Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Iba a abortar y sintió que su bebè debía vivir, por María Fernàndez

A pesar de los intentos de algunos países por llevar a lo más alto la cultura de la muerte, la vida sigue ganando posiciones. Una de las historias de superación y amor hacia lo desconocido es la de Krystal, una mujer de 31 años que decidió no abortar a su pequeña porque recibió la mano de Dios. Dejó abierto su corazón y el Señor la acompañó, no quiso abandonarla.

Todo empezó cuando la mujer se enteró de que estaba embarazada y no tenía ningún tipo de ayuda. Su pareja, que le había prometido estar siempre a su lado la engañó, situación que le provocó un trauma y le llevó a rechazar a su hija. El tiempo pasaba y el embarazo avanzaba. Llena de dolor por lo que estaba viviendo, Krystal comenzó a valorar el aborto. No confiaba en sí misma, no se veía como madre y tampoco tenía apoyo.

Cada día que pasaba su ansiedad aumentaba. Krystal, no tuvo una infancia fácil. Sus compañeros de clase de Nueva Zelanda la acosaban y algunos miembros de su familia abusaron sexualmente de ella, comenta a UnplannedStories. Estas experiencias la llevaron por el mal camino. Aunque había crecido en la iglesia, en la adolescencia decidió abandonarla. Se metió en la vida de pandillas, vendió drogas, salió de fiesta de más y con malas compañías, cometió muchos robos y mandó a su madre al hospital seis veces. Esta, asegura, fue «una época de locos», afirma al medio.

Cuando se dio cuenta de que la forma de actuar que estaba siguiendo no era nada acertada, decidió rehacer su vida. Empezó a salir con un chico y tres años después se quedó embarazada. La sorpresa vino cuando se enteró que de éste le había sido infiel: «Me llevó a una depresión tal que oía voces que decían que mi hija no estaba destinada a vivir», revela a UnplannedStories. Esta situación le llevó a lo peor. Quería acabar con su vida y con la del feto que llevaba en el vientre.

Aunque cada vez estaba más desesperada, Krystal no podría dar el paso. En su lugar de residencia el aborto era ilegal y le daba vergüenza pedir ayuda a su matrona para matar a un no nacido. Por ello, decidió beber trementina, un disolvente tóxico comúnmente utilizado para limpiar y pulir. Eso acabaría con la vida de su niña.


Un día todo eso cambió. Mientras estaba en el coche gritando y lamentándose por la vida que tenía, empezó a sentir una paz que nunca antes había experimentado. Los pensamientos intrusivos se disiparon y las voces que la atormentaban cesaron. En ese momento, confiesa Krystal al medio, Dios la encontró, y, gracias a ello, se dio cuenta de que ya no podía confiar en lo que ella sentía o pensaba, sino que había llegado para que únicamente confiase en Él. «Alguien rezó por mí en ese momento, y Dios lo escuchó», confiesa.

Gracias a la mano que le tendió Dios, ahora es una madre feliz que cuida a su hija de dos años. Además, para que nadie se sienta solo en ninguna etapa de su vida, en 2025 decidió crear la web Awhi 4 Mama, un servicio que proporciona comida a todas las familias, especialmente a las madres primerizas y personas mayores o con discapacidad.

martes, 11 de agosto de 2026

El apocalipsis, por Juan Manuel de Prada


 

Mi santo

 Santa Susana era el doce de agosto. Luego lo cambiaron al once y ahora creo que es en mayo. Pero me da igual. Yo ya no lo cambio de día.

Me gusta mi nombre, pero me tenían frita con lo de Susanita tiene un ratón. Por eso no le aconsejo a nadie que ponga nombres con coletilla, como Alicia en en País de las maravillas. 

lunes, 10 de agosto de 2026

Odiada Edad Media, por Juan Manuel de Prada

Entre los tópicos más groseros y enquistados en la mentalidad contemporánea se cuenta considerar que la Edad Media fue un período oscuro en la historia de la Humanidad. Sin embargo, la Edad Media llegó a albergar una forma de civilización como quizá no se haya dado en ninguna otra época.

El camino que llevó a aquella época de esplendor irrepetible no fue fácil, desde luego. Con la caída de Roma, en el siglo V, se abrió un período histórico que Belloc compara con la hojarasca que cubre el suelo de un bosque, formada por la desintegración de una flora anterior y destinada a ser el lecho del que surgirá otra nueva. Estos primeros siglos de la Edad Media fueron de gran actividad militar: la Cristiandad, asediada por doquier, sufrió una serie interminable de ataques, paganos por el este y el norte y mahometanos por el sur, que ya no eran meras incursiones de hordas ávidas de saqueo, sino auténticas invasiones. Nuestra civilización estuvo entonces a punto de ser borrada; pero la salvaron la espada y la fe. Estas invasiones serían por fin contenidas en el siglo IX, gracias a Carlomagno, un rey galo que hizo de la silla de montar su trono. Paralelamente a este intenso esfuerzo militar, discurriría el nacimiento del feudalismo, el paso del gobierno de los antiguos centros provinciales de la administración romana a las pequeñas sociedades locales al mando de un señor. Sobre esta base se operó una reconstrucción desde abajo de la sociedad: los señores locales se asociaron entre sí bajo el mando de sus superiores; y éstos se unirían, a su vez, en grandes grupos nacionales.

Con el siglo XI, se produciría el definitivo despertar de aquella Europa que había sufrido el acoso de paganos y mahometanos. La personalidad del Papa Gregorio VII y las Cruzadas impulsarían una civilización propia, intensa y activa. Es también a partir de entonces cuando la reconquista en España cobra renovado vigor: el mismo año de la muerte de San Gregorio, Toledo es arrancado de las manos musulmanas. La unidad de la Iglesia, con ayuda de las grandes órdenes monásticas, consolida la existencia de una verdadera Cristiandad; y el esfuerzo militar de las Cruzadas permitirá a Occidente descubrir la gran cultura del Imperio bizantino. El Mediterráneo se llena entonces de naves cristianas que impulsan el comercio. La arquitectura y las artes plásticas se transforman con un estilo totalmente nuevo, el gótico. Se construyen las grandes catedrales; aparecen los parlamentos representativos (no como los de ahora); se asientan las lenguas vernáculas; surgen las universidades; se consolidan los reinos; se codifican las leyes; se reparte la tierra entre muchos; se fundan los gremios y las industrias cooperativas; se vuelven a debatir activamente las grandes cuestiones filosóficas, alcanzándose la cumbre con Santo Tomás de Aquino; toda Europa se crece y robustece con un apetito de verdad intenso y palpitante.

Por desgracia, aquella edad de oro empezaría a decaer desde mediados del siglo XIV: triunfaron las intrigas, la filosofía degeneró en sofística, los parlamentos tendieron a la oligarquía, las ideas populares se fueron borrando de las mentes de los gobernantes; el papado y las órdenes monásticas se contaminaron de mundanidad; y, por añadidura, se sucedieron las epidemias de peste. Más tarde sobrevendría la prueba suprema, ese desastre que comúnmente se denomina Reforma protestante, que no sería simple vivificación de un organismo moribundo, sino destrucción de sus partes todavía sanas y división incurable de la civilización europea.

Existe una explicación psicológica al odio que el hombre moderno tiene a la Edad Media. El hombre medieval tenía un sentido de la filiación, de la fidelidad, que el hombre moderno desdeña. En la Edad Media, el legado del pasado se juzgaba respetable; el hombre moderno, en cambio, cree incuestionablemente en el progreso indefinido, y para ello necesita descalificar el pasado. Los tópicos acumulados contra la Edad Media se intensifican en el caso español, por haberse constituido nuestra nación histórica sobre la asunción de una identidad religiosa y en combate con la invasión musulmana. Los promotores de la leyenda negra pintaron enseguida unos reinos cristianos bárbaros y crueles, frente a una España musulmana refinada y sensible. Y, extrañamente, esta visión desquiciada llegaría a prender en la propia conciencia española, tan magistralmente descrita por el poeta Joaquín Bartrina: «Oyendo hablar a un hombre fácil es / acertar donde vio la luz del sol: / si habla bien de Inglaterra, será inglés; / si os habla mal de Prusia, es un francés; / y si habla mal de España… es español». 

 https://noticiasholisticas.com.ar/odiada-edad-media-por-juan-manuel-de-prada/

domingo, 9 de agosto de 2026

Hadita de clorofila

 Hola. Me gustaría comunicarme contigo. Por favor escríbeme a mi correo Historiademivida70@gmail.com

No a la guerra. No a ninguna guerra

En una sociedad como la nuestra, donde lo importante se define según una agenda manejada por iniciativas políticas y mediáticas, es fácil olvidar problemas que simplemente son silenciados. La denuncia de este silencio puede interpretarse como un movimiento cómplice con los violentos, disolviendo la gravedad de la actualidad al aumentar el perímetro de atención. Pero consentir el silencio significa ignorar a las víctimas más vulnerables, normalmente pueblos sin voz o en grave situación de marginación y pobreza.

Ahora, los medios se centran en el ataque a Irán por parte de Israel y Estados Unidos, por la relevancia de los protagonistas y el impacto en el comercio internacional de petróleo, su influencia en toda la economía mundial y el peligro de una escalada.

Asociados a este conflicto no hay que olvidar el acoso terrorista de Hamás y Hezbolá a Israel desde Gaza y el sur del Líbano, con la respuesta brutal de Israel, y los ataques de los hutíes (Yemen) a las aguas internacionales que dan acceso al canal de Suez. Todos estos ataques respaldados y financiados por Irán.

En segundo plano ha quedado la interminable guerra de Ucrania, donde la ruptura de las fronteras por parte de Rusia, hace más de 4 años, ha derivado en una guerra de desgaste con constantes ataques a la población civil, especialmente durante el duro invierno, sin que los organismos internacionales hayan conseguido ningún éxito con su mediación.

También en la zona de penumbra ha quedado la situación de Venezuela y Cuba, donde parecen prevalecer los intereses de control por parte de Estados Unidos sobre el desarrollo de la libertad y prosperidad de los pueblos. Otros países de la región sufren la violencia y la represión como si fuera una guerra interna, bien por la presión del narcotráfico (Méjico), las bandas organizadas (Haití) o el afán de dominio de algunos dirigentes (Nicaragua).

En Asia, poco se habla últimamente de la tensión entre China y Taiwán, ni de la guerra abierta entre Pakistán y Afganistán, los enfrentamientos entre Pakistán y la India por Cachemira o la guerra civil de Myanmar.

Aunque, quizá, la región más olvidada sea el continente africano. El devastador conflicto civil en Sudán, las matanzas en el Sahel (Malí, Burkina Faso) con insurgencias yihadistas y las tensiones interminables entre Etiopía y Eritrea…

El rechazo a la guerra debería incluir a todas las guerras, las presentes, las pasadas y las futuras, porque el rencor de guerras pasadas son las brasas para prender guerras futuras. Odiar al que te odia no es más que una forma segura de reavivar el fuego, alimentando la guerra de nuestro corazón. Solo desde nuestro interior, desde el perdón, podemos poner en marcha el no a la guerra, no a todas las guerras. 

 https://www.forumlibertas.com/no-a-la-guerra-no-a-ninguna-guerra/

sábado, 8 de agosto de 2026

Colosal obra energética amenaza reserva de jaguares, por Manuel Morera

Por desgracia, la actividad humana está poniendo en riesgo a muchos animales en la Amazonía. Ahora esa situación se está repitiendo en Bolivia por culpa de una gran obra de ingeniería. Los animales afectados son los jaguares, el mayor felino de América.

El proyecto está impulsado por el gobierno de Bolivia y prevé la construcción de una línea de transmisión eléctrica que atravesará el santuario Passiflora, un enclave natural indispensable para los jaguares. La infraestructura tiene casi 100 kilómetros de longitud desde San Buenaventura hasta Ixiamas.

El debate está servido. Por una parte las autoridades defienden que la obra permitirá un mejor suministro eléctrico. Por otra parte, los biólogos consideran que cortará uno de los últimos corredores naturales utilizados por los jaguares para desplazarse.
La obra de ingeniería que amenaza a los jaguares en Bolivia

El proyecto que ha encendido todas las alarmas es la línea de transmisión eléctrica San Buenaventura–Ixiamas. La obra, impulsada por la empresa estatal ENDE Transmisión, contempla levantar torres de alta tensión a lo largo de un corredor de unos 96 kilómetros.

Para instalar la infraestructura será necesario abrir una franja de seguridad de más de 30 metros de ancho en plena selva. Según los expertos, el problema no sólo es el impacto directo de las torres eléctricas, sino las consecuencias indirectas que suele provocar este tipo de proyectos.

Por ejemplo, la construcción de caminos de acceso facilita la entrada de cazadores furtivos, colonos y actividades ilegales que aceleran la deforestación.

Además, en muchos casos, estas vías terminan convirtiéndose en puertas de entrada para la tala de madera o la expansión agrícola.

En el caso del jaguar, la situación puede ser especialmente delicada. Cuando su hábitat se fragmenta, los felinos suelen desplazarse hacia zonas ganaderas cercanas, donde son abatidos por los propietarios para evitar ataques al ganado.
Por qué Passiflora es un refugio vital para los jaguares en la Amazonía boliviana

El santuario Passiflora forma parte del entorno del refugio de vida silvestre Senda Verde y se ha consolidado en los últimos años como un enclave fundamental para la conservación de la fauna amazónica.

De hecho, los bosques sirven de hogar a cientos de especies de plantas y animales, muchas de ellas poco estudiadas o amenazadas.

La prueba está en que, en esta zona de transición entre la Amazonía y la región de las yungas, se han identificado más de 300 especies de aves, decenas de mamíferos y una enorme diversidad de anfibios y reptiles. Pero el protagonista indiscutible del ecosistema es el jaguar.

Gracias a cámaras trampa instaladas por investigadores, confirmaron la presencia habitual de varios ejemplares que utilizan este corredor forestal para desplazarse por el territorio.

Estos movimientos son esenciales para la supervivencia de la especie, ya que permiten que las poblaciones mantengan diversidad genética y encuentren nuevas zonas de caza.
El jaguar está en peligro: Bolivia autoriza el proyecto de ingeniería que los amenaza

Las organizaciones conservacionistas llevan meses intentando frenar el avance del proyecto.

Responsables del refugio Senda Verde presentaron una acción judicial para paralizar las obras al considerar que la evaluación ambiental no tuvo suficientemente en cuenta el valor ecológico del corredor Passiflora.

Sin embargo, la justicia boliviana terminó rechazando el recurso, lo que ha permitido que el proyecto siga adelante.

La decisión es muy alarmante para la comunidad científica que trabaja en la región. Y es que la apertura de infraestructuras en áreas de alta biodiversidad desencadena efectos difíciles de revertir. 

 https://okdiario.com/naturaleza/honda-preocupacion-biologos-colosal-obra-energetica-amenaza-santuario-jaguares-bolivia-16350008

viernes, 7 de agosto de 2026

La trampa del judeocristianismo y la guerra, por Pedro Gómez Carrizo

Toda guerra necesita un lenguaje que la legitime. La escalada en Oriente Próximo ya lo tiene: la apelación a los supuestos valores «judeocristianos» de Occidente, repetida con insistencia por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuyo entusiasmo por el alineamiento europeo con Israel parece crecer al mismo ritmo que el conflicto.

El problema es que esa «tradición judeocristiana» es, por emplear una expresión de Gustavo Bueno, una hipóstasis: una abstracción ideológica convertida retrospectivamente en mito histórico.

Porque ni los Padres de la Iglesia, ni los grandes teólogos medievales, ni los pensadores de la Cristiandad moderna describieron jamás la civilización cristiana como «judeocristiana».

Esto, por supuesto, no significaba negar el origen judío de la fe cristiana. Jesús y los apóstoles eran judíos, y las Escrituras cristianas incluyen el Antiguo Testamento, la Antigua Alianza. Pero la Nueva Alianza definió el cristianismo precisamente en contraste con el judaísmo. Y el judaísmo posterior a Cristo fue universalmente entendido como lo que realmente fue: una tradición separada que había rechazado, y de manera muy «expresa», a Dios hecho hombre.

Según el paradigma teológico clásico, el cristianismo cumple las promesas del Antiguo Testamento, la Iglesia es el nuevo Israel y el judaísmo rabínico que pervivió queda teológicamente superado. Desde el minuto cero del cristianismo los Padres distinguieron claramente entre el Israel bíblico y el judaísmo posterior. El propio término «Sión» cambió de significado. El Sion al que se refieren los Salmos –la ciudad santa, la figura espiritual del pueblo redimido por Dios– no es el Sion del sionismo moderno, que bien mirado, en muchos aspectos, es su exacta contrafigura.

Desde la teología cristiana clásica la explicación es sencilla: quienes no son hijos de Cristo no son herederos de Abraham. San Pablo ya lo había formulado con claridad: «no todos los descendientes de Israel son Israel» (Rm 9,6). La filiación abrahámica no es una cuestión biológica, sino teológica. Como repetirán después los Padres de la Iglesia, hijos de Abraham no son simplemente quienes descienden de su sangre, sino quienes participan de su fe. Y san Agustín –siempre hay que acudir al santo de Hipona– lo dijo con su inspiración incontestable: no todos los nacidos de Abraham son hijos de Abraham, sino aquellos que imitan su fe. Y esa fe, para el cristianismo, tiene un nombre propio: Jesucristo. También en época reciente Benedicto XVI recordó la misma verdad al explicar que la promesa hecha a Abraham alcanza su cumplimiento definitivo en Cristo y en el nuevo pueblo de Dios que nace de Él.

En este marco conceptual la expresión «judeocristiano» carecía de sentido.

Hablar de Occidente, de Europa, era hablar de civilización cristiana, esto es, de Cristiandad (Christianitas), un concepto que designaba una comunidad religiosa y política –Iglesia y Estado unidos sin confusión, separados sin división– y cuanto podamos entender por cultura europea. Por eso los pensadores cristianos nunca hablaron de una civilización compartida.

Cuando hoy se habla de «civilización judeocristiana», por tanto, se utiliza un concepto que no formaba parte del vocabulario histórico de la Cristiandad. En el mejor de los casos el judaísmo podía aparecer como una religión verdadera en su origen, pero «incompleta» tras Cristo, que es como la define santo Tomás de Aquino.

Tampoco cambió el paradigma tras el Renacimiento. Entre los siglos XVI y XVIII, los pensadores hablan de religión cristiana, de civilización cristiana o de Europa cristiana, pero en ningún caso de una tradición judeocristiana compartida. Bossuet, en su Discurso sobre la historia universal, interpreta la historia de Europa como el despliegue providencial del cristianismo. Giambattista Vico, al estudiar los fundamentos de las naciones europeas, remite su origen moral al cristianismo. Edmund Burke, al defender el orden social tradicional frente a la Revolución francesa, insiste en que la civilización europea se sostiene sobre instituciones cristianas. Incluso cuando estos autores discuten sobre política o cultura, el presupuesto moral compartido es que el cristianismo constituye el fundamento de la civilización occidental. El judaísmo estaba presente en Europa, pero no formaba parte del concepto de Cristiandad.

El término «judeocristiano» apareció en el siglo XIX dentro del ámbito académico. Fue el teólogo alemán Ferdinand Christian Baur quien lo acuñó en la década de 1830, pero como categoría historiográfica para referirse a una corriente del cristianismo primitivo en tensión con el cristianismo paulino, es decir, con un significado muy distinto del actual.

Su uso cultural y civilizatorio se produjo en el siglo XX, entre los años 1930 y 1950, y fue como reacción contra el antisemitismo nazi. En ese periodo, el término adquirió un nuevo significado para alimentar la idea de una tradición moral compartida por judíos y cristianos.

El siguiente paso se dio en Estados Unidos. Durante la Guerra Fría el concepto se convirtió en un instrumento ideológico muy útil, pues frente al comunismo ateo, el bloque occidental se definía como religioso y heredero de la Biblia.

Pero en la conformación de este nuevo bloque se deslizó una peligrosa idea «ecuménica»: hablar de valores judeocristianos permitía unir en un mismo discurso protestantes, católicos y judíos, sacrificando la religión cristiana en las aras de esa religión universal tan grata a la masonería que nutrió a los padres fundadores de Estados Unidos.

La categoría «judeocristiana» es, por lo dicho, además de una simplificación histórica que oculta siglos de conflictos entre judíos y cristianos –incluyendo nada menos que la acusación tradicional de «pueblo deicida»– una reinterpretación moderna de la tradición occidental, elaborada expresamente como herramienta de instrumentalización política.

En el ámbito norteamericano, el judaísmo sionista ha sido probablemente el más interesado en extender la especie de esa unión judeocristiana. No es difícil entender por qué: presentar a Israel como heredero natural de la civilización occidental refuerza su legitimidad política y cultural ante las sociedades cristianas.

Pero la distancia entre ambas tradiciones es mucho mayor de lo que sugiere esa fórmula.

La moral judía tradicional y la moral cristiana, por ejemplo, no podrían estar más alejadas. El cristianismo introduce una revolución moral sin precedentes en la historia religiosa: la superación de la ley del talión por el mandamiento del amor. «Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente; pero yo os digo: amad a vuestros enemigos», dice Cristo en el Sermón de la Montaña. El cristianismo universaliza la caridad y rompe la lógica tribal que había caracterizado a muchas religiones antiguas.

Incluso el gran eslogan político del Estado de Israel –ser «la única democracia de la región»– debería levantar sospechas entre los cristianos. La tradición política cristiana nunca se identificó plenamente con el modelo democrático moderno. Su fórmula clásica, como se ha dicho, era otra: Iglesia y Estado unidos sin confusión, separados sin división. Y esa fórmula está tan alejada de la confusión de la teocracia, que elimina la libertad de conciencia, como de la división del laicismo moderno, donde la ética religiosa es expulsada de la esfera pública.

Por eso la cuestión no es meramente terminológica. Está en el centro del debate contemporáneo sobre las raíces de Europa, cerrado en falso.

Pero también resulta crucial para comprender algo más inquietante: cómo determinados «pactos de familia» pueden convertirse en trampas mortales.

La historia europea ofrece ejemplos elocuentes. Los llamados pactos de familia entre los Borbones españoles y franceses arrastraron a España a guerras que beneficiaban sobre todo a Francia. Durante décadas España se desangró en conflictos ajenos para sostener intereses dinásticos que no eran los suyos. Y cuando finalmente aquella sangría terminó, fue precisamente Francia la que invadió España.

Algo semejante podría ocurrirle a Europa si olvida cuáles son sus verdaderas raíces.

Porque una civilización que deja de saber quién es acaba pereciendo, luchando siempre en las guerras de otros. 

https://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=54634 

jueves, 6 de agosto de 2026

 Recomiendo ver a partir de media hora



Deseo de escribir

 Desde muy pequeña la escritura ha sido una necesidad para mí. Supongo que eran un sustituto a los amigos y las conversaciones que no tenía. Sin ella no sé qué hubiera hecho.

Todavía hoy necesito leer y escribir a diario. Cada vez me cuesta más pero sigo intentándolo. Y cada vez que escribo descubro algo nuevo sobre mí o sobre la vida.

Iba a abortar y sintió que su bebè debía vivir, por María Fernàndez

A pesar de los intentos de algunos países por  llevar a lo más alto la cultura de la muerte,  la vida sigue ganando posiciones. Una de las h...