Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

viernes, 6 de diciembre de 2024

El peso de las palabras

Son muchas las formas en las que se puede volver tras una ausencia. En silencio. A gritos. Taconeando o de puntillas. Es posible hasta volver sin regresar, como si cuerpo y mente hubieran quedado atrapados para siempre en esa otra galaxia a la que escapamos por voluntad.

Hay muchas formas de volver, pero yo quería conquistar de nuevo este espacio extrañado del periódico, encarar mi ansiado retorno, con palabras. Como si fuera algo innovador, revolucionario, un hito, cuando en realidad no existe otra manera si se trata de escribir. Me refiero, sin embargo, a poner en valor el poder, el peso de las palabras, de un texto, de una conversación. Porque cuando dos cuerpos se desnudan y se despojan de todo, sólo permanecen las palabras en tantos modos y expresiones. Es lo único que nos queda cuando ya no nos queda nada. Y lo es todo, hasta el punto de que ni siquiera la ahora famosa inteligencia artificial llegará jamás -por más inteligente que se considere- a comprender los matices del lenguaje.

Las palabras pueden ser letales como balas, aunque construidas a base de letras y no de plomo. Pueden ser, también, como esas caricias sanadoras que te rozan la piel con las yemas de los dedos cuando sientes que la corteza se agrieta. Lo son todo las palabras, hasta que se acaban y no se vuelven a encontrar. Rescato aquí una frase de Isabel Allende en su obra Paula: “No era el hombre que yo había inventado en las noches sofocantes de Caracas. En los meses y años siguientes, se nos terminaron las palabras”. No hace falta mucho más para describir una ruptura. Cuando se terminan las palabras, cuando no hay ya nada que decir entre dos personas que se amaron, cuando el silencio se cuela con rabia como un vendaval en la intimidad de una alcoba, es imposible que el diálogo vuelva a resonar como antaño entre esas paredes.

    Párate por un segundo a pensar cómo sería tu día a día sin el privilegio de la comunicación, cómo sería tu vida en silencio y a ciegas. Sin que te dejen hacerte oír, sin boca, sin ojos, sin ver apenas nada porque estás encerrada bajo metros y metros de tela gruesa y oscura

Se esfuman, se borran, se gastan las palabras de tanto usarlas, se deshacen, surgen, se crean otras nuevas. Y hay que asumir que forma parte de esta vida que vivimos. Lo que nunca deberíamos aceptar es que nos las quiten, que nos callen, nos silencien. Es lo que ha hecho, la última salvajada del régimen talibán -y ya son demasiadas- contra las mujeres en Afganistán: prohibirles que emitan el sonido de su voz en público; imponerles la ley del silencio para que no hablen, ni digan, ni se pronuncien, para que no se comuniquen con el mundo cuando son las que más tienen que contar y que gritar. Hace exactamente tres años que dejaron de existir, que desparecieron de la vida afgana cuando esos malnacidos llegaron al poder. Y no sólo lo permitimos entonces condenándoles al abandono cuando pedían huir como fuera de aquel aeropuerto en agosto del 2021, tampoco hemos hecho mucho más después a pesar de leyes macabras como esta.

Leí la noticia hace ya unas semanas y desde entonces sigue ahí, conmigo, me persigue cada mañana, cada tarde cuando salgo a la calle y me relaciono con la gente, saludo, pregunto, comparto en la pescadería, al pedir un café, en una charla con alguien próximo o ajeno, cuando cojo aliento para entonar mi voz.
Un pájaro en el alambre de espino

Párate por un segundo a pensar cómo sería tu día a día sin el privilegio de la comunicación, cómo sería tu vida en silencio y a ciegas. Sin que te dejen hacerte oír, sin boca, sin ojos, sin ver apenas nada porque estás encerrada bajo metros y metros de tela gruesa y oscura que te cubren desde los dedos de los pies hasta el último pelo de la cabeza. Pienso que incluso un pájaro que reposa sobre un alambre de púas es más libre. Esa libertad que les arrebataron es la que han tratado de reclamar las propias afganas desafiando la nueva norma y publicando en redes – conscientes del peligro y de que roneaban con la mismísima muerte- videos y videos cantando y recitando. Porque hasta naufragar puede ser más placentero cuando navegas en aguas turbias. Porque la palabra es lo único que queda cuando ya no queda nada.

Hoy apenas hay rastro en los informativos del calvario que viven estas mujeres por culpa de esos locos empeñados en hacerlas desaparecer. Me fui a dar a luz y su sufrimiento estaba ahí. Vuelvo y permanece. Te vas y por más que te hayas ido, todo sigue igual o hasta peor. Te vas y por más que intentes regresar de la única forma en que sabes, con palabras, siempre tendrás la sensación de que te faltó la más importante. Porque no encuentro un término certero que describa su cruda realidad, porque hace ya demasiado tiempo que salvajada dejó de ser suficiente.

https://www.vozpopuli.com/opinion/el-peso-de-las-palabras.html

jueves, 5 de diciembre de 2024

Para ti la perra gorda

 Eso lo decía mucho mi abuelo, quien además conoció las perras gordas. Las cuales, curiosamente tenían la imagen de una leona.

Significa que que le das a alguien la razón para acabar la discusión. Yo lo suelo hacer con los comunistas, porque no hay quien les convenza.

Sobre arrancar olivos en Andalucía:https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-salvemos-el-olivo-29-11-24

miércoles, 4 de diciembre de 2024

El matrimonio como privilegio

En el año 1975 nacieron en España 670.000 niños; en 2023, aunque la población había pasado de 35 a 47 millones, vinieron al mundo 322.000, menos de la mitad. Pero hoy no vamos a hablar del hundimiento de la natalidad, sino de si beneficia o no a los (últimos) niños que sus padres estén casados. En la numerosa cohorte del 75, solo un 2 % de los nuevos españolitos nacieron fuera del matrimonio; en la escuálida de 2023, el porcentaje fue del 51 %. Esta explosión de lo que antes se llamaba 'ilegitimidad' no suscita el menor debate: si acaso, se la celebra más o menos explícitamente como un síntoma de modernidad.

En Estados Unidos, el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio subió desde un 5 % en 1960 a un 47 % en 2019, evolución parecida a la de España y casi todo Occidente. Pero allí sí hay científicos sociales que consideran esto un grave problema. El libro de Melissa S. Kearney The Two-Parent Privilege (que tiene un subtítulo militante: How Americans Stopped Getting Married and Started Falling Behind) comienza reivindicando la legitimidad de un debate sobre la cuestión. Pues también en Estados Unidos —aunque no tanto como en España— se van instalando falacias como que ponderar las ventajas (en lo que se refiere a los resultados para los hijos) de determinadas formas de familia implicaría «juzgar las decisiones de la gente sobre sus propias vidas», o que demostrar los beneficios que gozan los niños que se crían con padres casados equivale a «culpar a la víctima» (las madres solteras, por ejemplo).

La originalidad del libro de Kearney —profesora de Economía en la Universidad de Maryland— estriba en que enfoca la cuestión desde una óptica «izquierdista» de preocupación por la desigualdad social. En Estados Unidos se habla mucho de «dualización social», de «América de dos velocidades», pero casi todos omiten el factor que más contribuye a la creciente disparidad de oportunidades. Ese factor es, precisamente, el aumento de los nacimientos fuera del matrimonio. Pues los hijos de parejas casadas van a gozar desde el principio de ventajas decisivas (el «privilegio de tener padre y madre»), que a su vez transmitirán a sus descendientes (los hijos de madres solas o parejas efímeras tenderán estadísticamente a repetir esa pauta en su propia conducta familiar cuando sean adultos).

La superioridad funcional de la familia estable —medida desde los beneficios para los hijos— es tan evidente que no necesitaría demostración: dos es más que uno; en una pareja casada, el marido y la mujer suman sus ingresos, energía emocional, tiempo y habilidades respectivas en la crianza de sus hijos. La ventaja que ello supone es estadísticamente mensurable: los hijos de madres solteras y de parejas efímeras o recompuestas tendrán una probabilidad claramente inferior de completar estudios superiores, conseguir un empleo, tener buenos ingresos y formar a su vez una familia estable cuando sean adultos. Y el riesgo de incurrir en delincuencia juvenil, embarazos adolescentes, drogadicción, trastornos emocionales, etc., será superior. En el libro encontrarán los números y las referencias a estudios que confirman esto.

Si la ventaja comparativa de la familia estable estriba en «dos mejor que uno», ¿no resultará indiferente el dato de que padre y madre estén o no casados? No, no es indiferente, y Kearney tiene el valor de afirmarlo. La pareja de hecho es mucho más volátil que el matrimonio: la probabilidad de que el niño goce de la presencia de su padre y su madre hasta la mayoría de edad es menor si estos no están casados. El matrimonio implica un compromiso explícito —jurídica y, a veces, religiosamente consagrado— que se traduce estadísticamente en una mayor implicación parental. Por ejemplo, el American Time Use Survey de 2019 mostraba que un padre casado pasa un promedio de 30 horas semanales con sus hijos, de las cuales 8 se dedican a actividades explícitamente formativas (jugar, leer, llevarlos a actividades, hacer deberes con ellos); en un padre no casado, los promedios son respectivamente de 23’8 y 5’9 horas.

En lo que se refiere a las familias «reconstituidas» (uno de los progenitores —habitualmente la madre— unido con un nuevo compañero sentimental), los resultados educativos son también peores que los de las formadas por los dos progenitores biológicos. «Las madrastras [stepmothers] generalmente no invierten tanto [esfuerzo y dinero] en la salud de sus hijastros como las madres biológicas, incluso después de ajustar por renta familiar y otras características relevantes», afirma Kearney basándose en el estudio de Anne Case y Christina Paxson «Mothers and Others: Who Invests in Children’s Health», publicado en el Journal of Health Economics. Por otra parte, el divorcio daña emocional y psicológicamente a los niños, como demuestra el estudio de Marcia J. Carlson «Family Structure, Father Involvement, and Adolescent Behavioral Outcomes», publicado en el Journal of Marriage and Family.

Ahora bien, la volatilidad familiar —y sus consecuencias negativas para los niños— no afecta por igual a todas las clases sociales. Kearney analiza bien la evolución reciente de la nupcialidad: hubo una primera fase en los 60 y 70, vinculada a la revolución sexual y a la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, que afectó en medida similar a todas las clases. Desde 1980, sin embargo, las tasas de nupcialidad del estrato con educación universitaria e ingresos altos se mantienen relativamente estables, mientras que siguen desplomándose entre los trabajadores manuales. El porcentaje de personas con estudios universitarios (four-year college) de entre 30 y 50 años de edad que estaban casadas en 1960 era del 87 %; en 1984 había caído al 75 %, y en 2020 se mantenía en un saludable 72 %: o sea, los pudientes siguen casándose y el porcentaje de hijos nacidos fuera del matrimonio es muy bajo entre ellos. Entre los que solo tienen el bachillerato, en cambio, el porcentaje de casados era del 88 % en 1960, del 76 % en 1984 y del 56 % en 2020; entre los que no completaron siquiera el high school, 82 %, 67 % y 54 % respectivamente. Como resultado de esas tendencias, mientras que el 84 % de los niños de clase acomodada (llamando así a los que tienen padres con título universitario) se estaba criando en 2020 con sus padres casados, en la media-baja (solo high school) el porcentaje había caído al 60 %, y en la baja (sin high school) al 57 %.

Hay, pues, un creciente sesgo de clase en la desestructuración familiar: a la ventaja que supone criarse en un hogar con más ingresos, los niños de clase alta añaden la de gozar de un entorno parental más estable. Existe también, por cierto, un sesgo racial: el porcentaje de niños que se crían con padres casados es de un 88 % entre los asiáticos, de un 77 % entre los blancos no hispanos, de un 63 % entre los hispanos y de un 38 % entre los negros. La verdadera causa del «problema negro» no es el racismo, sino la desestructuración familiar.

¿Por qué los pobres se casan menos que los ricos? Hay una contradicción en la obra de Kearney: persigue durante muchas páginas la pista socioeconómica, para terminar reconociendo que no son factores económicos los que pueden explicar la volatilidad familiar.

En efecto, la clase obrera estadounidense ha sufrido desde 1980 el doble impacto de la economía del conocimiento (que reduce el valor de mercado del trabajo manual), de la robotización y de la globalización. La brecha salarial entre titulados universitarios y no titulados ha ido ampliándose: el promedio de ingresos reales (descontada inflación) de los primeros pasó de los 60.000 dólares anuales en 1980 a los 84.000 en 2019, mientras el de los que solo terminaron high school permanecía estancado en unos 48.000 y el de los que no tienen ni el bachillerato se congelaba en unos 33.000. China ingresó en 2000 en la Organización Mundial de Comercio; desde entonces, Estados Unidos comenzó a importar muchos productos que antes eran fabricados en el propio país, pues en Asia se podían conseguir a un precio muy inferior. En 2019, los economistas Autor, Dorn y Hanson publicaron el estudio «When Work Disappears: Manufacturing Decline and the Falling Marriage-Market Value of Men», que constataba un descenso de la nupcialidad y la natalidad en las zonas más castigadas por la desindustrialización.

William Julius Wilson acuñó en 1987 el concepto de «marriageable men pool index», el número de hombres —en una determinada área geográfica y generación— elegibles para el matrimonio. La explicación socioeconómica del hundimiento de la nupcialidad es que el estancamiento de los ingresos de los trabajadores manuales y la deslocalización a Asia de mucho trabajo manufacturero ha deprimido ese índice en muchas zonas (el Rust Belt desindustrializado o el mundo rural dislocado de la Hillbilly Elegy de J.D. Vance). Se da la circunstancia, además, de que los ingresos femeninos no han sufrido —tampoco entre trabajadoras manuales— el estancamiento de los masculinos: la «brecha salarial» entre sexos se reduce. Kearney cita encuestas que mostrarían que muchas madres solteras no se han casado, no porque no crean en el matrimonio, sino porque el padre de sus hijos no les parecía fiable como esposo. Un hombre desempleado o con salarios bajos —sostiene la teoría— no es un marido apetecible.

Creo que la teoría socioeconómica sobre la nupcialidad —que la gente no se casa porque los salarios son bajos— no es verosímil. Los ingresos reales (o sea, medidos por poder de compra) de los obreros pueden llevar medio siglo estancados; pero, ¿acaso fueron más altos en 1960, 1920 o 1880, cuando casi todo el mundo se casaba? «Contigo pan y cebolla»: durante milenios la gente se casó y tuvo hijos con independencia de que hubiera escasez, hambrunas o guerras (o sea, circunstancias mucho peores que el relativo estancamiento actual). La causa principal del eclipse del matrimonio ha de ser moral-cultural, no económica.

La propia Kearney termina reconociendo esto. Si la adversidad económica fuese la causa de la desnupcialización, una mejora rápida del contexto económico debería traer una explosión de bodas. De hecho, eso ocurrió en alguna ocasión: durante el «boom del carbón» de los 1970s en la zona minera de los Apalaches se observó, en efecto, un incremento de la nupcialidad, seguido de una nueva caída al agotarse el boom. Ahora bien, en los años 2000 se derramó un nuevo maná sobre otras zonas de Estados Unidos: el boom del fracking. De nuevo se multiplicaron las oportunidades de empleo y subieron los salarios de los trabajadores. Pero esta vez la bonanza económica no se tradujo en más anillos de boda, ni descendió el índice de nacimientos fuera del matrimonio o el de ruptura familiar. ¿Por qué no? «Es posible que las normas sociales sobre paternidad y matrimonio hubieran cambiado, de tal forma que los hombres y mujeres no sentían ya la necesidad o el deseo de casarse, aunque el hombre tuviera un empleo bien pagado y la pareja hubiese engendrado un hijo» (p. 93).

En generaciones anteriores —incluso todavía en la del «coal boom» de los 70/80 —aún existía el ideal (la «forma social», diría Joseph Raz) del matrimonio: casarse era lo esperable, lo correcto, lo deseable, aunque la decisión se pudiera postergar por circunstancias diversas, incluidas las económicas; en la actual, el ideal se ha desvanecido: el matrimonio parece una formalidad caduca. La consolidación de este cambio cultural es una malísima noticia para los niños, por las razones que se explican en el resto del libro. Y una sociedad en la que hombres y mujeres son ya incapaces de comprometerse para toda la vida quizás no merece sobrevivir

 https://www.eldebate.com/cultura/20240914/matrimonio-como-privilegio_227167.html

martes, 3 de diciembre de 2024

El último hombre

 Un tal Pedro Aragonés ha decidido retirar los murales sobre la historia de Cataluña y España, sobre nuestra historia común, del salón de San Jorge del Palacio de la Generalidad. La excusa ha sido recuperar la estética renacentista del Salón, excusa débil y que nadie se cree. Lo importante era el contenido ideológico: borrar la memoria de las gestas comunes, desde las Navas al Bruch; aniquilar la realidad de varios siglos en los que los catalanes han contribuido a la grandeza y la independencia de España. Por supuesto, se aduce que los murales glorifican la sociedad estamental, el imperialismo, el colonialismo, la monarquía eterna y el catolicismo. Según ese feble razonamiento, habría que cerrar el Museo del Prado, El Escorial, la catedral de Burgos y España en general.

 Asombra semejante repulsa de la tradición en una gente que siempre ha estado orgullosa de algo tan estamental como los fueros y los privilegios. Sorprende poco que unos presuntos “nacionalistas” catalanes, en realidad progres separatistas, demuestren tal odio a los valores comunes que hicieron a España, ya que bajo su mando se está produciendo la islamización y africanización de Cataluña, de tal manera que de buena parte de su territorio se puede afirmar que ya no forma parte de Occidente ni tiene identidad cristiana y europea. ¿Cómo pueden estos separatistas muladíes, estos renegados, defender la herencia cristiana, monárquica y española de un país al que están a punto de destruir, de una tierra que están devolviendo al Islam mil años después de Wifredo el Velloso?

 
Esta peste no es sólo catalana. Basta con ver los atentados contra la identidad nacional del ministro Urtasun y de otros bellotaris y reyezuelos de taifas autonómicos, algunos de ellos muy de derechas. Lo curioso de esta epidemia culturicida no es que se reivindique la identidad histórica propia por muy cateta que sea, sino que también ésta se rechaza, se quiere dejar tan en blanco como las paredes del Salón de San Jorge. La nueva identidad es una no identidad, una negación del pasado y de la tradición, un no ser, un no querer ser, un deseo de muerte y de aniquilación de la comunidad nacional en un melting pot indiferenciado, en el que unas identidades minoritarias y extravagantes disuelvan y anulen a la nación. Porque se trata de destruir a todas las naciones para crear el imperio de las grandes corporaciones, el despotismo de los multimillonarios. Y el único poder que de alguna manera les puede hacer frente es el Estado nación.

Esta España nuestra, paleta, decadente, degradada, chiringuito de Bruselas y mancebía de la OTAN, sigue siendo, pese a todo, una de las naciones históricas más importantes de Europa, con una cultura y una tradición gloriosas, aunque sus dirigentes la ignoren, la desprecien y la insulten, porque para ellos todo lo que fue España antes de 1931 (romanización y Reconquista incluidas) es un terrible error. De ahí su afán de destruir, su empeño en hacer de nuestra historia un memorial de agravios, un relato de atrocidades sin nada bueno, bello ni digno. No otra cosa se espera de un funcionario colonial, de un colaboracionista: debe afirmar la superioridad del colonizador y de su cultura sobre la del colonizado, la del ocupado. Nos tienen que enseñar a odiarnos a nosotros mismos, a sentirnos culpables por haber sido grandes, a imitar servilmente a sus amos anglosajones. España fue durante dos siglos el principal enemigo de la modernidad protestante. Eso, ahora, los colaboracionistas nos lo quieren hacer pagar.

El cacique catalán estará muy orgulloso de su acto vandálico, que además le ha costado una millonada al erario. Orondo y facundo, mientras le rebosa por la espalda el pelo de la dehesa, habla y habla con la boba satisfacción del último hombre nietzscheano, del fariseo semiletrado, del progre casposo que eructa un lugar común tras otro. Esta es la chusma que está matando a Europa, la barbarie interna que es mucho más peligrosa que la externa. Los que se tumban a tomar el sol en la playa mientras se acerca el tsunami.
℘  ℘

 

La devastación del patrimonio común cometida por el tal Aragonés no es, desde luego, la única. Aparte de las cometidas por los talibanes, que nada tienen que ver con la modernidad, abundan en ésta los casos de destrucción histórica y artística. Uno de los más notables es el cometido por el presidente francés Emmanuel Macron y su distinguida esposa en el famoso Salón Pompadour del palacio del Eliseo. Ahí donde muebles, alfombras, lámparas y tapices de los siglos XVIII y XIX exhibían su belleza, ahí mismo desparraman hoy su fealdad los adefesios que seguidamente les mostramos.

Nuestras dos imágenes, contrapuestas, ilustran el n.º 3 de nuestra revista “El inmundo mundo woke”. Si aún no la tiene, descúbrala y cómprela aquí (en papel o en PDF). Son sólo 5.- €.

 https://elmanifiesto.com/tribuna/781013944/El-ultimo-hombre.html

lunes, 2 de diciembre de 2024

Ver las orejas al lobo

 Es ver un peligro que los demás no perciben. Eso ha ocurrido en Europa durante varias décadas, mientras los inmigrantes musulmanes iban llegando.

No ha sido hasta ahora que muchos empiezan a ser conscientes del problema. Principalmente porque ellos tienen muchos hijos y nos pueden acabar sustituyendo.

Sobre la guerra: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-una-guerra-olvidada-de-hace-60-anos-26-11-24

domingo, 1 de diciembre de 2024

Mil posts publicados

 Esta semana alcanzó en este blog los mil posts publicados, claro está que sólo un tercio aproximadamente son míos. Además son de pocas líneas. Hace años escribía cuadernos enteros sin parar. Mi inspiración era inagotable.

De forma paulatina fui perdiendo la inspiración, hasta que un día vi que ya no era capaz de escribir màs que unas líneas. Entonces empecé a copiar artículos ajenos interesantes. Pero mis primeros artículos están en mis libros autopublicados.

Esta es la dirección: https://www.bubok.es/autores/acontracorriente

Están disponibles en libro y en e-book. Gracias

sábado, 30 de noviembre de 2024

El país que odia a sus mujeres

Estaba durmiendo en mi habitación y me llamó una periodista española. Me dijo que querían ayudarme a salir de Afganistán. Cogí una bandera de mi país y me despedí de mis padres". En esos momentos Khadija Amín no lo sabía, pero, tras esa llamada, su vida cambiaría radicalmente. En menos de una semana, Amin pasó de ser la cara de los informativos de la mañana de la televisión pública afgana a convertirse en una refugiada en España. ¿La razón?, el regreso de los talibanes al poder después de 20 años.

Ni siquiera hizo falta el uso de la fuerza. En el mes de agosto del 2021, los talibanes fueron tomando, en cuestión de días, un país entero. Todo se gestó un año antes, en el 2020, cuando Estados Unidos — el mismo país que se gastó millones de euros en tratar de democratizar el país — cedía Afganistán a los talibanes. Este proceso quedaría estampado en cuatro páginas firmadas en Doha. En ellas se explicaban los detalles de la retirada estadounidense a cambio de devolver el poder a los talibanes si estos "prometían", a su vez, romper con Al-Qaeda. Así, la guerra más larga de EEUU llegaba a su fin a costa de la declaración de otra: la guerra contra las mujeres.

Dos días después de la toma de Kabul, el Emirato Islámico celebró una rueda de prensa para explicar en qué consistiría el nuevo proyecto político de un país que se despedía de la democracia y, con ella, de los derechos fundamentales. Especialmente los de las mujeres. Ya durante el mandato talibán de inicios de los años 2000, las mujeres vivían relegadas a la esfera privada. Dos décadas después, una vez los talibanes regresaron al poder, el portavoz de los insurgentes lanzó un mensaje al mundo en el que afirmaba que permitirían a las mujeres "que trabajen y estudien dentro del marco de la ley islámica (...) nuestras mujeres son musulmanas y estarán contentas de vivir bajo la sharía", afirmó.

Para los talibanes, sin embargo, ese marco dentro de la ley islámica no permite a las mujeres realizar ningún tipo de trabajo. Solo los destinados a la sanidad, ya que las mujeres pueden ser tratadas en las consultas médicas únicamente por otras. En caso de que un hombre les atienda sería haram (pecado).
Foto: Tras la toma de Kabul por parte de los talibanes, se procedió a eliminar el rostro de mujeres en las calles. (EFE)
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En su interpretación del islam, las mujeres tampoco pueden estudiar. Solo se les está permitido formarse hasta los 12 años. "Hice una entrevista a una niña que iba a cumplir los 13. Una niña de 12 años tiene que jugar y estudiar. Lloraba muchísimo porque no quería dejar los estudios. ¿Por qué no nos dejan estudiar?, me preguntaba. Se les está robando el futuro a las niñas y nadie hace nada. Han eliminado, incluso, los programas educativos que antes se emitían en la radio para las niñas. No quieren que aprendan", lamenta Amín.

La guerra de los talibanes contra la educación de las mujeres y su acceso a la vida laboral no es una novedad. En los países donde los talibanes han tenido y continúan teniendo presencia, los ataques contra las mujeres se han contado por cientos. Uno de los más sonados fue el caso de la pakistaní Malala Yousafzai, quien sufrió varios disparos por parte de dos talibanes cuando se encontraba de camino a la escuela. Desde entonces, Yousafzai se ha convertido en uno de los símbolos de defensa del acceso a la educación de las niñas."La educación es un poder para las mujeres y eso es por lo que los terroristas le tienen miedo a la educación. Ellos no quieren que una mujer se eduque porque entonces esa mujer será más poderosa", defendía años después del ataque en una entrevista en The Daily Show.
placeholder La periodista afgana Khadija Amin en Madrid.
La periodista afgana Khadija Amin en Madrid.

Un año antes de llegar al poder en Afganistán, una vez firmados los Acuerdos de Doha, los talibanes publicaron una lista de mujeres a las que querían matar por considerarlas infieles. Su pecado había sido trabajar, formarse y empoderar a otras. Entre estos nombres se encontraba el de Khadija. "Mis compañeros cámaras no querían salir conmigo a hacer reportajes por miedo a que les pudiesen matar. Decían que yo era peligrosa. Salía por la mañana a trabajar y no sabía si iba a volver a casa", recuerda. "Después de los acuerdos de Doha, los talibanes no asesinaban a extranjeros, asesinaban a afganos, concretamente a las mujeres, porque veían que estábamos mejorando en derechos. Cuando empecé mi profesión sabia que me podía pasar algo. Más aún siendo presentadora".

Han pasado más de 1.000 días desde que un millón y medio de niñas afganas no pueden acceder a la educación, según los datos ofrecidos por Unicef. Al no poder acudir a las escuelas, estas se han visto obligadas a casarse o bien a quedarse en casa al cargo de las tareas del hogar, lo que ha deteriorado gravemente la salud mental de las adolescentes en un país en el que los trastornos psicológicos continúan siendo temas tabús. "Las mujeres están totalmente desesperadas. Dicen que en Afganistán no tienen ningún futuro. Esto ha agravado peligrosamente su salud mental", indica con el semblante serio.
Foto: Las periodistas de la estación de radio 'Mujeres en Kandahar'. (EFE/M. Sadiq)
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A pesar de que Afganistán, antes del regreso de los insurgentes, ya vivía un contexto machista, las cifras en educación alcanzaron uno de sus mejores resultados gracias a la lucha de las mujeres afganas y al proceso de democratización en el que el país se vio envuelto. Desde el 2001 hasta el 2018, el número de alumnas matriculadas creció de 0 hasta alcanzar los 2.5 millones, de acuerdo con los datos de la Unesco. En agosto del 2021, el mismo mes en el que los talibanes tomaron Kabul, cuatro de cada diez estudiantes de primaria eran niñas. En cuanto a la educación superior, la presencia femenina aumentó casi 20 veces, a más de 100.000 alumnas. Ahora, todas estas cifras han quedado reducidas hasta casi desaparecer por completo. Los talibanes van cortando las raíces que un día se plantaron y que permitieron poco a poco florecer las libertades de un país que ha quedado en pausa.

A la prohibición de la educación se le sumó también el impedimento de poder ir a los parques, de pasear solas, de descubrirse la cara, de ir a los salones de belleza o de acudir a los baños públicos. Por si estos vetos no eran ya lo suficientemente denigrantes, hace apenas una semana, los talibanes anunciaron una nueva prohibición que erradicaba ya de por sí a la mujer como sujeto: eliminar su voz en los espacios públicos.

Como respuesta a esta imposición, son decenas las mujeres que, tapadas en un burka, difunden vídeos cantando. "Desde que los talibanes intentaron silenciarnos, hemos alzado nuestras voces en desafío, cantando por la libertad y la igualdad. Nos negamos a que nos borren. Hago un llamamiento a todas las mujeres del mundo para que se unan a nosotras en solidaridad. Juntas somos imparables", escribía una activista afgana en X. Para Amín, sin embargo, estos vídeos, a pesar de que los considera muy valientes, "no van a cambiar nada hasta que los talibanes no se vayan del país o haya un cambio de gobierno".

Khadija tiene a gran parte de su familia en Afganistán, incluida su hermana. Puede comunicarse con ella gracias a las redes sociales. A pesar de esto, Amin tiene miedo de que los talibanes prohíban a las mujeres conectarse a la red."Tememos que un día corten el internet también a las mujeres. Gracias al internet las mujeres pueden enviarnos mensajes. Para la mentalidad de los talibanes, las mujeres somos personas que provocamos a los hombres con nuestra voz, con nuestro maquillaje, con nuestra ropa. Por eso quieren prohibirnos todo. Para ellos, nosotras, [las mujeres] somos las culpables de todo. Temen incluso que por nosotras pierdan el paraíso".
Blanquear el Emirato a través del turismo

La casi erradicación de las mujeres en la vida pública afgana choca frontalmente con otros datos: el aumento del turismo en el país. Según el jefe de la Dirección de Turismo de Kabul, 2.300 personas visitaron el país en el año 2022. Una cifra que ascendió a los 7.000 en el año 2023. Estos números suman un total de más de 10.719 turistas que han viajado a Afganistán desde la toma de Kabul. Para las mujeres afganas, estos datos son inexplicables.

"Las mujeres afganas no pueden ni salir de sus casas. ¿No tienen los turistas otro lugar en el mundo al que ir?", se pregunta Amín. "Los talibanes están ganando mucho dinero con el turismo y ellos, los turistas, los blanquean. A los extranjeros que van a Afganistán les tratan muy bien, pero eso nos enfada mucho porque no es la realidad. Es injusto que tu vayas de vacaciones cuando las mujeres viven encerradas en su país. Para las mujeres afganas es un insulto que vayas de visita mientras ellas viven encerradas".
 

  Afganistán ahora es una cárcel sin barreras físicas. Las tierras verdes y áridas que Khadiya recuerda se han transformado en una jaula. El miedo a las represalias por no cumplir las imposiciones de los hombres que gobiernan se han convertido en el arma más efectiva. Las mujeres, que podían vivir libremente y elegir su futuro, han visto como de un día para otro su presente y su futuro se han roto. Las afganas ya no tiene sueños porque simplemtente no pueden ."Nunca pensé que un día tendría que irme de Afganistán. Yo tenía objetivos muy grandes para mi futuro. Quería ser ministra de Defensa porque quería demostrar a los hombres que una mujer también podía estar al frente de ese Ministerio. A las mujeres que trabajaban en los Minsiterios las insultaban mucho. Los hombres no iban a dejar a las mujeres llegar hasta ahí. Pero era mi sueño".

Mientras apura el café, la presentadora afgana mira a un punto perdido. Recobra la postura y no duda en lanzar un mensaje dirigido a quien quiera escuchar o a quien se sienta con la responsabilidad de poder cambiar las cosas. "No olvidéis a las mujeres afganas. Estamos olvidadas por parte de los Gobiernos. Si no hablamos de Afganistán ni de las muejres afganas, el mundo va olvidar a miles de niñas y de mujeres. El apartheid de género está en Afganistán. Los Gobiernos, que ya no tienen intereses en Afganistán, nos han olvidado. Abandonaron nuestro país. En las negociaciones de los acuerdos de paz ni siquiera había mujeres. Pactaron directamente con ellos [los talibanes]. ¿Cómo pudieron confiar en ellos y dejarnos?".

https://www.elconfidencial.com/mundo/2024-09-04/mujeres-afganistan_3951860/

viernes, 29 de noviembre de 2024

La gran mentira de las placas solares

Los parques fotovoltaicos están conquistando superficie agraria útil de España a un ritmo imparable, con un incremento del 166% en los últimos 8 años. Y la proyección del propio Ministerio de Agricultura es que la superficie de paneles solares se duplique en los próximo años. Mientras las placas solares destrozan las tierras de cultivo, asociaciones como SOS Rural alerta de las consecuencias, todas ellas muy poco ecológicas.

Los paneles fotovoltaicos "esterilizan el campo y aumentan el riesgo de incendios". El descontrol en la proliferación de plantas fotovoltaicas ha producido ya una alteración del medio natural debido a los pesticidas agresivos que se esparcen para evitar que crezcan plantas en las placas y al recalentamiento del suelo por el nuevo uso que no sólo incrementa la amenaza del fuego, sino que transforma el campo "en un paisaje yermo", según ha señalado esta organización en un comunicado.

Por ello, SOS Rural reclama "un marco regulatorio nacional que aborde el descontrol sobre unas mega plantas fotovoltaicas" que, al sustituir la actividad agrícola por la industrial conduce a "un impacto medioambiental tremendo" al convertir el suelo en "inerte, recalentado y estéril para el cultivo de alimentos" y extender así tanto la desertificación como la desaparición de especies de fauna y flora autóctonas.
Más de mil incendios

En cuanto al riesgo de incendios "cada vez más expertos expresan su preocupación por un problema que no para de crecer", ya que en 2022 y 2023 se produjeron "más de 1.000 incendios" en este tipo de plantas, la mayoría de ellas en su primer año de vida, y el verano actual "ha estado repleto de fuegos en instalaciones fotovoltaicas".

La organización precisa que "comunidades autónomas como Extremadura han sufrido especialmente, tras incendios como el de este verano de la planta de Talaván (Cáceres) que afectó a unas 870 hectáreas de superficie de pasto" y recoge las advertencias de los bomberos extremeños respecto a que estos fuegos presentan "un mayor desafío por las dificultades de acceso de vehículos de gran tamaño a las plantas solares".
El gobierno de Meloni prohíbe instalar plantas solares en tierras cultivablesMarta Arce

Por ello pide seguir el ejemplo de Italia, cuyo Gobierno ha prohibido la instalación de placas solares en tierras agrícolas "regulando el 'alicatado' masivo del campo" y dando prioridad tanto a la protección de agricultores como al equilibrio ecológico.

SOS Rural concluye advirtiendo de que "lo último que necesita un país como España son hectáreas de suelo fértil transformadas en suelo recalentado que incrementa las posibilidades de que se produzcan incendios en un país tan castigado por el fuego".
- Seguir leyendo: https://www.libremercado.com/2024-09-09/la-gran-mentira-de-las-placas-solares-mas-de-mil-incendios-y-suelo-esteril-7161509/

https://www.libremercado.com/2024-09-09/la-gran-mentira-de-las-placas-solares-ma..

jueves, 28 de noviembre de 2024

No voy a misa porque estoy cojo

 Pero voy a la taberna poquito a poco. Se dice de los que ponen cualquier excusa para no  hacer algo importante,  mientras hacen cosas innecesarias para parecer ocupados.

Digamos que es la manera de procrastinar más disimulada. La verdad es que a mí también se me da bastante bien lo de buscar excusas nimias. Es uno de mis pecados.

Más sobre Ucrania: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-la-mayoria-de-los-ucranianos-quiere-que-la-guerra-acabe-25-11-24

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Puedo soportar el dolor pero no que me traten como un trozo de carne. Eutanasiables

Amanda Achtman es canadiense (de Calgary, Alberta), licenciada en Ciencias Políticas, licenciada en Estudios Judaicos por la Universidad Gregoriana y asesora sobre la eutanasia de Médicos Canadienses por la Vida.

Ha iniciado el proyecto Dying to meet you [Muriéndome por conocerte], que le ha llevado a entrevistarse con decenas de personas (enfermos, ancianos) amenazados por el sistema MAiD (Medical Assistance in Dying, Asistencia Médica para Morir), el laxo -y en muchos casos impositivo- programa canadiense de suicidio asistido.

Caterina Giojelli recoge el espíritu de su trabajo en un amplio reportaje en Tempi:

"Puedo soportar el dolor, no que me traten como un trozo de carne"








Hace un año, el 1 de agosto, Amanda Achtman decidió que dedicaría cada día a tender la mano a las personas antes de que lo hiciese la eutanasia en Canadá. Siguió un año de reuniones, eventos, vídeos, que gracias a las redes sociales convirtieron rápidamente a Achtman en el punto de referencia para pacientes como Roger Foley (¿os acordáis? El Hospital Victoria del Centro de Ciencias de la Salud de Londres le había planteado una disyuntiva: pagar 1.500 dólares al día por un tratamiento que no podía permitirse o "recurrir gratuitamente al suicidio asistido previsto en el plan comunitario"), pero también para investigadores, periodistas que a menudo se han basado en su proyecto Dying To Meet You.

Amanda Achtman, una eficaz activista contra la eutanasia.

Amanda Achtman, una eficaz activista contra la eutanasia.

Un contrapunto al relato sobre la eutanasia "compasiva", basado en el intento no de censurar, sino de "humanizar" cualquier discurso sobre el sufrimiento, la muerte, de dar sentido al tiempo de la enfermedad.

El contrapunto de Achtman al 'relato' sobre la eutanasia

La historia de Achtman, que ahora trabaja con Canadian Physicians for Life, es la de una joven que creció en Alberta en el seno de una familia judeocatólica. Un carácter forjado al acompañar a su abuelo, un judío polaco superviviente del Holocausto, durante la enfermedad y hasta el final; un máster en estudios filosóficos de Juan Pablo II conseguido en Lublin (Polonia); una temporada como asesora de un miembro del Parlamento canadiense que trabajaba para impedir la extensión de la eutanasia a los discapacitados; estudios completados en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Después, Achtman decidió volver a Canadá, con la idea de luchar contra el avance de la eutanasia, ahora normalizada (más bien, "romantizada") por políticos, personalidades, cineastas, activistas, hasta el punto de adoptar los contornos ya no del derecho, sino del deber de morir.

El anuncio de los servicios de eutanasia en la pantalla de un hospital canadiense

El anuncio de los servicios de eutanasia en la pantalla de un hospital canadiense.

Para ello, tuvo que mezclarse entre la gente, los frágiles, los enfermos, los ancianos, sobre los que no se encendían cámaras ni micrófonos. Y descubrir allí, y hacer que nos lo contaran, el sentido de sus vidas, de su enfermedad, y cómo vivían la oferta que no habían solicitado pero que les ofrecían los médicos y enfermeras.

Ofrecer el protocolo MAiD [Medical Assistance in Dying, Asistencia Médica para Morir) como opción de "cura" se ha convertido de hecho en una práctica del servicio sanitario canadiense: "El dolor da asco. Todos estamos de acuerdo. Es terrible. Tengo dolor las 24 horas del día. Nunca para. Puedo sobrevivir a esto. Pero no puedo sobrevivir a ser tratada como un trozo de carne", ha soltado recientemente a CTV News Tracy Polewczuk, que padece espina bífida y a la que aconsejaron dos veces y en dos hospitales distintos que se acogiera a MAiD. La mujer ha pedido más ayuda y más tratamiento porque está empeorando, "y en lugar de recibir ayuda para vivir lo que recibí fue un empujón hacia el suicidio asistido... Pero yo quiero sobrevivir. Quiero lo contrario de lo que intentan obligarme a hacer".

Tráiler de 'MAiD in Canada', serie documental que muestra las consecuencias de la máquina de matar que ampara el sistema sanitario canadiense: desde la contradicción de que unos ciudadanos reciban tratamiento de prevención del suicidio y otros sean ayudados a suicidarse, o la de matar a un paciente y ofrecer asistencia psicológica a sus familiares por haberlo matado, o el escándalo del ofrecimiento de la eutanasia a veteranos de guerra y atletas paralímpicos, o el recurso a la eutanasia para conseguir órganos para donación, o que haya pacientes psiquiátricos que teman al sistema de salud por si puede decidir eliminarlos. 

En Canadá, la eutanasia, legal desde 2016, mata ya a unas 16.000 personas al año. En Canadá, quienes no pueden permitirse un tratamiento porque el sistema sanitario no puede (o no quiere) cubrir los costes, piden la eutanasia. En Canadá, el Estado chantajea a las residencias de ancianos (proporcionar la eutanasia o cerrar) y los activistas llevan a los tribunales a los hospitales católicos que no ponen inyecciones letales. Canadá presume de ser el matadero mundial de la eutanasia (ningún país mata como la provincia de Quebec) y después de promoverla, ofrecerla, hacerla deseable pero sobre todo inevitable a los enfermos terminales, discapacitados, sin techo, pobres, deprimidos y dementes; ahora les toca a los drogadictos beneficiarse de la muerte asistida.

Christine, nacida en 1935, se pone un tatuaje: "No me eutanasies"

"No hay mayor dolor que el de no ser querido". A finales de julio, The Free Press recogió una entrevista que Achtman concedió a Andrew Kooman, autor de una docuserie sobre cómo MAiD se ha abierto camino hasta convertirse en una de las principales causas de muerte en Canadá. "El otro día vi en X que otra persona había decidido ponerse unas pulseras antes de entrar en quirófano", ha contado la mujer. "Las pulseras dicen 'Full Code (Código completo)' y 'No MAiD. No DNR [Do Not Resuscitate, No reanimar]', es decir, "No quiero MAiD, no quiero DNR". Significa que las personas que ya experimentan la vulnerabilidad de ser pacientes ahora se sienten aún más vulnerables debido a la disponibilidad y prevalencia de la eutanasia en Canadá".

Achtmann había entrevistado a Christine Nagel, nacida en 1935, que llegó a Canadá desde Londres en 1957. Y que desde hace unos años lleva un tatuaje en el hombro: "Don't Euthanize Me [No me eutanasies]". Una mujer con una historia hermosa y dramática, que sólo después de ingerir un montón de pastillas se dio cuenta de lo que hacía y fue salvada por los médicos. ¿Sucedería lo mismo hoy en día? "Durante la guerra solían imprimir estas tarjetas para ponerlas en la cartera. Decían: 'Soy católico. En caso de accidente llame a un sacerdote'. Cuando llegué a Canadá me di cuenta de que una cartera podía perderse, así que decidí hacerme un tatuaje. Cuando iba al hospital, los médicos me hacían el gesto del pulgar hacia arriba, porque nadie quería ayudar a suicidarse a personas vivas", dice Nagel.

Christine Nagel cuenta por qué se tatuó la advertencia 'No me eutanasies'.

"Existir quiere decir ser continuamente deseado"

Achtman explica que la mayor dificultad para los canadienses que ha conocido hasta ahora es intentar justificarse, explicar con palabras a quienes les ofrecen el MAiD por qué están en contra de la eutanasia. Hasta aquí ha llegado la "normalización" de la muerte asistida. "'¿Por qué no MAiD?'. Luigi Giussani lo explicó cuando dijo: 'Existir significa ser continuamente deseado. Estar vivo significa tener una razón para estar aquí'. Quien se ha enfrentado a la precariedad de la vida suele ser particularmente capaz de captar lo preciosa que esta es".

Las personas a las que se les ofrece el MAiD no son "deseadas", ni tampoco lo es su bien, sino que es más bien una extraña idea de bienestar lo que le importa a un Estado que les ofrece historias de final de vida (véase el anuncio All is beauty [Todo es belleza]) donde "belleza" es poner fin al sufrimiento. "Nadie quiere sufrir, y eso es normal y razonable. Pero no existe una buena historia sin sufrimiento, porque el sufrimiento y la forma en que respondemos a él tienen que ver con el sentido de la vida. Una buena historia es aquella en la que, tomando prestada una frase de Lorenzo Albacete, 'el drama del sufrimiento [se transforma] en un drama de amor'".

De ahí el "viaje" de un año de Amanda Achtman por Canadá a la caza de historias muy humanas de amor, cuidados y el significado del sufrimiento, para dar a todos la oportunidad de hacer oír su voz y promover un verdadero diálogo cultural en un país donde la "cultura de la muerte" ha dado paso a una "muerte sin cultura".

En cuanto salió a la luz, Facebook eliminó la entrevista de Achtman con Kooman. Pero no puede erradicar de la red sus vídeos, historias como las de Foley o Nagel -con sus "imprensentables" ganas de vivir más que antes, incluso con dolor y yendo hacia el final-, que siguen circulando e interpelando a una comunidad de personas frágiles que están hartas de que se las trate como "trozos de carne".

Roger Foley cuenta su historia: sus deseos de vivir, a los que responde el sistema sanitario canadiense ofreciéndose a matarlo.

"¿Ha deseado alguna vez la eutanasia?". "¿Y por qué me lo preguntan ustedes, los periodistas?"

"Recuerdo muy bien que un equipo de televisión vino a hacer un reportaje al hospital después del accidente", le contó Philippe Pozzo di Borgo a Leone Grotti (hablando de buenas historias que hay que contar y difundir, esta entrevista que salió en Tempi sobre la necesaria "pedagogía de la fragilidad" vale más que cualquier discurso). "Salía de varios meses de coma y me hicieron la misma pregunta ('Después del accidente, ¿alguna vez deseaste haber muerto?') . Empecé a sollozar, diciendo: '¿Por qué me hacen esta pregunta? Me molesta muchísimo'. Dos o tres semanas antes había intentado suicidarme. Me había dado cuenta de que sería una carga demasiado pesada para mi mujer, Beatrice, que también estaba enferma. Intenté asfixiarme rodeándome la garganta con el tubo de la máquina de oxígeno. Me desmayé. Cuando recobré el conocimiento, había una enfermera muy guapa que me preguntó si todo iba bien. No dije nada (ya que una máquina me impedía hablar): me limité a parpadear. Hace poco me vino a la mente una pregunta: tras la muerte de Beatrice, a pesar de mi fuerte depresión, ¿por qué no pensé en poner fin a mis días?".

¿Cuál fue la respuesta? "Porque no era la discapacidad lo que me parecía insoportable, sino la carga que yo podía haber sido para ella. Para otras víctimas de accidentes es diferente: los médicos me han explicado que en el 90% de los casos, tras un accidente, los pacientes tetrapléjicos quieren suicidarse. Es una etapa normal del recorrido. Razoné sobre la 'carga' que sería. En realidad, la vida siempre me ha parecido una aventura apasionante, ¡y quizá aún más desde que soy una nariz que mira hacia el techo!".

Philippe Pozzo di Borgo y Abdel Sellou.

Philippe Pozzo di Borgo, fallecido en 2023, escribió en 2001 su historia, que tituló 'Le second souffle [El segundo aliento]'. La edición española, que apareció en 2012, ya se tituló como la película inspirada en su vida y su libro, 'Intocable' (2011), dirigida por Olivier Nakache y Eric Toledano e interpretada por François Cluzet y Omar Sy (abajo, en la cubierta del libro; arriba, los protagonistas reales de la historia, Philippe y Abdel Sellou.

'Intocable', el testimonio de Philippe Pozzo di Borgo.

Italia debería reflexionar sobre la parábola de Canadá

Ya lo hemos escrito y no dejamos de repetirlo: Italia, y especialmente los católicos, deberían prestar atención a la parábola de Canadá. Como en Italia, en el país dirigido por Justin Trudeau a la eutanasia le abrió el camino el Tribunal Supremo, que en 2015 definió inconstitucional la prohibición de la 'buena muerte'. Obligado a aprobar una ley, el Parlamento aprobó en 2016 un texto lleno de "cercos" y garantías, que han ido cayendo una a una con el paso de los años. Hoy, cualquier ciudadano -gratis, sin apenas esfuerzo y casi sin importar su estado de salud- puede recibir la inyección letal, mientras que muy pocos tienen acceso al costoso tratamiento que necesitarían para seguir viviendo. No hay lugar para la objeción de conciencia y cualquier intento de diálogo cultural sobre el final de la vida, como cuenta la historia de Achtman, se llama batalla.

Traducción de Verbum Caro.


 https://www.religionenlibertad.com/vida_familia/110831380/puedo-soportar-dolor-no-traten-trozo-carne-viaje-eutanasiables.html

La gran farsa de los trabajos que los españoles no quieren hacer, por Carlos Estéban

 No es simplemente que, en una supuesta democracia, se pasen nuestros intereses y opiniones por el forro; es que nos llaman imbéciles a la c...