esa joven recientemente asesinada por el Leviatán. Según nos relatan los cronistas sistémicos, Noelia padeció una infancia horrenda, con padres endeudados o alcohólicos o ambas cosas a la vez, que no la atendieron como merecía o descuidaron su crianza. No dudo que fuese la suya una infancia sufriente y que la actitud de los padres le dejase muy hondas heridas. Pero seguramente no fueron heridas tan hondas como las que sufrió Beethoven, cuyo padre alcohólico le propinaba bestiales palizas y lo encerraba en un sótano durante días enteros. O como las que padeció Dickens, que tuvo que ponerse a trabajar con apenas 12 años en una fábrica de betún, después de que su padre fuese encarcelado por deudas, condenando a su familia a la mendicidad. O, en fin, como las heridas sufridas por Chaplin, cuyo padre alcohólico abandonó a la familia antes de morir cirrótico perdido, dejando a los hijos en manos de una madre inquilina asidua del manicomio.

Para fortuna de Beethoven, Dickens o Chaplin, no existía un Leviatán ‘protector’ que se hiciese cargo de ellos; y el sufrimiento que amasó sus días infantiles fue fecundo y los convirtió en genios. Para desgracia de Noelia, la Generalitat de Cataluña decidió  «evitar sus sufrimientos», para lo cual retiró la custodia a sus padres endeudados o alcohólicos o ambas cosas a la vez y la internó en un centro de menores, erigiéndose en su «protectora». La idiotez imperante tiende a considerar que las instituciones públicas son nuestros ángeles custodios; pero se trata de una premisa por completo errónea, una distorsión cognitiva grave. Las instituciones públicas, en un régimen político inicuo como el que sufrimos, están al servicio del Leviatán; y su propósito primordial es convertir la familia en un campo de Agramante. El Leviatán moderno odia la familia porque sabe que es un bastión de resistencia contra sus injerencias (de ahí que haya adelgazado la protección del matrimonio y fomentado el divorcio, de ahí que haya alentado la competencia entre los sexos y la ruptura entre las generaciones, de ahí que haya exaltado las formas más caprichosas de convivencia y encumbrado el aborto como derecho); y odia muy especialmente la patria potestad, porque le impide ejercer una tutela completa sobre los niños (de ahí que repitan con monomanía psicopática que «los hijos no son de los padres»).

Situaciones familiares como la que sufría Noelia, tan desgraciadamente habituales en las sociedades que previamente han sido hechas puré por el Leviatán, son tan sólo la excusa que el Leviatán emplea para asegurarse la destrucción de vidas. El Leviatán desea corromper a nuestros hijos, desea destruir su inocencia, desea envilecer sus almas con ideaciones aberrantes y disfóricas; y en los hijos de padres conflictivos ve una ocasión pintiparada para ejecutar sus designios.

Noelia fue una víctima del Leviatán, que propició que fuese violada en diversas ocasiones; hasta que, hundida en la depresión, saltó desde un quinto piso para quitarse la vida, quedando maltrecha para siempre, con dolores físicos al parecer muy intensos, pero seguramente menos que su dolor moral. Así es como Noelia decidió solicitar la eutanasia al Leviatán que primeramente la apartó de su familia y la recluyó en un centro de menores, que jamás le brindó una tutela efectiva, que no le brindó los tratamientos adecuados para combatir su dolor. Si Noelia no hubiese estado gravemente ofuscada por el dolor, si no hubiese padecido trastornos muy aflictivos, no habría recurrido al Leviatán, causante de todos ellos; pero Noelia estaba para entonces hecha cisco, la habían convertido en un despojo, y recurrió absurdamente al sacamantecas responsable de su desgracia, que por supuesto le concedió la eutanasia, fingiéndose compasivo con sus padecimientos. Pero, en realidad, estaba borrando las pruebas de su crimen.

El Leviatán privó primero a Noelia de una vida familiar digna de tal nombre, fomentando formas de vida disolventes y brindando a sus padres todos los instrumentos para convertir la existencia de su hija en un infierno anticipado. Después, una vez privada de los vínculos comunitarios naturales, el Leviatán obsequió a Noelia con una vida de soledad y abandono, convirtiéndola en carne triste, huérfana de amor y fácil presa de abusos, dejando que un enjambre de trastornos mentales y pensamientos turbios la colonizase, hasta empujarla al suicidio. Pero Noelia no logró matarse, sino que quedó medio tullida, convertida en carne desahuciada, chatarra humana a la que el Leviatán imbuyó pérfidamente la idea de tomar el control de su destino. Puesto que el Leviatán no podía brindarle una cura a los daños que previamente le había infligido, brindó a Noelia la posibilidad de acabar con ellos acabando consigo misma. Muerto el perro se acabó la rabia, es el lema del Leviatán eutanásico.

Al suministrar una muerte dulce a quien sufre, el Leviatán destroza la alianza última del ser humano consigo mismo, con la comunidad humana y con Dios. «No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía», le dice el buen Sancho a don Quijote, poniendo voz a nuestra humanidad. El Leviatán moderno niega nuestra humanidad, quiebra esa noción inscrita en nuestras almas, fundante de la civilización, que nos enseña que la vida es un bien que debemos custodiar, especialmente cuando se vuelve débil y vulnerable. Y, sirviéndose de nuestra fragilidad, nos convence de que el sufrimiento es algo insoportable, algo que hay que erradicar a toda costa; erradicándonos a nosotros mismos, si fuera necesario.

El Leviatán ha recetado a Noelia una muerte dulce para combatir su depresión (método infalible para acabar con las listas de espera), después de haberle infligido los daños que se la causaron; y envuelve su crimen en repulsivas palabras compasivas y ternurismos eméticos. Es el lenguaje del Leviatán, que ya ni siquiera necesita ejercer violencia porque ha aprendido a justificarla; el lenguaje de una época enferma que en el crimen encuentra la única forma de piedad posible.

Es la barbarie legalizada.
 

https://noticiasholisticas.com.ar/primero-te-destrozamos-la-vida-y-luego-te-matamos-compasivamente-por-juan-manuel-de-prada/ 

martes, 1 de septiembre de 2026


 

Las heridas que no cierran

 A veces me parece increíble pensar que han pasado cincuenta años y parece que fue ayer cuando estaba sola en el colegio. Empecé a aislarme por timidez y acabaron por dejarme de lado.

Para colmo, cuando empezaba a socializar me vino la regla. Era la primera del curso con dos años de antelación y nadie comprendía mi problema. No volví a ser la misma.

Las vacas no dan leche

Sé que para algunos puede sonar sorprendente, pero es así. Yo, que me dedico al mundo lácteo, os lo aseguro: las vacas no dan leche. Y diría...