Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

domingo, 13 de septiembre de 2026

La prioridad nacional como concepto

VOX ha introducido en el debate político la expresión “prioridad nacional”. Usar esta expresión ha cosechado de inmediato una avalancha de acusaciones de xenofobia y racismo. La ventana de Overton se ha ensanchado sin embargo un poco, puesto que estamos hablando de ello. El problema es cuando ni siquiera se puede debatir acerca de algo.

La idea de la prioridad nacional hay que decir que surge como consecuencia de las políticas migratorias descontroladas de la izquierda. Es decir, nadie habría hablado de esto hace 15 años. Nadie habría hablado de ello porque entonces no había un problema. Ahora sí lo tenemos. El problema ademas no es una abstracción sino que lo tenemos a la vista. España colapsa por todas las costuras: vivienda, inseguridad, educación, sanidad, empobrecimiento, gasto público sin control… y en todos estos apartados tiene mucho que ver el fenómeno de la inmigración. No de la inmigración sin más, sino de la inmigración masiva y sin control. No es lo mismo que una isla de 1.000 habitantes reciba 10 inmigrantes a que reciba 50.000. No se les puede pedir a los 1.000 habitantes de esa isla que reciban de golpe a 50.000. Esa isla, sobre todo si es una inmigración asimétrica en cuanto a cultura, economía y formación, no será después lo mismo que después de recibir a 50.000. Mucho más si además hablamos de inmigrantes irregulares, o delincuentes importados, o simplemente en tal cantidad y en tan poco espacio de tiempo que no hay recursos suficientes para poderlos asimilar.

La idea de prioridad nacional cuaja porque cunde un sentido de escasez. El debate no tendría objeto sin esta escasez. Tal vez hubiera debido abrirse ese debate con carácter preventivo para evitar la situación actual, pero no tuvimos esa visión. La evidencia ahora es que para conseguir una cita con el médico o ser atendido hay que competir con una enorme masa de población que antes no estaba aquí. O para obtener una vivienda. O para acceder a una ayuda. No hemos asistido a una llegada gradual de inmigrantes que hubiéramos podido asimilar poco a poco, sino que ha sido una avalancha masiva. El gasto social que impone la inmigración masiva exige un gasto público y un esfuerzo fiscal que la población nativa no puede seguir costeando sin asfixiarse. Casi nadie nos dijo que eso podría tener consecuencias. Casi cualquier cosa que se pudiera decir al respecto estaba prohibida. Toda esa población inmigrante masiva, por otro lado, accede a los servicios y las ayudas sin haber pagado ni cotizado por ellas. Esto es algo más que injusto, es insostenible. Los servicios para 20 no los pueden pagar sólo 10. Si de 20 hay 10 que no han pagado y que no son de aquí a lo mejor tiene sentido hablar de la idea de prioridad nacional, o preguntarse cuántos más podemos aceptar en estas condiciones y a qué ritmo antes de colapsar como sociedad.

Quien no puede indignarse por la situación y por tener que hablar de prioridad nacional es quien ha creado y ha exacerbado esa situación con su negacionismo. No puedes indignarte por las consecuencias de los actos que tú mismo has causado y de los que fuiste advertido. Que prohibieras hablar de lo que iba a pasar no ha impedido que pasara, de hecho lo ha potenciado y facilitado.

Además de faltar vivienda o estar saturados los servicios sanitarios, los gastos sociales están disparados. Hay más de 10 millones de extranjeros en España y apenas 3,5 de ellos están ocupados. No estamos importando trabajadores, o no solamente, de hecho sólo un tercio de la población extranjera que importamos está ocupada. Además esta proporción varía bastante dependiendo del país de origen porque asistimos a un fenómeno extraordinariamente complejo. Lo que no se puede decir sin más es que la inmigración es un fenómeno con sólo consecuencias positivas, que es mejor acoger a 10 millones de inmigrantes que a 1 y mejor a 50 millones que a 10. El problema de la pobreza en el mundo no se puede resolver sólo importando pobres de todo el mundo. Importar pobres, por otro lado, lógicamente empobrece más que enriquece, salvo en circunstancias muy particulares y sólo en ciertas proporciones. Nadie puede pensar que mezclando 1 litro de whisky con 99 de agua salen 100 de whisky. Tampoco hace falta ya ser adivino para ver lo que pasa, nos asomamos a la ventana y lo vemos. No hay una reacción a la inmigración masiva porque todo esta yendo a mucho mejor y la gente no quiere mejorar tanto, sino porque aparecen problemas.

La situación es tan esperpéntica que hasta en las cárceles hay problemas para acoger a los inmigrantes presos, donde en muchos lugares empiezan a ser mayoría. Tenemos que pagar el coste de todos los delincuentes presos nacionales y el de todos los delincuentes presos extranjeros. Es decir, ciertos países nos envían a sus delincuentes sólo con billete de ida, porque después no aceptan su repatriación, cometen aquí delitos que perjudican a los españoles, a veces al punto de costarles la vida, y encima además de librar de delincuentes a sus países de origen después tenemos que mantenerlos a nuestra costa en la cárcel. ¿Quién hace el negocio? ¿Su país de origen o nosotros?

Estamos ante un fenómeno de un calado extraordinario. Un fenómeno que afecta a nuestra economía, a nuestro estado del bienestar, a nuestra seguridad y también a nuestra identidad. Lo anormal sería no debatir el asunto. Lo debatamos o no las cosas están cambiando. ¿Nos gusta la forma en que lo están haciendo? No es tan simple como decir que la inmigración es buena o mala. ¿Qué inmigración? ¿Cuánta inmigración? ¿A qué ritmo? ¿En qué cantidad? Hemos evitado el debate y ahora nos enfrentamos a los problemas sobre los que no quisimos hablar. A lo mejor ha llegado ya la hora de hablar. Xenofobia no es hablar de los problemas de la inmigración, xenofobia será el resultado de no hablar de ellos y de cerrar los ojos a lo que está pasando en el mundo real. 

 https://www.navarraconfidencial.com/noticias/prioridad-nacional-como-concepto/

sábado, 12 de septiembre de 2026

La guerra de Ucrania y el declive de Europa

Europa, en el actual mundo multipolar de geometría variable, ya estaba en declive como cinco años antes de la guerra de Ucrania. Pero esta guerra ha acelerado ese declive hasta niveles que ni el más pesimista de los analistas hubiese podido imaginar hace diez y no digamos quince años.

Las consecuencias de la guerra de Ucrania son y serán mucho mayores de lo que nadie podía haber previsto. Sobre todo para la decadente y desorientada Europa. Los movimientos tectónicos que causará y está causando esta guerra son innegables.

Es un hecho: la guerra de Ucrania ha hundido a Europa. La guerra, y sus pésimos políticos: los peores de toda su historia. Veamos por qué.

 
I. Europa, derrotada

    Europa ha perdido, junto con la OTAN, la guerra de Ucrania. Los miles de millones malgastados en enviar armas a Ucrania no han impedido el dominio de las tropas rusas en una lenta guerra de desgaste en la que Rusia seguirá avanzando. Y gran parte de esos miles de millones enviados a Kiev han acabado en bolsillos de corruptos políticos ucranianos, y muchas de las armas en manos de terroristas en otros lugares del planeta.
    Pudo firmarse una paz en Estambul en 2022 al principio de la guerra, en abril de 2022. Pero, con el beneplácito europeo, Boris Johnson , enviado por Biden, viajó a Kiev para cargarse el acuerdo al que rusos y ucranianos habían llegado en Turquía. Argumentación occidental: “podéis ganar la guerra y os daremos armas y ayuda; no firméis la paz”. Resultado: un millón de muertos ucranianos y rusos en una guerra que nunca debiera haberse producido y que podría haberse parado. Y encima pierden la guerra. Colosal dislate.

 
II. Europa, en clima prebélico

    Pese a haber sido derrotada en la guerra de Ucrania, Europa quiere más guerra. Suenan tambores de guerra en Europa. Los pésimos políticos en Europa nos preparan para ella, con la ayuda de los medios de comunicación sistémicos.
    Francia y Alemania (y Finlandia) se rearman. Y de nuevo implantan el servicio militar. El enemigo, al parecer, es Rusia. Pero: ¿va a invadir Rusia a Francia y Alemania o Finlandia? Nadie con dos dedos de frente puede creerse eso. Ni siquiera tomarán la mitad de Ucrania, ni tampoco se meterán con Polonia o los países bálticos. Pero es la cantinela oficial:” ¡Que vienen los rusos!”, dicen. Hasta ponen fecha: 2029. Gran bobada para engañar a la gente.

¿Qué hay detrás de todo ello? Muy sencillo: que tanto Francia como Alemania son productores de armamento. Interés comercial y económico, pues. Keynesianismo militar. Complejo militar-industrial. En toda guerra el principal factor es casi siempre el económico.

Tambores de guerra en Europa, por lo tanto. Pero, a la vez, Europa derrotada en Ucrania. Un disparate.

    Pero, al margen de Francia y Alemania (y, por supuesto, el Reino Unido) los campeones de la locura antirrusa en Europa son el cuarteto entre Polonia y los tres países bálticos: Estonia, Lituania y Letonia. Ellos sí odian a Rusia. Razones históricas, por supuesto. Rusofobia. Pero son los primeros interesados en arrastrar a Europa a la guerra con Rusia. ¡Mucho cuidado con ellos! Nos quieren llevar a la catástrofe para favorecer sus propias obsesiones furibundamente antirrusas.
    Todo esto, alentado por el tándem más antirruso (¿y antieuropeo?) del mundo: la nefasta von der Leyen y la inaudita Kaja Kallas, comisaria europea de Asuntos Exteriores, que no sabemos si tal vez se han escapado de algún manicomio. Ambas quieren la guerra. Borrell, su antecesor en el cargo, era un incompetente, sí, pero con mil veces más juicio que Kallas, experta en declaraciones ridículas que nadie puede tomar en serio. Con razón no es recibida en la Casa Blanca.
    Nada de extraño, por lo tanto, que la UE con el Reino Unido hayan intentado descarrilar el Plan de Paz de Trump (de momento, un borrador sobre el que empezar a negociar con Rusia) mediante una contrapropuesta ridícula que le exige a Rusia reparaciones de guerra (¡al vencedor de la guerra se le exigen reparaciones!), lo cual no merece la pena ser tomado en serio, pero sí profundiza en el desprestigio de Europa, cuya posición en este asunto ha dejado de ser tenida en cuenta.
    Pero hay una siniestra lógica oculta en los grotescos intentos europeos de hacer descarrilar el plan de Trump (cuya Administración sí entiende de verdad esta guerra) , puesto que, al incluir dicho plan que Rusia se compromete por ley a no atacar a país europeo alguno (y Putin ya ha dicho, para empezar a hablar, que en este punto sí está de acuerdo), los belicistas europeos tipo Macron, Merz, Starmer o von der Leyen quedan en evidencia y sin argumentos para llevarnos a la guerra y con razón condenados a acabar en el basurero de la Historia. No olvidemos, además, que hay halcones en Washington (movidos por el complejo militaro-industrial) y en Moscú (patriotas acérrimos fundamentalistas) contrarios a la paz. No es el mejor momento para que también Europa ponga trabas. Sobre todo si tenemos en cuenta que el hecho de que Rusia vaya ganando esta guerra hace poco atractivo para ella una paz cogida con alfileres: les interesa más la rendición incondicional, aunque sea disfrazada de Tratado de paz. Y ésta es la apuesta del Kremlin. Veremos qué pasa con el plan de Trump. Tal vez quede en papel mojado y la guerra se decida en el campo de batalla. Rusia no se fía porque ya le engañaron dos veces en Minsk I y Minsk II.
    Rearme de Europa. Está claro lo que eso significa. Pero, más que rearme, a Europa lo que le hace falta es una sólida y bien diseñada arquitectura de Seguridad. Y es sabido que ésta sólo se logra mediante el equilibrio de la disuasión con la cooperación y la diplomacia. Pero Europa sigue anclada en una narrativa de hace años que sólo busca la queja y la disuasión mediante el rearme y excluye cualquier cooperación o diplomacia, hasta el punto de que las embajadas de la UE en Moscú tienen instrucciones de limitar los contactos y el diálogo con Rusia. Demencial, pues a la vez quieren estar en las negociaciones. Ofende a la más elemental lógica. Hay que encontrar, en cambio, un equilibrio con Rusia. Y la confrontación nunca trae el equilibrio.
    Añadamos a esto lo siguiente. Se ha dicho que el plan de Trump beneficia sobre todo a Rusia y que ha sido inspirado por el Kremlin. Falso. Es sobre todo a Ucrania a quien beneficia, pues de no aceptarlo seguirán muriendo ucranianos en la trituradora de carne y, una vez que las Fuerzas Armadas de Ucrania colapsen, Rusia podrá tomar Odesa —donde tal vez se firmaría la capitulación—, Sumi, Járkov, e incluso Dniepropetrovsk o Chernígov . El plan de Trump (insistamos: tan sólo un borrador para empezar a hablar) es lo mejor que a Ucrania le puede pasar. Si no lo aceptan, la guerra se decidirá en el campo de batalla con peores resultados para Ucrania.
    Con todo, Europa debería construir una nueva narrativa si quisiera lograr la paz. Anclada en el relato de hace tres años (según el cual Putin invade Ucrania por imperialismo en una guerra no provocada, cuando su objetivo era y es impedir la entrada de Ucrania en la OTAN y que Ucrania no sea para Rusia una amenaza existencial), la cooperación con Rusia es imposible y por lo tanto los intentos occidentales para lograr la paz quedan sólo en manos de EE. UU., que con habilidad han sabido cambiar de perspectiva y enfocar el punto de vista del contrario, porque han visto con claridad que la pretensión de incorporar Ucrania a la OTAN ha salido muy mal. Es así, cambiando de perspectiva, como se logra la paz. Y la UE, movida por Polonia y los bálticos, no lo hace. ¿Guerra europea contra Rusia? Absurdo. Lo que tiene que hacer Europa es defender nuestras fronteras contra la inmigración ilegal, incluso con medios militares.

 
III. Europa, arruinada

    Europa recibía gas y petróleo de Rusia a precios razonables. Era, de hecho, la alianza ideal: Rusia aporta energía y Europa tecnología e inversión. Eso ahora se ha roto, tal vez para varias décadas, puesto que, pase lo que pase, la relación entre Rusia y Europa queda tocada y envenenada. Y sin energía barata viene el declive económico: más inflación, menos crecimiento (Alemania roza la recesión), empresas que cierran, más paro…, declive económico.
    Pero ¿cuál sería el resultado real de multiplicar el gasto militar para favorecer a la industria armamentística? Muy claro: más impuestos y menos gasto social. Y hasta el propio Merz lo ha reconocido. La factura la pagarían los ciudadanos. Vienen malos tiempos para los europeos. Y buenos años (pero Dios no lo quiera) para las empresas de armamento. Indignante.

 
IV. Europa, rota y dividida

    ¿Qué es Europa? Una amalgama de naciones acogidas al Tratado de la Unión. Pero no es un cuerpo homogéneo. Y, en lo que respecta a la ayuda militar y económica a Ucrania, hay grandes diferencias de criterio. Hungría y Eslovaquia (y pronto la República Checa si por fin le dejan formar gobierno a quien ganó las elecciones) van a contracorriente y no sólo se oponen a la ayuda a Ucrania, sino que siguen comprando energía a Rusia. Europa rota, por lo tanto.
    Pero tampoco en Francia, Alemania o el Reino Unido hay unanimidad sobre el rearme de Europa. La oposición no está de acuerdo. Y la gente tampoco está de acuerdo con lo que deciden esas clases rectoras. Ni la oposición en Francia suscribe esa doctrina, ni menos aún la oposición de la AfD en Alemania, que además ganará las siguientes elecciones nacionales tras el fracaso del nefasto Merz. Europa dividida, pues. Lo cual es lógico, pues nunca hay unanimidad en la locura.

 
V. Europa, arrinconada y aislada

    El mundo eurocéntrico que Europa dominó desde el siglo XV ya es cosa del pasado. El actual es un mundo multipolar de geometría variable, con China y la India como potencias emergentes y los BRICS en franca expansión, y en el que Europa cada vez cuenta menos.
    El viejo orden mundial ya no existe, pero el nuevo aún no ha surgido. Veremos cambios que no se han visto en siglos. Y Europa ha de levantar acta de que ya no es el centro del mundo, cuyo eje desde hace años viene desplazándose hacia el Este, donde organizaciones internacionales como la ASEAN, la CEI o la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái) cada vez cobran más fuerza
    Europa no puede ni debe aislarse de los grandes cambios geopolíticos que anticipan el nuevo orden mundial que aún no ha surgido. En este sentido conviene recordar que en la última Conferencia de Seguridad Euroasiática en Minsk en octubre de 2025 sólo fuimos siete representantes europeos, y además (salvo Hungría) sin respaldo de nuestras embajadas. Lástima, porque surgieron propuestas interesantes, como la planteada por Belarús para firmar en el continente euroasiático una “Carta Euroasiatica por la Multipolaridad y Diversidad” que, visto lo visto, no parece interesar demasiado a la UE, anclada en una retórica trasnochada y en una política de bloques.

 
VI. Europa, deslegitimada

La insensata propuesta de la UE de confiscar los fondos soberanos rusos depositados en Europa, más de 183.000 millones de euros, para dárselos a Ucrania (y que acaben en los bolsillos de políticos corruptos) es más propia de una república bananera que de toda una U.E. ¿Dónde está la seguridad jurídica? ¿Dónde está el Estado de derecho? Con razón, Bélgica, país donde la mayoría de esos fondos están depositados, se niega a semejante robo, pues teme las consecuencias legales y financieras de semejante disparate contra el derecho internacional, que sólo sufriría Bélgica. La UE ha demostrado ser incapaz de dar lecciones en materia de fiabilidad y de seguridad jurídica.

 
VII. Europa, desinformada y manipulada

    Conocido es desde siempre el viejo dicho según el cual en toda guerra la primera víctima es la verdad. Y haya guerra o no, el público europeo siempre ha estado desinformado en mayor o menor medida. Pero con esta guerra la desinformación y las mentiras sistémicas y sistemáticas y las narrativas engañosas han alcanzado niveles nunca vistos anteriormente. Casi todo lo que transmiten los medios es mentira. ¿Vuelan los gasoductos? La prensa escribió que había sido Rusia, cuando luego se demostró que fue Ucrania. Y lo mismo con la voladura de la presa del Dniéper. O los drones y globos fantasma. Y podríamos seguir con mil ejemplos de titulares tergiversados, artículos de opinión pagados, informaciones falsas y propaganda para crear un estado de opinión favorable a la entrada de Europa en la guerra. Vergonzoso
    Se está ejerciendo la propaganda del miedo. Miedo a Rusia para atemorizar a la población para poder manejarla y que acepte pagar la factura de la guerra. Hay un precedente de esto: lo sucedido con el COVID. Se atemorizó a la población para controlarla mediante medidas absurdas e ineficaces como el arresto domiciliario y la obligación de llevar bozal, por no hablar de las vacunas. Y la propaganda triunfó. Lo mismo que ahora se quiere hacer creando un clima prebélico.
    De hecho, ya no vale la pena seguir los medios europeos para hacerse una idea de lo que está sucediendo en Ucrania. Mucho mejor información se encuentra en la prensa o los medios asiáticos, e incluso en medios norteamericanos encontramos análisis más fidedignos y objetivos, y sobre todo un debate más claro que el europeo, en el que toda disidencia de la verdad oficial se ve inquisitorialmente aplastada o silenciada. Malos vientos soplan en Europa para la libertad de expresión. La verdad se ha convertido en mercancía escasísima. Toda disidencia es “propaganda rusa”. Con razón muchos ya no hablan de la EU, sino de la EURRS.

 
VIII. Europa, muy culpable

Y llegamos, por fin, al punto clave. No sólo EE. UU., sino también Europa es culpable del inicio de la guerra en Ucrania. Es importante hacer memoria de cómo empieza la guerra: con el golpe de Estado del Maidán de 2013-2014, que lleva en 2014 a una guerra civil en la que Rusia interviene a gran escala en 2022. ¿Maidán, he dicho? Euromaidan, en realidad, y así se suele llamar en las universidades y prensa escrita a lo que los medios europeos nos presentaron como “revolución”.

¿Qué pasó en realidad? Es sabido que EE. UU. (y Soros) llevaban años preparando la caída de Yanukovich a través de su embajada, de la USAID, con fundaciones y más medios. Pero hay que recordar el pretexto por el que se activan de modo planificado las protestas en las calles, que fue la chispa que hizo detonar como golpe de Estado (con unos 90 muertos) los elementos que ya estaban allí. ¿Y por qué surgen esas protestas, alentadas por los USA, la UE y varios oligarcas ucranianos? Por la negativa del Gobierno de Ucrania a firmar un acuerdo de Asociación con la UE que llevaba años preparándose. Portazo ucraniano, por lo tanto, al acuerdo que iba a firmarse pocos días después en Vilnius.

Conozco bien esa historia porque en 2013 yo era asesor del gobierno ucraniano y seguí desde Kiev el proceso y vi las manifestaciones. Y la verdad es ésta: Ucrania se negó a firmar porque el Acuerdo de Asociación perjudicaba a Ucrania. Era imposible aplicar las directivas y exigencias que la UE exigía, y además cada país fue a lo suyo, especialmente Francia y Alemania, pero también el Reino Unido, que trató de que el proceso descarrilara desde el principio. España fue mucho más limpia y apoyó a Ucrania en todo momento.

No se firmó el acuerdo en 2013 y desde aquel punto de partida en Kiev hemos llegado a la actual guerra, con aproximadamente un millón de muertos. Culpable: la UE, además de EE. UU. e intrigantes como Soros y los nefastos oligarcas ucranianos. La UE quería demasiado con el Acuerdo de Asociación. Pero la codicia rompe el saco. Y detrás de toda guerra hay, siempre, insistamos, una causa o un trasfondo económico.

 
Conclusión

El mundo ha cambiado mucho en los últimos quince años. Mientras que la hegemonía de los USA va perdiendo fuerza, Europa, esa península del continente euroasiático que ya no es el centro del mundo, ha entrado en un preocupante declive económico y político. Y la guerra de Ucrania ha acelerado ese declive hasta niveles que no hubiesen podido imaginarse hace años. Ruina económica. Belicismo. Desinformación y censura. Decadencia.

Despreciada y ninguneada tanto por Rusia como por EE. UU., el fracaso de Europa en la guerra de Ucrania generará una profunda reflexión de la que tal vez salgan importantes cambios en la arquitectura europea de Seguridad y en la propia estructura de la UE y también, sin duda, en la relación con los USA, ahora muy deteriorada. Muchos líderes europeos —los peores políticos de su historia— acabarán cayendo, empezando por Starmer y Macron. Crecerán los partidos euroescépticos y soberanistas.

Europa, nuestra querida Europa, no merece seguir en decadencia. Necesita un giro de 180 grados. ¿Lo veremos? Ojalá.

 

Luis Fraga, senador en España durante 21 años (1989-2011). Asesor (2013-2014) del Gobierno de Ucrania, y destacado miembro —principal cabeza visible— del Consejo de Dirección del “Instituto para la Paz” en Kiev (2016-2023) hasta su reciente ilegalización. Fundador (2011) del grupo parlamentario informal de amistad entre Ucrania y España. Patrocinador (2022) del primer libro bilingüe en español y ucraniano sobre poesía y pintura ucranianas.

  

 https://elmanifiesto.com/la-guerra-de-ucrania-y-el-declive-de-europa/

viernes, 11 de septiembre de 2026

La ley de eutanasia como problema, por Segismundo Álvarez

Decía Camus que el único problema filosófico verdaderamente serio es el suicidio. Lo que pretende este artículo no es tratar el tristísimo caso de Noelia Castillo, sino explicar por qué nuestra ley de eutanasia puede influir en cómo se resuelve ese problema y, en general, en la ética de nuestra sociedad. 

Empecemos por aclarar de lo que hablamos: no de «eutanasia pasiva», es decir, la no aplicación de tratamientos tendentes a prolongar la vida, ni de «eutanasia activa indirecta», los cuidados paliativos, que alivian el sufrimiento físico o psíquico y pueden acelerar la muerte. Eutanasia, en nuestra ley, es la «prestación de ayuda para morir», que admite dos modalidades: «La administración directa al paciente de una sustancia por parte del profesional sanitario» o el suicidio asistido, es decir, «la prescripción al paciente por parte del profesional sanitario de una sustancia para causar su propia muerte».

La ley no reconoce el derecho a esta «prestación» de manera general, y la razón (como expresa su preámbulo) es que su regulación plantea un conflicto entre derechos constitucionalmente protegidos: de un lado, el derecho a la vida y a la integridad física y moral de la persona (art. 15 CE); de otro, la dignidad (art. 10 CE), el valor superior de la libertad (art. 1.1 CE), la libertad ideológica y de conciencia (art. 16 CE) y el derecho a la intimidad (art. 18.1 CE). En realidad, el conflicto es más complejo porque tanto el derecho a la integridad física y moral y la dignidad están de ambos lados. También hay más intereses en juego. El Tribunal Supremo de EEUU (Washington vs. Glucksberg) consideró que no existía un derecho constitucional a la eutanasia porque la autonomía de la voluntad entraba en conflicto con objetivos lícitos que deben perseguir los poderes públicos: evitar el suicidio; proteger la ética de la profesión médica y su rol como persona que cura; y proteger a las personas vulnerables de presiones psicológicas.

La ley pretende encontrar un punto medio en este conflicto, limitando la posibilidad de solicitar la eutanasia a dos supuestos.

El primero es el de una enfermedad terminal que «origina sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables». El segundo —y más problemático— es al que se acogió Noelia Castillo: un «padecimiento grave, crónico e imposibilitante que implique limitaciones que inciden directamente sobre su autonomía física, de manera que no pueda valerse por sí misma, así como sobre su capacidad de expresión y relación, y que llevan asociado un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable para la misma».

    «¿Qué es valerse por sí mismo? ¿Qué se puede considerar limitaciones a la capacidad de expresión y relación?»

Este supuesto plantea en primer lugar graves problemas de interpretación y aplicación de la ley: ¿Qué es valerse por sí mismo? ¿Qué se puede considerar limitaciones a la capacidad de expresión y relación? ¿El sufrimiento intolerable es absolutamente subjetivo?

Lo que me interesa plantear aquí no es la aplicación de la ley a casos concretos, sino cómo puede influir en la ética de nuestra sociedad.

La primera cuestión es la siguiente: si la vida es un derecho que el Estado tiene que proteger por distintos medios —seguridad, sanidad, programas contra el suicidio—, ¿por qué la dependencia es una razón para la asistencia al suicidio? Solo cabe concluir que la vida con discapacidad no merece ser vivida: la «muerte digna» aparece como remedio a una vida indigna.

El segundo problema es el de la autonomía de la voluntad. La libertad individual es el argumento fundamental para admitir que el Estado deje de proteger la vida y pase a colaborar con su destrucción. Pero sólo se puede hablar de libertad si se presta un consentimiento informado y libre, lo que plantea problemas en el caso de la eutanasia.

    «Uno de los motivos que citan con más frecuencia los solicitantes de eutanasia es ser una carga o el miedo a la dependencia»

En cuanto a la información, solo se puede querer algo si se conoce, y es cierto que la ley tiene un riguroso proceso de información. Además es necesario poder utilizarla en el proceso de decisión y esto es problemático cuando existen problemas de salud mental. Un estudio sobre enfermos de cáncer terminal en Holanda demostró que, de los que solicitaban la eutanasia, un 59% tenían una depresión clínica (el porcentaje entre los que no la solicitaban era del 8%). Teniendo en cuenta que el 90% de las personas que se suicidan padecen una depresión y que esta es susceptible de tratamiento médico, se plantean serias dudas sobre la verdadera capacidad de prestar el consentimiento para morir, y si no debería ser en todo caso preferente la cura de estos trastornos.

La ley de eutanasia plantea una paradoja en relación con la libertad. Parece que nos permite tomar una decisión que antes no era posible, pero en realidad lo que hace es obligarnos a tomarla. En cuanto suframos cualquier tipo de dependencia o dificultad de relación, la existencia de esta ley nos fuerza a sopesar si nuestra vida es digna de ser vivida o si deberíamos poner fin a ella. Y podemos estar sometidos a presiones más o menos expresas: otro estudio señala que uno de los motivos más citados por los solicitantes de eutanasia es la sensación de ser una carga o el miedo a la dependencia. Nuestro entorno familiar, social —o un Estado interesado en reducir gastos— puede recordarnos esa responsabilidad.

El problema, por tanto, no es solo el del caso concreto, sino la dirección que va a tomar la sociedad, como ha señalado Ana Iris Simón. El filósofo —y premio Príncipe de Asturias— Michael Sandel señaló que «los cambios en la legislación pueden comportar cambios en la forma como nos concebimos a nosotros mismos. Podría aumentar el prestigio que atribuimos a las vidas autónomas e independientes. Habría que ver, entonces, cómo afectaría ese cambio a políticas como las dedicadas a la tercera edad, las personas discapacitadas, la pobreza y las personas enfermas, o cómo influiría sobre las actitudes de los médicos hacia sus pacientes, o las de los hijos hacia sus padres mayores». Sin duda, esa es la razón por la que son muy pocos los países de nuestro entorno que admiten una «prestación para morir» semejante a la nuestra. Algunos (Suiza y algunos Estados de EEUU) admiten el suicidio asistido, y los más resuelven los casos extremos con la despenalización de la colaboración al suicidio.

Nuestra ley no nos condena a bajar por la pendiente que lleva a considerar indigna una vida con discapacidad. Por ella sí parecen haber caído Bélgica y Holanda, en las que tanto el número de eutanasias como los supuestos de aplicación han ido aumentando enormemente a lo largo de los años. Aunque la ley lo haga más difícil, debemos luchar por una sociedad en la que nadie se sienta prescindible ni abandonado, y en la que la vida sea digna hasta el final. 

https://theobjective.com/opinion/2026-04-11/ley-eutanasia-como-problema-contraluz/

jueves, 10 de septiembre de 2026

Aconsejo ver a partir del minuto treinta
 

Conspiración

 Toda opinión que discrepa radicalmente de la generalizada suele considerarse conspiranoica. Sin embargo, el tiempo me ha enseñado que hoy en día tienen mucho de realidad.

Existen grandes corporaciones que unen intereses políticos y económicos y los utilizan para manipular la situación a su conveniencia, incluso cuando ello supone la desgracia de muchos.

Ahora blogger no me actualiza los blogs

 A ver si quitan ya al becario

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Por qué el mundo está girando a la derecha, por Itxu Díaz

 Las últimas buenas noticias vienen de Chile. José Antonio Kast es el nuevo presidente. La prensa europea ya lo ha etiquetado como “de extrema derecha”, lo que sin duda significa que es un tipo normal y conservador con sentido común que hará las cosas bien. A veces me pregunto qué titulares utilizará la izquierda el día en que emerge un líder verdaderamente de extrema derecha; tal vez necesiten una palabra compuesta que ocupe tres líneas de espacio. Levantemos un vaso a Kast y a Chile, que ha renunciado a la miseria y la corrupción.

Chile se suma a la larga lista de países de todo el mundo que, en el nuevo equilibrio de poder, se están alineando con la derecha. La explicación es más sencilla de lo que parece.

Siempre hemos creído que la izquierda postmoderna declaró la guerra a la derecha, a la libertad, a la propiedad privada y a la moral más básica. Pero hay algo más importante: declaró la guerra a la naturaleza. Y por arrogante que parezca una postura política, nunca se puede ganar una guerra contra toda la naturaleza.

La izquierda ha tratado de decirle a la naturaleza que está mal en todo. Incluso ha negado la biología. E incluso ha tratado de explicar a la naturaleza que también está equivocado sobre su percepción del clima, y que cualquier calentamiento que pueda estar experimentando es el trabajo de la humanidad minúscula. La naturaleza no habla, pero de vez en cuando se ríe frente a los tontos.

El odio a la ciencia ejercido por la izquierda en las últimas dos décadas es asombroso. Considere la economía. El socialismo es un plan científicamente fallido en todos los laboratorios donde se ha probado. Pero la izquierda dice lo contrario. Y en cuanto a las ciencias sociales (como socióloga, sostengo que esta es la primera mentira: llamar a algo que no es ciencia una ciencia), han sido, desde el principio, el gran caldo de cultivo ideológico para los progresistas perezosos que, incapaces de completar un título de humanidades reales o fallar en un título en ciencias, inventaron una calificación menor que agrupa las tonterías de un montón de temas. Incluso otorgando la noción de que la sociología es una ciencia, la izquierda ha luchado obstinadamente de frente contra su verdad empírica: los hombres no son inherentemente violentos o sexistas, la diferencia entre hombres y mujeres no es una construcción social, y los crímenes de los pobres no son culpa de los ricos que los oprimen. La lista de absurdos defendidos por sociólogos progresistas durante un siglo llenaría un largo ensayo, una larga serie de artículos, que prometo abordar algún día si mis amigos de The American Spectator aprueban la idea.

La medicina merece una mención especial, donde todo el cuerpo de conocimiento acumulado a lo largo de los siglos ha sido anulado, demostrando que la izquierda, si fuera una sola entidad, se acariciaría en la espalda cada mañana, encantada con su autodescubrimiento. La reasignación de sexo es una mentira; tal posibilidad no existe, y sin embargo han insistido en practicarla. La terapia hormonal enferma a la gente, no las cura. El aborto no es una opción médica, sino un asesinato, algo que va directamente en contra de la razón misma de la existencia de la medicina, que es salvar vidas. Y la eutanasia no alivia ningún dolor; también es asesinato. Me hubiera gustado un izquierdista consistente defender esta posición de forma natural y sin eufemismos, decirnos: “Estoy a favor de matar a los ancianos y a los enfermos”, y para que el debate comience allí.

La izquierda ha luchado con uñas y dientes contra otra verdad empírica, esta vez del campo científico de la demografía: que la familia es el modelo más exitoso para construir sociedades fuertes y estables. En criminología, han negado la evidencia científica de que castigar los delitos es más efectivo en la lucha contra la delincuencia que la obsesión por reintegrar a las personas con una alta probabilidad de reincidir en la sociedad.

El lenguaje no es técnicamente una ciencia, pero han tratado de pervertir sus reglas más básicas para usarlo como un arma ideológica, derribando lo que los académicos y la misma evolución del habla a lo largo de los siglos habían construido.

Y tal vez no lo sepas, pero en este momento la estructura de los despiertos se derrumbó, eminentes pensadores de izquierda también estaban trabajando para desmantelar las matemáticas. Sé a ciencia cierta que en varias escuelas europeas, se ha agregado un eslogan al tema, y ahora se llama “matemáticas con una perspectiva de género”, lo que supongo que significa que 1 + 1 equivale a 2 si eres un niño, y cualquier número que te guste si eres una niña.

Incluso la ingeniería. Hubo mucha risa cuando un ministro europeo anunció un plan nacional para analizar a fondo si se construyeron carreteras, túneles y puentes con una perspectiva de género. No hubo tanta risa cuando anunció la asignación presupuestaria que dedicaría a tales tonterías.

De todos modos, amigos, bienvenidos a la nueva política del sentido común. Ahora todo lo que queda es para los demócratas cristianos en todas aquellas naciones europeas donde la derecha ha ganado las últimas elecciones para dejar de unir fuerzas con la izquierda para evitar que formen un gobierno. Porque en este punto de la historia, estoy más enfurecido por aquellos que se jactan de su sentido común pero insisten en hacer frente a la izquierda desquiciada que por los propios izquierdistas, que habitan en un universo tan exuberante y onírico como el de los probadores profesionales de hongos alucinógenos.

https://spectator.org/why-the-world-is-turning-to-the-right/

martes, 8 de septiembre de 2026




 

Líos de familia

 Soy una gran defensora del matrimonio y la paternidad,  pero eso no significa que no vea la realidad. Con el tiempo es habitual que haya roces y algunos dejen de hablarse, muchas veces por razones de dinero.

Al convertirse en adultos sus caracteres difieren y sus intereses también.  También hay historias de envidias y celos que vienen de muy lejos. Es un tema delicado.

lunes, 7 de septiembre de 2026

El gran robo electoral que se avecina, por Eduardo Inda

El término pucherazo se alumbró en la Restauración para nominar una práctica que era habitual en España desde que se instauró el derecho de voto, especialmente en el mundo rural, aunque naturalmente ya era moneda de uso corriente en los pocos países que habían pasado de monarquías absolutas a regímenes democráticos o semidemocráticos. En España los pucherazos se convirtieron en moneda de uso corriente en el mismo momento de la aprobación del «sufragio universal» en la Constitución de Cádiz de 1812. Sufragio universal entre comillas porque durante más de un siglo las mujeres carecieron del más elemental de los derechos en un sistema de libertades. Sólo metían la papeleta los machirulos.

Hecha la ley, se hizo la trampa. Las fórmulas para torcer la voluntad popular se pusieron en práctica ya en las primeras elecciones generales celebradas en España, las constituyentes de 1810. La mente hispánica, genéticamente dotada para la trampa, alumbró diversos modus operandi: desde el método Lázaro en honor a ese Lázaro de Betania de la Biblia que se levantó y anduvo —aquí los muertos se levantaban, votaban y regresaban a la tumba—, hasta la burda compra del sufragio, pasando por el vaciamiento de las urnas para introducir en ellas las siglas deseadas por el cacique de turno o el cumplimiento sin rechistar por parte de los campesinos de las órdenes del señorito para apoyar a tal o cual candidato.

Uno de los personajes más brillantes intelectualmente y a la vez malévolos en términos prácticos de la Restauración fue Álvaro Figueroa, conde de Romanones, que se convirtió en la principal autoridad en materia de atracos electorales. En el turnismo era habitual la alteración de los resultados, más en las elecciones municipales que en las generales, donde los controles eran más exhaustivos. Ésa fue precisamente la excusa que se sacó de la chistera la izquierda en 1931 para desautorizar el dictamen de las municipales y forzar el exilio de Alfonso XIII convirtiendo la desde tiempos inmemoriales monárquica España en una República, la segunda de nuestra historia.

Lo cierto y verdad es que el sufragio a distancia es, por su propia naturaleza oscurantista, más sensible al pucherazo que el presencial

Si bien es cierto que la Segunda República fue, en palabras del gigantesco Stanley G. Payne, la primera democracia española, no lo es menos que no fue precisamente un camino de rosas ni un campeonato de santos o beatos. El magistral libro Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa demuestra vía documentos públicos oficiales que las izquierdas robaron sin cortarse un pelo los comicios del 16 de febrero de 1936 que otorgaron la Jefatura del Gobierno y luego la Presidencia de la República al increíblemente sobrevalorado e injustamente loado Manuel Azaña. Al menos un 10% de los escaños conseguidos por el Frente Popular lo fue por obra y gracia del pucherazo, básicamente mediante la simple alteración de las actas.

Si el veredicto de las elecciones de 2023 que Pedro Sánchez tenía perdidas hasta prácticamente una semana antes, tal y como atestiguaban unánimemente todas las encuestas, fue consecuencia de un pucherazo sólo lo saben el marido de la pentaimputada y Dios, que está en todas partes y naturalmente también en esas sacas electorales de un voto por correo que se disparó exponencialmente por la fecha de la cita con las urnas, 23 de julio, en pleno verano, con media España de vacaciones y la otra media preparando las maletas. Lo cierto y verdad es que el sufragio a distancia es, por su propia naturaleza oscurantista, más sensible al pucherazo que el presencial por la perogrullesca razón de que en todas las mesas electorales de España hay interventores al menos de los dos principales partidos. Colar papeletas del PSOE cuando hay testigos del PP y viceversa es física y metafísicamente imposible.

Pero ojo a los sospechosos datos de las generales de 2023. Optaron por el voto por correo 2.471.000 españoles, millón y medio de personas más que en las generales de noviembre de 2019 y un millón más que en las de abril de ese año en el que nos tocó pasar por las urnas dos veces porque Sánchez y el delincuente de Pablo Iglesias no se ponían de acuerdo. «Si pactase con Podemos no podría dormir por las noches», llegó a asegurar el Pinocho de La Moncloa. La comparación con el uso de esta modalidad de voto en los comicios de 2015 y en la repetición de 2016 es sencillamente escandalosa: en los primeros la emplearon 788.000 personas y en los segundos, 1,3 millones. A más voto por correo, más posibilidades de tongo. Cómo se controla continúa siendo el gran agujero negro de nuestra democracia.

Si yo fuera Feijóo no las tendría todas conmigo teniendo en cuenta el gran pucherazo encubierto que está pergeñando en la sombra Sánchez

Si Sánchez fue Romanones en las generales es imposible certificarlo más allá de toda duda razonable. Sí lo fue en las Primarias socialistas de 2014 y en el Comité Federal de 2016. Pero el repaso de los datos induce cuasiinstantáneamente al mosqueo. Ahí va uno de ellos tremendamente ilustrativo: en la Comunidad de Madrid el PP obtuvo el 47,3% de los votos en las autonómicas del 28 de mayo de 2023, cifra que se desmoronó hasta el 40,5% en las elecciones al Congreso y al Senado del 23 de julio. Sospechoso en el más inocente de los escenarios porque no habían transcurrido ni dos meses. No meras conjeturas sino una realidad incontrovertible resultó la cadena de robos electorales consumada por el PSOE en las municipales de 2023 en diversas localidades de Almería, Melilla, Murcia, Ciudad Real, Sevilla, La Gomera y Tenerife. Un pucherazo puede constituir una casualidad por aquello de que en toda organización cuelga alguna que otra manzana podrida, tantos, evidentemente no.

Que Alberto Núñez Feijóo será el próximo presidente del Gobierno es algo en lo que coinciden todos los sondeos excepto los del malversador Tezanos. Pero yo que el de Los Peares no las tendría todas conmigo teniendo en cuenta el gran pucherazo encubierto que está pergeñando en la sombra Romanones Sánchez. La nacionalización de presuntísimos nietos de exiliados en aplicación de ese escandaloso cajón de sastre que representa la Ley de Memoria va viento en popa. Y nacionalización es igual a derecho de voto. Por cierto: a estos nuevos españoles se les asigna por defecto Madrid como circunscripción electoral con el indisimulado objetivo de joder a Ayuso. Lo que no llegará a tiempo para adulterar el resultado es la regularización de 800.000 inmigrantes ilegales anunciada por el Gobierno. No podrán votar en 2027 pero sí en 2031. Si pierden el poder el año que viene, no pasa nada, que ya lo recuperarán dentro de cinco.

A un servidor que es de natural malpensado le da que el Gobierno con estas nacionalizaciones hace más trampas que el Barça con Negreira

Esta gracia se ha otorgado ya a 490.000 supuestísimos descendientes de exiliados que vinieron al mundo en naciones recónditas, principalmente iberoamericanas, a los que no sé qué carajo se les ha perdido en unas generales en España. Si a sus padres les importaba cero lo que ocurría electoralmente por estos pagos, esencialmente porque habían nacido en el extranjero, ya me dirán o me contarán ustedes qué interés pueden tener los hijos de los hijos de los exiliados, muchos de los cuales no han pisado nuestro país en su vida. Eso en el caso de que sean sangre de la sangre de las personas que abandonaron España tras finalizar la Guerra Civil, que es mucho suponer. A un servidor que es de natural malpensado le da que con estas nacionalizaciones están haciendo más trampas que el Barça con Negreira. La pregunta del millón de dólares es inevitable: ¿cómo coño se certifica empíricamente que fulanito o menganito es nieto de exiliado?

Hasta Abundio colegirá que los nietos de exiliados, si realmente ostentan esa condición, votarán masiva por no decir unánimemente por opciones de izquierda, bien el Partido Socialista, bien Sumar o como diantres se acabe llamando finalmente la propuesta de los de Yolanda Díaz o quién sabe si ese Podemos que está en las últimas. Estos 490.000 nuevos votantes suponen ya más que la diferencia total de sufragios que hubo entre Feijóo y Sánchez el 23 de julio de hace tres años: 339.000. Vamos, que al PP y a Vox les van a endosar un pucherazo mucho más sutil que los de antaño porque encima éste será legal. Conviene no olvidar que esta prostitución de un censo electoral al que no va a reconocer ni la madre que lo parió no ha terminado. Sigue su curso. Lo que Sánchez ha perdido con Begoña, David, el latrocinio, las putas, los cocainómanos, las negligencias criminales en la pandemia y en Adamuz, sus tics autocráticos, el apagón y sus pactos con ETA y los golpistas catalanes, lo va a ganar con estas nacionalizaciones. El autócrata acabará dejando como un vulgar principiante a Romanones. Tiempo al tiempo.

 

 https://okdiario.com/opinion/gran-robo-electoral-que-avecina-16586104

La prioridad nacional como concepto

VOX ha introducido en el debate político la expresión “prioridad nacional”. Usar esta expresión ha cosechado de inmediato una avalancha de a...