El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

jueves, 30 de noviembre de 2023

Los profetas del ecoapocalipsis por Carlos Estéban

Ahora que el anuncio del apocalipsis se ha convertido en recurrente política de Estado de quienes quieren destruir los Estados, es un buen momento de recordar a una precursora injustamente olvidada, Nongqawuse.

Un día de primavera de 1856, Nongqawuse, una adolescente huérfana xhosa (el mismo pueblo al que pertenecía Nelson Mandela), volvió del río y le dijo a su tío que se le habían aparecido los espíritus de sus ancestros para darle instrucciones bastante precisas al pueblo.

Bajo el dominio británico, los xhosa, el mayor pueblo de la región, vivían tiempos oscuros. No eran dueños de su destino, sino que malvivían como ganaderos y agricultores, expuestos a epidemias humanas o del ganado y a malas cosechas, por no hablar de la humillación, dolorosa para un pueblo orgulloso, de vivir bajo el yugo extranjero en su propia tierra.

Pero esa deplorable situación estaba a punto de revertirse de modo sobrenatural, al decir de Nongqawuse, si el pueblo, todo el pueblo, seguía fielmente las instrucciones que le habían transmitido los espíritus. Y las instrucciones eran estas: todos los xhosa debían destruir las cosechas y matar al ganado como sacrificio a los antepasados, que volverían del País de los Muertos con todos los grandes guerreros difuntos para arrojar a los blancos al mar y traer a los xhosa una Edad de Oro.

La tensión con los británicos estaba en su punto más elevado, las cosechas eran escasas y el ganado sufría continuas epidemias, así que lo que ofrecía la profecía de Nongqawuse sonaba bien y, desde luego, era más fácil que cualquier alternativa. Así que la profecía pasó de la niña a su tío, que convenció al jefe tribal, Sarili ka Hintsa, que empezó dando ejemplo al quemar sus propias cosechas y sacrificar sus propias reses.

Pronto se extendió la profecía por todo el lugar y en seguida estaban casi todos quemando sus cosechas y matando sus cabezas de ganado como locos, literalmente. Se calcula que de los 70.000 xhosa que vivían entonces en la colonia de El Cabo, sólo un 15% se negó a seguir las instrucciones de la profecía, y sufrieron una enorme presión por parte de la mayoría, que les calificaba de «apestosos» y les acosaba para que fueran «solidarios». Nongqawuse seguía recibiendo visiones y conminando a la destrucción, anunciando finalmente la fecha del comienzo de la Edad de Oro.

La fecha llegó y pasó sin que ocurriera nada. Se cambió la fecha —otro rasgo que se repite en estas lides— pero tampoco hubo nada entonces, ni el sol se volvía rojo ni llegaban los muertos con magníficas reses y cereal en abundancia. Y ya no quedaba grano ni carne para comer.

Más de la mitad, 40.000, murieron de hambre, y el resto se vio obligado a renunciar a sus tierras para ir a trabajar como jornaleros en régimen de semiesclavitud para los blancos. Nongqawuse, antes de que estallara la tragedia y viéndola venir, se había refugiado con los británicos.

A nadie se le escapa que los mandatos de cuatro años propios de las democracias de partidos son un incentivo para un cortoplacismo suicida, basado en el principio de que el que venga detrás, que arree, y que llevamos décadas viviendo de empeñar las joyas de la abuela, es decir, de lo producido por generaciones anteriores. Pero nunca hasta nuestros días se habían dado desde arriba instrucciones para que destruyamos riqueza con la promesa de unas profecías cada vez más cuestionadas.

Está todo aquí, pero en una escala nunca vista, con un poder nunca imaginado. Incluyendo la adaptación de las fechas proféticas, más que nada porque las únicas profecías concretas ya caducadas se han incumplido de manera absoluta. Los niños siguen conociendo la nieve, y el Polo Norte sigue ahí, obstinado en no deshelarse y en frustrar el Paso del Norte a los rusos. La población de osos polares aumenta, las Maldivas construyen nuevos aeropuertos a pocos palmos sobre el nivel del mar y los multibillonarios profetas de la ecocatástrofe se hacen construir mansiones a pie de playa como si sí hubiese mañana.

Quizá sea que todo esto no va con ellos, que tenga razón Yolanda Díaz y estén sacando brillo a sus cohetes para salir del planeta. Pero no es probable.

Lo seguro es que la nueva Nongqawuse está dispuesta a imponer sus profecías por las bravas, y nos manda matar nuestro ganado y acabar —literalmente— con nuestras cosechas. Para ser felices sin tener nada, se entiende.

Aunque no todos. El planeta puede soportar una carga humana muchas veces mayor que la actual, pero con tecnología y energías baratas. Las hambrunas han sido una constante de la humanidad, y hemos acabado prácticamente con ellas gracias a los avances en métodos de cultivo y fertilizantes. Si se aplican al planeta medidas drásticas como las aplicadas en Holanda, la consecuencia es la muerte por inanición de miles de millones. Según fuente tan poco sospechosa de ignorancia como es Patrick Moore, cofundador de Greenpeace, la política de Net Zero —eliminar por completo la huella de carbono de la humanidad— mataría aproximadamente a la mitad de la humanidad.

El coste de las medidas para evitar el presunto apocalipsis suben por día. Hace unos años, la estimación era de 98 billones de dólares. Ahora son 131 billones de dólares. En unos años serán 200 billones de dólares.

Moore recuerda algunas obviedades —«verdades incómodas» podría llamarlas Al Gore—, como que en un pasado no muy lejano las temperaturas medias eran considerablemente más altas a las de hoy, y las consecuencias no fueron ni mucho menos negativas, o como que hay cero pruebas de que las emisiones de CO2 derivadas de la actividad humana lleven a un calentamiento global.

Pero esto es fe, no ciencia. Y, sobre todo, no parece afectar a los mismos que predican y financian la mala nueva. Porque el castigo lo sufriremos nosotros, la plebe, no ellos.

En el Antiguo Régimen había una curiosa figura llamada «el niño de los azotes». Los reyes debían dar a sus vástagos y herederos una excelente educación que no podían aplicar personalmente, ocupados como estaban con sus cosas. Así que a los regios infantes les educaban preceptores y nurses en un tiempo en que la letra entraba con sangre. Pero había un problema: si el infante se hacía merecedor de un buen azote, ¿qué hacer? Un súbdito no podía osar plantar la mano en las reales posaderas. Así que, cuando el augusto niño hacía una gamberrada o no estudiaba, se aplicaba el castigo merecido sobre las nalgas de un niño pobre contratado a tal efecto, el «niño de los azotes».

Y eso somos para la élite política y financiera, una miríada de «niños de los azotes». Ellos pueden seguir volando en sus jets privados, pero usted tiene que renunciar a su Dacia.

Recientemente, el Vaticano hizo una pública una nota en la que anunciaba alborozado que el inminente Sínodo de la Sinodalidad que se celebrará en Roma ha decidido compensar ecológicamente sus emisiones de CO2. Reza la nota que «la Secretaría General del Sínodo pretende contribuir a la protección de la creación mediante una forma de compensación de las emisiones residuales de CO2 producidas por la próxima XVI Asamblea General de el Sínodo de los Obispos».

Las compensaciones para el CO2 sinodal se harán a través de un proyecto llevado a cabo en Nigeria y Kenia que tiene como objetivo difundir cocinas eficientes y tecnologías de purificación de agua para familias, comunidades e instituciones. Que compensen ellos.

 

 https://ideas.gaceta.es/la-maldicion-de-nongqawuse-y-los-profetas-del-ecoapocalipsis/

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Más vale lo malo conocido

 Que lo bueno por conocer. Tal vez por eso la gente se conforma con ver los canales nacionales y quedarse con las versiones oficiales de cada tema. Esa docilidad que yo no comparto ni entiendo, hace que últimamente cada vez esté peor visto salirse del carril, ir a contracorriente, decir otra versión de la historia, o simplemente recordar lo que tú mismo has vivido hace años.

Lo más raro es que muchos no tienen inconveniente en negar sus propias historias para abrazar los postulados actuales como nuevos creyentes de la modernidad. Comprendo que se pueda cambiar de opinión sobre un tema, pero no que se pueda dar la vuelta a tu vida como una tortilla, decidir que lo malo es bueno y viceversa en apenas veinte años. Es que no tienen memoria.

Más sobre Gaza: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-gaza-deportacion-o-exterminio-16-11-23

martes, 28 de noviembre de 2023

Las nuevas censuras

 Francia atraviesa una situación política inquietante: su clase política prepara para el próximo enero una proposición de ley destinada a "eliminar el escepticismo climático" en los medios de comunicación, según adelanta 'Le Figaro'. Los principales partidos del país están implicados, excepto Reagrupación Nacional, la formación dirigida por Marine Le Pen. El objetivo de este proyecto de ley es prohibir en el debate público cualquier cuestionamiento del cambio climático, así como de su causa antropogénica", todo ello "en nombre de la ciencia o, más precisamente, del 'consenso científico'. Por tanto, se trata de estructurar el debate público de tal manera que ya no esté permitido cuestionar esta afirmación fundamental", explica el diario conservador.

Tampoco nos pilla por sorpresa: la popularidad de términos como 'wokismo', 'cultura de la cancelación' y el creciente uso de la etiqueta 'negacionista' como insulto confirman que vivimos un momento histórico donde el silenciamiento de otros conlleva cierto prestigio social. ¿Cómo es posible que esta corriente censora crezca en el continente más tolerante del mundo y lo haga además desde sus élites ilustradas? La iniciativa llega después de la publicación de un manifiesto donde más de 1.600 académicos niegan la emergencia climática, sin cuestionar los datos, pero sí el relato dominante en los grandes medios y la clase política.

Estamos ante un debate candente, como explica Ian Buruma, exdirector de la 'New York Review of Books', en el artículo de portada de la revista 'Letras Libres': la actual ola de puritanismo, similar a otras que se vienen produciendo desde el siglo XVII, "no es ya el coto de pobladores rurales reunidos para rezar bajo toldos improvisados, sino de sofisticados urbanitas con educación. Desde bancos y corporaciones globales hasta fundaciones culturalmente prestigiosas, museos y organizaciones de salud, periódicos de calidad y revistas literarias", destaca Buruma. "Se ha vuelto casi obligatorio, por ejemplo para las compañías de la lista Fortune 500, publicar una declaración de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) que jura obedecer los valores correctos, independientemente de cuán divorciados estén esos valores de lo que hace la compañía", denuncia.
Censura y clasismo

"Como no digo a todo que sí, me llaman negacionista', rezaba el pasado 10 de septiembre una viñeta de El Roto, referente de la izquierda española durante décadas. Hoy el término 'negacionista' se usa de manera cada vez más amplia y se aplica con ánimo cancelador a quienes disienten de las leyes contra la violencia de género o no asumen las categorías de la teoría 'queer'. La escritora Lucía Etxebarría fue demandada esta semana -11.000 euros- por afirmar que un excargo del PSOE, Marcos Ventura Armas, era un hombre en vez de una mujer trans. La foto a la que se refería Etxebarría es poco ambigua: un señor con barba y sin ningún atuendo o atributo femenino. Recordemos también el caso de la cajera de un supermercado de Málaga demandada este verano por llamar "caballero" a una mujer trans a la que no había sabido distinguir de un hombre.

Las causas de este nueva fiebre son diversas. Por un lado, la influencia de la cultura protestante, muy dada a las confesiones públicas y poco propensa al perdón. También pesa la creciente impotencia de la izquierda, que ha perdido la capacidad de articular grandes cambios sociales, debido al hundimiento de sus partidos de masas y sindicatos de clase. Su influencia en el mundo del trabajo ha ido decayendo, al tiempo que el poder del Estado decrecía -desde los años ochenta- en favor del sector privado. Por eso hoy el progresismo se entrega a una especie de inquisición moral, alimentada por la velocidad y voracidad de las redes sociales.


En el largo artículo de Buruma se usa una expresión muy elocuente: lucha de clases equivocada. Esto ocurre "cuando a los europeos críticos con la UE se les desestima como 'xenófobos'. O cuando se llama 'racistas' a quienes se quejan de no sentirse como en casa en sus viejos barrios. En algunos casos, o tal vez incluso en muchos, esas etiquetas pueden ser apropiadas. Pero las pretensiones de superioridad moral tienen un fuerte aire de hipocresía cuando aquellos que se benefician de un orden político particular pretenden también tener autoridad moral y denuncian a sus críticos como pecadores perversos. Peor que esto: el moralismo de la política cultural y la insistencia obsesiva en la raza, el sexo y el género entierran a menudo el problema fundamental de nuestro tiempo: la peligrosa distancia entre ricos y pobres", lamenta Buruma.

    ¿Sabes cuál es mi problema con los marxistas estadounidenses? Todos son niños ricos blancos que te sermonean

Resulta revelador que la izquierda hable tan poco sobre clases sociales en una época en la que se han disparado los precios del acceso a las universidades y en la que los apellidos de las élites progresistas se repiten cada vez más en los centros de poder, creando una especie de aristocracia política. De todas las discriminaciones existentes (racismo, machismo, colonialismo…) parece que la única que no merece atención sea el clasismo. El politólogo Mark Lilla explicó hace unos años una experiencia universitaria que ayuda a comprender estos procesos: su madre era enfermera, mientras que su padre trabajaba en la cadena de montaje de General Motors. En 1974, con mucho esfuerzo y una beca, consiguió acceder a la universidad de Michigan. "De pronto, los hijos de ejecutivos de Ford empezaron a sermonearme sobre la naturaleza de la clase trabajadora", recuerda. Un reproche idéntico exponía el escritor punk Jim Goad, autor del 'Manifiesto redneck': "Es difícil no interesarse por la lucha de clases cuando vienes de un entorno obrero y ves que otros niños del colegio lucen los correctores bucales que tu familia no se puede permitir. ¿Sabes cuál es mi problema con los marxistas estadounidenses? Todos los que me he encontrado son niños ricos blancos que te sermonean sobre cómo deberías sentirte por pertenecer a la clase trabajadora", compartía.

Vivimos un momento donde prácticamente no existe el negacionismo en el debate público. Los medios de comunicación progresistas acusan de esta postura a Vox, al trumpismo o a Andrjez Duda, presidente de Polonia, pero la actitud mayoritaria de estos agentes políticos no es negar los datos, sino defender una "transición justa", donde el reparto de los costes no recaiga en los sectores o países más pobres, ni se limite a someterse a la Agenda 2030. El Gobierno polaco anunció el pasado agosto su intención de presentar impugnaciones contra dos leyes ambientales de la Unión Europea: el Mecanismo de Ajuste Fronterizo de Carbono (CBAM) y el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS). ¿Está Francia tratando de ganar un conflicto político por intimidación en vez de usando el debate y la negociación?

De aprobarse la ley francesa, tendremos una polémica con ecos del gran escándalo académico de 1979, cuando el profesor de literatura Robert Faurisson remitió dos cartas a 'Le Monde' afirmando que las cámaras de gas nunca existieron. Más tarde publicó sus tesis en forma de ensayo, colocando como prólogo un texto de Noam Chomsky titulado "Comentarios elementales sobre la libertad de expresión", sin pedir permiso al autor. Faurisson fue condenado a tres meses de prisión, que luego fueron suspendidos, y unos tres mil euros de multa. La actitud de Chomsky fue defender el derecho del profesor a publicar sus textos negacionistas: "Es elemental que la libertad de expresión (incluyendo la libertad académica) no puede ser restringida a los puntos de vista que uno aprueba, y es precisamente en el caso de puntos de vista que son casi universalmente descartados o condenados que este derecho debe ser defendido con mayor fuerza", argumentó Chomsky. ¿Tendremos que insistir en algo tan obvio dentro de tres meses?

    Cambio climático Censura Progresistas

https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/nuevas-censuras-lucha-clases-equivocadas.html

lunes, 27 de noviembre de 2023

Ecologismo ecolojeta

 

La industria de la mal llamada "emergencia climática" –que eso sí es un negocio global– ha decretado que hay que perseguir al turismo en su descabellado programa político para "salvar" el planeta de la inexistente, o al menos exageradísima, amenaza del calentamiento global.

Tiene toda la lógica, dentro de la lógica política con la que funciona este movimiento: el turismo no sólo contribuye de forma capital a la economía mundial, crea empleos de calidad en todo el mundo y permite el desarrollo de zonas que sin él no tienen otra opción para salir de la pobreza; además contribuye quizá como ninguna otra actividad económica al enriquecimiento cultural, a establecer lazos entre personas de países o incluso continentes diferentes y nos enseña que al otro lado de las fronteras y los océanos hay personas como nosotros. Todo eso es insoportable para una izquierda que por mucho que se presente a sí misma como benefactora de la humanidad, lo único que pretende es crear divisiones, grupos de "ellos" y "nosotros" en los que pueda prender su ideología del odio.

Lo más lamentable es quizá que el propio sector turístico se ha creído la propaganda izquierdista y en su promoción hay una obsesión por lo "sostenible" que lógicamente el público entiende como una admisión de culpa, algo que está completamente fuera de lugar y que sólo logra convertir al viaje en una actividad sospechosa.

Porque además, mezclando todo lo anterior con el inconmensurable e insoportable clasismo de esta izquierda ecologeta, el principal objetivo de la persecución climática es el turismo de masas, la democratización de los viajes que en las últimas décadas ha permitido a miles de millones de personas conocer mundo, ampliar sus horizontes y disfrutar de las experiencias tan enriquecedoras con las que nos encontramos al viajar.

Es en ese caldo de cultivo en el que hay que entender hechos tan lamentables como la agresión que ha sufrido el CEO de la aerolínea irlandesa Ryanair, Michael O'Leary, atacado este miércoles por dos delincuentes a las que la propaganda climática les ha dado una justificación para sus ansias de salvajismo.
Dos energúmenas atacan con tartas al consejero delegado de RyanairLD / Agencias

Una agresión que llega sólo unos días después de que el ministro francés de transportes reclame acabar con los vuelos baratos imponiendo una tasa. Hay que ser un miserable para atacar la forma en la que viaja la clase media y media baja y no de decir nada sobre los jets privados en los que miles de caraduras van a las cumbres climáticas.
Primero los coches y ahora los aviones: Francia quiere prohibir los vuelos baratosLibre Mercado

Dirán ustedes que no son comparables las emisiones totales de los jets privados y de los vuelos low cost, pero es que el volumen de emisiones no es el problema, aunque se nos venda lo contrario: la realidad es que toda la aviación mundial produce menos del 2,5% del CO2 que se emite y las low cost suponen un 38% del total del tráfico comercial. Dicho de otra forma: esta persecución política se hace contra los responsables de menos del 1% del CO2 que se emite a la atmósfera.
Del autor

   
Pero los datos son lo de menos en la histeria climática y esta es una buena oportunidad para poner trabas al turismo de los menos favorecidos, que luego cuando los ricos viajan en sus jets privados se encuentran los destinos llenos de gente. Esta es la verdad del ecologismo climático: una izquierda asquerosamente elitista que está tratando de volver al siglo XIX en materia turística para que sólo ellos tengan el privilegio de viajar y, encima, intentan que nos creamos que lo hacen por nuestro bien. ¡Vaya una colección de canallas!
- Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/opinion/2023-09-07/editorial-elitismo-ecologeta-contra-las-low-cost-7047122/

domingo, 26 de noviembre de 2023

1000 palestinos muertos

 La catástrofe se cierne a estas horas sobre la Franja de Gaza sin electricidad ni suministro de agua, mientras se intensifican los bombardeos y continúan los preparativos para la operación terrestre del ejército israelí. Al menos 8.000 palestinos han muerto en los ataques aéreos que Israel ha lanzado desde el 7 de octubre en represalia por las acometidas de Hamás, que se cobraron la vida 1.400 israelíes.

Las cifras de muertos y heridos superan el balance de víctimas mortales palestinas del conflicto entre Hamás e Israel de 2014, que duró seis semanas. Entonces la operación apodada Margen Protector, que se extendió entre julio y agosto de 2014, dejó 2.310 muertos -el 70 por ciento civiles- y 10.626 heridos. Fue uno de los capítulos más sangrientos del conflicto palestino-israelí, que cumple ya 75 años.

Un territorio bajo asedio

La Franja de Gaza es un territorio de 41 kilómetros de largo y 10 kilómetros de ancho emplazado entre Israel, Egipto y el mar Mediterráneo. Hamás se hizo con el control de Gaza en 2007 tras derrotar a su partido político rival, Al Fatah, en las elecciones de 2006.

En su territorio, sin conexión terrestre con Cisjordania, habitan unas 2,3 millones de personas. Es uno de los trozos más densamente poblados del planeta. Desde la llegada de Hamás al poder, Egipto e Israel han cerrado sus fronteras restringiendo la entrada y salida de bienes y personas al territorio. Israel controla el espacio aéreo sobre Gaza y su costa. Su población depende de la ayuda humanitaria que llega a través de Qatar, la Autoridad Palestina y las agencias de la ONU.

La franja y sus cinco distritos

La asediada Franja de Gaza está formada por cinco distritos: Gaza Norte, Ciudad de Gaza, Deir el-Balah, Jan Yunis y Rafah. El ejército israelí ha instado a la población que reside en el norte de Gaza que se traslade al sur. En total, 1,1 millones de personas que han emprendido una agónica huida a pie, en coches o animales hacia el sur de un territorio superpoblado y plagado de campos de refugiados, recordatorio de otros traumáticos éxodos.

El norte de Gaza se extiende a lo largo de 10 kilómetros. En su perímetro se encuentra el único paso fronterizo con Israel a través de Beit Hanoon, también conocido como paso de Erez. Esta zona, una de las afectadas por el ultimátum israelí, alberga el campo de refugiados de Jabalia, el mayor de la franja.

La ciudad de Gaza es capital de la Franja, con más de 750.000 residentes. Rimal, Shujaiya y Tel al Hawa son algunos de sus barrios más conocidos y algunos lugares más afectados por unos ataques aéreos que carcomen su callejero.

Deir el Balah es la ceta de Gaza, la zona dedicada a la producción agrícola que alimenta un territorio bajo severas restricciones. En sus confines hay cuatro campos de refugiados: Nuseirat, al Bureij, al Maghazi y Deir el Balah.

En Jan Yunis viven unas 430.000 personas. Alrededor de 90.000 de ellas residen en el campamento de refugiados homónimo.

Rafah es el distrito más meridional de Gaza, con una población de unos 275.000 habitantes. Rafah es también el nombre del paso fronterizo con Egipto en el que esperan cientos de personas, extranjeros y palestinos con doble nacionalidad.

https://www.elindependiente.com/internacional/2023/10/16/2-808-palestinos-muertos-la-guerra-de-gaza-en-mapas-y-cifras/


sábado, 25 de noviembre de 2023

Unos cardan la lana y otros se llevan la fama

 La vida es así. Hay personas que consiguen fácilmente sus metas y otros que mueren intentándolo. Yo llevo diecisiete años escribiendo sin pena ni gloria. Claro está que escribir nunca fue mi objetivo, sino un desahogo.  Realmente es algo que no puedo evitar hacer porque lo necesito, pero no sé con qué finalidad.

Qué sentido tiene escribir si te va a leer poca gente?. Merece la pena tantas horas dedicadas a escribir para nadie en particular?. Claro, que si te pones a pensar, para qué limpiamos si se va a volver a ensuciar. Todo acaba. Siempre hay quien trabaja más y quien se lleva el mérito.  Pero no podemos hacer nada por evitarlo.

Sobre la persecución a los cristianos: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-360-millones-de-cristianos-perseguidos-21-11-23

viernes, 24 de noviembre de 2023

Víctimas del terrorismo y pobres

 Josefina* fue una de entre los 2.000 heridos en la cadena de atentados del 11 de marzo de 2004. Sobrevivió, pero las heridas le dejaron graves secuelas que arrastrará de por vida. La explosión no fue más que el punto de partida de una tragedia silenciosa, que se vive entre las cuatro paredes de su casa; la que comparte con su pareja y un menor a su cargo. Un hogar en el que llegar a fin de mes se ha convertido en una heroicidad. Las secuelas le han impedido volver a trabajar y, desde entonces, resulta complicado encajar las cuentas. Ya sea para pagar las facturas o para comprar comida con la que llenar el plato a diario.

Es quizá una de las heridas menos visibles del terrorismo, que en España ha sido protagonista desde hace más de medio siglo. Primero, con ETA como indiscutible protagonista. Después con los golpes asestados por células yihadistas. Tras de sí han dejado un largo historial de sangre, con más de mil asesinatos, además de secuestros, extorsiones y heridos.

El libro Heridos y olvidados, de los investigadores María Jiménez y Javier Marrodán, cifra en 4.800 el número de personas que han sufrido lesiones a consecuencia de los atentados en España. Algunos de ellos pudieron recuperarse de las mismas -al menos, en el plano físico-; otros muchos aún lastran las secuelas de los zarpazos terroristas.


El proceso de control

“El proceso de entrega de estas tarjetas es muy riguroso”, afirma Sara García, la gerente de la AVT. Las víctimas presentan la documentación que acredita su situación de vulnerabilidad. Reciben, además, una valoración y asistencia de un trabajador social, que igualmente certifica las dificultades para acceder a un trabajo digno o a una fuente de ingresos estable. La junta directiva de la asociación estudia toda esa documentación para aprobar la ayuda de la ‘tarjeta-alimentación’.

Todo el proceso está sometido a una auditoría exhaustiva. Por un lado, la AVT presenta informes ante sus empresas asociadas y ante la Administración, donde detalla las razones por las que se han adjudicado las ayudas a las víctimas. Y, por otro, estas envían a la asociación los justificantes de las compras para acreditar el fin al que han destinado los fondos.

La AVT, además, concede ayudas destinadas a pagar algunas de las necesidades más apremiantes de las víctimas: facturas de electricidad o agua, entre otros gastos corrientes. Este programa, unido al de las tarjetas de alimentación, está destinado a los casos más vulnerables. “Es gente que no tiene o que no llega -incide Sara García-. Se trata de ayudas temporales, hasta que esas personas consiguen salir de esa situación de vulnerabilidad”.

Acompañamiento a las víctimas

El objetivo del departamento psicosocial de la AVT es acompañar a las víctimas en las diferentes facetas de su vida. Más allá de estos casos de vulnerabilidad extrema, también hay personas que requieren de apoyo psicológico o de asesoramiento técnico. En algunos casos para lograr pensiones de invalidez; en otros, para acceder a las ayudas que la Administración destina a las víctimas del terrorismo.

La asociación, igualmente, cuenta con convenios de colaboración con empresas del sector privado para facilitar la reincorporación al mundo laboral de las personas que arrastran las secuelas -visibles o invisibles- del atentado. También con un programa de acompañamiento, con personal específicamente formado para atender las circunstancias de una víctima.

El último año la AVT concedió 164 ayudas a gente en situación de vulnerabilidad económica. Personas a las que, como Josefina, el atentado arrastró a una situación de urgencia inmediata. Son las colas del hambre de las víctimas; quizá la secuela menos visible del terrorismo.

*El nombre de Josefina es ficticio para salvaguardar la verdadera identidad de la víctima protagonista del artículo.

https://www.vozpopuli.com/espana/colas-hambre-victimas-terrorismo.html

jueves, 23 de noviembre de 2023

Las contradicciones veganas

Las contradicciones veganas: masacre de especies, la paradoja de la quinoa, el daño a la biota...

Un hombre junto a una vaca en el pasto verde.
¿Cuántos animales tienen que morir para suplir con proteína vegetal la proteína que aporta una vaca? Hay estudios que lo han calculado esta paradoja. Foto (contextual): Azin Javadzadeh / Unsplash.

No es solo la biología la que dice que también necesitamos comer carne. Es el propio crudo recuento de víctimas el que lo confirma: si la humanidad se alimentara exclusivamente de productos de la tierra, a nuestros amigos los animales les iría peor que nunca.

Lo explica Rodolfo Casadei en el número de septiembre de Tempi:

Para suscitar en un vegano alguna duda sobre lo acertado del estilo de vida que ha elegido, no tiene más que ponerse delante de un espejo, abrir con los dedos sus labios y mirarse los dientes caninos: ni demasiado desarrollados, como en el caso de los carnívoros, ni poco desarrollados o ausentes, como en el caso de los herbívoros. Son la prueba biológica de que el homo sapiens es un animal omnívoro, que come tanto vegetales como carne, como casi todos los primates, el orden zoológico al que está adscrito.

Porque los monos no solo comen plátanos, como algunos imaginan. Los chimpancés, los simios más parecidos a los humanos, son los primates que más placer encuentran en comer carne: depredan 45 especies diferentes de animales. Los babuinos y los monos capuchinos se alimentan de una gran variedad de carnes. Los babuinos son omnívoros y se alimentan de más de 21 especies de mamíferos. Suelen comer pescado, huevos, serpientes, liebres, antílopes, ovejas y cabras.

Los hábitos carnívoros de chimpancés y babuinos, que incluyen devorar crías de antílope o de gacela vivas (minuto 3:07).

Los veganos creen responder evocando la figura del gorila, el más robusto de los primates con sus 200 kilos de peso en la edad adulta, resultado de una dieta que presentan como estrictamente vegetariana. Pero aparte de que para imitar al gorila un ser humano tendría que ingerir al menos 14 kilos de fruta y verdura al día (los gorilas consumen entre 18 y 30 kilos según su sexo y tamaño), no es cierto que el gorila no sea omnívoro: le vuelven loco las hormigas y las termitas, derriba las agujas de los termiteros africanos para saciarse de las larvas, que le encantan.

Para refutar el argumento antivegano basado en la función de los dientes caninos humanos, los veganos afirman que los caninos más grandes entre los animales terrestres son los de un herbívoro: el hipopótamo. Pero esto tampoco es cierto: en 2015, un equipo internacional de investigadores acabó con la creencia de que los hipopótamos son vegetarianos.

En el estudio publicado en Mammal Review se puede leer: "Estudios de campo han demostrado que los hipopótamos son carnívoros que ocasionalmente consumen carne y tejido intestinal de los cadáveres de otros animales. Que los hipopótamos sean carnívoros no es un comportamiento aberrante restringido a individuos concretos en lugares determinados, sino un patrón de comportamiento que se da en poblaciones distribuidas por gran parte del área de distribución actual del hipopótamo en África oriental y meridional".

Enzimas, intestinos y vitaminas

Otro argumento pseudocientífico de los veganos para apoyar la idea de que la alimentación humana debe excluir la carne es el relativo a la longitud del intestino humano: los 8-9 metros del intestino delgado serían demasiado largos para alojar la carne, y el riesgo de putrefacción y de daños para la salud debidos a una estancia demasiado larga sería elevado; si estuviera estructurado para consumir carne, dicen los veganos, el intestino delgado humano no debería medir más de 6 metros.

Sin embargo, el león marino, un pinnípedo carnívoro, tiene un intestino delgado de 18 metros de largo; y el del elefante marino del sur, el Maciste de los pinnípedos con sus 2.200-4.000 kilos (los machos adultos), mide 202 metros.

Pero la cuestión es otra: al apelar a la estructura del sistema digestivo humano, los veganos se meten un flagrante gol en propia puerta. Como explica Carni Sostenibili, "incluso las enzimas que intervienen en el proceso digestivo son una clara prueba de que somos omnívoros. De hecho, estamos dotados de lipasas, es decir, enzimas que descomponen las grasas, como los triglicéridos, que solo son de origen animal y no vegetal. Y de pepsina, una enzima que ataca las proteínas animales descomponiéndolas en aminoácidos. Por consiguiente, la naturaleza nos ha programado genéticamente para digerir perfectamente la carne, presente en nuestra dieta desde hace cientos de miles de años, como demuestran las pinturas rupestres que representan escenas de caza de grandes animales salvajes de la época, o los restos encontrados en los dientes fósiles de nuestros antepasados".

En el intestino humano hay enzimas que se encuentran en el aparato digestivo de los animales que comen carne. Sirven para descomponer las grasas animales: si no estuviéramos predispuestos a comer también carne, no estarían ahí. Y en la carne encontramos la vitamina B12 -presente de manera insuficiente en otros alimentos-, en cantidades adecuadas para la salud humana, hasta el punto de que los veganos necesitan suplementos alimenticios para no tener deficiencia y caer enfermos.

El dilema vegetariano

No merece la pena entrar en discusiones sobre la inadecuación de la dieta vegana para quienes desean mantener una buena salud: los defensores de esta filosofía de vida tienen como objetivo no hacer sufrir ni explotar a ningún ser "sintiente" para su alimentación, por lo que están dispuestos a sacrificar su propia salud por este objetivo ideal.

La verdadera contradicción inherente a su comportamiento es otra: al consumir solo frutas y verduras, provocan la muerte de innumerables animales que seguirían vivos si adoptaran una dieta más variada; si el veganismo se convirtiera en el modo de vida de toda la humanidad, linajes enteros de animales resultarían exterminados ipso facto.

En 2011, Mike Archer, zoólogo de la Universidad de Nueva Gales del Sur, explicó a través de sus investigaciones que en Australia los veganos causan la muerte de más animales que los humanos omnívoros.

En un artículo titulado El dilema vegetariano, escribió: "En Australia, la producción de trigo y otros cereales significa que se matan al menos 25 veces más animales 'sintientes' por kilogramo de proteína utilizable, se causa más daño medioambiental y se ejerce mucha más crueldad animal que en la producción de carne roja mediante la ganadería. ¿Cómo es posible? La agricultura para la producción de trigo, arroz y legumbres requiere la eliminación de la vegetación autóctona. Este acto, por sí solo, provoca la muerte de miles de animales y plantas australianos por hectárea. [...]

»La mayor parte de la tierra cultivable de Australia ya está en uso. Si más australianos quieren satisfacer sus necesidades nutricionales con plantas [es decir, si un mayor número de australianos se convierte en vegano], nuestra tierra cultivable tendrá que cultivarse de forma aún más intensiva. Esto exigirá un fuerte aumento del uso de fertilizantes, herbicidas, pesticidas y otras amenazas para la biodiversidad y la salud medioambiental.

»Producir proteínas a partir del trigo significa arar los pastos y sembrarlos. Cualquiera que se haya sentado alguna vez en un tractor sabe que las aves de rapiña que te siguen todo el día no están ahí porque no tengan nada mejor que hacer. El arado y la siega matan en gran número a pequeños mamíferos, serpientes, lagartos y otros animales. Además, cada año se envenena a millones de ratones en los almacenes de grano".

Comparando la pérdida de vidas de ratones y de ganado, Archer deduce su afirmación de que una dieta vegana causa 25 veces más víctimas animales que una que utilice carne procedente de la ganadería extensiva.

"Para producir proteínas a partir de ganado alimentado con pastos, hay que matar vacas. Cada una de ellas entrega una canal media de unos 288 kilogramos. De ella, la carne deshuesada representa el 68%, lo que, con un 23% de proteína, equivale a 45 kilogramos de proteína por animal sacrificado. Esto significa 2,2 animales sacrificados por cada 100 kilos de proteína animal utilizable producida. [...] Cada zona de producción de trigo en Australia sufre, por término medio, una invasión de ratones cada cuatro años, con 500 a 1.000 ratones por hectárea. El envenenamiento mata al menos al 80% de ellos. Por tanto, para cultivar trigo se matan al menos 100 ratones por hectárea y año (500/4 x 0,8). El rendimiento medio es de aproximadamente de 1,4 toneladas de trigo por hectárea y la proteína utilizable representa el 13% de esta cantidad. Por lo tanto, al menos 55 animales 'sintientes' mueren para producir 100 kilos de proteína vegetal utilizable: 25 veces más que para la misma cantidad de carne de pasto".

Imagen que muestra dos iconos de vaca equivalentes a 55 iconos de ratón.

El argumento de Mike Archer, sintetizado en una imagen. Desde un punto de vista vegano, ¿qué "sintientes" valen más?

La paradoja de la quinoa

Los datos y proyecciones sobre el tema varían ciertamente de una región a otra del mundo, pero el patrón de razonamiento es claro: más alimentos exclusivamente vegetales significa más agricultura intensiva y más monocultivos, más pesticidas, menos biodiversidad y más animales sacrificados.

Un ejemplo entre muchos: el de la quinoa, una planta de la misma familia que las espinacas y la remolacha que crece maravillosamente en los Andes y es una de las piedras angulares de la dieta vegana: hamburguesas, tartas, patatas fritas, albóndigas, tortitas, etc. se elaboran con ella.

Sin embargo, Maria Pia Terrosi, de Cambia la Terra, nos advierte: "Pero hay un problema. Mientras que tradicionalmente la quinoa se cultivaba en las altas mesetas de los Andes, a más de 3.000 metros de altitud, hoy en día, para hacer frente a una demanda en auge, los agricultores la cultivan también en otras zonas, convirtiéndola de hecho en un monocultivo al mismo nivel que el maíz y la soja. Y, para ganar espacio, han confinado a zonas cada vez más pequeñas los rebaños de llamas y alpacas, que son necesarios para dicho proceso porque aportan abono natural a la quinoa. Así, para empujar la producción hacia territorios menos aptos, los agricultores andinos utilizan cada vez más fertilizantes sintéticos y han abandonado la rotación de cultivos. El resultado es la pérdida de biodiversidad y empobrecimiento de los suelos, hasta el punto de que en algunas zonas el rendimiento de la quinoa ha pasado de 800 kilos por hectárea a menos de 560.

»Además, para controlar la presencia de los insectos dañinos para esta planta, más presentes a menor altitud, se utilizan grandes cantidades de pesticidas, con fuertes repercusiones en el medio ambiente.

»A los impactos medioambientales hay que añadir los sociales. La quinoa [...] ha sido un alimento básico de los pueblos andinos desde hace más de cinco mil años precisamente por sus características nutricionales. Hoy, ante el auge de la demanda en los países occidentales, la quinoa ha alcanzado precios muy elevados, de hasta ocho mil euros por tonelada para las variedades más valiosas. En consecuencia, siendo preferible exportarla, ha dejado de ser consumida por los pueblos que la cultivan y su dieta se ha empobrecido".

Los destructores de la biota

Como escribió Isabella Tree en 2018 en The Guardian en un hermoso artículo sobre las virtudes medioambientales y alimentarias de la ganadería extensiva, "en lugar de dejarnos seducir por las exhortaciones a comer más productos de soja, maíz y cereales cultivados industrialmente, deberíamos fomentar formas sostenibles de producción de carne y lácteos basadas en sistemas tradicionales de rotación, pastos permanentes y pastoreo de conservación".

»Deberíamos, como mínimo, cuestionar la ética de la creciente demanda de cultivos que requieren grandes cantidades de fertilizantes, fungicidas, pesticidas y herbicidas, mientras se demonizan las formas sostenibles de ganadería que pueden restaurar los suelos y la biodiversidad y secuestrar CO2. [...] Por lo tanto, existe una gran responsabilidad: a menos que compres tus productos veganos específicamente de sistemas orgánicos y obtenidos sin arados, estás participando activamente en la destrucción de la biota del suelo, promoviendo un sistema que priva a otras especies, incluidos pequeños mamíferos, aves y reptiles, de las condiciones para la vida".

En resumen, la verdad es que la vida no es posible sin la muerte, y que no importa lo que comas, alguien tiene que morir para alimentarte.

Traducido por Verbum Caro.

 

 https://www.religionenlibertad.com/polemicas/244657596/contradicciones-veganas-masacre-especies-paradoja-quinoa-biota.html

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Llorar por la leche derramada

 Se refiere a quejarse de algo que no tiene remedio ya. Cuando era niña era demasiado tímida y sensible. Como era la pequeña de mis hermanos, aunque apenas me relacionaba con ellos, los echaba mucho de menos cuando no estaban. Me preocupaba si volvían tarde. Naturalmente ellos no tenían ni idea de eso. Pasó el tiempo y la distancia fue aumentando hasta que ya no tenía solución. Le di muchas vueltas hace años hasta que me olvidé del tema.

La muerte de nuestros padres no volvió a juntar temporalmente. Pero eran ellos precisamente nuestra argamasa. Al no estar ya no hay nada que nos una. Es triste, pero no se trata de recuperar lo que había, porque no había casi nada. Yo me pasaba los días sola leyendo y todo lo más, salía de paseo con mi madre y el perro. Ellos eran mi mundo. Lo demás eran circunstancias personales.

martes, 21 de noviembre de 2023

La sonrisa hostil


Los nuevos emblemas del progresismo contemporáneo se han convertido en una monotonía insufrible. Jenni Hermoso, Juana Rivas, Greta Thunberg, el niño climático mejicano, Me Too, Black Lives Matter y tantos y tantos otros son figuras repetitivas que invaden el panorama público. No tanto por sus reivindicaciones, como por la actitud beligerante y autocomplaciente con la que se presentan.

Estas figuras, que continuamente levantan la voz en nombre de mil causas, pecan de un narcisismo enfermizo. Una de las características más irritantes es su férrea creencia de que el mundo les debe algo. Reclaman derechos a diestra y siniestra, pero rara vez mencionan o asumen responsabilidades. Exigen reconocimientos, visibilidad y espacios, pero no ofrecen nada a cambio, salvo la necia y simplona idea de que alimentar su insaciable sed de poder y protagonismo nos traerá un futuro más feliz y más justo.

Enfrentarse a ellos en un debate es como lidiar con un niño malcriado. No es posible entablar un diálogo fructífero con ellos, porque no están aquí para conversar ni reflexionar. Lo que buscan es imponer su visión y, en el proceso, aplastar a cualquiera que ose presentar una posición contraria. Para ello tienen un puñado de palabras policía que escupen cada vez que alguien les confronta: machista, racista, fascista, homófobo, negacionista.

Han perfeccionado el arte de jugar a ser las eternas víctimas. Y aunque algunas de las causas con las que camuflan su afán de notoriedad pueden tener raíces en injusticias legítimas, su constante actitud de mártir aburre y satura.

Por supuesto, no podemos pasar por alto la hipocresía rampante que los caracteriza. Mientras lanzan proclamas contra el sistema y se presentan como rebeldes, son mimados y celebrados por los mismos titanes del sistema que critican. Por la ONU, Bruselas, la Casa Blanca, Wall Street, Silicon Valley, Hollywood y toda la prensa de masas de Occidente, empezando por el New York Times y la CNN y acabando por 13TV y el ABC.

En efecto, lo más insidioso es que, detrás de estas figuras públicas, hay todo un aparato propagandístico que alimenta y potencia sus voces. Un sistema que bajo una falsa apariencia de pluralismo actúa como una verdadera apisonadora, que atropella a cualquiera que se interponga en su camino, garantizando que el mensaje, no importa cuán sesgado o intransigente sea, llegue a la máxima audiencia posible.

Esta forma de activismo, impulsada por el ego mucho más que por la justicia social, ha sido tolerada e incluso alabada por las propias víctimas que lo sufren. Ahí tenemos a Jorge Vilda hablando en lenguaje «inclusivo» en la Cadena Ser tras ser despedido fulminantemente por orden del feminismo. Como en el patio de un colegio, donde todos prefieren ignorar al matón de la clase con la vana esperanza de que no les preste atención, nuestra sociedad, consciente o inconscientemente, ha permitido que estas voces se impongan. Nos hemos acostumbrado a su presencia, a su ruido constante, hasta el punto de que su ausencia podría resultarnos desconcertante.

Se ha normalizado su despotismo. Antes, estas figuras al menos se esforzaban por disimular su talante caprichoso y autoritario. Intentaban ofrecer argumentos que justificaran su comportamiento. Ahora, en cambio, lucen con orgullo el poder usurpado. Lo vimos el otro día en la Asamblea General de la ONU, donde una joven chilena con aspecto de villana de Gotham City recordaba que la Agenda 2030 «es un plan global de las acciones que tomaremos». «Esto ya no es una negociación», advirtió con esa sonrisa hostil de quien sabe que juega en casa y tiene la sartén por el mango.

Aunque silenciados y en minoría, hay quienes siguen resistiendo a esta tiranía. Un pequeño pero creciente grupo de individuos que no teme señalar y denunciar los excesos de estos falsos activistas. Aunque son marginados y tachados de desestabilizadores, su resistencia es vital. Porque en su valentía reside la esperanza de un futuro donde el bien común y la colaboración prevalezcan sobre el griterío y la imposición.

https://gaceta.es/opinion/la-sonrisa-hostil-20230929-0450/

lunes, 20 de noviembre de 2023

Climatólogo reconoce escribir verdades a medias

 Se dice a menudo que no hay peor mentira que una media verdad. La semana pasada, Nature publicó un estudio en el que se culpa al calentamiento del clima de un mayor riesgo de grandes incendios en California. La razón sería que el aumento de temperaturas provoca un mayor volumen de plantas secas, que funcionarían como combustible alimentando y agravando así los fuegos. Su autor principal, el climatólogo Patrick T Brown, ha reconocido que redactó el artículo para garantizar su publicación confirmando los sesgos tanto de los editores como de los pares que revisan estos trabajos.


Brown explica que existen reglas no escritas que debes tener en cuenta si quieres que tu trabajo sea publicado en las revistas científicas más prestigiosas. Incumplirlos, aunque objetivamente aumente la calidad de tu investigación, obliga a publicar en revistas de menor nivel, comprometiendo tu carrera en el ámbito universitario...


Lo primero que debe hacer un científico que quiera publicar en estas revistas es asegurarse de que su estudio cumple con la narrativa de la forma más simple posible: que el cambio climático es real y antropogénico, que provoca todo tipo de calamidades y que nos va a llevar a la catástrofe y que para evitarlo debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. No se debe siquiera insinuar que puede haber más causas para un suceso concreto, de modo que en este caso Brown no introdujo en su análisis ningún otro posible factor de riesgo. El objetivo es vender una idea simple: el cambio climático es la causa, la única causa, de tu objeto de estudio.


El segundo truco que te facilitará la publicación es ignorar cualquier posible solución práctica que no tenga que ver con el cambio climático. Por ejemplo, en el caso concreto de los incendios en California, existen factores como una mala gestión forestal o el número cada vez mayor de personas que, ya sea a propósito o por accidente, inician el fuego. Este estudio podría dar ideas prácticas para solucionar el problema que no tengan que ver con la reducción de emisiones, de modo que se dejan fuera porque solucionar problemas con un menor coste para el público disminuiría el apoyo a las soluciones draconianos que proponen los alarmistas climáticos.


Por último, Brown aconseja no emplear las métricas más intuitivas, lógicas, representativas y fáciles de entender, sino aquellas que provoquen más alarma. En su caso, prefirió no emplear el aumento en la superficie quemada o el incremento en la intensidad de los fuegos, sino algo tan esotérico como el aumento en el riesgo de incendios de más de 4.000 hectáreas. ¿Por qué? Porque de este modo el incremento en la métrica era mucho mayor, provocaba mucha más alarma y se aseguraba así de contar con el interés y beneplácito de los editores y revisores de estas revista.


Pese a todo, Brown no considera que su estudio estaría mejor en un cajón, simplemente que ha tenido que quitarle utilidad y complejidad para asegurarse de su publicación. Lo que cuenta son medias verdades. Habría querido hacer un análisis más multicausal y hacer predicciones a un par de décadas vista teniendo en cuenta soluciones como una mejor gestión forestal, que considera sería más que suficiente para mitigar cualquier aumento de riesgo debido al aumento de temperaturas. Pero en el ambiente actual en el mundo de la investigación eso es imposible. Por eso dejó ese mundillo. El artículo que se publicó la semana pasada en Nature parte de una investigación iniciada en 2020. Hace un año, Brown dejó la universidad para trabajar en un centro privado sin ánimo de lucro

https://www.libertaddigital.com/ciencia-tecnologia/ciencia/2023-09-05/un-climatologo-reconocer-escribir-verdades-a-medias-para-ser-publicado-en-science-y-nature-7046395/

domingo, 19 de noviembre de 2023

Europa reconoce que la vacuna contra el covid mata

 La Comisión Europea documenta que el 30 de agosto la Agencia Europea del Medicamento (EMA) amplió la ficha técnica de la vacuna de Pfizer para añadir que ha provocado “casos mortales”, (las miocarditis y pericarditis ya habían sido reconocidas mucho tiempo atrás “con mayor frecuencia en varones jóvenes”, según prospecto y ficha técnica de la vacuna). Pero, ni las muertes que provocan ni las graves enfermedades acaecidas importan al Gobierno ni a los colegios de médicos ni asociaciones profesionales varias que por otra parte no se ruborizan en reconocer que  reciben dinero de las farmaceúticas y declaran abiertamente tener graves conflictos de interés con ellas.



Ficha técnica de la vacuna Comirnaty, de Pfizer. El 30 de agosto la EMA añadió y reconoció los “casos mortales” que provoca.

Por su parte, la Agencia Española del Medicamento ya reconoció, previamente, en febrero de 2023 a la Asociación Liberum las muertes ocasionadas (que se reconocen) en España tras las inoculaciones del Covid, agrupadas según los lotes de los fármacos.

Los medios de comunicación y el Gobierno, como siempre, callados y ocultando. Todos apoyan y promocionan los pinchazos que saben que son mortales. ¡Saben que mata! y que ¡han provocado incluso la muerte a niños! Niños que estaban completamente sanos y que fallecieron de repente, después de haber sido inoculados. Los niños no necesitaban eso que les mató, todos los sabían, pero el Gobierno, la televisión, la radio, los periódicos, el personal contratado por las comunidades autónomas para llamar a la población, etc. así se lo requirió a sus padres, les metió miedo y se lo pidió “por solidaridad”, “por los demás”, “porque era un acto de amor”.

La semana pasada, los abogados de la Asociación Liberum, interpusieron denuncia en los juzgados por las muertes repentinas de tres niños de 12, 13 y 14 años, fallecidos repentinamente tras haber recibido los pinchazos genéticos experimentales.


Daniel Herce (14 años), Marvellous Ounanefe Johnson Andrews (13) y Juan José Quirós (12), niños que estaban completamente sanos hasta que se inocularon. Fallecidos repentinamente.

El prestigioso cardiólogo estadounidense Dr. Peter McCullough intervino recientemente el pasado 13 de septiembre en la Unión Europea para denunciar que la vacuna del Covid mata, que genera paros cardiácos y múltiples enfermedades. Denunció los protocolos de vacunas de la OMS y sus organizaciones satelitales; pero los medios de comunicación no informan de su denuncia y advertencia. Los Gobiernos lo ocultan para seguir imparables con su plan de vacunación masiva. Ya lo dijo el Ministro Salvador Illa, un 10 de diciembre de 2020, cuando desveló su plan para “vacunar” a toda la población. Y en eso siguen. A toda costa.


La vacuna del Covid mata Es oficial. Pero la campaña de promoción de los inóculos se amplifica en España. No les importa nada. Desde esta semana se anima a los mayores a volver a pincharse (de la gripe y del covid). Las embarazadas siguen estando dentro del experimento mortal. Y los niños, también. La Asociación Española de Pediatría (AEP) lo recomienda con vigor.

“Expertos” de la AEP, con graves conflictos de interés con las farmacéuticas, publicados abiertamente en ‘Anales de Pediatría’ y en los documentos de transparencia de las propias farmacéuticas, son convocados para hablar en los medios de comunicación sin que ninguno mencione ni media sobre su grave conflicto. Esos señores bien pagados recomiendan las vacunas que saben que han matado. El sistema sanitario está corrompido de raíz.anipular, tergiversar, dicen ahora que el Covid se incrementa entre los que ya habían sido “revacunados”. Las pruebas PCR (el palito larguísimo hasta el fondo de la nariz), de nuevo en circulación, (lucrando aún más el negocio de la farmafia). No sirven para diagnosticar (lo reconoció el Ministerio de Sanidad español, un 14 de septiembre del 2021, cuando fue requerido por el juez para responder a Biológos por la Verdad, a la Asociación Liberum y a un particular). El Ministerio de Sanidad español admitió que no tiene el virus aislado ni secuenciado ni tiene conocimiento de ningún laboratorio que lo tenga, también añadió que las pruebas PCR no servían para diagnosticar. Si no tienen el virus, ¿cómo y con qué lo van a comparar? Lo renocen sólo cuando se lo pide un juez, claro, para seguir mientiendo un poquito después.

La censura a la verdad sigue imparable entre sus medios de comunicación; subvencionados y adjudicatarios de publicidades vacunales; en las redes sociales, etc. Todos, trabajando para corroborar el cuento que les digan, como hicieron desde el inicio del engaño.

Nos hibridan mientras las muertes y enfermedades por efectos adversos se acrecientan: repentinitis, ataques al corazón, ictus, cánceres fulminantes, enfermedades autoinmunes, etc.. ¡¿Hasta cuándo?!

¿Cuándo despertará la mayoría? ¿Cuándo reconocerán que han sido engañados? ¿Cuándo pagará alguien por el crímen coordinado?

https://www.actuall.com/democracia/europa-reconoce-que-la-vacuna-del-covid-mata/

sábado, 18 de noviembre de 2023

Una familia perfecta, la película

 He visto esta película de Netflix y me ha gustado. Trata de cómo la educación actual woke ha convertido en problemas cuestiones a las que antes no se les daba importancia. Por ejemplo, ahora los niños no sólo deben comer bien, sino que deben comer sano. Tengo un sobrino al que no le dejan tomar nada envasado, ni bollos ni chuches. A mí eso me parece exagerado. El cuerpo humano se las arregla sólo para digerir lo bueno y menos bueno y todos hemos sobrevivido así.

Luego están las extraescolares, que si convienen o son un aparcamiento de niños mientras los padres trabajan. Yo en todo recomiendo el término medio. En la película tienen una hija a la que le exigen demasiado y un niño pequeño al que, al contrario, no le exigen nada de nada. La niña acaba perdiendo el interés por todo y al niño lo quieren medicar, pensando que tiene tdh. Ya es difícil que salga todo bien poniendo todo el interés. Cuanto más si no se pone. 

Pero yo crié un chico y dos chicas. Ellas son ingenieras y él es profesor de ajedrez. Quiero decir que los eduqué igual y cada cual siguió su camino. Así que a pesar de todo lo que lo intentes, el resultado no está asegurado. Hay miles de factores más que influyen. De manera que tampoco sirve intentar ser el padre o la madre perfectos. Sólo queda intentarlo y rezar.

Más sobre Gaza: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-gaza-deportacion-o-exterminio-16-11-23

Señoritos, por Toni Cantó

 

Hace una semana, mi amigo Robert nos invitó a pasear por sus diez hectáreas y repartirnos varios capazos de naranjas, mandarinas y aguacates. Fue un día de invierno valenciano, que este año es más templado y seco de lo habitual para alegría de los urbanitas del grupo, que pagamos menos luz, y el cabreo de Robert que ve sus naranjas más pequeñas a pesar del riego. Nos contaba de camino cuál era la variedad que íbamos a cortar, parecidas a las sanguinas, y dónde estaba el otro campo donde crecían unas mandarinas que se pelan fácil y salpican un olor tan intenso que, de tanto prometer, salivas. Acabamos subidos a dos aguacates inmensos que plantó su abuelo hace más de cincuenta años tras un viaje a México del que trajo un par de huesos envueltos en su pañuelo de tela. Robert se conoce cada árbol y cada esquina de sus huertos. Es como un químico cuando te habla de venenos para bichos y vitaminas para sus árboles, un meteorólogo cuando mira al cielo, un ingeniero agrícola y también un comercial que comparte con cada agricultor de su pueblo variedades, precios y mercados donde vender mejor sus productos mientras mira preocupado la subida de los precios del gasoil y otros materiales que usa y cómo nuevas enfermedades que traen la fruta, las hortalizas y las plantas que importamos, ponen a prueba su fuerza, paciencia y bolsillo cada año.

Por si todo eso fuera poco, ahora pelea con dos nuevas plagas: Ecologetas y burócratas europeos. La PAC es la política más importante de la UE. Pretende que no nos pase con los alimentos lo que ocurrió con las mascarillas. Persigue que mantengamos una soberanía alimentaria y evitar que quedemos en manos de algún país desaprensivo que un día nos cierre el grifo y nos condene a la carestía o al hambre. ¿Recuerdan lo que nos pasó con el gas? Ocurre que de un tiempo a esta parte la PAC y la UE están permitiendo que entren en nuestro territorio alimentos que se cosechan usando productos fito sanitarios que aquí ya están prohibidos y, sobre todo, desde unos países que pagan jornales ridículos con los que es imposible competir. Así que ahora la PAC y la UE, arruinando a los agricultores, y obligándoles a dedicar horas a rellenar cientos de documentos, se están convirtiendo en el mayor enemigo de nuestra soberanía alimentaria. Tócate los huevos. Nuestro país, que fue uno de los mejores del mundo, ha dejado de investigar para crear nuevas especies más resistentes a la sequía o las plagas. Seguimos teniendo explotaciones demasiado pequeñas como para mecanizarlas y ganar competitividad. Y nos falta modernizarnos algo más como han hecho en otros lugares.

Los ecologetas españoles han contaminado por completo las políticas agrarias de la izquierda española. Sin ir más lejos, en la Comunidad Valenciana pretendían prohibir cualquier avance genético o pesticida y abogaban por volver al arado y al buey de carga y al caballo en vez de usar los «tractores contaminantes». Son unos señoritingos de ciudad que quieren un campo a la antigua que visitar en sus cuatro por cuatro o en sus tesla. Señoritos ecopijos que desean jardineros que se deslomen para mantener un recuerdo romántico.

Los comegambas de UGT y CCOO y la izquierda española han tachado a los agricultores de empresarios elitistas. En esta España de ahora a cualquier autónomo nos tratan de esa manera. Volcados boca abajo para sacarnos los cuartos. Marlaska lanzó a los suyos a repartir tortas desde el minuto uno. Yo recuerdo el año y pico que duraron los cortes de la meridiana en Barcelona sin que nadie moviera un dedo. Las barricadas en la A-7 de sus socios, los incendios…

Veo los tractores e imagino a Robert encima. Y le animo. A él y a todos. Me hago un zumo, pelo una mandarina y abro ese aguacate mexicano que trajo su abuelo escondido en el bolsillo. Trajo sólo dos huesos. No le falló ni uno. Ahora miden más de diez metros. Sabiduría y cariño. Y se bastan para alimentar a más de una familia. Benditos sean.

 https://gaceta.es/opinion/senoritos-20240211-0545/

viernes, 17 de noviembre de 2023

Irene Montero y el derecho de pernada

 Una mujer increpa a Irene Montero por comprarse un chalet y la ministra se defiendeLa ministra de Igualdad y secretaria de Acción de Gobierno, Irene Montero EUROPA PRESS

Entiendo que la carrera política de Irene Montero está acabada hace tiempo y es lógico que intente agarrarse a un clavo ardiendo, igual que una hiena es incapaz de soltar una presa jugosa que ni siquiera ha tenido que cazar ella, pero lo que no consigo comprender es por qué elige clavos oxidados.

Después de tenernos una semana intentando hacernos tragar con embudo que un piquito solicitado y aceptado es una agresión sexual, ahora que el barco de Jenny se hunde, cosa que no consiguió ni en el cine Forrest Gump, no se le ocurre otra cosa que arremeter contra Ayuso. Acusa a la presidenta de la Comunidad de Madrid de ser partidaria de retrotraernos a la Edad Media, para quitarnos a las mujeres el derecho a votar o a abrir una cuenta bancaria, mientras devuelve a los señores feudales el derecho de pernada.

Por un lado, es curioso que ya no se conforme con soltar bulos de nuestra época actual, sino que trate, además, de colarnos bulos del medievo. No sé si el problema es que no ha leído libros de historia, muchos o ninguno, o si es plenamente consciente de que son sus votantes los que no leen, ya que hay cientos de escritos que desmienten el derecho de pernada como una realidad, al menos, en nuestro país.

Habla esta mujer desde su púlpito disfrazado de feminismo, perteneciendo a un partido que ha hecho un ERE con el que se ha quitado de en medio a casi todas las mujeres, dejando un 80% de varones

Por otro lado, y este es el más divertido, tiene guasa que precisamente ella saque el tema de la imposición del derecho de pernada. Una cosa le tenemos que reconocer a esta mujer: tiene más moral que el Alcoyano, cuando es de dominio popular que la señorita, virgen, pura y casta o no, que tuviera la aspiración de ser algo en Podemos, es más que probable que haya tenido que pasar por la piedra de ciertos señores feudales del partido, empezando por ella misma.

Habla esta mujer desde su púlpito disfrazado de feminismo, perteneciendo a un partido que ha hecho un ERE con el que se ha quitado de en medio a casi todas las mujeres, dejando un 80% de varones. Ha tenido que ser Podemos el que nos enseñe que los ERES pueden ser machistas. Pero no pasa nada, Irene, mañana ponéis un cartel que diga "Unidas Podemos” y nos plantáis delante a tres señores con barba, pelos largos y camisas remangadas, mientras las cuatro pagadoras del impuesto feudal que habéis quedado les aplaudís a rabiar.

Otro clavo oxidado al que se agarra doña Irene: proclama orgullosa que este verano nos ha dejado con la mayor cifra de mujeres asesinadas por violencia machista.

Si a pesar de que cada vez se da más y más dinero para hacer estas políticas tan feministas, hay más mujeres asesinadas, agredidas y violadas, esto no funciona

Voy a obviar esa parte en la que a estas falsas feministas no les interesa confirmar si realmente el motivo de esos asesinatos es el machismo o si tal vez la causa se encuentra en un trastorno, una enfermedad mental o una adicción, como a las drogas o al alcohol, ya que si se investigaran las causas de todo lo que ellas catalogan como violencia machista, no me cabe duda de que se les vendrían las cifras abajo y tal vez nos sorprenderíamos, al conocer los crímenes que verdaderamente se comenten por puro y duro machismo. Prefiero centrarme únicamente en los datos. Unos datos que nos dicen que la violencia hacia las mujeres es cada vez mayor, cosa que la señorita Montero ve como una oportunidad para demostrar que su presencia y trabajo son necesarios.

El caso es que cualquiera con dos dedos de frente y una calculadora puede comprender que, si a pesar de que cada vez se da más y más dinero para hacer estas políticas tan feministas, hay más mujeres asesinadas, agredidas y violadas, esto no funciona. El Ministerio de Igualdad es el invento más nefasto y caro de la política actual y el trabajo de la señora Montero no es que sea prescindible, es que es incluso condenable, al menos, moralmente.

Quién iba a imaginar que hacer una ley, cuya única novedad era conseguir reducir las penas y poner en la calle a violadores y agresores sexuales, no iba a conseguir que se deje de asesinar y de violar a las mujeres

Quién podía imaginar que gastar 500 millones de euros para combatir el machismo y los asesinatos de mujeres no iba a funcionar, si se gastaba en cosas tan útiles como un anuncio en televisión para mostrarnos que las mujeres podemos tener sexo con el periodo; un estudio sobre que el color rosa nos oprime; un cartel con derechos de imagen robados a influencers femeninas, para demostrarnos que los cuerpos de las mujeres gordas y peludas son estupendos y tienen derecho a ir a la playa, pero no así en el caso de que les falten los dos pechos o una pierna; otro anuncio señalando como machistas a hombres con cierta relevancia, fuera del ámbito político, como periodistas o youtubers... Y lo mejor de todo: quién iba a imaginar que hacer una ley, cuya única novedad era conseguir reducir las penas y poner en la calle a violadores y agresores sexuales, no iba a conseguir que se deje de asesinar y de violar a las mujeres. Pero no se cansan de repetir que su mayor logro ha sido poner el consentimiento en el centro. Debe ser que, a pesar de constar ya explicítamente en nuestras leyes, teníamos el consentimiento en una esquina del salón.

Irene, Pam y todo el club de amiguitas chungas: dejadlo ya, por favor, que nos estáis arruinando la vida a todas. Que no por decir que sois una panda de ineptas que se está enriqueciendo a costa de la vida y la dignidad de las mujeres, soy machista ni fascista. Lo que soy es lista.

Sororidad, hermanas, incluso para las mujeres que no aplaudimos unos resultados vergonzosos, para las que no os votan, para las que os sacan los colores, incluso para las que consiguen que en Madrid no tengáis representación, como Ayuso. No se puede ser feminista solo con las mujeres que te gustan, Irene, pero cómo lo vas a saber, si no tienes ni idea de lo que es el feminismo

https://www.vozpopuli.com/opinion/derecho-pernada-irene-montero.html

jueves, 16 de noviembre de 2023

Escuela de calor

 

La bisabuela inglesa de mi mujer era una señora elegante y espartana, y cuando sus hijas pequeñas se quejaban de la temperatura, contestaba impertérrita: “Nenitas, nenitas, en invierno hace frío y en verano hace calor”. Pues bien, cuando los propagandistas del cambio climático aprovechan una simple ola de calor para repetir sus cansinas letanías catastrofistas sobre el apocalipsis que nunca llega me entran ganas de repetirles: “Nenitas, nenitas, en invierno hace frío y en verano hace calor”.

A mis lectores habituales les habrá resultado familiar este párrafo inicial. En efecto, así es como comencé mi artículo Escuela de Calor en junio del 2022 ante la habitual campaña veraniega del alarmismo climático, que hiberna como los osos para resurgir con fuerza cada verano aprovechando las olas de calor propias de la estación. Dado que dicha campaña llega todos los veranos con la puntualidad de un reloj atómico he decidido mantener el mismo título cada año.

Buenas noticias: el planeta goza de magnífica salud

El fraude del cambio climático – la mayor estafa de la historia – necesita de un flujo constante de noticias alarmantes que creen un estado de miedo – como en el Covid – para mantener vivo el eslogan de “salvar el planeta”. Sin embargo, el planeta goza de magnífica salud – frase que alegra a las personas normales y enfada a los abducidos – y la llamada emergencia climática simplemente no existe. Uno a uno, los grandes iconos del alarmismo climático han ido demostrándose falacias propagandísticas. La población de osos polares crece feliz[1], hasta el extremo de que en la secuela del 2017 de su famoso documental Gore no hizo mención siquiera del sanguinario depredador que había sido su estrella diez años antes.

El hielo continental de la Antártida (reservorio del 90% del hielo del planeta con una temperatura media de -57°C), se mantiene estable[2] al igual que el hielo flotante que rodea el continente antártico[3], protagonista habitual de la propaganda climática y que, tras su máximo de los últimos 40 años alcanzado en 2014 es hoy similar al que había en 1966[4]. Apuesto a que no lo leyeron en los medios, como tampoco leyeron que los corales de la Gran Barrera de Coral están en máximos de los últimos 37 años[5], que el hielo de Groenlandia es hoy superior a la media histórica[6] y que su ligera disminución en la década anterior se habría debido a causas naturales[7]. En realidad, la lógica indica que el factor principal en las variaciones de hielo flotante marino no son las pequeñísimas variaciones de temperatura atmosférica, sino la temperatura del mar, afectado por las poderosas corrientes oceánicas, horizontales y verticales.

Finalmente, el aumento del nivel de los mares continúa a su paso de caracol tras el final de la última glaciación a un ritmo de 2-3mm al año (un metro cada 500 años), los incendios forestales se han reducido un 25% en las últimas décadas[8] y los fenómenos meteorológicos extremos (sequías, inundaciones, huracanes, tornados) no muestran ninguna tendencia significativa[9]. Buenas noticias, ¿verdad?

Pero a pesar de que el planeta se encoge de hombros e incluso disfruta del ligerísimo aumento de temperaturas (a un ritmo de 0,14°C por década desde 1979), las políticas dirigidas para “combatir el cambio climático” sí están teniendo devastadores efectos reales y tangibles que la población (¡por fin!) está empezando a comprender. Efectivamente, no sólo sufre el aumento de los costes de la energía, sino que en Europa ya no podrá siquiera elegir qué coche comprar, igual que pasaba en la URSS.

Por último, el aumento del CO2 atmosférico, esa fuente de vida de vida alucinantemente demonizada, alimento por antonomasia de árboles y plantas, está teniendo efectos claramente positivos, como el aumento de la producción de cereales – clave para eliminar el hambre – o su contribución al final del problema de deforestación. Así, el planeta está significativamente más verde gracias al aumento de CO2, en una pequeña parte gracias a la actividad humana. Loada sea.

 https://elmanifiesto.com/naturaleza/573459524/Escuela-de-calor-2023.html

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Una madre imperfecta. La película

He visto esta película de netflix hecha a la mayor gloria de Susana Sarandon. Trata sobre una mujer que no quiere asumir la muerte de su marido, así que agobia a su hija. También se dedica a gastar mucho dinero en gente a la que apenas conoce. Organiza la boda de una pareja, como no, homosexual; se dedica a apadrinar los estudios de un chico negro. Y finalmente vuelve a ligar con un ex policía.

Todos estos juegos se los puede permitir porque ha heredado mucho dinero de su marido. Mucho, en clave americana, que es una barbaridad. A mí esta filosofía de vida me da más pena que otra cosa. Pensar que el dinero es la solución a todos los problemas. Combinado con la atención obligatoria a las minorías de moda. Mientras que a sus propios parientes y amigos apenas les presta atención. Es el sino de hoy.

Sobre la política exterior de EE.UU: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-10-cambios-indispensables-en-la-politica-de-estados-unidos-10-11-23

martes, 14 de noviembre de 2023

El declive de la virtud en occidente

Frecuentemente acusamos a la clase política de carecer de valores, pero ¿son los políticos una excepción o se limitan a reflejar la carencia de valores (o, mejor dicho, de virtudes) de la sociedad que les vota? ¿Puede un pueblo que ama la verdad y la honestidad votar a psicópatas, mentirosos patológicos y caraduras?

“La ciudad no se adorna con cosas exteriores, sino con la virtud de quienes la habitan”, escribía Epicteto. ¿Cuáles son las virtudes de los que habitan las sociedades occidentales? Porque sin el ejercicio de las virtudes no se puede aspirar a un orden social justo ni tampoco a la felicidad individual, afirmación que hoy quizá sorprenda pero que Aristóteles tenía claro hace 2.300 años: “sin virtud no podemos ser felices, hasta donde los hombres pueden serlo[1]”. Lo mismo defiende el cristianismo, raíz de la civilización europea: la virtud es la piedra angular sobre la que se apoya la felicidad, la convivencia y la verdadera libertad del ser humano.

Considerar que la fuente de la felicidad es la virtud es justo lo contrario que creer que la fuente de la felicidad es el hedonismo, como preconizan con éxito los yonquis del poder, conscientes de que una persona esclavizada por la adicción a sus pasiones es más fácilmente subyugable.

La clase política no fomenta la virtud

En democracia la relación entre gobernantes y gobernados es compleja y bidireccional. Lo normal es que el político se limite a adular a las masas, pero también puede influir y crear opinión. Sin embargo, ¿qué político anima a sus votantes a tener espíritu de trabajo y sacrificio, a decir la verdad, a cumplir con la palabra dada o a luchar por el bien común? Convendrán conmigo en que más bien promueven la mamandurria y que el concepto de “verdad” les es completamente ajeno, pues para ellos la mentira es normal, el fin justifica los medios y la sinceridad sólo es la desventaja del ingenuo.

Tampoco fomentan el imprescindible respeto al adversario político, al diferente, o a las minorías. Por el contrario, aplican el rodillo y atizan los odios para fragmentar la sociedad en grupos enfrentados –pobres contra ricos, catalanes contra madrileños, españoles contra inmigrantes, vacunados contra no vacunados o mujeres contra hombres.

La clase política tampoco promueve la virtud de la responsabilidad, es decir, el coger el toro de la vida por los cuernos y asumir las consecuencias de los propios actos. De hecho, el Estado de Bienestar alivia a los ciudadanos de semejante “carga” (antaño considerada un rasgo de la adultez) a cambio de arrebatarles su libertad, trueque nunca explicitado pero inevitable.

Finalmente, ese mismo Estado de Bienestar es por su propia naturaleza contrario a la virtud del optimismo, definida por David Isaacs como “la confianza razonable en las propias posibilidades” para crear una familia, ganarse el sustento y progresar, es decir, para convertirse en un ciudadano seguro de sí mismo e independiente. Por el contrario, se promueve la dependencia del Estado-Providencia, haciéndonos creer que sin su benéfica ayuda no podríamos subsistir.

Sin el ejercicio de las virtudes tampoco existe verdadero progreso material y económico. En 1987, una fuente tan autorizada como Juan Pablo II definió las causas morales de la prosperidad como una constelación de virtudes: “laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio; cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho”. Y añadió: “ningún sistema o estructura social puede resolver, como por arte de magia, el problema de la pobreza al margen de estas virtudes”. ¿Están los jóvenes de hoy tan predispuestos como sus padres y abuelos a practicarlas?

La guerra contra la familia

A pesar de que la virtud es fuente de felicidad y prosperidad (o precisamente por serlo) existe una oscura agenda de poder que crea un sistema de incentivos contrario al ejercicio de las virtudes. A lo largo del tiempo, dicha agenda ha encontrado un obstáculo, una fortaleza otrora inexpugnable, llamada familia. En efecto, era en la familia donde se educaban las virtudes, y allí al Estado apenas le era permitido intervenir. Por ello, esta agenda de poder ha declarado una guerra abierta a la familia.

Aunque este asedio a la familia incluya sin duda una agenda económica empobrecedora (hace un par de generaciones un solo sueldo bastaba para mantener una familia de cuatro hijos, mientras hoy dos sueldos apenas pueden mantener a dos), es en la vertiente ideológica donde el ataque se está produciendo a mayor escala con cierto éxito, como muestran varios indicadores.

Los datos que voy a proporcionar se refieren a España, pero la tendencia es similar en el resto de Europa. Naturalmente, al interpretarlos como un deterioro de la salud emocional de la sociedad parto de ciertas hipótesis, como que todos aspiramos a la felicidad, que el amor hace más feliz que el desamor, que el amor que anhelamos es para toda la vida, que un matrimonio estable y duradero produce mayor felicidad a cónyuges e hijos que un divorcio, que el aborto no hace feliz a la mujer que lo practica (y desde luego no al nasciturus con cuya vida se acaba), que el suicidio es una tragedia y que la compañía (generalmente) es mejor que la soledad.

No por casualidad la ofensiva contra la familia está siendo particularmente virulenta en países de tradición católica como España y comienza socavando su raíz misma, esto es, el matrimonio. En efecto, lejos de promover la pacífica y natural convivencia entre hombre y mujer, fomenta la lucha de sexos (por eso hay un Ministerio de Igualdad y no un Ministerio de la Familia). El aumento del número de divorcios es buena muestra de ello: en España se ha pasado de 20.000 en 1982 (un año después de su legalización) a unos 90.000 en el último año.

En este sentido, sorprende que el divorcio se tome tan a la ligera. A pesar de la perturbación social que provoca y del enorme sufrimiento personal que lleva aparejado, especialmente para el cónyuge abandonado y para los hijos (en su caso), no es contemplado como una plaga social, antes bien se banaliza e incluso se promueve, como hizo en España el siniestro tándem Zapatero-Rajoy.

En efecto, repartiéndose el trabajo con fraternidad casi masónica, los dos expresidentes crearon y consolidaron, respectivamente, la ley del “divorcio exprés”, que eliminó de un plumazo los procedimientos dilatorios que exigía la norma anterior para dar una oportunidad a la reconciliación. Tal y como afirmó en su día el CGPJ (en un informe que el gobierno de ZP ignoró), el divorcio exprés era “una figura desconocida” en otros ordenamientos, ya que ninguno admitía “la voluntad unilateral de uno de los esposos sin la concurrencia de causa alguna o sin un plazo de reflexión durante el cual se madure la decisión de poner fin al vínculo matrimonial[2]”. Como consecuencia de esta ley, en tan sólo dos años la tasa de divorcios se multiplicó por 2,5 en nuestro país. Parece lícito preguntarse qué objetivo perseguía el legislador, sino destruir.

Hemos mencionado la importancia de que los niños crezcan en un hogar estable con padre y madre, y obviamente el divorcio lo impide. Pero otra tendencia preocupante es el porcentaje de niños que nacen fuera del matrimonio, fenómeno cuyas negativas consecuencias individuales y sociales están bien documentadas[3]. Pues bien, mientras que en 1980 sólo el 4% de los niños nacían fuera del matrimonio, hoy la cifra se acerca al 50%[4].

Otro indicador inquietante es la crisis de compromiso personal que hace que los jóvenes se casen tarde, no se casen o no tengan hijos, consideraciones económicas aparte. En 1980 la edad media con que los jóvenes se casaban era de 25 años; hoy es de 37. Asimismo, el índice de fecundidad ha pasado de 2,2 a 1,2 y el número medio de miembros por hogar ha pasado de 3,6 a 2,5. Como consecuencia de todo ello, los hogares unipersonales han pasado del 10% al 26%[5] en lo que va camino de convertirse en una epidemia de soledad sin precedentes en la cultura tradicional española.

Aborto e ideología de género

Sin duda, otro flanco del ataque a la familia y a la fecundidad por parte de quienes desean a toda costa reducir la población es el horror del aborto, la cuestión moral más relevante de nuestro tiempo. Un año después de aprobarse la ley en España (1985) se produjeron sólo 500 abortos; al año siguiente se realizaron 17.000, y hoy se producen más de 90.000 muertes violentas de nasciturus a los que se les niega el derecho a la vida y cuya silenciada voz pocos defienden. Esta aceptación social del aborto se ha logrado mediante el engaño, manteniendo el debate en el ámbito de la casuística y, sobre todo, ocultando su fea realidad: ojos que no ven, corazón que no siente. Por eso no hay vídeos de abortos, salvo en algunas webs provida[6], y por eso existe una férrea oposición a mostrar el latido o la ecografía del nasciturus a sus madres antes de que tomen ninguna decisión.

La última ofensiva contra la familia ha sido la ideología de género, introducida en España por el tándem PSOE-PP (recuerden, uno lo aprueba y el otro lo consolida). Que los poderes públicos hayan impuesto algo tan biológicamente acientífico resulta chocante, pero que con ello se quiera confundir a los menores y empujarles a la transexualidad es una iniquidad. Suecia, país pionero en la necesaria protección de la dignidad de esta minoría tan vulnerable, ha frenado por defecto las intervenciones y tratamientos hormonales en menores[7] por ser en gran medida experimentales y tener potenciales graves efectos adversos[8]. Pero lo más preocupante es un dato apuntado por varios estudios científicos[9] y recientemente destacado por medios como el New York Times[10], esto es, que las personas transexuales tienen un elevadísimo riesgo de suicidio. ¿Cómo pueden los poderes públicos fomentar la transexualidad en menores si es cierto que cerca del 40% de los transexuales intentan o logran suicidarse[11] y que, incluso en países tan ejemplarmente tolerantes como Dinamarca, tienen una tasa de suicidio (en grado de tentativa) 7,7 veces superior a la de la población general[12]?

La disolución programada de la sociedad occidental

De hecho, el constante aumento del índice de suicidios es otro grave problema que nuestra sociedad tiende a orillar. En España, la cifra alcanza hoy los 8,7 suicidios cada por 100.000 habitantes, es decir, más del doble que la que había en 1975, cuando tocó un mínimo histórico con una tasa de 3,8 por 100.000[13] (una de las más bajas del mundo por aquel entonces).

Finalmente, cabe señalar el aumento de la delincuencia como signo de la progresiva caída del orden social y familiar. En este sentido, aunque España siga siendo uno de los países más seguros del mundo, la tasa de criminalidad y la población reclusa se han multiplicado por 5 y por 4, respectivamente, desde 1978.

¿Qué conclusiones podemos sacar de estos datos? En primer lugar, que contrariamente a lo que nos dicen, en muchos aspectos la sociedad occidental va a peor, no a mejor. En segundo lugar, que existe una siniestra agenda de poder que promueve la destrucción de la virtud y de ese taller de virtudes llamada familia. Y, en tercer lugar, que las ideas tienen consecuencias, y que al borrar la línea que separa el bien del mal a través del relativismo, la sociedad europea, y muy particularmente la española, ha entrado en un proceso programado de disolución.

Familias desestructuradas, soledad, violencia, aborto, suicidio, confusión sexual, pérdida del sentido de la vida, infelicidad. Lo llaman progreso.

 

 https://www.fpcs.es/el-declive-de-la-virtud-en-occidente/

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