Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

miércoles, 3 de junio de 2026

Las víctimas deben construir el relato, nunca eta, por Fernando Rueda

Quien debe contar lo ocurrido son las víctimas de ETA, lo que no puede ser es que el relato lo hagan los asesinos. No nos lo podemos permitir como sociedad democrática». Pedro Lechuga, periodista por encima de todas las cosas, me habla con vehemencia sobre el documental Memoria revelada, promovido por la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, que ha dirigido con el objetivo de poner en valor el papel de la fotografía de prensa como instrumento vital para dejar constancia del dolor y las consecuencias de la violencia de ETA.   

Pienso, mientras me cuenta el contenido de la película de no ficción, en las imágenes que pude contemplar durante 40 años sobre los salvajes atentados de ETA. Recuerdo verme obligado a desviar los ojos, cuando en los periódicos de papel veía reflejadas las consecuencias de esos atentados. A veces, para evitarnos el sufrimiento del cuerpo destrozado, optaban por mostrarnos las aceras llenas de sangre, el bolso tirado de la víctima que pasaba por allí o el autobús reventado con restos de uniforme verde. Fotos en las que podías intuir el vuelo de los sueños finiquitados de tantos hombres y mujeres normales, la mayor parte con problemas para llegar a final de mes, que podrían haber pasado al olvido si un fotoperiodista no hubiera apretado el disparador para atrapar ese momento.

Pero es que, además, los profesionales del fotoperiodismo no eran conscientes de que con el paso de los años, tras cientos de asesinados y miles de heridos, los terroristas de ETA y los que les apoyaron, iban a intentar minusvalorar o borrar esa huella asquerosa, manipular la memoria de jóvenes y mayores, y convertir su despiadada e inexplicable guerra en una lucha justa de un pueblo que, por cierto, mayoritariamente estuvo contra ellos.

Por ese motivo, aplaudo con el mayor ruido posible de las palmas de mis manos las acciones que desde el periodismo, buscando datos objetivos, recuperen la historia de esos años de plomo para que las memorias endebles o aquellas otras que nunca vivieron la historia terrorista de España, puedan visualizar lo que pasó.
El fotoperiodista y el mellizo que sobrevivió

Memoria revelada es el cuarto proyecto audiovisual de Pedro Lechuga, un periodista objetivo, acreditado, luchador, inconformista, apasionado por defender nuestra profesión. Ha investigado en Castilla y León, y ha encontrado al destacado fotoperiodista Fidel Raso, uno de esos profesionales que acudía a cubrir la información tras los atentados de ETA. Y también ha buscado en su comunidad y fuera de ella víctimas de atentados en los que Raso hizo fotos. Después los ha juntado. El resultado es impactante, conmovedor y, por encima de todo, una muestra del mejor periodismo, el que pretende contar una historia interesante y desconocida para el que la ve.

Sin hacer espóiler, hay una historia que te hiela el corazón: la del encuentro de Fidel con Alex Moreno. El atentado ocurrió el 7 de noviembre de 1999. Un guardia civil destinado en Erandio, Antonio Moreno, salió de casa para llevar a sus hijos mellizos a una piscina cubierta en Deusto. Los miembros de ETA Juan Carlos Iglesias Chouzas, Javier Martínez Izaguirre y Rosa María Arana Txakartegi habían puesto sus ojos en él, era un objetivo fácil, y le colocaron una bomba lapa en el vehículo que solo utilizaba para desplazamientos familiares, cuando estaba fuera de servicio. Antonio estuvo dos años recuperándose de sus heridas, su hijo Alex sufrió quemaduras en una pierna y se le perforó el tímpano y Fabio murió en el acto, su cuerpo quedó dividido en trozos.

En otro momento, Fidel Raso conversa con Marimar Blanco. En la escena, la hermana de Miguel Ángel Blanco comparte emociones y sentimientos con un fotoperiodista que vivió el horror de ese vil asesinato, una sensación de la que no le libró la mirada a través de una cámara fotográfica.

Acabo con una frase de Sebastián Nogales, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León: existe «un miedo real a caer en el olvido», y hay que criticar que quienes apoyan a los terroristas tengan ahora «más trascendencia visual». Esperemos que con documentales como este, que será estrenado la última semana de febrero en Valladolid, eso deje de ocurrir. 

 https://theobjective.com/espana/2026-01-17/victimas-relato-nunca-eta/

martes, 2 de junio de 2026

Libros

Como ya he dicho alguna vez, no sé qué hubiera sido de mi sin los libros. Puede que no estuviera aquí. Mi familia no me prestaba atención y no tenía amigos. Vivía en mi mundo de fantasía detràs de un libro.

Cuando crecí fui leyendo cada vez lecturas más complejas y en varios idiomas. Ellos fueron mis compañeros, mis confidentes y mi consuelo. Pronto empecé yo también a escribir como parte de mi terapia. 


 

lunes, 1 de junio de 2026

El Napoleón del crimen, por Arturo Pérez Reverte



Ayer mismo, caminando por la acera de una calle de Madrid, un niño de unos seis o siete años que iba despistado con sus padres, mirando el escaparate de una tienda, tropezó conmigo. Le acaricié la cabeza con una sonrisa, y ya iba a seguir adelante cuando escuché a su padre decirle al crío, con mucha naturalidad. «Mira por donde andas, por favor. Gracias». Y luego me dirigió una mirada de excusa. Entonces el niño, sin mirarme, dijo «perdón» y siguió su camino junto a ellos. Me quedé tan sorprendido por el suceso, por aquella reconvención paterna y la reacción del niño, del todo extraordinarias en estos tiempos, que volví la cabeza para verlos alejarse. Eran dos padres jóvenes, normales. Dos padres de infantería. Pero aquellos diez segundos junto a ellos habían hecho hermosa la mañana, y la calle parecía otra, más despejada y luminosa, y al fin continué mi paseo aún con la sonrisa en la boca, pensando que Dios o el diablo aprietan pero nunca ahogan, y que siempre hay quien se salva, y te salva. O te da esperanza. Que siempre quedan uno, o diez, o cien, justos en Sodoma. E incluso en Gomorra.

Hay días, como ayer, en los que lamento no ser millonario, como el tío Gilito o el que sea su equivalente ahora. Pero no un millonetis cualquiera, sino de verdad, a lo bestia, de ésos que pueden pagarlo todo y comprar cuanto se les pone en el morro. Un fulano con viruta suficiente para crear varios centenares, o miles, de becas para niños bien educados. Niños a los que sus padres les hayan enseñado, previamente, que las buenas maneras hacen mejor el mundo, nos hacen mejores a todos y son mecanismo clave, puerta franca para acceder a lugares y corazones. Niños, por ejemplo, como los de mi amigo Etienne de Montety, que cada vez que invitaba a cenar en su casa hacía que sus cuatro hijos, entonces de entre diez y dieciséis años, se encargaran de recibir y atender a los visitantes, cosa que hacían todos con una formalidad y una responsabilidad exquisitas. O aquel otro zagal de ocho o nueve años que una vez se me acercó con mucho aplomo junto a un bar de la Plaza Mayor y dijo: «Oiga, señor, ¿puede pedirle un vaso de agua al camarero, por favor?... Tengo sed, y como soy pequeño, puede que a mí no me haga caso». 

Por eso digo que, si tuviera una pasta gansa, crearía las becas Reverte Malegra Verte. Mandaría a mis agentes por todo el mundo a buscar niños de ambos sexos bien educados, para pagar sus estudios y dedicarlos luego, cuando fuesen grandes, a la ciencia, las humanidades, la vida social y la política. Y también, de paso, gratificaría a los padres que los educaron. Financiaría el merecido bienestar de quienes les enseñaron a decir buenos días, por favor y gracias, a manejar los cubiertos, a no hablar con la boca llena, a vestirse con decoro según cada momento de la vida, a no tutear a las personas mayores, a comprender que una sonrisa, una palabra adecuada, un gesto cortés y de buena crianza, tan propios de la gente humilde como de la más afortunada, son la mejor tarjeta de visita, todavía hoy, incluso en un mundo que, como el nuestro, se va poquito a poco al carajo.

Pero eso sí. Ya metido en faena, si como dije fuera millonetis sin límite y sin tasa, también es posible que se me fuera la pinza y me diese un chungo en plan Bin Laden, o Doctor No, o profesor Moriarty -el Napoleón del crimen, enemigo de Sherlock Holmes-, y comprara una isla llena de aparatos electrónicos, misiles nucleares y Úrsulas Andress, o lo que equivalga ahora a eso; y también un gato de Angora para acariciarlo en plan canónico mientras enviaba por el mundo a mis sicarios en plan ninjas suicidas, en comandos implacables que se curraran la otra cara de la luna. 

Algo así como una brigada pesticida, letal, higiénica, secuestradora y exterminadora de padres de niños, e incluso de algún niño que otro -todos acaban siendo adultos- de esos groseros y maleducados que empujan en las puertas, permanecen mudos ante las palabras «buenos días», ignoran cómo se pronuncia un «por favor», tutean al lucero del alba y no han dado las gracias a nadie en su puta vida. Y ordenaría a mis esbirros especial ensañamiento y torturas refinadas tipo Fumanchú con los padres de familia que se dejan las gorras y sombreros puestos en los locales públicos, gritan al teléfono móvil, entran en calzoncillos y chanclas en los restaurantes, se hurgan la nariz y se rascan las axilas, los huevos o el chichi -seamos paritarios- mientras te empujan en el metro o el autobús. Veneno, soga y puñal, oigan. Sin piedad. Y yo reiría en mi isla, juas, juas, juas, con risa de malvado Carabel, viéndolo todo por videoconferencia, mientras acariciaba al gato.    


 https://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/1049/el-napoleon-del-crimen/

domingo, 31 de mayo de 2026

Se, se, se, por Itxu Díaz

 l socavón que media entre palabras y hechos lo definió magistralmente Tono en el siglo XX en una de sus obras teatrales:

– Mi hija, aquí donde usted la ve, pudo haberse casado con un duque.

– ¿Y por qué no se casó?

– Porque no quiso el duque.

Hace algo más de un año, Josep Borrell calificaba al régimen de Nicolás Maduro de "autoritario" y "dictatorial", y anunciaba que revisaría las sanciones. Las sanciones fueron revisadas y nada más, a menos que consideremos la incontinencia declarativa de Bruselas como algo más. Todo lo que ha hecho por Venezuela la Unión Europea, los demócratas americanos, los centristas patrios, y demás agentes de las buenas palabras es nada. Y, contra todo pronóstico, todo lo que han obtenido a cambio es nada.

La diferencia entre el consenso de las palabras y la eficacia de los hechos la ha puesto sobre la mesa Donald Trump, con la increíble operación de extracción –más bien extirpación- de Nicolás Maduro.
Del autor

    3 Ene. 2026: El problema de los Magos
    27 Dic. 2025: Resumen del año con rima
    20 Dic. 2025: Canción de Navidad
    13 Dic. 2025: Regalos de Navidad para el Gobierno

Uno esperaba al menos un gesto de disimulada alegría entre quienes llevan años criticando el autoritarismo chavista. Pero si nos fijamos en el arquetipo de los voceros oficiales, Josep Borrell ha sido bastante claro en la Cope, sin mencionar siquiera el éxito de la operación, y denunciando que todo lo que Donald Trump ha hecho es un plan para robar recursos a Venezuela, discurso que aplauden por igual Diosdado Cabello e Irene Montero, valga la redundancia. Josep Borrell representa a la perfección al tipo de político europeo que ha logrado eternizar las dictaduras cubana y venezolana. Cínico, acomplejado, traidor, y modosito.

Muchos hemos criticado la inacción de cierta derecha española en interminable viaje al centro cuando las urnas le han permitido cambiar las cosas. Pero cambiar políticas es cansado, genera polémicas, y altera al enemigo. Es más cómodo gestionar empleo y economía y no tocar nada de lo que se criticó gruesamente durante la campaña. Es más fácil traicionar a los propios, que incomodar a los ajenos.

Donald Trump ha llegado a la Casa Blanca por segunda vez en una posición muy distinta: ahora tiene 79 años, no necesita dinero, vive una vida extra después de sobrevivir a un atentado, y no tiene el menor interés personal en el poder, en el aplauso del electorado, ni en perpetuarse. No tiene ninguna cadena que le amarre a la tentación de lograr el aplauso del enemigo, no le preocupa demasiado lo que se diga de él, y sus decisiones responden, después de todo, a una mezcla de servicio a la nación, vanagloria, cierto resentimiento contra Joe Biden y Barack Obama, y ansia de diversión, no necesariamente por este orden.

Todo esto le está permitiendo algo insólito: cumplir su palabra, para bien y para mal. Prometió demoler el imperio woke, recuperar el papel protagonista de Estados Unidos, solucionar guerras, y derrocar la tiranía de la izquierda allí donde suponga una amenaza. Se ha ido de la OMS, ha levantado las alfombras de la vergüenza de la ONU, ha enviado a la cama sin cenar a los burócratas de la Unión Europea, ha reforzado la defensa de Israel sin matices, ha desmantelado las ruinosas políticas verdes de Joe Biden, ha declarado la guerra a los cárteles de la droga, y se ha llevado por delante a Nicolás Maduro. Por revertir todo lo que prometió revertir, hasta le ha dado la vuelta a la pirámide alimenticia, creada en los 90 por un grupo de expertos vendidos a los intereses de la industria, en una inmensa mentira a la que nadie hasta ahora se ha atrevido a meterle el diente.

Ante todo esto, incluso entre los conservadores, hay dos actitudes: el entusiasmo de quienes celebran que al fin alguien intente hacer algo por romper la hegemonía progresista, y la legión de remilgados santiguándose a cada segundo, porque está loco, porque hace cosas, porque quiere petróleo, o porque va a provocar una guerra mundial nuclear con aniquilación de toda la humanidad. Es tal el terror siquiera a mencionar su nombre que ayer el líder del PP escribió en un tuit que en pocos días "se ha descabezado el régimen chavista" y "se va en la buena dirección". Se, se, se. Desagentivación de época que define el pánico a mencionar a Donald Trump, y al tiempo, trata de ser partícipe de sus logros.

En un brochazo tan gordo como eficaz, durante los últimos años, las cosas en Occidente pueden resumirse así: la izquierda, ahora siempre extrema, no para de hacer. La derecha, ahora centro, no para de hablar. Los votantes ya lo han entendido. Por eso alguien debería explicarles a los líderes de la coral acomplejada del "se, se, se", si es que quieren oírlo, que la cobardía ha dejado de ser mainstream. Que no estamos en 1996. Que la izquierda ha barrido Occidente en dos décadas y ha destrozado una bellísima civilización que creíamos eterna, y ahora solo hay una salida: levantarlo de nuevo o morir.
Temas

    Donald Trump Nicolás Maduro

- Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/opinion/2026-01-10/itxu-diaz-se-se-se-7341705/

sábado, 30 de mayo de 2026

La historia ha girado ante nuestros ojos, por Hughes

Una época ha terminado. Empieza otra. La época que ha terminado es la que se abrió en 1989 con el desplome del bloque soviético, la hegemonía mundial norteamericana y la construcción del mundo global, eso que en su día se llamó «fin de la Historia» y, después, «globalismo». La época que ahora empieza aún no tiene nombre, pero ya es posible ver sus perfiles, como las siluetas que emergen desde lo oscuro en los primeros minutos de un amanecer, en «la dudosa luz del día», por emplear el celebérrimo verso de Góngora (los clásicos están para citarlos). No podemos saber aún qué habrá al otro lado, pero sí podemos describir el paisaje y estudiar cómo hemos llegado hasta aquí.

El toque de trompeta para la apertura del nuevo escenario ha sido, sin duda alguna, la segunda llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, que parece haber puesto el mundo cabeza abajo. Sin embargo, la revolución política de Trump es en muchos aspectos una respuesta a cambios que ya estaban en marcha en todas partes, también en nuestras naciones, España incluida. Nietzsche decía que la Historia llega con pasos de paloma. Esos pasos de paloma no son los zapatones de Trump taconeando en los mármoles de Mar-a-Lago, sino las grandes transformaciones, a veces silenciosas, a veces estridentes, que han modificado el rostro de nuestro mundo en los últimos decenios. No es sólo cuestión de poder. No es sólo cuestión de dinero. No es sólo cuestión de ideas. Es todo eso a la vez, y así hay que acostumbrarse a pensarlo. 

Muchas cosas están cambiando al mismo tiempo. Cada una de ellas influye en todas las demás y el cruce de fuerzas dibuja un paisaje crítico. Crisis es la palabra: en su origen, «crisis» remite a la raíz indoeuropea *krein-, vinculada con el acto —decisivo— de separar el grano de la paja, y de la que derivan también voces como «criterio» o «criba». La gran criba se abre ahora. Durante algo más de un cuarto de siglo, todos hemos vivido -y especialmente en las sociedades occidentales- al compás que nos han marcado las instituciones globales con sus discursos sobre el mundo sin fronteras, la emergencia climática, el “orden internacional basado en reglas”, el gran reinicio financiero mundial, el control sobre la «desinformación», la disolución de las identidades tradicionales, las consignas del Foro de Davos («no tendrás nada y serás feliz»), el catecismo de la Agenda 2030, la redefinición de nuestras sociedades según roles de género, etc. Todo eso es lo que ahora termina. El orden del mundo se ha reconfigurado a partir del ascenso de nuevos espacios de poder. El horizonte del mundo global desaparece y en su lugar emerge un paisaje multipolar. Esos espacios de poder se corresponden muy precisamente con espacios de civilización que representan maneras distintas de entender las relaciones entre los hombres y las naciones, distintas expectativas vitales y formas también distintas de estar en el mundo. Vuelven las religiones y las identidades, que en realidad nunca desaparecieron. El equilibrio de nuestras sociedades también se reconfigura, con frecuencia de manera traumática. Algunos lloran, nostálgicos del mundo de ayer, proclamando las viejas verdades como si su mera invocación sirviera para devolverlas a la vida. Pero no: lo que había, se acabó.

En el caso de las sociedades europeas, todos estamos experimentando ahora las consecuencias de las fuerzas que durante largo tiempo hemos acumulado en la caldera: sociedades opulentas sin previsión de futuro, desmantelamiento de las identidades colectivas, olvido o condena de la propia tradición cultural, salida de la Historia (es decir, renuncia a la decisión soberana), degeneración de las democracias, natalidad negativa, incorporación de millones de personas venidas de otras culturas con sus propias reglas y su propia forma de entender el orden social, entrega de los instrumentos básicos de supervivencia (la defensa, la economía, etc.) a instituciones transnacionales sin control popular… Durante muchos años, todo eso se nos vendió como un bien: estábamos construyendo «el mejor de los mundos posibles». Tal vez lo fue. Pero el espejismo tenía fecha de caducidad: la Historia ha vuelto. Cambio de ciclo.

Y nosotros, españoles, ¿qué? Todos estos cambios de fondo sorprenden a España en la peor de las situaciones: con un país enteramente dependiente, una sociedad desmantelada a fondo, un tejido nacional pacientemente deconstruido durante medio siglo, un paisaje político envuelto en olas de corrupción, una economía sujeta a servidumbres no siempre confesables, un discurso público hozando en la insignificancia y una moral colectiva por los suelos. En la era de las soberanías nacionales y el lenguaje crudo del poder, nosotros hemos renunciado a todo eso. Y sin embargo, todavía quedan en nuestro pueblo energías capaces de movilizarse. Basta recordar las jornadas terribles de la última riada de Valencia, cuando miles de españoles de todas partes afluyeron con sus palas y sus botas ante la inacción del poder. Hay un pueblo vivo. Por tanto, la nación puede sobrevivir. Pero sólo a costa de un severo proceso de rectificaciones que, sin duda, no será pacífico.

Vienen años decisivos. Lo que empieza a vislumbrarse no es agradable. No tiene por qué serlo. Muchos preferirán no mirar, incluso optarán por mirar atrás y, como la esposa de Lot en Sodoma, convertirse en estatua de sal. Pero, por otra parte, ¿hay algo más fascinante que un cambio de ciclo histórico? «No hay nada más bello que un hombre cuando avanza —escribe Jean Cau—. El soldado que sale de las filas y declara que él es voluntario. El torero que sale del burladero, despide a sus peones y despliega su capote». Avancemos. 

 https://gaceta.es/opinion/la-historia-ha-girado-ante-nuestros-ojos-20260113-0030/

viernes, 29 de mayo de 2026

El suicidio de España

El Banco de España ha dibujado el futuro de nuestra nación en términos que hielan la sangre: si queremos mantener en pie el sistema de pensiones y el mercado laboral, será necesario incorporar casi 25 millones de inmigrantes de aquí a 2053 —lo que supondría más de la mitad de la población actual—. El dato fue analizado en el programa de Mediodía COPE. Pero no se habló de incentivar la natalidad, ni de defender la familia, ni de apostar por una cultura de la vida. La solución que se ofrece es simple y devastadora: sustituir a los españoles que no nacen por extranjeros que ocupen su lugar.

 https://x.com/ecclesiacope/status/1973733461354578113?s=48

 Una visión que renuncia a nuestra identidad

 Mercedes Fernández, directora del Instituto de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia de Comillas, explicó en su intervención radiofónica lo que para muchos se ha convertido en un dogma tecnocrático: España envejece, los baby boomers se jubilan, no hay nacimientos y los trabajos precarios sólo los aceptan los inmigrantes —como si el resto de trabajos que los españoles sí están dispuestos a hacer no lo fueran—. Por tanto —dicen los expertos— la única salida es importar millones de personas.

El Banco de España habla en cifras que sólo son comprensibles desde una idea de desaparición del pueblo español. Este enfoque vacía de valor nuestra identidad nacional y cultural. Reduce la vida de un pueblo a una estadística de mercado, en la que lo importante no son los hijos propios, sino las manos extranjeras que aseguren que la maquinaria económica siga funcionando. Y mientras tanto, se perpetúa el silencio sobre lo esencial: la natalidad más baja de Europa, la precariedad de la maternidad, el abandono de las familias y la cultura de la muerte que impregna nuestras leyes y nuestras costumbres. 

Lo que se nos propone entonces es renunciar a nuestra continuidad y aceptar como inevitable un plan de sustitución demográfica que firmaría George Soros o el agendismo más radical.

 La Iglesia que acoge

Mientras el Congreso avanza en la tramitación de una Iniciativa Legislativa Popular que busca regularizar a 500.000 inmigrantes, la Conferencia Episcopal Española, junto a Cáritas, CONFER y otras entidades, celebran el apoyo parlamentario. Este respaldo público muestra cómo una parte significativa de la Iglesia institucional en España ha asumido como propia la agenda de regularización, mientras se mantiene un silencio clamoroso sobre el drama de la natalidad y el abandono de la familia.

En paralelo, el Papa León XIV recordaba en su mensaje para la 111.ª jornada mundial del migrante y del refugiado 2025 —que por cierto, se celebrará este 4 y 5 de octubre— que “las comunidades que acogen migrantes y refugiados pueden ser testimonio vivo de una sociedad en la que se reconoce a todos la dignidad de hijos de Dios, en la que todos son hermanos y hermanas, parte de una única familia”. Y es cierto: la caridad cristiana exige acoger y acompañar, pero la acogida no puede confundirse con la sustitución programada de un pueblo que renuncia a engendrar hijos. El Evangelio no manda desmantelar la propia casa, sino construirla sobre roca. Un país que abdica de la vida y entrega su futuro a cálculos tecnocráticos no está practicando la caridad, sino cavando su propia tumba.

Si faltan 25 millones de españoles, la respuesta lógica debería ser: recuperar las familias numerosas, abrirnos a la vida, mantener el hilo generacional que heredamos de nuestros abuelos. Cabe entonces preguntarse si cuando uno es ya sustituido la palabra es acoger o desmantelar.


 https://infovaticana.com/2025/10/03/el-suicidio-de-espana-de-la-crisis-de-natalidad-a-la-sustitucion-demografica/

jueves, 28 de mayo de 2026


 

Gatitos

 Mi hija mayor es cuidadora de colonias de gatos. Así que los recoge para castrados y a veces tiene que quedarse alguno para curarlos. Así es como acogí al gatito que tengo ahora, que es inmuno depresivo.

Yo no quería màs gatos después de mi pequeño, pero necesitaba un hogar y no era fácil. Es una obligación pero también un placer.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Cambio climático, por Eduardo Ferreyra

 En 1132, en Alsacia, los manantiales se secaron y los arroyos se secaron. El Rin podía cruzarse a pie. En 1152 el calor era tan intenso que los huevos podían cocinarse en la arena. En 1160, en la batalla de Bela (en Hungría), un gran número de soldados murieron debido al calor excesivo."

Revisando viejos archivos históricos de Francia y Europa, uno puede enterarse que:


En 1276 y 1277, en Francia, la cosecha de avena y centeno fue completamente destruida por el calor.
En 1303 y 1304 se cruzaron a pie el Sena, el Loira, el Rin y el Danubio.
En 1393 y 1394, una gran cantidad de animales murieron y los cultivos fueron destruidos debido al calor.
En 1440 el calor era excesivo.
En 1538, 1539, 1540 y 1541, los ríos europeos se secaron literalmente.
En 1556 hubo una sequía generalizada en toda Europa.
En 1615 y 1616, la ola de calor cayó sobre Francia, Italia y los Países Bajos.
En 1646 hubo 56 días consecutivos de clima cálido en Europa.
En 1676 vuelven las olas de calor. Los mismos acontecimientos se repitieron en el siglo XVIII.
En 1718 no hubo lluvia entre los meses de abril y octubre. Las cosechas se quemaron, los ríos se secaron y los teatros cerraron en París por orden del prefecto de policía debido a las temperaturas excesivas. El termómetro registró 36 grados Reaumur (45º C) en París. En los jardines suburbanos los árboles frutales regados florecieron dos veces durante la temporada.
En 1723 y 1724 las temperaturas fueron extremas en Europa.
En 1746 el verano fue particularmente caluroso y seco, y los cultivos se quemaron literalmente. Durante varios meses no hubo lluvia.
En 1748, 1754, 1760, 1767, 1778 y 1788, el calor del verano fue excesivo.
En 1811, el año del cometa, el verano era muy caluroso y el vino era muy bueno incluso en Suresnes.
En 1818 los teatros parisinos permanecieron cerrados por un mes debido al calor excesivo, el calor había alcanzado los 35 grados centígrados.
En 1830, mientras se producían combates, el termómetro mostraba temperaturas de 36 grados centígrados el 27, 28 y 29 de julio.
En 1832, durante la insurrección del 6 de junio, el termómetro mostró una temperatura de 35 grados.
En 1835 el Sena estaba casi seco. En 1850, en junio, durante la segunda epidemia de cólera del año, el termómetro mostró 34 grados.
Esto es, de hecho, un extracto del periódico de 1852.

Es de notar la entrevista del historiador Emmanuel Le Roy Ladurie, publicada en el periódico francés Liberation durante la ola de calor de 2003 (y emitida en agosto de 2018) sobre la ola de calor de 1718 que habría causado 700,000 muertos.



El periódico Liberation especifica que su libro "Historia del clima desde el año 1000" (Flammarion 1967) sigue siendo la referencia en la materia, lo que es un punto importante de este periódico que realmente no tiene realismo climático en su corazón. Publicado en 1967, en un momento en el que todavía no se hablaba del calentamiento global, no se puede acusar al autor eminente de este libro de querer contrarrestar la tendencia actual. Puede encontrarlo en Internet por € 9. A este precio, no debemos privarnos de la educación.

Liberación, ¿se habría convertido en un cómplice del realista del clima, los escépticos, aquellos que se atreven a recordar la importancia de los ciclos naturales sin sólo acusar al CO2, el gas de efecto invernadero parcialmente antropogénico?



Aquellos que señalan que en un momento en que no hubo ni la más mínima insinuación del comienzo de la revolución industrial (con su CO2, un gas vital, que sin embargo es presentado falsamente como un contaminante), ya hubo muchas olas de calor extremo y sequías catastróficas, que resultaron en cientos de miles de muertes.



Es cierto que el oeste de Europa vive una ola de calor muy fuerte e inusual, ¡pero obviamente no hay nada nuevo bajo el sol!



PD: Diviértase escribiendo "sequía 1718" en Google y sabrá mucho más. A menos que quiera permanecer en la falsa creencia de que la ola de calor actual es un fenómeno excepcional que nunca ha tenido antecedentes, debido a la actividad humana.



Eduardo Ferreyra, Julio 25, 2019.

Las víctimas deben construir el relato, nunca eta, por Fernando Rueda

Quien debe contar lo ocurrido son las víctimas de ETA, lo que no puede ser es que el relato lo hagan los asesinos. No nos lo podemos permiti...