Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Bendita la luz, de Manà


 

Comienzo de curso

 Aunque el año empieza en enero, siempre tengo la impresión de que realmente comienza en septiembre como cuando iba al colegio hace cuarenta años.

En septiembre es cuando se hacen planes y se empiezan actividades. Es el momento de replantearse las cosas. De volver a empezar de cero.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Sigo sin los enlaces de los blogs

Deconstruyendo pinchos de tortilla, por Arturo Pérez Reverte



De vez en cuando uno se pasa de listo y cree haberlo visto todo, pero lo cierto es que en España siempre nos queda algo por ver. Dicho de modo más prosaico, y suavizándolo con un toque marinero, éramos pocos tontos a bordo y parió la abuela del contramaestre. O del capitán. Porque ahora se trata del brunch. Tal cual. Estoy viendo la tele, y me froto los ojos. Minuto y medio de telediario, planos cortos de los platos, cinco cocineros de ilustre categoría mediática explicándonos el invento. Que en esencia es como sigue: en los últimos tiempos, desayunar normal es una horterada y comer a mediodía resulta muy poco trendy. Algo al alcance de cualquier tiñalpa. Así que lo que se ha puesto de moda, según el texto que sazona el asunto, lo que se lleva, lo que lo sitúa a uno y a una automáticamente en la lista Forbes de la gente puesta al día en materia de buen rollo, es el tal brunch. Que no es desayuno, ni es comida, sino algo situado a medias, aunque con un toque de distinción y diseño. Como el bocata de media mañana de toda la vida, pero en bonito y elegante. En plan megasuperpijo, oyes.

Tenían ustedes que haberlo visto. Aunque supongo que muchos lo vieron: aquellos cinco paladines del fogón nacional con luz y taquígrafos, con estrellas Michelin hasta en el cielo de la boca, contándonos cómo conseguir que la pausa bocatera de media mañana se convierta en un acto cultural equiparable a visitar el museo del Prado o leer unas páginas de El Quijote. Todo consiste, naturalmente, en no caer en la vulgaridad de llenar la tripa con productos indignos de figurar, por lo menos, en las páginas de tendencias chipiripitifláuticas de Architectural Digest. El asunto consiste en hacer, entre once y doce de la mañana, o por ahí, una colación más substanciosa que el desayuno y menos potente que la comida, pero no en plan aquí te pillo y aquí te mato, o sea, cerveza, pincho de tortilla y qué te debo, Pepe, sino con toda la parafernalia gastronómica de rigor, en locales ad hoc, a ser posible ambientados por decoradores exclusivos y exquisitos.

Por supuesto, nada de croquetas de cocido de las Piletas, ni bacalao rebozado del bar Revuelta, ni pepito de ternera de casa Manolo. Eso son groserías impropias de este tiempo y este país. Ordinarieces, todas, que el doctor Pedro Recio de Tirteafuera apartaría, desdeñoso, de la mesa de cualquier Sancho de barbas mal rapadas. La palabra clave del invento, del brunch recomendado, es deconstrucción. Todo debe estar debida y gastronómicamente deconstruido. Con reducción de algo, además. Por ejemplo, deconstrucción de migas de bacalao a la vizcaína con reducción de salsa de jenjibre chino. O uno de los platos fuertes que el otro día sugería en la tele uno de los artistas, y que consistía, creo recordar, en media vieira cocida al vapor de eneldo sobre un lecho de algas caramelizadas. Y cosas así. Todo ello, mucho ojo, mezclando sabores; porque quien no mezcla sabores, dulce y salado, fresa con fabada asturiana -deconstruida, por supuesto-, queso de cabra con delicias milanesas de callo madrileño, cebiche peruano con mermelada de cebolla poché, no sabe lo que se pierde. La textura de sabores que se va a tomar por saco. Y servido, claro, en platos inmensos de los que sólo se usa un rinconcete, a fin de adornar el resto con bonitos motivos decorativos a base de chorritos artísticos de salsa, de crema, de caramelo, de soja, de salsa de butifarra a la miel y otras deliciosas mariconadas. Todo eso, a las once de la mañana.

Y así, entérense, es como podemos cumplir el doble objetivo de estar a la moda más de ahora mismo y llenar la tripa a media jornada matutina. Con un par de huevos. Salir, o sea, de casposos de una vez. Porque ya está bien de esa imagen agropecuaria que damos a la hora de la caña, el pincho y el bocata, con esos bares llenos de pavos y tordas vulgares que pinchan boquerones en palillos o mascan magro con tomate. España seguirá siendo el tren que nunca cogemos mientras un albañil, una barrendera, una cajera de súper o un pastor de ovejas, por ejemplo, sigan prefiriendo un bocadillo de longaniza frita a sentarse tranquilos en una mesa elegante, a las once de la mañana, y degustar sin prisas, muy atentos a la textura de sabores, un brunch a base de rollito thailandés con sushi de berenjena deconstruida al perejil salvaje. Sin olvidar luego, de vuelta a la obra, al taller o al tractor, pasarse por el pijocafé más próximo, hacer cola para servirse uno mismo, y luego volver al tajo con la bebida caliente en la mano, sintiéndote como en el dominical de El País mientras das sorbitos al envase de plástico donde la cajera ha escrito Manolo.    
 

 https://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/959/deconstruyendo-pinchos-de-tortilla/

martes, 15 de septiembre de 2026

Una de mis canciones favoritas


 

Fin del verano

 Este verano se me està pasando rápido. Supongo que será porque hemos hecho muchos  planes, aunque no de viajes. Es curioso porque, cuando viajamos parece que el tiempo pasa màs rápido.

En cambio cuando te quedas en casa el día dura mucho màs. Tiene sus ventajas e inconvenientes. Creo que lo ideal es un poco de todo.

lunes, 14 de septiembre de 2026

 Cómo manipulan los ensayos clínicos y el precio que todos pagamos por ello


Una guía práctica para detectar investigaciones manipuladas y encontrar las terapias que realmente ayudan

- La investigación científica ha proporcionado un inmenso beneficio a la sociedad, pero a medida que su éxito le otorgó poder, prestigio y una enorme financiación, los incentivos pasaron de avanzar en la humanidad a proteger el statu quo y garantizar grandes beneficios para la industria farmacéutica.

- Gastamos cada vez más en ciencia cada año, sin embargo, los problemas que hemos encargado a la ciencia resolver siguen sin resolverse, incluso cuando ya existen soluciones.
El COVID-19 lo dejó dolorosamente claro: existían docenas de tratamientos para la enfermedad, pero en lugar de utilizarlos, el establecimiento médico trató la infección como "incurable" y utilizó ese marco para justificar una serie de políticas contraproducentes que devastaron la economía y nos dejaron con una cifra de muertos más de cien veces mayor que la de las naciones más pobres que no hicieron nada en absoluto.

- Central para mantener esta ortodoxia es la creencia de que los ensayos clínicos aleatorizados (RCT) deben servir como el principal árbitro de la verdad científica, mientras que otros enfoques de investigación viables y probados son descartados. Aunque los RCT a veces son inmensamente útiles, sus datos a menudo tienen una relevancia clínica mínima para los pacientes, sin embargo, su dominio desplaza todos los datos científicos que sí lo tienen.

- Debido a que los RCT grandes cuestan decenas de millones de dólares, solo un puñado de partes pueden permitirse realizarlos, lo que significa que normalmente se realizan para llevar productos rentables al mercado en lugar de promover la salud. Peor aún, dado que tanto dinero depende de cada ensayo, siempre existen incentivos perversos para manipular los resultados para garantizar un resultado positivo.

- A lo largo de los años, ha surgido un sistema robusto de formas de manipular los ensayos, con tácticas que exageran o fabrican beneficios mientras minimizan o eliminan los daños. A pesar de ser bien reconocidas, estas tácticas persisten porque los reguladores y las revistas médicas que dependen del statu quo hacen la vista gorda.

- Este artículo proporciona un resumen conciso de cómo los ensayos se manipulan rutinariamente, le brinda los recursos para detectar esta manipulación y protegerse de ella, y destaca las soluciones sencillas que podrían devolver la ciencia a algo que priorice el avance de la humanidad.
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Conclusión
Cuando la propaganda moderna se desarrolló por primera vez, después de que el público se diera cuenta de que se había utilizado contra ellos durante la I Guerra Mundial, estalló un feroz debate (detallado aquí) sobre si la ingeniería del consenso público era compatible con la democracia. Un lado argumentó que las masas eran irracionales y que todo se había vuelto demasiado complejo para que los ciudadanos comunes entendieran lo que era mejor para la sociedad, por lo que era necesario utilizar la propaganda para que el público siguiera las decisiones de los expertos.
El otro (liderado por John Dewey, quien advirtió que los expertos aislados sin responsabilidad democrática inevitablemente se volverían autoreforzantes y propensos a políticas erróneas, como vimos durante la COVID) argumentó que esto significaba que simplemente necesitábamos ser educados y empoderados para entender esos temas complejos.
Dado que la propaganda fue necesaria para ganar la II Guerra Mundial, los propagandistas ganaron (una trayectoria contra la que Eisenhower advirtió en su discurso de despedida, advirtiendo que la política pública podría convertirse en "prisionera de una élite científico-tecnológica"), y desde allí, el control centralizado de la información se expandió silenciosamente a la ciencia y la medicina, produciendo finalmente un sistema en el que la propaganda obligaba al público a apoyar "la ciencia" mientras se mantenía en la oscuridad sobre los parámetros de las decisiones que se tomaban.


 

domingo, 13 de septiembre de 2026

La prioridad nacional como concepto

VOX ha introducido en el debate político la expresión “prioridad nacional”. Usar esta expresión ha cosechado de inmediato una avalancha de acusaciones de xenofobia y racismo. La ventana de Overton se ha ensanchado sin embargo un poco, puesto que estamos hablando de ello. El problema es cuando ni siquiera se puede debatir acerca de algo.

La idea de la prioridad nacional hay que decir que surge como consecuencia de las políticas migratorias descontroladas de la izquierda. Es decir, nadie habría hablado de esto hace 15 años. Nadie habría hablado de ello porque entonces no había un problema. Ahora sí lo tenemos. El problema ademas no es una abstracción sino que lo tenemos a la vista. España colapsa por todas las costuras: vivienda, inseguridad, educación, sanidad, empobrecimiento, gasto público sin control… y en todos estos apartados tiene mucho que ver el fenómeno de la inmigración. No de la inmigración sin más, sino de la inmigración masiva y sin control. No es lo mismo que una isla de 1.000 habitantes reciba 10 inmigrantes a que reciba 50.000. No se les puede pedir a los 1.000 habitantes de esa isla que reciban de golpe a 50.000. Esa isla, sobre todo si es una inmigración asimétrica en cuanto a cultura, economía y formación, no será después lo mismo que después de recibir a 50.000. Mucho más si además hablamos de inmigrantes irregulares, o delincuentes importados, o simplemente en tal cantidad y en tan poco espacio de tiempo que no hay recursos suficientes para poderlos asimilar.

La idea de prioridad nacional cuaja porque cunde un sentido de escasez. El debate no tendría objeto sin esta escasez. Tal vez hubiera debido abrirse ese debate con carácter preventivo para evitar la situación actual, pero no tuvimos esa visión. La evidencia ahora es que para conseguir una cita con el médico o ser atendido hay que competir con una enorme masa de población que antes no estaba aquí. O para obtener una vivienda. O para acceder a una ayuda. No hemos asistido a una llegada gradual de inmigrantes que hubiéramos podido asimilar poco a poco, sino que ha sido una avalancha masiva. El gasto social que impone la inmigración masiva exige un gasto público y un esfuerzo fiscal que la población nativa no puede seguir costeando sin asfixiarse. Casi nadie nos dijo que eso podría tener consecuencias. Casi cualquier cosa que se pudiera decir al respecto estaba prohibida. Toda esa población inmigrante masiva, por otro lado, accede a los servicios y las ayudas sin haber pagado ni cotizado por ellas. Esto es algo más que injusto, es insostenible. Los servicios para 20 no los pueden pagar sólo 10. Si de 20 hay 10 que no han pagado y que no son de aquí a lo mejor tiene sentido hablar de la idea de prioridad nacional, o preguntarse cuántos más podemos aceptar en estas condiciones y a qué ritmo antes de colapsar como sociedad.

Quien no puede indignarse por la situación y por tener que hablar de prioridad nacional es quien ha creado y ha exacerbado esa situación con su negacionismo. No puedes indignarte por las consecuencias de los actos que tú mismo has causado y de los que fuiste advertido. Que prohibieras hablar de lo que iba a pasar no ha impedido que pasara, de hecho lo ha potenciado y facilitado.

Además de faltar vivienda o estar saturados los servicios sanitarios, los gastos sociales están disparados. Hay más de 10 millones de extranjeros en España y apenas 3,5 de ellos están ocupados. No estamos importando trabajadores, o no solamente, de hecho sólo un tercio de la población extranjera que importamos está ocupada. Además esta proporción varía bastante dependiendo del país de origen porque asistimos a un fenómeno extraordinariamente complejo. Lo que no se puede decir sin más es que la inmigración es un fenómeno con sólo consecuencias positivas, que es mejor acoger a 10 millones de inmigrantes que a 1 y mejor a 50 millones que a 10. El problema de la pobreza en el mundo no se puede resolver sólo importando pobres de todo el mundo. Importar pobres, por otro lado, lógicamente empobrece más que enriquece, salvo en circunstancias muy particulares y sólo en ciertas proporciones. Nadie puede pensar que mezclando 1 litro de whisky con 99 de agua salen 100 de whisky. Tampoco hace falta ya ser adivino para ver lo que pasa, nos asomamos a la ventana y lo vemos. No hay una reacción a la inmigración masiva porque todo esta yendo a mucho mejor y la gente no quiere mejorar tanto, sino porque aparecen problemas.

La situación es tan esperpéntica que hasta en las cárceles hay problemas para acoger a los inmigrantes presos, donde en muchos lugares empiezan a ser mayoría. Tenemos que pagar el coste de todos los delincuentes presos nacionales y el de todos los delincuentes presos extranjeros. Es decir, ciertos países nos envían a sus delincuentes sólo con billete de ida, porque después no aceptan su repatriación, cometen aquí delitos que perjudican a los españoles, a veces al punto de costarles la vida, y encima además de librar de delincuentes a sus países de origen después tenemos que mantenerlos a nuestra costa en la cárcel. ¿Quién hace el negocio? ¿Su país de origen o nosotros?

Estamos ante un fenómeno de un calado extraordinario. Un fenómeno que afecta a nuestra economía, a nuestro estado del bienestar, a nuestra seguridad y también a nuestra identidad. Lo anormal sería no debatir el asunto. Lo debatamos o no las cosas están cambiando. ¿Nos gusta la forma en que lo están haciendo? No es tan simple como decir que la inmigración es buena o mala. ¿Qué inmigración? ¿Cuánta inmigración? ¿A qué ritmo? ¿En qué cantidad? Hemos evitado el debate y ahora nos enfrentamos a los problemas sobre los que no quisimos hablar. A lo mejor ha llegado ya la hora de hablar. Xenofobia no es hablar de los problemas de la inmigración, xenofobia será el resultado de no hablar de ellos y de cerrar los ojos a lo que está pasando en el mundo real. 

 https://www.navarraconfidencial.com/noticias/prioridad-nacional-como-concepto/

sábado, 12 de septiembre de 2026

La guerra de Ucrania y el declive de Europa

Europa, en el actual mundo multipolar de geometría variable, ya estaba en declive como cinco años antes de la guerra de Ucrania. Pero esta guerra ha acelerado ese declive hasta niveles que ni el más pesimista de los analistas hubiese podido imaginar hace diez y no digamos quince años.

Las consecuencias de la guerra de Ucrania son y serán mucho mayores de lo que nadie podía haber previsto. Sobre todo para la decadente y desorientada Europa. Los movimientos tectónicos que causará y está causando esta guerra son innegables.

Es un hecho: la guerra de Ucrania ha hundido a Europa. La guerra, y sus pésimos políticos: los peores de toda su historia. Veamos por qué.

 
I. Europa, derrotada

    Europa ha perdido, junto con la OTAN, la guerra de Ucrania. Los miles de millones malgastados en enviar armas a Ucrania no han impedido el dominio de las tropas rusas en una lenta guerra de desgaste en la que Rusia seguirá avanzando. Y gran parte de esos miles de millones enviados a Kiev han acabado en bolsillos de corruptos políticos ucranianos, y muchas de las armas en manos de terroristas en otros lugares del planeta.
    Pudo firmarse una paz en Estambul en 2022 al principio de la guerra, en abril de 2022. Pero, con el beneplácito europeo, Boris Johnson , enviado por Biden, viajó a Kiev para cargarse el acuerdo al que rusos y ucranianos habían llegado en Turquía. Argumentación occidental: “podéis ganar la guerra y os daremos armas y ayuda; no firméis la paz”. Resultado: un millón de muertos ucranianos y rusos en una guerra que nunca debiera haberse producido y que podría haberse parado. Y encima pierden la guerra. Colosal dislate.

 
II. Europa, en clima prebélico

    Pese a haber sido derrotada en la guerra de Ucrania, Europa quiere más guerra. Suenan tambores de guerra en Europa. Los pésimos políticos en Europa nos preparan para ella, con la ayuda de los medios de comunicación sistémicos.
    Francia y Alemania (y Finlandia) se rearman. Y de nuevo implantan el servicio militar. El enemigo, al parecer, es Rusia. Pero: ¿va a invadir Rusia a Francia y Alemania o Finlandia? Nadie con dos dedos de frente puede creerse eso. Ni siquiera tomarán la mitad de Ucrania, ni tampoco se meterán con Polonia o los países bálticos. Pero es la cantinela oficial:” ¡Que vienen los rusos!”, dicen. Hasta ponen fecha: 2029. Gran bobada para engañar a la gente.

¿Qué hay detrás de todo ello? Muy sencillo: que tanto Francia como Alemania son productores de armamento. Interés comercial y económico, pues. Keynesianismo militar. Complejo militar-industrial. En toda guerra el principal factor es casi siempre el económico.

Tambores de guerra en Europa, por lo tanto. Pero, a la vez, Europa derrotada en Ucrania. Un disparate.

    Pero, al margen de Francia y Alemania (y, por supuesto, el Reino Unido) los campeones de la locura antirrusa en Europa son el cuarteto entre Polonia y los tres países bálticos: Estonia, Lituania y Letonia. Ellos sí odian a Rusia. Razones históricas, por supuesto. Rusofobia. Pero son los primeros interesados en arrastrar a Europa a la guerra con Rusia. ¡Mucho cuidado con ellos! Nos quieren llevar a la catástrofe para favorecer sus propias obsesiones furibundamente antirrusas.
    Todo esto, alentado por el tándem más antirruso (¿y antieuropeo?) del mundo: la nefasta von der Leyen y la inaudita Kaja Kallas, comisaria europea de Asuntos Exteriores, que no sabemos si tal vez se han escapado de algún manicomio. Ambas quieren la guerra. Borrell, su antecesor en el cargo, era un incompetente, sí, pero con mil veces más juicio que Kallas, experta en declaraciones ridículas que nadie puede tomar en serio. Con razón no es recibida en la Casa Blanca.
    Nada de extraño, por lo tanto, que la UE con el Reino Unido hayan intentado descarrilar el Plan de Paz de Trump (de momento, un borrador sobre el que empezar a negociar con Rusia) mediante una contrapropuesta ridícula que le exige a Rusia reparaciones de guerra (¡al vencedor de la guerra se le exigen reparaciones!), lo cual no merece la pena ser tomado en serio, pero sí profundiza en el desprestigio de Europa, cuya posición en este asunto ha dejado de ser tenida en cuenta.
    Pero hay una siniestra lógica oculta en los grotescos intentos europeos de hacer descarrilar el plan de Trump (cuya Administración sí entiende de verdad esta guerra) , puesto que, al incluir dicho plan que Rusia se compromete por ley a no atacar a país europeo alguno (y Putin ya ha dicho, para empezar a hablar, que en este punto sí está de acuerdo), los belicistas europeos tipo Macron, Merz, Starmer o von der Leyen quedan en evidencia y sin argumentos para llevarnos a la guerra y con razón condenados a acabar en el basurero de la Historia. No olvidemos, además, que hay halcones en Washington (movidos por el complejo militaro-industrial) y en Moscú (patriotas acérrimos fundamentalistas) contrarios a la paz. No es el mejor momento para que también Europa ponga trabas. Sobre todo si tenemos en cuenta que el hecho de que Rusia vaya ganando esta guerra hace poco atractivo para ella una paz cogida con alfileres: les interesa más la rendición incondicional, aunque sea disfrazada de Tratado de paz. Y ésta es la apuesta del Kremlin. Veremos qué pasa con el plan de Trump. Tal vez quede en papel mojado y la guerra se decida en el campo de batalla. Rusia no se fía porque ya le engañaron dos veces en Minsk I y Minsk II.
    Rearme de Europa. Está claro lo que eso significa. Pero, más que rearme, a Europa lo que le hace falta es una sólida y bien diseñada arquitectura de Seguridad. Y es sabido que ésta sólo se logra mediante el equilibrio de la disuasión con la cooperación y la diplomacia. Pero Europa sigue anclada en una narrativa de hace años que sólo busca la queja y la disuasión mediante el rearme y excluye cualquier cooperación o diplomacia, hasta el punto de que las embajadas de la UE en Moscú tienen instrucciones de limitar los contactos y el diálogo con Rusia. Demencial, pues a la vez quieren estar en las negociaciones. Ofende a la más elemental lógica. Hay que encontrar, en cambio, un equilibrio con Rusia. Y la confrontación nunca trae el equilibrio.
    Añadamos a esto lo siguiente. Se ha dicho que el plan de Trump beneficia sobre todo a Rusia y que ha sido inspirado por el Kremlin. Falso. Es sobre todo a Ucrania a quien beneficia, pues de no aceptarlo seguirán muriendo ucranianos en la trituradora de carne y, una vez que las Fuerzas Armadas de Ucrania colapsen, Rusia podrá tomar Odesa —donde tal vez se firmaría la capitulación—, Sumi, Járkov, e incluso Dniepropetrovsk o Chernígov . El plan de Trump (insistamos: tan sólo un borrador para empezar a hablar) es lo mejor que a Ucrania le puede pasar. Si no lo aceptan, la guerra se decidirá en el campo de batalla con peores resultados para Ucrania.
    Con todo, Europa debería construir una nueva narrativa si quisiera lograr la paz. Anclada en el relato de hace tres años (según el cual Putin invade Ucrania por imperialismo en una guerra no provocada, cuando su objetivo era y es impedir la entrada de Ucrania en la OTAN y que Ucrania no sea para Rusia una amenaza existencial), la cooperación con Rusia es imposible y por lo tanto los intentos occidentales para lograr la paz quedan sólo en manos de EE. UU., que con habilidad han sabido cambiar de perspectiva y enfocar el punto de vista del contrario, porque han visto con claridad que la pretensión de incorporar Ucrania a la OTAN ha salido muy mal. Es así, cambiando de perspectiva, como se logra la paz. Y la UE, movida por Polonia y los bálticos, no lo hace. ¿Guerra europea contra Rusia? Absurdo. Lo que tiene que hacer Europa es defender nuestras fronteras contra la inmigración ilegal, incluso con medios militares.

 
III. Europa, arruinada

    Europa recibía gas y petróleo de Rusia a precios razonables. Era, de hecho, la alianza ideal: Rusia aporta energía y Europa tecnología e inversión. Eso ahora se ha roto, tal vez para varias décadas, puesto que, pase lo que pase, la relación entre Rusia y Europa queda tocada y envenenada. Y sin energía barata viene el declive económico: más inflación, menos crecimiento (Alemania roza la recesión), empresas que cierran, más paro…, declive económico.
    Pero ¿cuál sería el resultado real de multiplicar el gasto militar para favorecer a la industria armamentística? Muy claro: más impuestos y menos gasto social. Y hasta el propio Merz lo ha reconocido. La factura la pagarían los ciudadanos. Vienen malos tiempos para los europeos. Y buenos años (pero Dios no lo quiera) para las empresas de armamento. Indignante.

 
IV. Europa, rota y dividida

    ¿Qué es Europa? Una amalgama de naciones acogidas al Tratado de la Unión. Pero no es un cuerpo homogéneo. Y, en lo que respecta a la ayuda militar y económica a Ucrania, hay grandes diferencias de criterio. Hungría y Eslovaquia (y pronto la República Checa si por fin le dejan formar gobierno a quien ganó las elecciones) van a contracorriente y no sólo se oponen a la ayuda a Ucrania, sino que siguen comprando energía a Rusia. Europa rota, por lo tanto.
    Pero tampoco en Francia, Alemania o el Reino Unido hay unanimidad sobre el rearme de Europa. La oposición no está de acuerdo. Y la gente tampoco está de acuerdo con lo que deciden esas clases rectoras. Ni la oposición en Francia suscribe esa doctrina, ni menos aún la oposición de la AfD en Alemania, que además ganará las siguientes elecciones nacionales tras el fracaso del nefasto Merz. Europa dividida, pues. Lo cual es lógico, pues nunca hay unanimidad en la locura.

 
V. Europa, arrinconada y aislada

    El mundo eurocéntrico que Europa dominó desde el siglo XV ya es cosa del pasado. El actual es un mundo multipolar de geometría variable, con China y la India como potencias emergentes y los BRICS en franca expansión, y en el que Europa cada vez cuenta menos.
    El viejo orden mundial ya no existe, pero el nuevo aún no ha surgido. Veremos cambios que no se han visto en siglos. Y Europa ha de levantar acta de que ya no es el centro del mundo, cuyo eje desde hace años viene desplazándose hacia el Este, donde organizaciones internacionales como la ASEAN, la CEI o la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái) cada vez cobran más fuerza
    Europa no puede ni debe aislarse de los grandes cambios geopolíticos que anticipan el nuevo orden mundial que aún no ha surgido. En este sentido conviene recordar que en la última Conferencia de Seguridad Euroasiática en Minsk en octubre de 2025 sólo fuimos siete representantes europeos, y además (salvo Hungría) sin respaldo de nuestras embajadas. Lástima, porque surgieron propuestas interesantes, como la planteada por Belarús para firmar en el continente euroasiático una “Carta Euroasiatica por la Multipolaridad y Diversidad” que, visto lo visto, no parece interesar demasiado a la UE, anclada en una retórica trasnochada y en una política de bloques.

 
VI. Europa, deslegitimada

La insensata propuesta de la UE de confiscar los fondos soberanos rusos depositados en Europa, más de 183.000 millones de euros, para dárselos a Ucrania (y que acaben en los bolsillos de políticos corruptos) es más propia de una república bananera que de toda una U.E. ¿Dónde está la seguridad jurídica? ¿Dónde está el Estado de derecho? Con razón, Bélgica, país donde la mayoría de esos fondos están depositados, se niega a semejante robo, pues teme las consecuencias legales y financieras de semejante disparate contra el derecho internacional, que sólo sufriría Bélgica. La UE ha demostrado ser incapaz de dar lecciones en materia de fiabilidad y de seguridad jurídica.

 
VII. Europa, desinformada y manipulada

    Conocido es desde siempre el viejo dicho según el cual en toda guerra la primera víctima es la verdad. Y haya guerra o no, el público europeo siempre ha estado desinformado en mayor o menor medida. Pero con esta guerra la desinformación y las mentiras sistémicas y sistemáticas y las narrativas engañosas han alcanzado niveles nunca vistos anteriormente. Casi todo lo que transmiten los medios es mentira. ¿Vuelan los gasoductos? La prensa escribió que había sido Rusia, cuando luego se demostró que fue Ucrania. Y lo mismo con la voladura de la presa del Dniéper. O los drones y globos fantasma. Y podríamos seguir con mil ejemplos de titulares tergiversados, artículos de opinión pagados, informaciones falsas y propaganda para crear un estado de opinión favorable a la entrada de Europa en la guerra. Vergonzoso
    Se está ejerciendo la propaganda del miedo. Miedo a Rusia para atemorizar a la población para poder manejarla y que acepte pagar la factura de la guerra. Hay un precedente de esto: lo sucedido con el COVID. Se atemorizó a la población para controlarla mediante medidas absurdas e ineficaces como el arresto domiciliario y la obligación de llevar bozal, por no hablar de las vacunas. Y la propaganda triunfó. Lo mismo que ahora se quiere hacer creando un clima prebélico.
    De hecho, ya no vale la pena seguir los medios europeos para hacerse una idea de lo que está sucediendo en Ucrania. Mucho mejor información se encuentra en la prensa o los medios asiáticos, e incluso en medios norteamericanos encontramos análisis más fidedignos y objetivos, y sobre todo un debate más claro que el europeo, en el que toda disidencia de la verdad oficial se ve inquisitorialmente aplastada o silenciada. Malos vientos soplan en Europa para la libertad de expresión. La verdad se ha convertido en mercancía escasísima. Toda disidencia es “propaganda rusa”. Con razón muchos ya no hablan de la EU, sino de la EURRS.

 
VIII. Europa, muy culpable

Y llegamos, por fin, al punto clave. No sólo EE. UU., sino también Europa es culpable del inicio de la guerra en Ucrania. Es importante hacer memoria de cómo empieza la guerra: con el golpe de Estado del Maidán de 2013-2014, que lleva en 2014 a una guerra civil en la que Rusia interviene a gran escala en 2022. ¿Maidán, he dicho? Euromaidan, en realidad, y así se suele llamar en las universidades y prensa escrita a lo que los medios europeos nos presentaron como “revolución”.

¿Qué pasó en realidad? Es sabido que EE. UU. (y Soros) llevaban años preparando la caída de Yanukovich a través de su embajada, de la USAID, con fundaciones y más medios. Pero hay que recordar el pretexto por el que se activan de modo planificado las protestas en las calles, que fue la chispa que hizo detonar como golpe de Estado (con unos 90 muertos) los elementos que ya estaban allí. ¿Y por qué surgen esas protestas, alentadas por los USA, la UE y varios oligarcas ucranianos? Por la negativa del Gobierno de Ucrania a firmar un acuerdo de Asociación con la UE que llevaba años preparándose. Portazo ucraniano, por lo tanto, al acuerdo que iba a firmarse pocos días después en Vilnius.

Conozco bien esa historia porque en 2013 yo era asesor del gobierno ucraniano y seguí desde Kiev el proceso y vi las manifestaciones. Y la verdad es ésta: Ucrania se negó a firmar porque el Acuerdo de Asociación perjudicaba a Ucrania. Era imposible aplicar las directivas y exigencias que la UE exigía, y además cada país fue a lo suyo, especialmente Francia y Alemania, pero también el Reino Unido, que trató de que el proceso descarrilara desde el principio. España fue mucho más limpia y apoyó a Ucrania en todo momento.

No se firmó el acuerdo en 2013 y desde aquel punto de partida en Kiev hemos llegado a la actual guerra, con aproximadamente un millón de muertos. Culpable: la UE, además de EE. UU. e intrigantes como Soros y los nefastos oligarcas ucranianos. La UE quería demasiado con el Acuerdo de Asociación. Pero la codicia rompe el saco. Y detrás de toda guerra hay, siempre, insistamos, una causa o un trasfondo económico.

 
Conclusión

El mundo ha cambiado mucho en los últimos quince años. Mientras que la hegemonía de los USA va perdiendo fuerza, Europa, esa península del continente euroasiático que ya no es el centro del mundo, ha entrado en un preocupante declive económico y político. Y la guerra de Ucrania ha acelerado ese declive hasta niveles que no hubiesen podido imaginarse hace años. Ruina económica. Belicismo. Desinformación y censura. Decadencia.

Despreciada y ninguneada tanto por Rusia como por EE. UU., el fracaso de Europa en la guerra de Ucrania generará una profunda reflexión de la que tal vez salgan importantes cambios en la arquitectura europea de Seguridad y en la propia estructura de la UE y también, sin duda, en la relación con los USA, ahora muy deteriorada. Muchos líderes europeos —los peores políticos de su historia— acabarán cayendo, empezando por Starmer y Macron. Crecerán los partidos euroescépticos y soberanistas.

Europa, nuestra querida Europa, no merece seguir en decadencia. Necesita un giro de 180 grados. ¿Lo veremos? Ojalá.

 

Luis Fraga, senador en España durante 21 años (1989-2011). Asesor (2013-2014) del Gobierno de Ucrania, y destacado miembro —principal cabeza visible— del Consejo de Dirección del “Instituto para la Paz” en Kiev (2016-2023) hasta su reciente ilegalización. Fundador (2011) del grupo parlamentario informal de amistad entre Ucrania y España. Patrocinador (2022) del primer libro bilingüe en español y ucraniano sobre poesía y pintura ucranianas.

  

 https://elmanifiesto.com/la-guerra-de-ucrania-y-el-declive-de-europa/

Bendita la luz, de Manà