Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

lunes, 28 de septiembre de 2026

El hombre de la esquina, por Arturo Pérez Reverte



Llueve un poco y hace frío. La escena tiene lugar en el centro de Madrid, aunque la habrán visto mil veces en otras ciudades. Abrigado con un gorro y una bufanda, un hombre joven reparte folletos publicitarios. Está de pie en la esquina, situado entre un paso de peatones y una boca de metro. Tiene la ropa mojada y se le ve cansado, todavía con un grueso fajo de papeles en la mano, que alarga uno a uno a los transeúntes que pasan cerca. Seguramente lleva ahí un largo rato, y aún debe de quedarle otro rato más, pues cuando te fijas compruebas que, en la mochila que tiene abierta a los pies, hay más folletos como el que reparte.

Lo singular es la actitud de la gente. Los folletos no tienen nada de especial -son reclamos de una tienda de electrónica barata-, pero el personal los rechaza como si transmitieran el virus del ébola. Por cada transeúnte que acepta uno, hay una docena que pasa de largo como si no viera la mano extendida, o que niega con la cabeza, rechazándolo. La mayor parte camina vista al frente, indiferente al folleto, a la mano y al que la extiende; e incluso hay quien hace un rápido quiebro semicircular para eludir al individuo. Pocos son quienes actúan de modo natural: aceptan el folleto, dicen gracias -éstos son todavía menos-, caminan un trecho mirándolo o indiferentes a lo que contiene, y lo guardan o lo depositan en la papelera más próxima. Que es lo normal. Lo esperable en estos casos.

Observando el episodio, me pregunto cuántos de esos transeúntes que en situaciones parecidas rechazan el folleto, o que pasan de largo sin mirar a quien lo ofrece, advierten la esencia del asunto, que nada tiene que ver con el folleto en sí, lo que anuncia o el interés que puedan sentir por ello; cuántos caerán en la cuenta de que están ante un individuo, hombre o mujer, posiblemente en paro y disfrutando -eso, por decirlo de algún modo- de un pequeño empleo precario, ínfimo, mal pagado, que gana con el reparto de folletos un mísero jornal que quizá le permita hoy comer caliente. Que esa mínima incomodidad para quien pasa por su lado, lo inoportuno de la oferta del papelito, supone para quien lo ofrece justificar una dura jornada laboral en plena calle, frío en invierno y calor en verano, mirado con recelo por gente que lo evita, repartiendo una publicidad que, personalmente, le importa un carajo; pues lo que en este momento más desea en el mundo es acabar de repartir el último folleto, decirle a sus empleadores que misión cumplida, cobrar su mezquino salario e irse a su casa. Eso, claro, si no lo espera, al acabar lo que lleva en la mochila, otro buen fajo de papeles para repartir en otro sitio.

Ocurre, concluyo mirando al hombre de la esquina, lo que con esos muchachos que te abordan en nombre de una oenegé o para informarte de tal o cual oferta. Alguna vez me detengo a hablar con ellos, y en buena parte son jóvenes estudiantes o licenciados recientes y en paro, que a menudo no militan como voluntarios, sino que han sido contratados para hacer esas fatigosas gestiones callejeras, y para los que llevar a sus empleadores una lista de contactos supone justificar, también en este caso, el corto salario de un miniempleo miserable. A menudo, la gente pasa junto a esos chicos sin dirigirles siquiera una mirada, sin apenas una sonrisa y un no, gracias. Y son pocos los que se detienen un momento a escuchar. No siempre son oportunos, es cierto. No siempre está uno para charlas callejeras; pero la amabilidad mínima, el rechazo cortés, la sonrisa de disculpa, suavizarían mucho cualquier negativa. Sobre todo si consideramos que, en este país basura donde todo es posible, amigos o familiares, incluso nosotros mismos, podríamos vernos un día en su lugar.

Es, por otra parte, simple cuestión de educación: esa manera de comportarse que hace más soportable nuestra vida y la de los demás. Los que olvidan esto, quienes pasan indiferentes junto al hombre de la esquina, se parecen a quienes a bordo de un avión, mientras el auxiliar de vuelo explica las instrucciones de seguridad, leen el periódico o miran por la ventanilla en plan «eso ya me lo sé», ignorando groseramente a un trabajador que en ese momento, con la mayor eficacia de que es capaz, cumple su obligación profesional; y a quien, seguro, maldita la gracia que le hace componer posturitas y soplar por el canuto del chaleco para facilitar, en caso de accidente, la salvación de media docena de idiotas arrogantes cuyo derecho a salvarse es más que discutible.    
 

https://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/960/el-hombre-de-la-esquina/ 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Cien mil hjios congelados en España, por José Antonio Méndez

Aunque su destino natural debería haber sido el cálido seno de sus madres y el amor de un hogar, hoy en España más de 100.000 embriones humanos permanecen, «almacenados» como mercancía, en tanques congeladores de nitrógeno líquido.

Concebidos en probetas de laboratorio por expreso deseo de sus padres, más de 790.000 seres humanos en nuestro país han sido llamados a la vida en procesos de Fecundación In Vitro (FIV).

Sin embargo, para al menos 100.000 de ellos, en algún momento previo a la implantación se decidió interrumpir el proceso de gestación... y sus biografías quedaron literalmente congeladas, abandonadas por quienes iban a ocuparse de ellos, suspendidos en el tiempo.

Desde que en España se aprobó la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida en 1988, cientos de miles de bebés en potencia han sido concebidos año tras año.

Y decenas de miles llevan décadas abandonados en estado de criopreservación, en ocasiones con padres que ya han fallecido o son imposibles de localizar, hermanos «menores» que superan los 30 años, y madres que ya no pueden implantárselos por pura imposibilidad fisiológica.
Los «hijos congelados» de España

Pero, ¿cuál es el origen de estos embriones abandonados, de estos «hijos congelados de España»?

Según los últimos datos publicados por la Sociedad Española de Fertilidad (recogidos en 2021), en nuestro país ya se superan los 165.000 procesos de fecundación in vitro al año.

En concreto, en el último año se realizaron 165.453 «ciclos» de FIV, a los que hay que sumar otros 33.818 procesos de Inseminaciones artificiales.

Estas cifras otorgan a España el comprometedor título de país europeo con mayor número de intervenciones de reproducción artificial. En total, el 15 % de todas las que se llevan a cabo en Europa.
Ecografía de un embarazo de 7 semanas
Se triplica el número de mujeres que congelan sus óvulos para retrasar la maternidad

José Antonio Méndez

Ahora bien, de todos esos embriones humanos generados en laboratorio, sólo han llegado a término 40.638 bebés.

Dicho de otro modo: de cada 10 seres humanos concebidos por técnicas de reproducción artificial, sólo nacen 2, mientras que los otros 8, o mueren a lo largo del proceso, o quedan «congelados» a la espera de ser implantados... o destruidos.
Un millón y medio en la próxima década

La situación plantea ya tales problemas que los propios centros de reproducción asistida –los mismos que han levantado un negocio con la creación de vida humana en laboratorio–, están empezando a alzar la voz.

Uno de estos centros, el Instituto Bernabéu, informaba hace pocas semanas de que «se estima que el número de embriones criopreservados en España que se encuentran en situación de abandono alcanza los 100.000» y, de hecho, «sigue creciendo exponencialmente».

Esta situación, aseguran, se agrava cada año, «ante el incremento sostenido de los tratamientos de fertilidad, que deriva a su vez en el aumento del número total de embriones criopreservados».

En detalle, según la estimación de estos expertos, el número de embriones que se encuentran en esta suerte de «limbo» ha experimentado un crecimiento acumulado de casi el 45% en los últimos cinco años, «hasta superar los 791.000 embriones, según los últimos datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF)».

Y alertan: «Si se mantiene este crecimiento anual del 7 al 8% observado, en la próxima década se superará la cifra de 1,5 millones de embriones congelados en España».
Un atentado contra la vida humana

Como explica para El Debate Juan Ignacio Grande, experto en bioética y secretario general del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, «las técnicas de reproducción asistida tienen efectos terribles para la salud física y psicológica de la mujer, pero además, cuando se ve todo el proceso, salta a la vista que suponen un atentado contra la vida: seleccionan y eliminan aleatoriamente seres humanos, convierten a la persona en un producto que puede ser fabricado y congelado, y hacen negocio con el sufrimiento de las parejas infértiles».

Desde el propio Instituto Bernabéu constatan la dimensión ética del problema y su vinculación con la desestructuración familiar de la sociedad española.

«En el caso de los embriones abandonados, no siempre hay una voluntad explícita de abandono, sino una ausencia de decisión por parte de los pacientes sobre su destino, que se prolonga en el tiempo y ‘obliga’ a las clínicas a mantenerlos criopreservados, a pesar de que sus progenitores se hayan despreocupado de ellos», explica Jaime Guerrero, del Instituto Bernabeu.

«En muchos casos, las parejas ya han completado su 'proyecto reproductivo', pero no quieren destruir los embriones ni tampoco donarlos. Esa indecisión sostenida es una de las principales causas de acumulación. A ello se suman situaciones como separaciones, discrepancias entre los miembros de la pareja o la dificultad emocional que implica decidir entre donación, investigación o cese de conservación», señala Guerrero.
Cuatro destinos para estas vidas

La legislación española, tras la reforma impulsada en 2006, establece cuatro destinos para estos embriones humanos, pero dos suponen una condena a muerte.

El primero, que sean implantados por la propia mujer o por su pareja. El segundo, la donación con fines reproductivos para terceros. El tercero, la donación a la investigación. Y, por último, el cese explícito de su conservación. Es decir, en el tercer y cuarto supuestos, su destrucción –aunque al tratarse de una vida humana, tal vez cabría decir «su asesinato» u «homicidio»–.

Aunque la norma exige que cada dos años los padres renueven su decisión, si tras dos intentos consecutivos no se obtiene respuesta de los progenitores, los embriones quedan a disposición del centro.

Y sin embargo, cada vez son más los trabajadores de este tipo de clínicas que apuntan a un conflicto ético: los embriones fueron creados con un fin reproductivo específico, de modo que «se genera un conflicto entre la autonomía de los progenitores, el estatus jurídico del embrión y la responsabilidad de los centros», reconoce Guerrero.
La solución menos mala

La solución a este limbo legal pasaría por la misma salida que los expertos en bioética llevan décadas pidiendo, y que es, por cierto, la misma que la doctrina de la Iglesia ha defendido desde el origen de estas técnicas. A saber, una moratoria internacional para dejar de crear nuevos embriones, hasta implantar los que permanecen congelados.

Como explica Juan Ignacio Grande, «una vez que el mal está cometido, hay que intentar que no vaya a más. Y por eso, lo mejor es que la madre progenitora acoja a esos niños, que son sus hijos, y se vaya implantando los embriones que tenga congelados, sin generar ninguno más».

Pero, ¿y si la madre progenitora no puede, o no quiere?

Aquí el terreno es más resbaladizo, puesto que hay expertos en bioética que proponen la adopción prenatal, tal y como permite la ley, y otros que defienden descongelarlos para «dejarlos morir».
Mónica López Barahona

Entrevista
Mónica López Barahona: «La adopción prenatal de embriones nunca puede ser una alternativa para seguir congelándolos»

Guillermo Altarriba Vilanova

Grande lo sintetiza así: «Aquí ya nos tenemos que mover en el ámbito de 'lo menos malo', nunca de una opción moralmente buena. Así que con cualquiera de las dos opciones, que además en ambos casos contempla la ley, para que el mal cese, lo imprescindible es que no se sigan creando más embriones a través de técnicas de fecundación artificial, porque si no, sólo estaríamos colaborando con el mal, enriqueciendo a una industria que instrumentaliza la vida humana hasta el punto de dejarla congelada».

Y, aunque no tengan voz, la existencia inmensamente digna de más de 100.000 seres humanos, hijos abandonados en tanques congeladores de España, dan fe a sus palabras. 

 https://www.eldebate.com/familia/20260422/100000-hijos-congelados-espana-problema-creciente-embriones-abandonados-laboratorios_409477.html

sábado, 26 de septiembre de 2026

 Os hago un resumen del gravísimo, asunto de la financiación de laboratorios para experimentos de ganancia de defunción, patrocinada por el doctor Fauci:


Este es un tema de enorme relevancia que ha vuelto a estallar con mucha fuerza en la escena pública y de inteligencia estadounidense.

Tulsi Gabbard (como Directora de Nacional de Inteligencia de EE. UU.) acaba de desclasificar una serie de archivos de inteligencia de alto secreto relacionados con los orígenes del COVID-19. En sus declaraciones, Gabbard lanza acusaciones directas y muy graves contra el Dr. Anthony Fauci, el Instituto de Virología de Wuhan (la ciudad en China a la que te refieres) y la financiación de experimentos de ganancia de función.

Para entenderlo de forma clara, aquí tienes el desglose de lo que Gabbard ha declarado y lo que contienen estos documentos:

## 1. La acusación central: Manipulación y desvío de la investigación

Gabbard afirma que el Dr. Fauci utilizó activamente su enorme peso político y sus relaciones con la comunidad de inteligencia de EE. UU. para protegerse a sí mismo y desviar cualquier investigación que apuntara a que el virus pudo haber salido de un laboratorio en Wuhan.

Según la documentación liberada:

 * Guía sesgada: Cuando el presidente Joe Biden ordenó a las agencias de inteligencia investigar el origen del COVID-19 en 2021, Fauci entregó al personal de inteligencia una lista "filtrada" de virólogos y expertos a los que debían consultar. Gabbard alega que Fauci seleccionó deliberadamente a científicos que defendían firmemente la teoría del origen natural del virus para enterrar la hipótesis del escape de laboratorio.

 * Cultura de presión: Gabbard denunció que los analistas de inteligencia que querían investigar de forma seria la teoría del laboratorio o que disentían de la narrativa oficial sufrieron represalias, intimidación y frenos en sus carreras profesionales. Su mensaje fue rotundo: *"El mensaje era claro: ve con la corriente o sé castigado"*.

## 2. Los experimentos de "Ganancia de Función" en Wuhan

La ganancia de función (*gain-of-function*) es un tipo de investigación científica en la que se manipulan genéticamente virus o patógenos para hacerlos más infecciosos o letales, con el argumento teórico de adelantarse a futuras pandemias y crear vacunas.

 * La conexión con EE. UU.: Los documentos desclasificados vinculan la financiación del NIAID (el instituto de salud que dirigía Fauci) a través de organizaciones intermediarias (como EcoHealth Alliance) con el Instituto de Virología de Wuhan, donde se realizaban este tipo de investigaciones con coronavirus de murciélagos.

 * Violación de la moratoria: Gabbard y los críticos de Fauci recuerdan que en ese momento existía una moratoria federal (una prohibición temporal) en EE. UU. para financiar este tipo de experimentos tan peligrosos debido al riesgo extremo de una emergencia de salud pública si algo salía mal.

## 3. La acusación de mentir bajo juramento (Perjurio)

Uno de los puntos más explosivos de las declaraciones de Gabbard es que afirma que Fauci mintió descaradamente al Congreso bajo juramento en sus comparecencias.

 * Durante su testimonio en 2024, a Fauci se le preguntó repetidamente si se había comunicado con agencias de inteligencia como el FBI o la CIA para hablar sobre investigaciones virales o el COVID-19. Él respondió que *"no, que él supiera"*.

 * Gabbard afirma que los correos electrónicos y registros internos desclasificados muestran exactamente lo contrario: que Fauci estuvo en contacto directo y constante con oficiales de inteligencia participando en las revisiones sobre el origen del COVID-19.

Además, los archivos de Gabbard revelan que un informante (*whistleblower*) ya había advertido internamente en agosto de 2021 que Fauci estaba mintiendo al Senado cuando el senador Rand Paul lo interrogó sobre la ganancia de función.

## La otra cara: ¿Qué dice el Dr. Fauci?

Por su parte, el Dr. Anthony Fauci siempre ha rechazado tajantemente estas acusaciones, calificándolas en el pasado de "absurdas" y "pretextos políticos".

Fauci ha defendido que el dinero estadounidense otorgado no se usó para investigaciones de ganancia de función peligrosas (argumentando diferencias técnicas en la definición de lo que constituye ganancia de función) y mantiene que, aunque no descarta un accidente de laboratorio, la evidencia científica que él considera válida se inclina hacia una transmisión natural de animal a humano.

A pesar de la desclasificación de estos documentos por parte de Gabbard, las agencias de inteligencia de EE. UU. siguen formalmente divididas y no han emitido una conclusión única y definitiva sobre si el COVID-19 nació en la naturaleza o se escapó de aquel laboratorio de Wuhan. Sin embargo, este movimiento pone contra las cuerdas la narrativa oficial de los primeros años de la pandemia.

Telegram/elaullador

viernes, 25 de septiembre de 2026

Repensar la maternidad, por Mónica España

 Hace dos días estuve conversando con dos amigos sobre toros, persona y aborto –lo sé, temas ligeritos para pasar la tarde–. Durante toda la discusión me limité a preguntarles genuinamente qué entendían que era la persona, es decir, qué hace que alguien sea persona o no, pues pensaba que, al referirse a los toros como personas, tendrían un pensamiento afín al de Peter Singer (que es un autor cuya confrontación me encanta). Sin embargo, no obtuve más que un “no lo sé y no tengo por qué saberlo”.

Este “no lo sé y honestamente no tengo por qué saberlo” me ha hecho reflexionar sobre la cultura de la vida y del descarte. Para la mayoría de personas a favor del aborto, preguntarse sobre la dignidad humana del no nacido –es decir, si es una persona o no– carece de valor porque es una cuestión de los derechos de la mujer a elegir. En otras palabras, no importa si estamos matando a una persona humana, porque lo importante aquí es que la mujer decida dar a luz o no al bebé. Para ellos, el aborto –aunque conlleve matar a un inocente indefenso– es el mal menor frente al mal mayor, que es la maternidad. Parece preferible permitir que un “médico” aspire, desgarre o provoque un paro cardíaco (o inanición en el caso del aborto químico) con el consentimiento de la madre, que permitir que una madre dé a luz al hijo que crece en su interior.

La mayoría de mujeres, como el resto de la humanidad, no necesitamos tanto que nos quiten el yugo que supone la maternidad, sino que el amor lo vuelva ligero. No somos seres superficiales y egoístas que solo hallan felicidad en una vida sin vínculos reales y estables, sin responsabilidades, sin compromiso ni sacrificio. No queremos una vida sin peso, sino una vida en la que ese peso tenga sentido. No se trata tanto de “liberarse” de la maternidad como de descubrir, a través de la mirada de los demás, que la maternidad es el don de participar de una manera única en el milagro de la vida.

Quizás deberíamos preguntarnos si la única solución que ofrecemos es suprimir la capacidad de “sufrir el problema”, es decir, la fertilidad, y, en último término, “acabar con el problema”, es decir, con el hijo concebido. O quizá haya otra opción, aquella que pasa por la cruz: una opción que implique llevar el yugo, pero nunca sola ni olvidada; que nos vea por lo que somos y valore aquello que nos hace únicas, en vez de exigirnos actuar como hombres solo porque lo nuestro no “empodera”; que decida apostar por nuestra capacidad de maternar, ya sea física o espiritualmente, y por nuestra capacidad de consolar, escuchar, cuidar y dulcificar cualquier ambiente.

Todo esto nos lleva, como sociedad, a una pregunta: ¿cómo hemos llegado a esto? A una cultura que habla de la maternidad como condena en vez de bendición. Es evidente que algo estamos haciendo mal como sociedad si la mujer siente que ser madre es motivo de vergüenza y no de orgullo. Quizás debemos preguntarnos si le damos a la maternidad la dignidad que le corresponde, si cuidamos a las mujeres embarazadas con la comprensión y ternura que se merecen, si somos capaces de ver la belleza en su barriga, en sus varices o en la cicatriz de cesárea, si apreciamos lo suficiente lo que significa dar a luz.

También deberíamos preguntarnos si empatizamos realmente con los padres que van a misa, viajan o salen a comer con sus hijos; si sonreímos cuando vemos a los niños jugar; si celebramos a cada persona con alguna discapacidad que vemos; o si reclamamos y hablamos como corresponde sobre la necesidad de mejorar la asistencia obstétrica y ginecológica pública.

La cultura de la vida no se reduce únicamente a estar en contra del aborto ni a argumentar o legislar en favor del no nacido. Crear una cultura de la vida...

    Es admirar a cada mujer que tuvo la valentía de cuestionar que solo el trabajo o la fama la harán libre. 
    Es aplaudir a cada mujer adolescente y adulta que decide no castigar a su hijo no nacido por los errores de otros. 
    Es sufrir, con humor y paciencia, los cambios de humor de las mujeres embarazadas que tenemos cerca. 
    Es atender sonriendo y sin reprochar a las embarazadas que pasan el día en urgencias, o que te interrogan sobre el queso o la limpieza de los tomates, por ejemplo. 
    Es ver el tabernáculo o arca donde durante nueve meses se ha gestado una vida en la barriga, en las varices o en las cicatrices. 
    Es visitar y preocuparse primeramente por la madre que acaba de parir. 
    Es comprender con una sonrisa a los padres cuyos hijos tienen una pataleta en el bus, avión, tren o restaurante, especialmente a aquellos padres que quieren inculcar a sus hijos la fe llevándoles a misa, en vez de mirarles con dureza y reproche. 
    Es dejar que los niños jueguen, ya sea en el parque, urbanización, piscina o en su casa (aunque se oiga por todo el edificio). 
    Es mirar con admiración a las familias que apostaron por la dignidad de sus hijos pese a malformaciones o discapacidades, no con pena sino con gratitud. 
    Es ofrecer una alternativa a una falsa solución que elimina al hijo concebido y desprecia el valor de la fertilidad, proponiendo en su lugar un camino que pase por la cruz y, en lugar de quitarnos el yugo, lo aligere con amor; una alternativa que reconozca en las mujeres una grandeza capaz de sostener la vida, acompañarla y embellecerla, incluso cuando duele. 

Crear una cultura de la vida es atrevernos a redescubrir la maternidad, la paternidad y el milagro de la vida con los ojos de Dios. Y, para ello, pedirle que nos haga comprender que lo que recibimos de Él se debe cuidar.

 https://www.religionenlibertad.com/opinion/260109/descarte-cruz-repensar-maternidad_115698.html

jueves, 24 de septiembre de 2026

La pared. Shakira


 

Yo no he cambiado

 Ha cambiado el mundo a mi alrededor. Lo que antes era ser normal, ahora es ser extremista, conspiranoico, radical, fascista, loco.

Yo sólo he cometido el delito de seguir pensando igual, de ser amando la nación. La familia, la vida, las tradiciones de nuestros mayores.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

En què consiste ser español? , por Luis Ventoso


¿En qué consiste ser español?

¿Se puede presumir de «orgullo de España» si estás contra su lengua, su historia, su fe y parte de su alta cultura?

18 abr. 2026 - 01:30 Act. 18 abr. 2026 - 14:11

De cara a intentar una quimérica remontada, y más ahora que se acercan las elecciones en la españolísima Andalucía, Sánchez ha incorporado a sus latiguillos propagandísticos el «orgullo de ser español».


Es de un notable descaro que se envuelva en la bandera, tratándose de un gobernante que tolera y jalea que se persiga abiertamente la lengua española en dos regiones, que abraza la leyenda negra al dictado de la izquierda indigenista hispanoamericana, que reniega de toda la alta cultura española que no sea de izquierdas y que abomina del pasado y el presente católico del país, que está en su médula fundacional, al igual que la monarquía, que tampoco le va, por la sencilla razón de que los reyes no son Él y Begoña.


El presidente del «orgullo de ser español» considera además que no existe una nación española, sino una «nación de naciones». Un sofisma hueco, una majadería conceptual del PSOE, que equivale a proclamar que no existe el concepto «botella de vino», sino la suma de corcho, cristal y zumo de uva fermentado.


El presidente del «orgullo de ser español» gobierna al dictado de los más tenaces enemigos de España, admite sus exigencias discriminatorias, se arrastra por Bruselas a su dictado implorando que la UE adopte el catalán –en detrimento de la lengua opresora– y desguaza el Estado con constante cesión de competencias.


¿En qué consiste hoy ser español? La respuesta del PSOE sería algo así: español es toda persona que viva en España, aunque acabe de llegar hace diez minutos y carezca de un certificado de penales, y que comparta que estamos en una nación de naciones plural y diversa, plurilingüística, confederal, socialista-igualitaria, ecologista, feminista y pro homosexualista. Eso viene a ser España para el sanchismo.


Entonces, ¿qué nos une realmente?, ¿en qué consiste ser español? En primer lugar figuran la lengua y la cultura, principal pegamento de un país. Por eso los separatistas hacen un extremo hincapié en fomentar las suyas, «identitarias», inventando un pasado mitificado allá donde no llega la realidad histórica. En segundo lugar, somos españoles porque tenemos una larguísima historia compartida, que está ahí y presenta muchos pasajes dignos de legítimo orgullo. Otro lazo indispensable para que exista un país son unas instituciones, unas leyes y una educación comunes. Por eso el mal concebido modelo autonómico, desarrollado a tirones y a salto mata, ha acabado debilitando la unidad nacional y creando extrañamiento hacia la idea de España.


Nuestro país es además inconcebible sin el catolicismo, porque alentó el hito fundacional de la Reconquista y la atrevidísima empresa de los descubrimientos de Ultramar, dibujó la moral de los españoles y continúa siendo la fe mayoritaria. También cohesiona la Corona, por eso los separatistas no la tragan. Como dijo en su día Picasso con clara simplicidad, «soy monárquico porque en España siempre ha habido un rey».


Por supuesto nos unen una idiosincrasia y unos hábitos de vida propios. De Lugo a Almería y de Tarragona a Granada, nada más pisar la calle se percibe que estás en el mismo país, aunque existan peculiaridades locales (lo que no ocurre si cruzas de Tui a Valença do Miño, o de San Sebastián a Biarritz, pues te notas en otro país). Los españoles comemos a las dos y pico y cenamos entre nueve y diez. Salimos de cañas y de tapas. Somos del Zara y el Mercadona, allá donde vivamos. Escuchamos a Herrera y la Ser y vemos El Hormiguero y MasterChef (muy a pesar de los separatistas, que por eso dilapidan fortunas en sus cadenas autonómicas).


Seguimos las mismas ligas de fútbol y baloncesto y admiramos a idénticos héroes (en estos momentos, Alcaraz). Inventamos el pincho de tortilla y somos la patria del jamón serrano. Compartimos polémicas políticas y hasta los marujeos de la tele rosa. El núcleo periodístico y tertuliano de la capital, Madrid, se proyecta en toda España, marcando la agenda y la conversación (también para pesar de Barcelona y Bilbao). Somos un pueblo cordial como pocos, jovial y parlanchín. También envidioso, y a veces liante y demasiado polvorilla. Aunque somos de quejarnos por todo, al final llevamos impreso un cierto optimismo resistente, que quizá tenga que ver con la luz de una climatología benigna. Cuando vienen mal dadas siempre pensamos que «mañana será otro día».


Por supuesto disfrutamos y nos une el tercer idioma más hablado del planeta y un arsenal cultural de una categoría al alcance de contadas naciones. España es el país de Cervantes, la Escuela de Salamanca, Velázquez, Goya y Picasso, Tomás Luis de Victoria, Falla y Albéniz, las colosales catedrales góticas y la poesía de Garcilaso, Teresa de Jesús, Juan Ramón, Rosalía, o Lorca. Si me pidiesen mi definición, diría que «España es una esperanza siempre en marcha, un país con corazón».


España es mucho bicho y no pueden con ella, aunque la vayan debilitando (hasta han forzado al propio Rey a firmar la amnistía del golpe catalán y pedir perdón al indigenismo). La huida hacia adelante de un irresponsable sin escrúpulos no va a cepillarse en siete años tantos siglos de historia compartida. Pero ojo: la nación se crea desde la política y la cultura. Ellos lo hacen de sol a sol, mientras nosotros lo estamos descuidando de manera temeraria. Por eso es tan importante, por ejemplo, la existencia de este periódico.

https://www.eldebate.com/opinion/20260418/consiste-espanol_407894.html

Sergio Dalma.