El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

miércoles, 30 de junio de 2021

Los jóvenes quieren divertirse

 Hasta hace poco se decía que los jóvenes asintomáticos contagiaban a sus abuelos , que enfermaban gravemente. Ya no se puede decir eso porque los mayores están vacunados. De manera que si los jóvenes se contagian, mejor para ellos, porque ya no tendrán que vacunarse. Tal vez ése es el problema, que pierden las farmacéuticas. Porque si no no entiendo a qué viene esa obsesión porque no se diviertan los jóvenes. Parece que algunos nunca lo han sido.

La juventud es el momento de salir con amigos, de ligar, de bailar y tomar copas. Después ya es demasiado tarde porque llegan los trabajos, los hijos y demás obligaciones. Resulta demasiado pedir que los jóvenes se queden en casa y no se relacionen con nadie, para evitar precisamente esa inmunidad de grupo que resulta tan deseable. Les estamos privando de algo que no se va a repetir, si la vida sigue su curso como resulta aconsejable que sea.

domingo, 27 de junio de 2021

Perspectiva de género

 

El sentido político-social del pequeño zoológico mencionado en el título quedará claro en breve. En cuanto al mundo con perspectiva de género lo tenemos ante nuestros ojos todos los días; pero precisamente en las últimas dos semanas ha habido una serie de noticias, por así decir un concentrado de eventos, que nos han permitido una visión muy clara de las cosas; tan clara que sólo los avestruces, con voluntad indomable de autoengaño y la cabeza hundida en la arena, son capaces de no verlas.

Es el mundo donde los niños asesinados pueden ser de primera o de segunda categoría, valiendo más la vida de los primeros. Que el valor de estas vidas segadas prematuramente por la violencia sea muy desigual se comprende por las muy distintas reacciones que estos delitos provocan en la conciencia social. Si los mata el padre valen mucho, si los mata la madre valen poco. El termómetro que permite medir este valor es la repercusión en los medios, en la política, en las expresiones públicas de repulsa. Los niños muertos de primera categoría, muertos por el padre, tienen un enorme valor de propaganda política, ideológica, como herramienta de poder psicológico; incluso tienen un valor contable, que un dirigente de empresa pondría en los activos inmateriales del gran chiringuito feminista.

Una diversa valoración de las vidas infantiles que tiene también un respaldo científico. O al menos por parte de gente que está chupando del bote en universidades. Expertos que nos iluminan con una sabiduría que no sabemos bien si sale de la boca o del ojete, cuando nos demuestran que los hombres matan por maldad y las mujeres por amor mal entendido, o por trastornos varios a los que hábilmente bautizan con algún nombre retorcido, para así justificar que la vida de los niños se mida de dos maneras diferentes.

En el mundo con perspectiva de género, si muere una mujer el hombre más a mano es considerado sospechoso por defecto; los medios y los políticos y hasta la policía buscan un culpable masculino con la pasión de los cerdos que buscan trufas en los bosques. Es el mundo donde los procedimientos o la voluntad o las mentes policiales están tan infectados de feminismo, es decir formados en perspectiva de género, que se detiene a un hombre cuya mujer ha fallecido y se le hace  dormir en el calabozo, por indicios o presuntos indicios que no debían de ser muy consistentes, puesto que la muerte natural resultó inmediatamente de la autopsia. Pero no podían esperar para detenerlo hasta haber investigado un poco si la cosa no les parecía clara. No. Debían considerarlo sospechoso, tan sospechoso como para justificar una detención inmediata. Sospechoso por ser hombre.

Naturalmente no ha faltado quien, desde la política, se lanzara prematuramente a hablar de violencia de género. Carroñeros con caras de niño y corazones de hiena, en ésta y otras ocasiones jamás pedirán perdón o rectificarán públicamente. Porque en realidad saben perfectamente lo que hacen; no se han equivocado y no se trata de un error ni de precipitación: su propósito es lanzar el esputo de veneno porque, como en general la primera impresión es la que cuenta, el mensaje inicial es lo que va creando opinión pública; es lo que queda en las cabezas, con una fuerza mucho mayor de los hechos que eventualmente puedan desmentir el primer esputo de veneno.

El mundo de la perspectiva de género, en fin, es el mundo donde una delincuente secuestradora de sus hijos, calumniadora y denunciante sistemáticamente en falso, no sólo se va de rositas por lo segundo y lo tercero, sino que ni siquiera pisa la cárcel después de condenada por lo primero y está en espera de ser indultada.

Creo que ha quedado claro quién es quién en este pequeño zoológico donde, además de los seres mencionados al principio, han aparecido los cerdos que buscan trufas. Las víboras son la fuerza motriz que han convertido la legislación y la justicia en un campo minado para los varones. Los carroñeros sabemos todos quiénes son. Los perrillos falderos domesticados son esos seres con documento de identidad masculino que asumen cada principio del feminismo, que apuran hasta las heces la copa de toxinas con perspectiva de género; colaboracionistas en la guerra contra el varón, se avergüenzan de ser hombres buscando eternamente un perdón y un derecho de existir siempre provisionales y condicionados; unas recompensas por parte de sus amas siempre medidas al milímetro y pagadas a caro precio, sobre todo en moneda psicológica pero también en la de curso legal.

Los avestruces son seguramente más numerosos que los anteriores. Los vemos por todas partes también a ellos, hundiendo su cabeza en la arena para no ver la realidad o fingir que no la ven. Minimizando lo que sucede, pensando que no les va a tocar a ellos, que no es tan grave, que son sólo excesos y casos puntuales. Etcétera.

Es una taxonomía seguramente sumaria e incompleta, pero no quiero aburrir a los lectores. Cada uno podrá ejercitar su fantasía y usar la riqueza de nuestra lengua para encontrar paralelismos y afinidades ocultas. El lenguaje está cargado de sabiduría y verdades decantadas por los siglos. Por eso la corrección política, que el aquelarre de la hipocresía y la mentira, está empeñada en maltratarlo y mutilarlo.

Estas dos semanas nos han permitido ver las cosas como están en realidad, revelándonos con la máxima claridad la perspectiva del género estropeado que ha tomado el control de nuestra sociedad.

 

 https://elcorreodeespana.com/politica/422513419/Vivir-en-un-mundo-con-perspectiva-de-genero-Viboras-carroneros-lameovarios-domesticados-y-avestruces-Por-Max-Romano.html?fbclid=IwAR0-RpHbH0ijtASr-qG4vmEiU6Gm5LUNv0IWfYCiJX78Q64TFx_-2VKAuMk

jueves, 24 de junio de 2021

La última moda

 Iba a poner de nombre al post En bragas por la calle, pero me entrarían todos los pervertidos de internet, así que le cambié el nombre. Los pantalones de las jovencitas estaban siendo cada año un poco más cortos, pero este año se han convertido directamente en braguitas, las cuales llevan además niñas cada ve más pequeñas, cosa que naturalmente me parece mal. Además, resulta que los tops también han encogido, convirtiéndose en poco más que sujetadores.

Algunas chicas parece que han salido en ropa interior. A eso le sumamos los pantalones que antes tenían algunas rajitas o agujeros y ahora están directamente destrozados. Parece mentira pensar que los fabrican enteros y luego los rompen antes de venderlos por una buena cantidad de dinero, y lo peor es que los compran. A veces dan ganas de darles limosna. Ya no sé qué es lo que va a ser lo siguiente, ¿ropa transparente?. Al menos protejamos a nuestros niños. Enseñándoles algo de pudor.

miércoles, 23 de junio de 2021

El lenguaje inclusivo

 

Desde hace años, ciertos sectores políticos -especialmente de la izquierda- vienen insistiendo en la necesidad de cambiar las palabras que usamos para limpiar de “machismo” el lenguaje.

A esa nueva forma de hablar, casi siempre impuesta desde el poder (como todos los proyectos de ingeniería social), la denominan “lenguaje inclusivo” o “lenguaje no sexista”. La excusa es alcanzar una mayor igualdad entre sexos a la hora de hablar, pero… ¿es esto cierto? ¿Son sinceros los políticos que nos dicen que esta imposición la hacen por nuestro bien?

¿El lenguaje determina nuestra forma de pensar?

Para remontarnos a sus orígenes debemos fijarnos en un científico marxista soviético, Lev Vygotski (1896-1934), que formuló una teoría según la cual el lenguaje determina nuestra cultura y nuestra forma de pensar. A esta teoría, denominada determinismo lingüístico, se le puede oponer una objeción que resulta más que evidente, y es que en todas las épocas ha habido, en un mismo entorno lingüístico, personas con muy distintas formas de pensar. Remitiéndonos, por ejemplo, al país natal de Vygotski, Rusia pasó del zarismo al comunismo, pero los rusos han seguido hablando el mismo idioma. Como en otros ámbitos, en éste se observa también el error del marxismo de considerar que todas las facultades humanas están determinadas por un cierto pensamiento y, por tanto, pueden -e incluso deben- ser modificadas a base de ideología.

Introduciendo el marxismo en Occidente por la puerta trasera

En el caso del “lenguaje inclusivo”, estaríamos hablando de una variante del marxismo cultural, el movimiento encabezado por varios pensadores de la Escuela de Frankfurt y más concretamente por el dirigente comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937). Estos pensadores se habían dado cuenta del fracaso del marxismo en los países occidentales, y optaron por plantearlo de otra forma, introduciéndolo por la puerta trasera y aplicando la tesis marxista de la lucha de clases a otras relaciones sociales entre las personas, entre ellas la célula más básica de la sociedad, la familia, que el marxismo consideraba un residuo del orden burgués. La URSS ya había intentado minar la familia siguiendo las tesis de la feminista radical Alexandra Kollontai (1872-1952), que en “Comunismo y familia” (1920) había escrito: “el Estado obrero vendrá a reemplazar a la familia, la sociedad gradualmente asumirá todas las tareas que antes de la revolución caían sobre los padres individuales”. No fue el único disparate que promovió el comunismo: en un intento de minar el seguimiento de las festividades religiosas, Stalin incluso llegó a aplicar una semana de cinco días (luego de seis), con desastrosas consecuencias.

¿Qué feminismo vender tras el éxito del feminismo original?

El fracaso del comunismo soviético al intentar destruir la familia y las instituciones sociales más básicas convenció a los marxistas occidentales de la necesidad de otra táctica. Optaron por intentar convencer a las mujeres de que eran víctimas de una opresión secular. Se trataba, insisto, del mismo esquema de opresores y oprimidos con que el marxismo abordaba la existencia de distintas clases sociales (y que ha encontrado un gran escollo en la formación de una amplia clase media en los países capitalistas). Hay que tener en cuenta que el feminismo originario, no marxista, buscaba la igualdad de oportunidades para la mujer. En las sociedades democráticas ese feminismo había tenido grandes éxitos -derecho de voto para la mujer, acceso a trabajos antes reservados para los varones, etc.- cuando el marxismo cultural puso en marcha el feminismo de género, que no busca la igualdad de oportunidades, sino la igualdad de resultados. “Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor”, denunciaba la feminista Christina Hoff Sommers en 1994 en su libro “¿Quién robó el feminismo?”. “Pero esto carece de base en la realidad norteamericana. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer que hoy conforma 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose.”

El objetivo: acabar con “la distinción de sexos misma”

A pesar de que cada sexo muestra inclinaciones distintas, propias de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, el feminismo de género niega la realidad y sostiene que toda diferencia de roles entre los sexos es fruto del condicionamiento cultural. Y como atribuyen a esos roles el mantenimiento de un esquema en el que los hombres son opresores y las mujeres oprimidas, consideran que esos roles deben ser alterados por imposición legal. Que una teoría cuanto menos discutible sobre la sexualidad humana sea impuesta de esta forma, mediante la coacción, ya debería alarmarnos, pero aún deberíamos preocuparnos más ante el objetivo de esta negación, un objetivo que señaló sin tapujos la feminista radical Shulamith Firestone (1944-2012) en su libro “La dialéctica del sexo” (1970): “así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.”

La desaparición de los padres y de las madres

De esta forma, la ideología de género se empeña en que la masculinidad y la feminidad sean proscritas -nuevamente a golpe de ley- en aras de una concepción de la sociedad que busca forzar a hombres y mujeres a negar su condición. Ya lo hemos visto en las disposiciones legales creadas en varios países para que borrar las menciones a padres y madres y sustituirlas por “progenitor A” y “progenitor B” o incluso por meros “cuidadores”, como si la realidad biológica de la institución familiar, que se deriva del propio dimorfismo sexual del ser humano, fuese algo que debe ser ocultado manipulando el lenguaje.

Intentando que las ranas no se den cuenta de que están hirviendo

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿qué buscan con todo esto? Resulta obvio que eliminar las diferencias sexuales es una tarea imposible. Esas diferencias se derivan de la propia naturaleza humana y siempre van a existir. Si no fuese así, la sociedad estaría condenada a desaparecer, pues precisamente la relación entre el hombre y la mujer es la que da a luz nuevas vidas. Los ideólogos de género saben que su meta es incalcanzable, y precisamente por eso la plantean. Si un movimiento político se propone metas asequibles, una vez alcanzadas el movimiento pierde su razón de ser. El marxismo pretende que persigamos utopías irrealizables, porque así siempre tendremos que depender de los marxistas para que nos guíen hacia ellas. Pero para asegurar todavía más su papel de solucionadores de un problema que ellos mismos se empeñan en crear, para que la gente les haga algo de caso y crea en serio que les necesita, tienen que intentar convencernos de que vivimos en una sociedad opresora. De ahí proceden invenciones como los “micromachismos”, que según los ideólogos de género son las pequeñas expresiones de la opresión patriarcal en nuestra realidad cotidiana. Así, el mero hecho de rascarte la barba o sentarte con las piernas abiertas -si eres hombres- te convierte en un “machista”, es decir, en un opresor.

Un negocio millonario y una forma de aumentar el control sobre la sociedad

El “lenguaje inclusivo” se enmarca en esa búsqueda incesante de nuevos frentes para convencer a las mujeres de que sufren una opresión a manos de los hombres. Poco importa que la mayoría de las mujeres no se ofendan por llamar “hijos” a sus niños y niñas, o por usar el masculino genérico en otro tipo de expresiones muy habituales. Que esas mujeres no se sientan oprimidas es algo que les hace perder el sueño a los ideólogos de género, porque se quedan no sólo sin audiencia, sino también en muchos casos sin trabajo. Tengamos en cuenta que esta ideología se ha convertido en un negocio millonario que mueve suculentas subvenciones en observatorios, comisarios de género, cátedras de género, etc. Además, la excusa de la lucha contra el “sexismo” se ha convertido en un medio fabuloso para controlar a la sociedad, recortando libertades y persiguiendo a los que discrepan hasta extremos que muchos no habrían creído posibles en una democracia hace no muchos años. Nos van sometiendo con estas patrañas, eso sí, de forma pausada, a menudo mediante la técnica de “lluvia fina”. Siguen aquí el proceso ya descrito por Olivier Clerc en “La rana que no sabía que estaba hervida”: unos recortes graduales de libertades para que no nos demos cuenta de que nos están hirviendo y no nos rebelemos.

 https://www.outono.net/elentir/2017/06/15/el-lenguaje-inclusivo-o-no-sexista-lo-que-se-esconde-tras-una-falsa-apariencia-de-igualdad/

lunes, 21 de junio de 2021

Cuéntame. Las consecuencias

 Hoy he visto el que creo que es el último episodio de la serie Cuéntame y me ha gustado bastante. La serie es muy original porque trata la vida de una familia a lo largo de muchos años. Llega hasta la cuarta generación. La verdad es que la trama es demasiado complicada porque trata absolutamente todos los temas, desde el alcoholismo a la drogadicción y especialmente las relaciones de pareja. De manera que todos los personajes acaban teniendo cinco o seis parejas.

La infidelidad es una constante sobre todo en los hombres de la familia. Pero lo bueno que tiene la serie es que, si todos rozan el abismo en sus vidas, luego trata de las consecuencias de sus actos, de manera que se ve que vivir al límite no sale gratis. Por ejemplo, cuando la pequeña sale con un profesor, al poco tiempo descubre que tienen intereses diferentes. O cuando la mayor sale con un chico más joven, se da cuenta de que no son compatibles, aparte de que él tenía problemas mentales.

De manera que al final, dos de los hijos acaban separados por su promiscuidad y la mayor sola. Únicamente la pequeña, que es la más responsable, ha sabido conservar la familia unida. En cuanto a los padres, tienen una vida innecesariamente conflictiva por cosas del guión, pero se siguen queriendo. Así que creo que en esta serie se pueden aprender algunas lecciones de vida, porque desde luego no hay situación que no aborde y consecuencias que no muestre.

viernes, 18 de junio de 2021

Una vez más, el aborto

 Pensaba que en este tema ya estaba todo hablado, en España donde por desgracia se ha convertido en una barra libre, pero olvidaba que en otros países todavía están empezando. Se trata de lo siguiente: se empieza por mostrar algún caso límite de una niña violada, o un bebé que igualmente no hubiera sobrevivido porque no era viable. Entonces se aprueba la ley de las tres excepciones, pero al hablar de la salud de la madre, se incluye la psicológica, lo cual es un coladero.

A continuación se aprueba el aborto libre hasta los tres meses e indefinido en los tres causales. Esto supone convencer a las mujeres de que un feto es solo una masa de células y no un ser humano único con un corazón que ya late al cabo de una semana. De esa manera el aborto se convierte en un método anticonceptivo más. El último paso supone aprobar el aborto libre hasta los nueve meses de embarazo, y todavía en la ciudad de Nueva York están intentando aprobar el infanticidio.

De este modo, en el mundo han dejado de nacer ya cincuenta millones de personas.

miércoles, 16 de junio de 2021

Argumentos contra la eutanasia

Los yacimientos de Atapuerca, cerca de Burgos, nos ofrecen descubrimientos asombrosos. Uno de ellos es un fósil encontrado en 1996 y que pertenecía a un anciano que murió aproximadamente a los 50 años (cuando la esperanza media de vida no superaba los 35). Las condiciones físicas de este homínido, apodado Elvis, estaban tan mermadas que no podía ayudar en las cacerías, trasladarse al ritmo que los demás, ni sobrevivir sin la ayuda constante del grupo. Era bajo de estatura y muy robusto, andaba encorvado, tenía que apoyarse en un bastón y sufría varias dolencias y enfermedades degenerativas que le ocasionaban fuertes dolores. “Si no hubiera tenido cuidados, no habría sobrevivido tantos años”, asegura Alejandro Bonmatí, uno de los descubridores de los restos fósiles.

Aunque Elvis era dependiente y suponía una “carga” para el grupo, tal vez sus conocimientos podrían ser valiosos, y, por lo tanto, “era rentable” hacerse cargo de él. Pero esto no ocurría con Benjamina, otro de los fósiles hallados en Atapuerca. Benjamina nació con una malformación severa que le ocasionó un retraso mental considerable, y el hecho de que no fuera abandonada al nacer y llegara hasta los 10 años de edad, muestra la solidaridad de aquellos homínidos primitivos, en un tiempo en el que aún ni siquiera se dominaba el fuego, hace más de 500.000 años. La conclusión es obvia: los hombres y mujeres de Atapuerca, por una u otra razón, estaban dispuestos a cargar con sus congéneres discapacitados en sus desplazamientos, a renunciar a parte de su escasa dieta para ayudar a los miembros más desvalidos del grupo, y a entender que la vida tiene un valor que va más allá de su utilidad o su bienestar.

Los hallazgos de Atapuerca no son aislados: se han encontrado en otros yacimientos prehistóricos restos de un niño con un defecto cerebral, que vivió hasta los cinco años, de un hombre con un brazo atrofiado, los pies deformados y ciego de un ojo que dependió del grupo durante 20 años, y de una mujer de hace 1,5 millones de años, con una enfermedad congénita. Ejemplos de cuidados, por parte del grupo, de sus miembros “aparentemente inútiles”. Un interesante libro, The prehistory of compassion, analiza muchos otros ejemplos de altruismo en los homínidos primitivos.

Hoy, en cambio, en nuestro Occidente desarrollado, progresista y compasivo, ¿qué está sucediendo con los miembros más débiles de la sociedad, como Elvis o Benjamina?

En Canadá, donde la eutanasia es legal desde 2016, la residencia de ancianos Irene Thomas ha perdido la subvención de 750.000€ anuales que recibía del Estado -teniendo que cerrar sus puertas-, por negarse a practicar la eutanasia a sus pacientes. También en Canadá, Roger Foley, con una enfermedad que le impide andar y hablar, ha recibido de su hospital una factura de 1800 dólares diarios, que debe pagar si quiere seguir con el tratamiento para sus dolencias. Como alternativa, se le ofrece el acceso gratuito a la eutanasia. Lo mismo en Oregón: a un enfermo de cáncer de próstata, Randy Stroup, los médicos se negaron a tratar con quimioterapia porque es muy costoso, pero la Sanidad pública se ofreció a pagarle el coste de la eutanasia.

Una vez que se abre la veda acerca del “valor relativo de la vida, según las circunstancias”, la pendiente es muy resbaladiza: eutanasia para menores de edad (legal en Holanda desde 2005), para recién nacidos en Bélgica, en contra de la voluntad de los padres (pensemos en el caso de Charlie Gard y Alfie Evans), eliminación del requisito del consentimiento del paciente (decide quién es candidato a recibir la eutanasia el Estado, los recursos sanitarios disponibles, los comités médicos, la familia que no puede o no quiere hacerse cargo de uno de sus mayores o enfermos…). ¿Una exageración? En 2015, en Holanda, se practicaron 431 eutanasias no solicitadas por el paciente.

El código de conducta holandés, actualizado en 2018, sostiene que “un paciente que quiera recibir la eutanasia no tiene necesariamente que estar afectado por una patología terminal”, citando como motivos para solicitarla “el malestar psíquico, la depresión, los achaques, la sordera, la osteoporosis…”. Los famosos casos tipo Ramón Sampedro, de dolor extremo y gran impacto emocional, donde el que opta por poner fin a su vida es un sujeto autónomo, libre, consciente y sin perspectivas de mejoría, son solo casos raros y extremos usados como excusa para abrir la puerta legal y lograr la aprobación social a una eutanasia solicitada por razones cada vez más subjetivas y utilitarias, o incluso impuesta por el Estado para sus miembros más débiles, gravosos o improductivos.

En la clínica del doctor Bert Keizer, en La Haya, se practicaron 750 eutanasias en 2017. El doctor Keizer está acostumbrado a ir a casa de los pacientes que quieren morir -previo pago de 3000€-, pero la escena a la que asistió el año pasado es sobrecogedora incluso para él. Cuando llegó a la cabecera del hombre al que tenía que matar, se encontró a 35 personas que estaban “bebiendo, gritando y riéndose alegremente. Había mucho ruido y pensé: ‘Muy bien, ¿y ahora cómo lo hago?’. El hombre que tenía que morir sabía exactamente qué hacer y dijo: ‘Muy bien chicos’, y todos le entendieron. Se callaron, sacaron a los niños de la habitación y le puse la inyección”.

La eutanasia es ya la causa de muerte del 25% del total de fallecimientos en Holanda, y se ha convertido ya en algo normal y socialmente aceptado. De hecho, se está debatiendo en el Parlamento la entrega a todos los mayores de 70 años de una “pastilla roja” que provoca la muerte, de modo que cada uno pueda tomarla cuando considere que su vida sea insoportable, esté completa o suponga una carga.

Balduino Chabot, psiquiatra considerado uno de los padres de la eutanasia en Holanda, está asustado por una casuística y una normativa que está “completamente fuera de control”. Él mismo promovió y redactó la primera ley de 2003, pero pide ahora a los demás países europeos que no cometan los mismos errores, porque asegura que una vez que se abre una brecha en el muro de la indisponibilidad de la vida, las consecuencias son rápidas, imprevisibles y en cadena.

El lobby que está presionando para la legalizar la eutanasia en nuestro país -y que tiene previsto hacer un buen negocio con ello- organizó en el Congreso un evento en el que se ha pedido que la ley no incluya sólo a personas que puedan tomar decisiones por sí mismas y de modo consciente, sino también a otros pacientes en distintas fases de deterioro cognitivo, demencia, Alzheimer, edad avanzada o situaciones familiares complejas. Tratan de ser coherentes con su concepción utilitaria y nihilista del ser humano: ¿por qué poner límites externos, legales, a la voluntad autónoma de la persona? ¿Por qué reservarlo sólo a los enfermos y terminales, y no abrirlo a cualquier otra persona que lo desee? ¿Cómo se determina y quién decide cuál es el umbral de sufrimiento necesario para poder solicitar la eutanasia?

Los ejemplos de pendiente resbaladiza en la aplicación de la eutanasia, en aquellos países donde ya se ha aprobado, son infinitos. No se los contarán en los medios de comunicación oficiales, a los que no interesa que usted conozca la otra cara de la moneda, ni tenga todos los elementos racionales antes de tomar una decisión. La aprobación de la ley de la eutanasia en España provocará la ruptura de la confianza en la relación paciente-médico, someterá a los enfermos y ancianos cuyos tratamientos son muy costosos a una enorme presión, desviará los fondos sanitarios a los enfermos con más posibilidades de futuro... En último término, aunque la ley de la eutanasia se presenta como el colmo de la compasión, la libertad y la dignidad, ¿quién velará por los enfermos mentales, por los discapacitados, por los ancianos sin familia, por los dependientes, por los pacientes con enfermedades raras? ¿Con qué criterios se decidirá qué vidas valen la pena ser vividas y cuáles no? ¿No son estas unas competencias que exceden con mucho el papel del Estado?

Me temo que en la España de 2021, con nuestro sistema sanitario de primer nivel, Elvis y Benjamina tendrían muchas menos posibilidades de sobrevivir que en Atapuerca. ¡Qué cosas tiene el progreso!

Publicado en El Norte de Castilla.

 https://www.religionenlibertad.com/opinion/215772607/lecciones-eutanasia-atapuerca.html?fbclid=IwAR3YA9ajMGwYncJrsy6-KL2t4hSBSkFljK_JLGZPTSAmupOP096MZ4_P0Dw

 

lunes, 14 de junio de 2021

Mi viaje

Si os habéis fijado llevo cinco días sin publicar ni visitar los enlaces. Es porque he estado de viaje en Alemania y Francia visitando a mis dos hijas. Como viven a ambos lados de la frontera eso facilita mucho las cosas. El tiempo ha sido estupendo, casi demasiado calor. El problema es que yo soy muy debilucha y en un par de días ya me dolía todo. Ahora tengo unos meses para recuperarme antes de la siguiente salida. Siempre digo que no voy a viajar más y siempre repito.

Mi hija mayor tiene trabajo en Alemania y la pequeña está acabando sus estudios con unas prácticas. Luego dice que va a ser más fácil encontrar trabajo en Francia, porque aquí ya se sabe que hemos desmantelado la industria en las últimas décadas. Así que, mientras nuestro presidente quiere traer un cuarto de inmigrantes al año, yo me temo que tendré que seguir viajando si quiero ver crecer a mis nietos cuando los tenga. Por cierto, me hice tres pruebas de antígenos.

martes, 8 de junio de 2021

Los musulmanes no se integran en Francia

 

Malika Sorel y la descomposición francesa, por Francisco José Contreras

"La integración es posible entre europeos, pues la trama cultural es la misma. […] Pero aquí estamos hablando de otro continente, otra religión". No, no es Marine Le Pen la que habla, es Hassan II.

Dos mujeres musulmanas en París.
Dos mujeres musulmanas en París.

“Querría que ni siquiera se intentara [integrar a los marroquíes en la sociedad francesa]. Nunca se integrarán. […] [La integración] es posible entre europeos, pues la trama cultural es la misma. […] Pero aquí estamos hablando de otro continente, otra religión. […] Serán malos franceses. Nunca serán franceses al cien por cien”.

¿Es Jean-Marie Le Pen quien habla? ¿Geert Wilders? ¿Jörg Haider? No, se trata del rey Hassan II, en conversación con la periodista Anne Sinclair difundida por el canal TF1 en 1993. Los estadistas árabes formulan a veces la verdad sobre el conflicto de civilizaciones con una desenvoltura impensable en los líderes europeos, amordazados por la corrección política. Recuérdese aquella otra declaración –más célebre- del presidente argelino Houari Boumédiène en 1974: “Un día, millones de hombres abandonarán el Sur para ir al Norte. Y no lo harán como amigos. Pues irán allá para conquistarlo. Y lo conquistarán con sus hijos. El vientre de nuestras mujeres nos dará la victoria”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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La autora del libro es hija de padre árabe y pasó su infancia en Argelia, por lo que debería ser inmune a la acusación de “racismo”

Francia comienza a pensar –con sudor  frío- que los oráculos de Hassan II y Boumédiène se están cumpliendo. Proliferan libros que hablan del fracaso europeo en la asimilación de los inmigrantes de cultura islámica, así como de la incapacidad de los gobiernos para diagnosticar y corregir ese fracaso. Me ha interesado especialmente Décomposition française, de Malika Sorel-Sutter. La autora reúne cualidades que le permiten hablar del asunto con autoridad moral: hija de padre árabe y habiendo pasado su infancia en Argelia, es en principio inmune a la acusación de “racismo” que suele dirigirse contra cualquiera que denuncie los peligros de la inmigración; habiendo sido miembro del Alto Consejo para la Integración y colaborado con los Ministerios de Defensa e Interior en la época de Sarkozy, conoce de primera mano los problemas del “vivre ensemble” intercultural, así como la reticencia de la clase política a reconocerlos. El libro es en parte una denuncia del cinismo de los gobernantes: “Lo que he observado en nuestras élites es un cóctel de desfachatez, de cinismo y de indiferencia hacia la nación. Sus decisiones son tomadas bajo el sello de la inmediatez [el rédito electoral a corto plazo]. No se inscriben en una perspectiva histórica”.

Sorel entreteje la reflexión cultural-política con anécdotas autobiográficas que adquieren el valor de categoría. Por ejemplo, en los años 70 de su adolescencia argelina, las mujeres, apenas subidas al avion que les conducía a Francia, se apresuraban a despojarse de sus velos, que sabían no tendrían que utilizar en el Hexágono. Hoy ya no lo hacen. Pues Francia –declarada “tierra de Islam” por los Hermanos Musulmanes en 1989- ve crecer un rosario de “cinturones islámicos” en las grandes ciudades (que reemplazan a los “cinturones rojos” de hegemonía comunista de los Treinta Gloriosos, 1945-75) en los que la indumentaria, las costumbres, la alimentación (“halalización”, incluso en las escuelas,  para evitar conflictos) y el estatus de las mujeres se parecen más a los de una aldea del Atlas que a las de una metrópoli occidental. Son los “territorios perdidos de la República” que dieron título a una impactante obra de Emmanuel Brenner. Los enclaves de la umma en el corazón de Europa. Los barrios en los que las calles y bares pertenecen a los varones magrebíes; las zonas en las que incluso las ya escasas residentes franco-francesas asumen prescripciones islámicas (pelo recogido, nada de maquillaje o falda corta) para mejor confundirse con el paisaje. “Un pueblo dentro del pueblo, una sociedad dentro de la sociedad”, según el diagnóstico de Eric Zemmour.

¿Solucionará el problema el simple paso del tiempo? No, porque tiende a agravarse. Los inmigrantes de segunda o tercera generación se sienten menos franceses que sus abuelos. Hugues Lagrange ha certificado (en Le déni des cultures, 2010) la tendencia “neotradicionalista” de buena parte de la juventud franco-magrebí: “En materia religiosa, así como en lo que se refiere al matrimonio o a la concepción de los roles de hombre y mujer, numerosos descendientes de los [primeros] inmigrantes han adoptado posiciones hipertradicionales, rehaciendo en sentido inverso el camino que la generación de sus padres había recorrido en los años 60 y 70”. El lugar común de que el progreso tecnológico produce “ciudadanos del mundo” queda desmentido por los hechos: Internet y los vuelos baratos, al contrario, le sirven al beur para volver frecuentemente al terruño magrebí (donde podrá reclutar una prima-esposa sumisa) y para recibir adoctrinamiento islámico on line.

Los primeros inmigrantes llegaban a Francia deseando convertirse en franceses: llamaban a sus hijos Michel o Nadine, no Mohamed o Fátima (de hecho, una ley napoleónica de 1803 –significativamente derogada en 1993- impedía registrar a los recién nacidos con nombres que no perteneciesen al santoral cristiano). Pero en décadas posteriores ocurrieron dos cambios trascendentales: Francia dejó de creer en su derecho a “francizar”, y los inmigrantes árabes dejaron de creer en su deber de afrancesarse, al tiempo que se sentían cada vez más atraídos por un Islam militante resurgido de sus cenizas.

El concepto que presidió la política migratoria hasta los años 70 fue el de “asimilación”: se esperaba del inmigrante que se incorporara al “nosotros” nacional, abandonando su cultura de origen: “en Roma, haz como los romanos” (por cierto, el imperio romano mostró una gran capacidad de asimilación de gentes de todas las razas: eso sí, el aspirante a cives debía latinizar su nombre, en un gesto de adhesión a su patria electiva de imprescindible valor simbólico).

Las modas de los 60-70 deslegitimaron el concepto de asimilación, clave del éxito de Francia en la absorción de inmigrantes hasta ese momento

Pero las modas intelectuales de los 60-70 (la deconstrucción, el relativismo cultural, la “ideología del arrepentimiento” o culpabilización sistemática de Occidente y “victimización” apriorística del no occidental) deslegitimaron el concepto de asimilación, clave del éxito de Francia en la absorción de inmigrantes hasta ese momento. De la asimilación se pasó a la “integración” (que “exige esfuerzos de acomodación a ambas partes: anfitrión y huésped”; así consta en directivas europeas y leyes francesas), y de ésta a la mera “inserción” (que queda cumplida tan pronto el inmigrante obtiene papeles y un puesto de trabajo: da igual cómo piense, sienta o viva). Se pasó a considerar que exigir que el recién llegado se incorporara a la cultura anfitriona era “racismo”. Se patentó el “derecho a la diferencia”, el “derecho a la identidad cultural”. Se exaltó la “diversidad” como un valor. Se desechó la idea de asimilación en el momento mismo en que era más necesaria (pues las oleadas migratorias a partir de los 70 ya no serán de polacos, españoles o italianos –mucho más fácilmente integrables- sino de árabes y africanos).

Malika Sorel culpa de estas claudicaciones fatales a la élite intelectual y política de las últimas décadas: los intelectuales erosionaron la autoconfianza de la sociedad de acogida y convencieron a los inmigrantes de su condición de “víctimas” (si un magrebí tiene problemas de fracaso escolar, desempleo o delincuencia, la culpa es siempre del “racismo”); los políticos trasladaron esa ideología a medidas como la rebaja del nivel de exigencia en la educación (hay oposiciones en las que se han eliminado las pruebas de cultura y gramática francesas “para no penalizar a los nuevos franceses”), la reescritura penitencial de los programas escolares de Historia (que ahora transmiten una imagen negativa del país y su pasado “imperialista”), la consolidación del inmigrante en su identidad cultural originaria (con las políticas de ELCO –“enseñanza en la lengua y cultura de origen”-  implantadas en los 70 y nunca revocadas), la concesión de la nacionalidad en base a un criterio automático de ius soli (con consecuencias estrambóticas como que puedan obtener el DNI personas que apenas farfullan francés, o que no se pueda negar la entrada en el país a “ciudadanos franceses” que vuelven de hacer la yihad en Siria o Irak: en lugar de desposeerles de la ciudadanía, se les envía a “centros de desradicalización” a expensas del contribuyente).

Y, durante todo este tiempo, las voces de las escasas Casandras que rechazaban creer en las virtudes de la “diversidad” eran acalladas con el formidable argumento de que “cuestionar la inmigración favorece al Frente Nacional”. “Lepenista” ha sido una palabra-mordaza de uso parecido al de “franquista” en España. El resultado, por supuesto, es que Marine Le Pen estará en la segunda ronda de las presidenciales francesas esta primavera.

https://www.actuall.com/criterio/democracia/malika-sorel-y-la-descomposicion-francesa/?fbclid=IwAR3CiLe8r1MoeCupWyRh_bxNQ8-5mhyHwmcfmI5oivFdKV0a-aX7UspYNag

lunes, 7 de junio de 2021

Aliexpress y demás

 Ultimamente he visto que mucha gente utiliza esta página web para compras. No me parece bien. Recuerdo que hace años, cuando empezaron a poner comercios de bazar chino ya advertí que iban a acabar con el comercio tradicional, y así ha sido. La razón es que se trata de competencia desleal ya que venden los mismos artículos a mejor precio. Naturalmente, la calidad no es la misma, porque no cuentan con las medidas de control de la Unión Europea. Pero a la gente no le importa.

Ahora, con el Covid, hemos tenido que renunciar al turismo y hemos comprobado cómo hemos ido desmantelando la industria en España en las últimas décadas. Ese es el motivo de que mi hija menor tenga que buscar trabajo en Francia. Además, tanto que se habla de ecologismo, resulta que los productos que vienen de China o de otros lugares, con Amazón, llegan en avión o en grandes cargueros que contaminan mucho. No es precisamente comercio de proximidad.

Y los beneficios naturalmente van de vuelta a China o a Estados Unidos, dejando a nuestros compatriotas en el paro. Mientras los trabajadores de allí ganan un sueldo de miseria.

viernes, 4 de junio de 2021

Eufemismos

 Hace tiempo que he decidido que las cosas siguen siendo las mismas, se llamen como se llamen. Por ejemplo, antes de que subnormal se considerara un insulto, simplemente designaba a las personas cuya condición estaba por debajo de lo normal, lo cual tiene su lógica. Entonces decidieron cambiarlo por minusválido, lo cual viene a significar que es menos válido, porque padece una limitación. Pero ahora tampoco sirve y dicen discapacitado, que suena todavía peor: a que no tiene capacidad en absoluto.

En cualquier caso, da igual cómo se designen estas personas teniendo en cuenta que existe el derecho a abortarlos antes de nacer e incluso. en algunos países, a aplicarles la eutanasia después. De manera que resulta terriblemente contradictorio hablar de igualdad y de derechos de los discapacitados, mientras al mismo tiempo se está permitiendo su exterminio como en tiempos de los nazis. Más valdría tener menos palabrería y más buen corazón.

miércoles, 2 de junio de 2021

La familia

 

Publicado en La Vanguardia el 17-5-2021 

La familia es un vínculo de vida, de amor, de donación, que tiene decisivas consecuencias sociales y económicas, porque el matrimonio, generador de una familia estable con capacidad educadora de los hijos, es la condición necesaria del Estado de bienestar. Después, claro, tiene que existir la productividad y el sistema fiscal adecuado para hacerlo posible, pero sin la materia prima familiar el bienestar se degrada y desequilibra.

Cuando Ludwig W. Erhard, el ministro de Economía responsable del “milagro económico” alemán, advertía de los costes futuros de las nuevas y generosas prestaciones sociales al canciller Konrad Adenauer, padre de la actual República Federal, este le respondió con un argumento muy sencillo: “Mientras las personas se casen, formen familias y tengan hijos, usted no se preocupe de cómo pagaremos”. Pues ha llegado el momento de preocuparnos:

Cada año se casa menos gente. Optan más bien por la cohabitación y las parejas de hecho. Esta tendencia tiene consecuencias sociales importantes. Es una de las causas de la baja natalidad, que ya alcanza el estadio de suicidio colectivo. La mayoría de singles de hoy serán las personas mayores más o menos dependientes que vivirán en soledad el mañana. Es una causa de infelicidad y determina un coste social en aumento.

El envejecimiento de la población, debido sobre todo a la crisis de la natalidad, hace que aumente la media de edad de la población, con las consecuencias que se derivan para la productividad, el ahorro, la inversión y los costes públicos: farmacia, crónicos y dependencia.

También crece el número de hijos nacidos fuera del matrimonio y de madres solteras, que ya rozan la mitad de nuestra escasa natalidad. Muchos de estos niños están condenados a la adversidad de disponer de un solo progenitor, y una renta baja; su inclusión en la pobreza y marginación es muy probable, y escasas las esperanzas de poder utilizar el ascensor social.

Nuestro fracaso escolar tiene mucho que ver con estas disfunciones sociales, porque la ideología dominante se niega a asumir que es la familia quien educa en primero y básico término. Sin esta condición el aprendizaje en el aula resulta inviable o muy costoso.

La familia lleva a cabo ocho funciones sociales y económicas insustituibles; una evidencia que tampoco se quiere entender por la misma ceguera ideológica. A partir de la condición de la estabilidad, el matrimonio genera la descendencia, la educa, establece normas compartidas de cooperación interna y externa, y las proyecta en términos de confianza, construyendo así el capital social primigenio, que se transforma en capital humano. De este modo aporta la primera red relacional de capital social, la del parentesco. Proporciona la función de acogida, acompañamiento y cuidado de costosa sustitución, y tan vitales en periodos de enfermedad, dependencia y crisis económica. También proporciona el necesario efecto dinástico, la solidaridad generacional: la capacidad de diferir rentas presentes en beneficio de la generación futura. Y todo eso, además de su papel formalmente reconocido en materia de consumo, ahorro e inversión. Todas estas funciones definen la actuación de la familia en el crecimiento y el bienestar. En el 2015 escribí Una nueva teoría de la familia para contribuir a una mejor comprensión de su papel.

Pero en España y en Cataluña, los poderes públicos y la cultura dominante no tan solo no reconocen toda esa importancia, sino que son adversos al matrimonio, la maternidad y la paternidad. No es de extrañar que destaquemos en Europa en pobreza infantil. Las familias reciben muy pocas ayudas y los beneficios en función del número de hijos son mínimos, de manera que tenerlos es un acto de una generosidad extraordinaria. Las familias numerosas son heroicas. El sistema público de pensiones penaliza a las familias con hijos, que son las que aportan los futuros cotizantes, en vez de premiarlas. Las patologías socioeconómicas, elevado paro estructural, familias con todos los miembros en paro, jóvenes que ni estudian ni trabajan, los ninis, no disponen de las políticas públicas, la gestión administrativa y los recursos adecuados.

Por si fuera poco, la política y cultura dominante considera a los padres un sospechoso habitual, desprecia la maternidad y la estabilidad del vínculo. Incluso la infidelidad es celebrada y el compromiso firme, motivo de hazmerreír. Al mismo tiempo, los adolescentes no reciben la educación sexual adecuada para alcanzar la plena responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos.

El desprecio gubernamental es tal que incluso han intentado, a escondidas y vía Europa, retirar la desgravación por declaración conjunta de los matrimonios, y solo el escándalo que se produjo al conocer esta intención antes de las elecciones madrileñas ha comportado su rectificación… de momento. Como escribe MacIntyre en la última página de Tras la virtud, no hay que temer la invasión de los bárbaros, porque hace años que nos gobiernan.

 https://www.forumlibertas.com/la-familia-y-los-barbaros/

Nuestros jóvenes

 Me preocupan mucho los jóvenes. Desde hace ya varias décadas les están metiendo en la cabeza ideologías que chocan con la ciencia y el sent...