Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

miércoles, 5 de febrero de 2025

Frivolidad de Almodóvar

 El director de cine Pedro Almodóvar declaraba hace unos días a Vanity Fair que “en engendrar un hijo propio hay un gesto egoísta”. Decía, de otro lado, que “abriría las puertas a todos los inmigrantes. Les diría que busquen el lugar que les guste para vivir”.

En lo referente a tener hijos, el director manchego que tantos laureles cosecha muestra un extraordinario desconocimiento. Quizás haya una cierta faceta de egoísmo en el deseo humano de perpetuarse en los hijos, pero queda inmensamente superada, desbordada, aniquilada, por las dosis de generosidad que implica. Es muy claro que Almodóvar no sabe qué representa ser padre o madre, no solo por la gestación y el nacimiento del hijo, sino por el esfuerzo permanente en la crianza y educación a lo largo de muchos años. Si algo queda hoy en las antípodas del egoísmo es tener hijos.

La muestra más evidente es que nacen pocos niños en España y en otros muchos países desarrollados precisamente porque no abunda la generosidad, la entrega, y se prefiere la vida hedonista, los placeres, la diversión, viajar, la ausencia de compromiso, el éxito en la profesión.

Con declaraciones como las citadas, Almodóvar muestra su frivolidad. Como otras cerebritis, se permite opinar de lo que desconoce. Fuera del campo del cine, sus opiniones no valen más que las de cualquier otro ciudadano, aunque la estulticia de la gente dé mucha importancia a lo que digan los famosos sobre los temas más diversos, acerca de los cuales no tienen ninguna autoridad.

En lo referente a los inmigrantes quisiéramos alinearnos con él, en el deseo de acoger a todos cuantos puedan llegar. Para bien de los propios inmigrantes en primer lugar, y porque podrían cambiar la tendencia en la caída demográfica y dar un vuelco a la España vacía.

Pero lo expuesto por el cineasta demuestra un inmenso desconocimiento de la realidad. Incluso quienes respetamos y ayudamos a inmigrantes sabemos que es un despropósito afirmar que entren todos los que quieran y se instalen donde deseen. Podía valer cuando eran pocos los que llegaban, pero cuando la inmigración se ha convertido en un alud las cosas no son tan sencillas, y prueba de ello es que en todas partes se está convirtiendo en el primero o uno de los primeros problemas de los ciudadanos.

Además de falta de empleo, manutención y vivienda para los llegados, genera muchas tensiones en la sanidad, la enseñanza, la seguridad, etc., así como serias dificultades para su integración. Hasta Canadá, que era conocido en el mundo por ser el más abierto e invitaba a ir al país e instalarse en su inmenso territorio con amplísimas zonas despobladas, ha empezado a regularlo de manera restrictiva.

    Sus críticos son “fachas” detractores y tienen envidia de que le hayan concedido hace poco el León de Oro en el Festival de Venecia

Es un asunto complejísimo en el que, como en muchas otras cosas, no caben soluciones sencillas. Populismo puro del director de cine. Con la particularidad añadida de que Almodóvar responde con insultos a las críticas que recibe. Sus críticos son “fachas” detractores y tienen envidia de que le hayan concedido hace poco el León de Oro en el Festival de Venecia.
Cine e ideología

Los criterios expresados por Pedro Almodóvar en temas como la familia, la paternidad o la inmigración no son contrarios a lo que se ve en su cine, aunque no siempre trate específicamente de ellos en la pantalla. Hay siempre mucha ideología “progre” detrás. En esto es coherente.
Haré una valoración de su cine desde una óptica personal con la aclaración previa de que no me seduce en absoluto.

Reconozco que mi percepción choca con la de amplios sectores cinematográficos, que premian una y otra vez muchas de sus películas, es homenajeado en festivales, tiene mayoritariamente la prensa a su favor y es aclamado por amplios sectores del público. Recientemente ha regresado a la gran pantalla con La habitación de al lado, que ha sido su primer largometraje en inglés (The Room next door), con el que ha conseguido el León de Oro en el Festival de Venecia. Con pocos días de diferencia ha sido, además, homenajeado con el premio Donostia en el Festival de San Sebastián. Y, de años atrás, suma un impresionante bagaje de reconocimientos, entre ellos dos Óscar, un Ariel (México) y varios Goyas. Quizás después de Buñuel es el cineasta español más conocido en el mundo.

A la vista de todo ello es mucha osadía contradecir a tantos jurados formados por expertos y supuestamente neutrales en su valoración. Pero no dejo de hacerlo.

En primer lugar, más allá de las realizaciones cinematográficas tampoco suelen motivarme los temas abordados en sus películas ni me interesan sus personajes, en su mayoría femeninos y casi siempre muy complicados. Aparte de su alianza con el feminismo más radical del que emanan tantos despropósitos, en la vida y en el cine me interesan más las personas normales, no las patológicas.

    Tras una supuesta transgresión veo más contravalores que otra cosa

Pero de mayor calado para sentir rechazo hacia el cine de Almodóvar es el tener la convicción de que son globalmente negativos los valores que transmite en sus películas. Basta repasar lo relativo a campos como la familia o la sexualidad, muy recurrentes en sus films. Tras una supuesta transgresión veo más contravalores que otra cosa, y es muy clara su abierta promoción de la homosexualidad, la transexualidad y demás variantes del mundo LGTBI+. También se da de manera generalizada una ambigüedad moral.

Estoy convencido de que la oleada de ideología de género que hoy impera en las sociedades se desmoronará dentro de pocos años por su absurdidad y menosprecio de la biología, de la verdadera naturaleza humana, con lo que no solo caerá el interés por unos films tan marcados en ello, sino que tampoco pasarán a la historia del gran cine. Dejarán de otorgárseles premios, que estoy convencido se dan más por alinearse con determinados postulados que por la calidad intrínseca de los films.

En otro aspecto, aunque Almodóvar normalmente no haga referencia a lo religioso o solo aparezcan tangencialmente en la mayor parte de los films, tampoco me seduce su forma de enfocarlo. A veces lo usa de forma irónica o crítica, y en algunos ramalazos muestra hostilidad hacia lo divino. Reconozco en favor suyo que en Todo sobre mi madre se detecta una espiritualidad en el sacrificio de una persona en bien de los demás, praxis que tiene conexión con lo cristiano, aun sin que haga referencia explícita a ello. En La mala educación se refiere a los abusos en la Iglesia, pero tiene la delicadeza de no presentarlo como generalizado.

La última película, La habitación de al lado, muestra un explícito apoyo a la eutanasia. Que también rechazamos.

En suma, entendemos que una obra tan repleta de contravalores no merece la alta consideración que recibe. Como algunas de sus declaraciones.

 https://www.forumlibertas.com/frivolidad-de-almodovar/

martes, 4 de febrero de 2025

No es dinero. Es libertad

Autónomo desde mi juventud, me acabo de jubilar”, escribía un lector de este diario (alias Lareforma2024) en el foro del espléndido artículo que Enrique Feas (“El informe Draghi, la luna y el dedo”) dedicaba este viernes al grito de alarma del ex gobernador del Banco Central Europeo que esta semana ha conmocionado los cimientos de la Unión Europea. “Podría haber seguido trabajando porque me gustaba mi trabajo y físicamente estoy bien, con lo que hubiera podido mantener el modesto empleo que generaba. Pero me he ido hastiado y, sobre todo, incapaz de seguir adaptándome a las nuevas y constantes leyes y normas regulatorias que salen de Bruselas para controlar hasta el aire que se respira en la empresa.

 Nuevas reglas que implican siempre coste económico, lo que la hace menos competitiva. En lugar de simplificar normas de trabajo y producción, la UE regula y regula y regula ad infinitum, sobre todo y sobre todos, dejando el campo libre a la competencia externa”. Un párrafo que resume la frustración que hoy embarga a millones de europeos y a gran parte de sus empresas con el funcionamiento de una UE que en los últimos 10 o 15 años se ha convertido en una infernal máquina burocrática controlada por una elite muy bien pagada que ha hecho de Bruselas el fortín desde el que aparentemente piensa seguir mandando incluso contra, o al margen, de los intereses de los Gobiernos y de los ciudadanos europeos. 

“El cobro de la PAC está vinculado a una obsesiva elaboración documental de todo lo que piensas sembrar en tus fincas, con qué vas a tratar los cultivos, cuándo y cómo lo vas a recoger, a qué sector animal o segmento de población va a ir dirigido… El incumplimiento de cualquiera de esas exigencias supone perder la subvención de ese año o a verla rebajada en un determinado porcentaje. Y rara es la semana que no aparecen nuevas normas”, se contaba aquí (“La rebelión de los labrantines”) el pasado 11 de febrero. Agricultores y ganaderos de toda Europa se han visto obligados en no pocos casos a contratar los servicios de gestorías especializadas para poder cumplir con el papeleo que imponen las nuevas normas.

 “Que la UE no es una gran promotora del libre mercado, el espíritu empresarial y la innovación, sino más bien una máquina de producir reglamentos es un hecho conocido”, escribía por su parte Kai Weiss en Disidentia el pasado mayo. “No hay más que ver los 109 reglamentos sobre almohadas, los 50 sobre sábanas y edredones o las 31 leyes sobre cepillos de dientes que ha elaborado Bruselas. O la explicación detallada de cómo debe ser un plátano y cómo tiene que estar libre de malformaciones o curvaturas anormales”. 

La situación es particularmente gravosa en España para todo tipo de empresas, víctimas propiciatorias de una sindicalista comunista semianalfabeta reciclada como vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo

La respuesta exasperada de agricultores y ganaderos fueron las movilizaciones que a primeros de año llenaron de tractores las calles de muchas ciudades españolas y europeas. La situación es particularmente gravosa en España para todo tipo de empresas, víctimas propiciatorias de una sindicalista comunista semianalfabeta reciclada como vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, que disfruta trasponiendo normas de Bruselas e inventándose otras nuevas destinadas a entorpecer, nunca a facilitar, el libre funcionamiento de las compañías.

 Si a ello se le añade la existencia de una maraña regulatoria que obstaculiza, cuando no imposibilita, las fusiones y adquisiciones empresariales, tendremos dibujado a grandes rasgos el drama de un estamento empresarial que trabaja con una mano atada a la espalda frente a sus competidores norteamericanos y chinos. Todo son barreras al crecimiento. El resultado es que hace 20 años o más que las economías europeas no crecen o lo hacen de forma raquítica, incapaces de crear empleo suficiente y riqueza bastante para mantener unos Estados del Bienestar imposibles de financiar si no es mediante el recurso a la deuda, con el BCE como prestamista de último recurso. El Tesoro español necesita pedir prestados entre 70.000/80.000 millones todos los años. La deuda pública ha superado ya los 1,6 billones. La francesa ha rebasado los 3,16 billones. De la italiana ni hablamos.

El modelo socialdemócrata (unas veces gestionado por la izquierda y otras por la derecha, tradicional taller de reparaciones de los destrozos socialistas) que ha imperado en Europa desde el final de la II Guerra Mundial está más que agotado. Cada uno de enero, la parte del león de los Presupuestos estatales está ya comprometida cuando los Gobiernos levantan el telón. Todas las cartas repartidas. El Estado francés destina el 57% del suyo a gasto social y algo parecido, aunque en menor medida, ocurre en España.

 Para mantener esta máquina imparable de gasto público los Gobiernos -que en el fondo hacen lo que les piden sus votantes- asfixian a ciudadanos y empresas con una fiscalidad insoportable. Se paga por todo, por lo que uno gana y por lo que gasta, por lo que presta y por lo que dona o lega. También por la rentabilidad de los ahorros. La voracidad de esta socialdemocracia keynesiana que soportamos mansamente es insaciable. La UE, heredera de aquel Mercado Común que nació para aprovechar las sinergías entre países, se ha convertido en un monstruo al servicio exclusivo de los Gobiernos, no de los ciudadanos y de las empresas.

El resultado ha sido la pérdida constante de posiciones competitivas. Los europeos somos cada año menos ricos y sobre todo, menos libres, víctimas propiciatorias de las nuevas ideologías basura (lo “woke” y sus flecos) que se han apoderado de esas élites de Bruselas, una de cuyas palabras favoritas es “decrecimiento”. La brecha entre los niveles de PIB de los Estados Unidos y de la UE, que en el 2002 era del 15%, se ha disparado en 2023 hasta el 30%. En términos per cápita, el ingreso real disponible de los hogares ha crecido casi el doble en EE.UU. que en la UE desde el año 2000. La situación es particularmente gravosa para los españoles si tenemos en cuenta que nuestra renta per cápita es hoy, año 2024, inferior a la de 2004.

 Veinte años perdidos, 14 de los cuales bajo gobierno socialista, con 6 dilapidados en el mandarinato bobo de Mariano Rajoy. Las multinacionales españolas, que a finales de siglo parecían destinadas a comerse el mundo, cotizan hoy a precio de ganga, con la excepción de Inditex e Iberdrola. Buena parte de los unicornios europeos emigran rápidamente a USA. De las 50 principales empresas tecnológicas mundiales, sólo cuatro son europeas. Peor aún, en los últimos 50 años no se ha creado ninguna empresa europea con una capitalización bursátil superior a los 100.000 millones, mientras que las seis grandes americanas cuyo valor en bolsa supera el billón de euros han nacido todas en este período. 

El informe Draghi entregado esta semana ha venido a dar la voz de alarma. La UE se enfrenta a un “drama existencial”, en expresión del político italiano. Se trata de un estudio riguroso que debería servir para provocar un cambio radical de rumbo en las instituciones comunitarias. Les ahorro detalles. El citado artículo de Feas puede servir de perfecta introducción a un trabajo cuya lectura sosegada merece la pena. Curiosamente o no tanto, los resultados de las últimas elecciones europeas han venido a dar la razón a Mario Draghi, en tanto en cuanto han supuesto un toque de atención a esa clase política parasitaria parapetada en Bruselas.

 Pero, ¿ha servido para algo? Rápidamente populares y socialistas se han puesto de acuerdo para reelegir como presidenta de la Comisión a un mujer digna de toda sospecha, Ursula Von der Leyen, sobre cuya probada ineficacia pesan serias sospechas de corrupción en el caso de las vacunas. La contradicción no puede ser más deslumbrante: Draghi anunciando el fin del mundo y la clase política europea enviando a la ciudadanía el mensaje de que aquí no pasa nada, y si algo pasa es que nos vamos a seguir repartiendo el pastel como siempre, a base de cuotas. A España le corresponde nombrar un comisario y nuestro sátrapa ha decidido enchufar a una de sus “servants”, Teresa Ribera, actual ministra de Energía y no sé cuántas cosas más, una sectaria de tomo y lomo sobre la que pesan también serias sospechas -en realidad sobre toda la banda Sánchez- de corrupción compartidas con su marido, el Bacigalupo de turno, un tipo con mando en plaza primero en la CNMC y después, porque yo lo valgo, en la CNMV. 

Algunos seres angelicales se han alegrado en Madrid de que los nórdicos le hayan quitado Clima y Energía, saben de qué pie cojea la dama, y de que, como mal menor, le vayan a adjudicar Competencia, sin reparar en que quizá sea peor el remedio que la enfermedad porque el destrozo causado por esta incompetente en Competencia podría ser aun mayor que en cualquier otra área. El misterio debería sustanciarse este miércoles en el pleno del Parlamento de Estrasburgo, bajo amenaza socialista de no dar el visto bueno a la nueva Comisión si lo de la doña no sale adelante. La mafia pretende seguir chupando del bote a cualquier precio. 

Es este tipo de cosas las que inducen a pensar que el informe Draghi dormirá el sueño de los justos en un cajón del despacho de Von der Leyen. Es verdad que nuestra integración en el club europeo resultó capital a la hora de modernizar España e integrarla en el concierto de las democracias desarrolladas (aunque nada garantiza que Bruselas vaya a convertirse en el vigilante de la playa, asusta pensar lo que sería de nuestras libertades bajo el autócrata que nos preside -la Turquía de Erdogan en el mejor de los casos; la Venezuela de Maduro en el peor-  si España estuviera hoy fuera del paraguas comunitario), pero el proyecto está muerto a menos que ocurra una auténtica revolución democrática. 

¿Qué haría la burocracia de Bruselas con esos 800.000 millones adicionales de gasto anual que propone Draghi para cerrar el “gap” tecnológico con USA y China? Seguramente lo mismo que hizo con el Plan de Crecimiento y Empleo diseñado tras las crisis financiera de 2008, o con los 700.000 millones del Plan Juncker, o con el mayor estímulo fiscal de la historia reciente (BCE mediante y sus tipos nominales negativos), o con los tropecientos mil millones de los Fondos Next Generation, 72.000 de los cuales gratis total para España, de los cuales nada se sabe ni nada se sabrá aunque cabe sospechar que una parte de ellos terminarán en los bolsillos de siempre.

La clase política europea sigue, sin embargo, aferrada a las tres reglas de oro del keynesianismo: primero, lo que hicimos no fue suficiente; segundo, hubiera sido peor no hacerlo; tercero y último, volvamos a repetir el experimento, volvamos a echar dinero bueno sobre dinero malo. La solución, empero, no parece estar ya en el dinero, sino en la libertad. Libertad para emprender, para crear, para construir, para crecer sin ataduras, sin cepos fiscales, sin grilletes regulatorios. De aquellos valores que un día defendieron Ronald Reagan en EE.UU. y Margaret Thatcher en Europa no queda hoy nada. El valor del talento, la recompensa del trabajo bien hecho, el libre disfrute del esfuerzo. 

Hay que hacer posible un entorno favorable al crecimiento, con bajos impuestos, buenas prácticas regulatorias, derecho de propiedad, libertad de empresa y todo lo demás. Entronizar al individuo, a su razón y a su esfuerzo, el individuo afincado en su “tadeonta” (eso que en griego clásico significa lo apropiado, lo conveniente, lo justo) en el frontispicio de la Unión. Y terminar con la odiosa tiranía de la igualdad por decreto. Acabar con la pobreza. Dice Draghi que "la UE ha llegado a un punto en el que, si no actúa, tendrá que comprometer su bienestar, el medio ambiente o su libertad". Yo creo que las tres condiciones no son excluyentes y que si no cambia de forma rápida y contundente lo acabará perdiendo todo. Bienestar y libertad desde luego. Imposible pensar otra cosa viendo el timón de Bruselas en manos de ineptos, corruptos y protodelincuentes.

https://www.vozpopuli.com/opinion/no-es-dinero-es-libertad.html

lunes, 3 de febrero de 2025

Los unos por los otros, la casa sin barrer

 Ésta me gusta mucho. Se refiere a que, si todo el mundo se inhibe de los problemas, no se soluciona nada. De eso sabemos mucho en España, especialmente el pp.

Hay que enfrentarse a la situación.  No vale meter la cabeza debajo del ala. Porque de otro modo todo seguirá igual. Y cuando se acumula la basura todo se deteriora.

Sobre la sustitución demográfica:https://www.cesarvidal.fm/2022276/episodes/16527573-editorial-esta-sufriendo-espana-un-reemplazo-demografico-29-01-25

domingo, 2 de febrero de 2025

Premio Perseverancia bloguera

Este premio ha ido pasando de mano en mano. Aquí lo dejo. Yo por perseverancia no será. Llevo dieciocho años.










a.¿Por qué iniciaste un Blog? Como un diario personal. Luego con la relación con otros blog fue evolucionando.


b ¿qué es lo que no harías nunca?  Mentir. Alguna mentira piadosa pero en principio soy incapaz. No me sale.


c ¿algo de lo que te sientas orgulloso?  De defender el humanismo cristiano en tiempos en que no se lleva y está mal visto.


d si pudieses dar tus tres deseos a alguien ¿a quién se los darías? Sin duda a mis tres hijos. Me paso el día rezando.


e ¿paloma o gaviota? Ambas. Cada una en su lugar.


f ¿ciudad o campo? igual. Ambos. La ciudad para el día a día. El campo para disfrutarlo el fin de semana.

sábado, 1 de febrero de 2025

Treinta mil ancianos ejecutados por los protocolos de la muerte

30 mil ancianos fallecidos en el interior de los geriátricos españoles durante el transcurso de la denominada como primera ola de la pandemia del coronavirus. 30 mil ancianos que, según la versión oficial –difundida por políticos y principales medios de comunicación-, murieron por causa de la COVID-19. Una cifra que equivalía al 69,1% del total de fallecidos notificado oficialmente por el Ministerio de Sanidad durante la denominada como “primera ola de la pandemia del coronavirus”.

Cifra que pudo ser mucho menor si estos ancianos hubiesen sido derivados a hospitales donde sí se disponía de camas vacías y hubiesen recibido la asistencia adecuada, en lugar de ser abandonados en unas circunstancias indignas e inhumanas.

En muchas de las residencias donde supuestamente entró la COVID, estos ancianos recibieron, efectivamente, un trato inhumano. Muchos ancianos fueron encerrados en sus habitaciones, amén de aislados de sus familiares y amigos. A muchos de ellos se los encontraría, como por ejemplo fue el caso de una residencia intervenida en Burón, atados a sus camas y con llagas. En otras residencias se encontraría a ancianos deshidratados y totalmente desatendidos o abandonados. 

El trato al que estos ancianos fueron sometidos, no solo fue el resultado de los protocolos de actuación que fueron enviados a las residencias desde las altas esferas sanitarias y gubernamentales del país, sino, también, pocas dudas caben ya a este respecto, debido al miedo que fue inoculado por políticos y medios de comunicación en los trabajadores de estas residencias; llegando, algunos de estos últimos, incluso a abandonar a los residentes junto a cadáveres de sus ya excompañeros de habitación/asilo

Todo esto es totalmente cierto y así ha sido documentado tanto por medios de comunicación como por Amnistía Internacional y Médicos Sin Fronteras. Pero lo que todavía no ha sido denunciado por ninguno de estos medios, es aquella parte de los protocolos de actuación en las residencias de mayores que ocasionó la mayor cantidad de muertes en las mismas: la que concernía a la administración de Morfina y Midazolam y sedación paliativa.

Tal y como veremos y documentaremos a continuación, la administración de Morfina y Midazolam, solo podía tener como resultado el agravar la insuficiencia respiratoria de los presuntos pacientes COVID e inducirlos a la muerte.

Como puede leerse en las páginas 26-28 del documento “Protocolo de actuación en residencias de mayores de la comunidad de Madrid durante el periodo epidémico ocasionado por el COVID19”, se recomendaba tanto la administración tanto de Morfina como de Midazolam a dos tipos de pacientes.  A aquellos que padeciesen insuficiencia respiratoria moderada y además sufriesen de un deterioro cognitivo/funcional severo o grave, y a aquellos otros que, independientemente de su deterioro cognitivo/funcional, padeciesen insuficiencia respiratoria grave.

Básicamente, si estos pacientes no mejoraban, serían sometidos al protocolo de sedación paliativa.


bien las declaraciones (minuto 16) de Cinta Pascual –directora del Círculo Empresarial de Atención a Personas (CEAPS)- en el congreso de los diputados, invitan a pensar que en muchas residencias estos protocolos se aplicaron de un modo mucho más arbitrario. Cito sus palabras textualmente: “Una imagen que yo no borraré en la vida de mi memoria, es ver a un médico entrar en una residencia y decir: mórfico, mórfico, mórfico (refiriéndose a tres residentes). Aquel día convocamos una junta directiva y avisamos que estábamos solos. Esto no podía ser; que esto sería un drama. Porque si cada vez que venían se colocaba mórfico, ustedes ya saben qué es esto ¿No? Dos, tres días y… Éxitus (muerte del residente).

En el Anexo 3 –página 23- de los protocolos, especifican cómo debe procederse para realizar la sedación paliativa para los pacientes COVID en las residencias.

La sedación paliativa consiste en la administración de fármacos sedantes en las dosis y combinaciones requeridas para provocar la disminución deliberada del nivel de conciencia en pacientes que presenten sintomatología refractaria y sufrimiento intolerable y se encuentren en fase de últimas horas /días de vida.

Es decir, el objetivo de la sedación paliativa es el de ayudar a morir al paciente de forma indolora y no consciente.

La sedación paliativa se aplicaba a aquellos pacientes en residencias con síndrome de distress respiratorio agudo sin respuesta al tratamiento específico, sin criterios de UCI y que presentan sintomatología refractaria y sufrimiento intolerable y muy corta expectativa de vida.

Pero la derivación a hospitales y por tanto a UCI se encontraba prácticamente prohibida para este tipo de pacientes. Por tanto solo queda preguntarse si la medicación administrada les ayudaría a responder al tratamiento y a no carecer de corta expectativa de vida para, de esta forma, evitar su sedación paliativa y postrera muerte.

Entiendo que estaremos todos de acuerdo con que, solo a un verdadero demente, se le ocurriría apagar un incendio con gasolina. ¿Cierto?

Pues esto es precisamente lo que ocurrió, al administrar Morfina y Midazolam a aquellos pacientes que sufrían insuficiencia respiratoria. No en vano estos “medicamentos” deben de ser administrados con mucho cuidado o están directamente contraindicados en pacientes que sufran prácticamente cualquier tipo de insuficiencia respiratoria.

Entre las contraindicaciones de la Morfina, encontramos la de aquellos pacientes que sufren depresión respiratoria o enfermedad respiratoria obstructiva grave.

Para quien todavía no lo sepa, aclarar que el virus Sars-Cov2 es el presunto causante de un síndrome respiratorio agudo severo.

En el prospecto del Midozalam, se advierte que debe tenerse mucho cuidado a la hora de administrarlo a personas mayores de 60 años –es decir, al 99% de los residentes en geriátricos-;  más aun si padecen de insuficiencia respiratoria crónica. Incluso se especifica que NO DEBE ADMINISTRARSE en sedación consciente si el paciente tiene insuficiencia respiratoria grave o depresión respiratoria aguda. Y que nunca debe utilizarse si no se dispone de equipos de reanimación adecuados para cada tipo de paciente, ya que puede disminuir las contracciones del corazón y producir paradas respiratorias.

chistoso que a toro pasado pueda resultar, que se aplicasen.

Lo que no puedo afirmar con rotundidad es que fuese Carlos Mur quién firmase el documento de los protocolos específicos que he mostrado en este artículo, ya que éste no está firmado por nadie, al igual que otros que he encontrado en los que también se recomienda la suministración de Midazolam.

El Doctor Javier Martinez Peromingo también parece tener su cuota de responsabilidad al respecto. Cuando se le dijo que la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso negó que existiese colapso hospitalario, el argumentó que a él si se lo había parecido como razón para no derivar a los ancianos de las residencias a hospitales. Curiosamente, Javier Martinez fue nombrado Director general de Coordinación Socio-Sanitaria de la Consejería de Sanidad en detrimento del Carlos Mur, que fue destituido, el 14 de mayo del 2020. 

En el parlamento español se pidieron explicaciones por lo sucedido en las residencias de ancianos durante esta presunta “primera ola de la pandemia”. Inicialmente fue VOX el que propuso una comisión de investigación al respecto. Pero la izquierda parlamentaria votó en contra y la investigación fue aplazada. Tan solo unos meses después, fue la izquierda la que votó a favor. Entonces fue la derecha –incluyendo a VOX-, la que frenó esta comisión de investigación que todavía a día de hoy no se ha realizado.

Semejante nueva pantomima parlamentaria bipartidista solo puede reflejar una terrible verdad: todos los integrantes del parlamento son responsables del gerontocidio.

Tras ellos, los médicos, sanitarios y responsables de las residencias de ancianos que aplicaron estos protocolos asesinos.

Al final de la cola, quienes pese a no apretar el gatillo, guardaron y todavía hoy guardan silencio.

Somos muchos quienes esperamos justicia y estamos a la espera de que los jueces de éste y de muchos otros países cumplan con su deber: juzgar a los presuntos asesinos y, de ser declarados culpables, encarcelarlos.

 https://diario16plus.com/opinion/primera-ola-de-la-pandemia-del-coronavirus-30-mil-ancianos-ejecutados-no-por-el-influjo-de-un-virus-asesino-sino-por-el-de-los-protocolos-de-la-muerte_345715_102.html




viernes, 31 de enero de 2025

Has de cambiar tu vida

 Hace ya algún un tiempo que Woody Allen describió así nuestra situación: «Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo, la verdad, no me encuentro nada bien». No sé por qué se me pasó por la cabeza esta frase (caprichos de la mente) hace unos días, mientras zapeaba en la tele.

Apareció en un canal David Broncano (ese comediante que hemos pagado entre todos para que nos haga reír mientras Sánchez nos gobierna). Asomó en otro canal el papa Francisco, aseverando que «todas las religiones llevan a Dios» —todas, todas, todas— (imagino que también el adventismo, que considera al Sumo Pontífice como el Anticristo).

Vivimos una época extraña, y a mí Woody Allen se me pasó por la mente mientras veía televisión.


Para entender estos tiempos nuestros, confieso que leo bastante más a autores progresistas que a autores conservadores (para disgusto de unos y de otros). Hay que comprender bien a quienes nos rigen (de hecho, estuve tentado de quedarme a ver el programa de Broncano).

Uno de los escritores que mejor calibran nuestra época es el alemán Peter Sloterdijk (que, por cierto, dentro de pocos días visitará Madrid). Puntualicemos que, en ocasiones, este filósofo sí se opone a la corriente que nos lleva. Por ejemplo, hace unos años se atrevió a lanzar a la opinión pública una idea bien estimulante: que los impuestos dejasen de ser eso, impuestos. Y que cada cual aportara al Estado solo los dineros que deseara. En su opinión, aguijoneados como estaríamos así por exhibir ante los demás nuestra nobleza y generosidad, la recaudación final no variaría mucho, mientras que lo que sí aumentaría sería nuestra virtud cívica (hoy reducida a «paga o acabarás preso»).

    «Sloterdijk ha criticado las exageraciones con que se defienden las humanidades, como si su estudio fuera a convertirnos en seres mansos»

Se trataría, en suma, de recuperar la antigua idea del thymós, del orgullo ciudadano, que ya cultivaban los griegos. Mas la propuesta, como imaginará el lector, no pasó más allá de las aulas de filosofía y los salones de tertulianos. Con todo, sin duda fue un soplo de aire fresco en el viciado ambiente de regüeldos socialdemócratas que nos suele circundar.

Sloterdijk también ha criticado las exageraciones con que a veces se defienden las humanidades, como si su mero estudio fuera a convertirnos a todos en seres mansos y comprensivos; diatriba en que fue bien precedido por George Steiner. Y a la que incluso un servidor (hoy escribe cualquiera de cualquier cosa) trató de aportar su granito de arena aquí en THE OBJECTIVE.


Ahora bien, ya entonces (y en el libro que escribió al respecto, sus Normas para el parque humano) Sloterdijk confesaba su afinidad de fondo con los tiempos actuales. Para él, resultaba absurdo seguir intentando domesticar a los humanos con la educación (y sus humanidades), con las iglesias (y sus morales) o con leyes (y sus castigos). Se trata de sistemas carísimos y, seamos francos, bien poco eficaces.

Nos convenía más bien, aducía Sloterdijk, lanzarnos a emplear la ingeniería genética y la eugenesia, sin ambages, para mejorar nuestra especie. Aprovechar la ciencia para convertirnos en personas más buenecitas. Hacernos más éticos a golpe de laboratorio. Todo un anticipo de los ideales transhumanistas que hoy campan por doquier.

    «Sloterdijk nos revelaba la clase de ser humano (‘concienciado’, ‘solidario’, ‘cosmopolita’) que esos augurios pretenden crear»

Pero donde mejor ha atrapado Sloterdijk el espíritu de nuestro siglo es en otra obra suya,titulada Has de cambiar tu vida. Un libro del año 2009 tan obsesionado por el calentamiento global como a día hoy sigue estándolo el autor. Así, en una entrevista de El País este verano, nos advertía: «Vivimos como si no pasara nada», pero «vamos a acabar como huevos fritos».

Sloterdijk resultaba allí iluminador, en todo caso, porque no se limitaba a repetir jeremiadas, ni a profetizar las habituales plagas (inundaciones, derretimientos, agostamientos, extinciones) que prodigan los profetas del calor. Sloterdijk iba más allá y nos describía (nos confesaba) el tipo de persona que se deja llevar, el tipo de persona que hoy permite (o incluso goza) que esos augurios empapen toda su vida. Dicho de otra forma: Sloterdijk nos revelaba la clase de ser humano («concienciado», «solidario», «cosmopolita») que esos augurios pretenden crear.


Leámoslo con sus propias palabras:

«Debo autoafirmarme como ciudadano del mundo aunque apenas conozco a mis vecinos y descuido a mis amigos. Por mucho que la mayoría de mis compatriotas en el mundo para mí sea inaccesible tengo el encargo de copensar su presencia real en cada una de mis operaciones. Debo convertirme en un faquir de la coexistencia con todo y con todos y reducir la huella de mi pie en el mundo circundante a la huella que deja una pluma».

    «Nos lo advirtió ya el filósofo Eric Hoffer: ‘Es más fácil amar a la humanidad en general que al vecino’»

Son pocas líneas pero están repletas de pistas. Por ejemplo, la exigencia de ser cosmopolitas, «ciudadanos del mundo», aunque apenas conozcamos al vecino de al lado y, a los amigos (¡es que da tanto trabajo ser ciudadano del orbe entero!), los tengamos un tanto descuidados. En su simplicidad, esta sola frase da la vuelta a nuestra herencia cristiana, que nos invitaba justo a lo contrario: a preocuparnos del prójimo, del próximo, antes que una abstracta humanidad lejana. Por el simple motivo de que el primero es real (que se lo pregunten, si no, al buen samaritano), mientras que la segunda es imaginaria. Y siempre es más sencillo amar a nuestros propios productos, sobre todo si lo son solo de nuestra imaginación.

Nos lo advirtió ya el filósofo Eric Hoffer: «Es más fácil amar a la humanidad en general que al vecino». Y Dostoievski había vislumbrado una idea semejante en Los hermanos Karamázov: «Durante mis ensoñaciones a menudo he llegado a imaginar apasionadas acciones por el bien de la humanidad, y quizás me hubiese dejado sacrificar por la gente si hubiese sido preciso, aunque soy incapaz de convivir dos días con nadie en una misma habitación, eso lo sé por experiencia… Amo a la humanidad, pero me asombra que, cuanto más la amo en abstracto, menos amo a los hombres en particular, es decir, a cada persona por separado».



No se queda en lo dicho Sloterdijk, empero, al proponernos su nuevo modelo del humano adaptadito a nuestros tiempos. El alemán no solo nos reclama amar ficciones humanitarias, sino que astutamente nos desliza la palabra «compatriotas». ¡Pero no para usarla con los compatriotas de verdad! (Las patrias, parece, habrán de ser abolidas en el cálido mundo que viene; ya se sabe que nunca fueron muy patriotas los huevos fritos). Sloterdijk dirige más bien el título de «compatriota» a esa humanidad evanescente o, como él mismo admite, «para mí inaccesible». Y, de paso, nos impone una obligación gigantesca: pensar cada uno denuestros actos en función de cómo afectarán a todos los demás miembros de esa humanidad.

Si desayuno he de estar pensando en cuán sostenible es lo que desayuno; si viajo he de estar pensando en cuán ecológico es mi transporte; si desayuno y viajo a la vez, mis preocupaciones se multiplican al cuadrado. Como consecuencia, si desayuno, viajo, leo, escucho música y pongo aire acondicionado al mismo tiempo, la cantidad de obligaciones que se me abalanzan encima, la cantidad de deberes que reclaman mis ocho mil millones de «compatriotas» de la tierra, empieza a desbordar mi capacidad computadora.

    «Nuestra huella ha de consistir en no dejar huella. Nuestro mejor legado ha de radicar en no dejar ningún legado»

Eso es lo que Sloterdijk llama «copensar». Pero nuestras abuelas llamarían obsesionarse. Para eso es para lo que Sloterdijk nos pide ser «faquires de la coexistencia». Pero contra eso es contra lo que nuestras abuelas nos advirtieron, cuando nos desaconsejaban juntarnos con esos tipos raritos, los faquires, que vomitaban fuego y se clavaban agujas en el brazo.

Con todo y con eso, lo que mejor refleja el proyecto de Sloterdijk es el anhelo con el que finaliza su texto: «Reducir la huella de mi pie en el mundo circundante a la huella que deja una pluma». De la etérea humanidad en que, según él, tenemos que estar pensando todo el tiempo, hemos pasado ahora a la obligación de ser etéreos nosotros mismos. Tiene lógica. Pero la consecuencia es pavorosa: nuestra mayor aspiración al pasar por este mundo ha de residir… en que parezca que ni hemos pasado por él. Nuestra huella ha de consistir en no dejar huella. Nuestro mejor legado ha de radicar en no dejar ningún legado.

Estas premisas le resultarán familiares a cualquiera preocupado por la baja natalidad de nuestras sociedades; pero hay, si cabe, algo peor en ellas. Y es el modelo de persona que Sloterdijk, con nuestro mundo, nos están proponiendo: hemos de ser lo más parecido a no ser. Pasó ya el tiempo en que instruíamos a nuestros jóvenes para que, si era posible, dejasen marca en la historia; lejos está ya la época en que los educábamos para que perdurase su huella en las vidas de los demás. Ahora hemos de enseñarles a estar como si no estuviesen, a pasar como si no hubiesen pasado, a olvidarse de sí mismos para que pronto se les pueda olvidar a ellos del todo.

El lector recordará que George Bailey, el protagonista de ¡Qué bello es vivir!, se salvaba del suicidio al conocer la huella que había dejado en cuantos le rodeaban. En el mundo que nos proponen Sloterdijk y nuestras élites actuales, sin embargo, George Bailey se habría matado. Cuando el único proyecto que nos permiten nuestros miedos a la contaminación, al clima y a las catástrofes estriba en camuflarnos como si no existiésemos, la idea de dejar de existir no puede sino volvérsenos más atractiva. No es entonces solo la baja natalidad nuestro problema, sino también el aumento de suicidios, de antidepresivos y de adicciones. Nos están proponiendo ser hombres-nada; es normal, entonces, que nos precipitemos hacia la nada por cualquier resquicio que nos reste.

    «Cuán distinta es una educación basada en hacer nuestras vidas más bellas de otra empeñada en hacerlas más insignificantes»

Lo más desazonador de todo esto es que en el mismo título del libro de Sloterdijk citado, Has de cambiar tu vida, reside la solución a esta deriva. Pero hemos de entender ese mandato de forma recta, y no como una invitación a ser más pequeñitos cada vez.

Porque «has de cambiar tu vida» es el verso final de un poema de Rilke, Torso arcaico de Apolo. Y de ahí lo ha recogido Sloterdijk. A lo largo de ese soneto, el poeta ha ido contemplando una estatua griega, hoy conservada en el Louvre, a la que solo le queda el tronco. Y nos ha ido narrando cuán interpelado se siente por su contundente aunque castigada belleza. Ahora bien, de repente, en el sorprendente verso final, Rilke gira súbito el foco desde la piedra esculpida hasta el lector, y nos increpa: «Has de cambiar tu vida». Ese es el sentimiento más noble que nos puede suscitar la belleza externa: el afán de hacer nuestra vida más hermosa también.


Cuán distinta es una educación basada en hacer nuestras vidas más bellas (como quería Rilke hace un siglo) de otra educación empeñada en hacerlas más insignificantes (como quieren tantos, no solo Sloterdijk, hoy). Cuán diferente es una vida que busca alabar y emular lo más alto que ha producido nuestra civilización, de otra vida que busca lamentar solo esa herencia civilizada. Y equipararla a la de los bárbaros.

Cuán elevado deseo sería, para este curso que estos días empieza, cambiar nuestras vidas fijándonos en una estatua de Apolo, en un relieve de María o en una pintura de Cristo; y cuán bajo será que en muchas clases de Ciencias Naturales, de Ética o de Religión, entre lo poco que se enseñará a nuestros alumnos, esté el color de cada cubo de basura en que deben reciclar.

https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2024-09-18/has-de-cambiar-tu-vida/

jueves, 30 de enero de 2025

Ir dando tumbos

 Se refiere a tambalearse físicamente. O también a ir perdido sin dirección. Yo fui dando tumbos durante veinte años. No le encontraba sentido a mi vida.

Gracias a Dios, acabé encontrando una senda que me llevó a donde estoy hoy. Por desgracia, algunos nunca la encuentran.

Màs sobre Palestina:https://www.cesarvidal.fm/2022276/episodes/16512055-editorial-7-de-octubre-los-medio-israelies-van-revelando-la-verdad-27-01-25

miércoles, 29 de enero de 2025

Los abrazaárboles

 Son las dos de la tarde en un frondoso bosque de la Laponia finlandesa. Unas veinte personas se abrazan de forma obsesiva y con las más curiosas posturas a los troncos de los árboles.


Llevan un dorsal con un número a la espalda, lo que indica que están participando en una competición. Los jueces van, libreta en mano, inspeccionando cada uno de los árboles abrazados, y apuntan su valoración.


Miguel Pérez Pichel 

Se trata del Campeonato Mundial de Abrazar Árboles, que se celebró el pasado mes de agosto en Finlandia, un evento que ya va por su quinta edición y que atrae cada año a los más fanáticos seguidores del movimiento de los abrazaárboles, una actividad encuadrada dentro de la doctrina woke del medioambientalismo e inspirada por una perversa corriente filosófica: el sentimentalismo.



En el mundo relativista, de verdades etéreas, donde se ha renunciado a la verdad en favor de la percepción, el sentimentalismo triunfa como filosofía de vida, principalmente en las sociedades occidentales.


Esta corriente filosófica permea hoy toda la realidad social, es particularmente perceptible en la cultura y, sobre todo, en la política.


El sentimentalismo filosófico inspiró de una manera brutal el contenido de la carta del 24 de abril de 2024 del presidente Pedro Sánchez en la que amenazaba con dimitir por el supuesto ataque mediático-judicial contra su mujer, investigada por corrupción en los negocios.


«Soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer», afirmaba el presidente en una carta cuyo mayor pecado fue causar un intolerable y generalizado ataque de vergüenza ajena en la población española.


Obviamente, hay más casos: basta con escuchar algún discurso de la vicepresidenta del gobierno Yolanda Díaz, o de la exministra de Igualdad Irene Montero (por poner dos ejemplos) para comprobar el alcance del sentimentalismo filosófico en un ámbito tan importante como es el de la política.


Este sentimentalismo filosófico tiene una serie de características fácilmente identificables y de corte completamente orwellianas y relativistas.


Victimismo

Una de dichas características es atribuirse como propio lo contrario de lo que defienden. Por ejemplo, los popes del sentimentalismo –políticos progresistas, intelectuales woke, profetas del catastrofismo medioambiental– reivindican con orgullo la defensa de la ciencia y la razón.


Fe y razón que, después de mantener una absurda disputa secular, han quedado reducidas hoy a la práctica irrelevancia. Y una vez destruidas la fe y la razón, lo que queda sobre sus cenizas es el sentimentalismo.


El sentimentalismo filosófico no tiene teóricos identificables que la describan, asuman y promuevan. No tienen un René Descartes, un Immanuel Kant o un Friedrich Nietzsche, aunque filósofos como Herbert Marcuse, Jean-Paul Sartre o Jürgen Habermas ya apuntaron a principios que sostenían la libertad en la ausencia de una verdad última.


Muchos de los preceptos de la filosofía del sentimentalismo aparecen recogidos, sin embargo, en la falsa teoría queer: una supuesta teoría filosófica articulada por filósofos de dudoso prestigio como la estadounidense Judith Butler que pretende dar cuerpo teórico a varios preceptos de la ideología woke y su agenda LGBT, pero que no son más que un artificio, por desgracia ampliamente aceptado en las sociedades occidentales.


Los abrazaárboles

Este sentimentalismo filosófico se encuentra detrás de algunas de las prácticas más rocambolescas de nuestro tiempo que definen bien la deriva de la época postmoderna y de la postcivilización. La moda de los abrazaárboles es una de ellas.


La práctica, surgida en los años 80 del siglo XX, ha encontrado un caldo de cultivo idóneo en la sociedad woke y sentimental hoy imperante.


La actividad consiste en abrazar durante varios minutos el tronco de un árbol para que el bosque transmita su energía a la persona.


Esta práctica de rasgos claramente idólatras y propia del druidismo de la doctrina new age se va generalizando: además de los citados campeonatos mundiales de abrazar árboles, en Islandia lo recomendaron a la población para paliar los efectos del aislacionismo durante la pandemia de coronavirus, y en Cantabria ha puesto en riesgo un bosque de secuoyas debido a la erosión en los troncos y raíces por tanto abrazo.


Abrazar árboles se presenta como paliativo frente a los efectos del individualismo extremo, el materialismo y la soledad consecuencia de la puesta en práctica de la ideología woke.


En definitiva, no existen palabras para describir la desolación que puede causar en las pocas personas que siguen funcionado de acuerdo con la razón la imagen de siete personas abrazando el tronco de un árbol durante quince minutos.


Sin embargo, esta práctica, como se ha visto, es de lo menos perverso que puede salir del sentimentalismo, una filosofía que, en última instancia, puede justificar hasta la instauración de un régimen de terror.

https://www.eldebate.com/cultura/20241008/nefasta-filosofia-recorre-mundo-civilizado-abrazaarboles-son-expresion-menos-perversa_233162.html


martes, 28 de enero de 2025

Las ciudades de quince minutos, por Itxu Díaz

 En la última Cumbre Mundial de Alcaldes C40, celebrada el otoño pasado, no hubo más que hablar de eso. “Puede que haya menos coches, más naturaleza, un aire más sano, más educación, más saneamiento. Los ciudadanos lo apoyan porque con menos contaminación se vive mejor”, declaró la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Todos parecieron maravillarse con el modelo ideado por el experto francocolombiano Carlos Moreno. La idea es que los habitantes de las ciudades tengan acceso a sus lugares de trabajo, compras, salud, educación y ocio a menos de 15 minutos a pie o en bicicleta.

Quizás conozcas el nombre de Carlos Moreno. En 2020, mientras los ciudadanos comunes luchaban por sobrevivir a la pandemia y ansiaban escapar de los confinamientos impuestos por los políticos, Moreno presentaba su iniciativa alarmista climática “Countdown” junto a Antonio Guterres, el Papa Francisco (Dios lo perdone), Al Gore, Ursula von der Leyen, Jane Fonda y otros reconocidos narradores. Su propuesta para las ciudades era, por supuesto, el FMC.

El objetivo del FMC es reducir las emisiones, salvar el planeta y todo eso, aunque los promotores de la idea prefieren decir simplemente que mejora la calidad de vida y la salud. De hecho, Hidalgo, la misma alcaldesa que participa en campañas contra el acoso a las personas obesas, afirma que una de las grandes virtudes del FMC es que contribuye a acabar con la obesidad. Hoy, tras los confinamientos por la pandemia, la coalición de alcaldes C40 ha juzgado a los ciudadanos lo suficientemente maduros y obedientes como para tragarse el modelo del FMC, como lo demuestran las recomendaciones de la “ Agenda de los alcaldes para una recuperación verde y justa ”.

Pero esta visión utópica tiene sus inconvenientes, que merecen mucha más atención. Por un lado, resulta que la mejor manera de implementar un plan de este tipo es desincentivar el uso de automóviles, porque no hay mejor manera de convencer a la persona promedio de que vaya en bicicleta o andando al trabajo. Como política, las ciudades europeas están haciendo esto peatonalizando grandes áreas, dando pasos iniciales para prohibir ciertos tipos de vehículos o imponiendo peajes elevados para conducir en los centros urbanos.

El 5 de febrero, Le Parisien reveló que París está perdiendo a sus habitantes: “En diez años, 123.000 personas han huido de la capital”. Como señala el periódico conservador Boulevard Voltaire , “la vida allí se ha convertido en una pesadilla de ratas, inmigración loca, inseguridad, robos en los barrios, suciedad y carriles bici”. Las salidas son parte de una tendencia de larga data alimentada por el alto costo de vida y otros factores, pero también se producen cuando París se prepara para prohibir el tráfico de automóviles en el centro de la ciudad a partir del próximo año. Hay pocas razones para pensar que esto revertirá el éxodo.

Aun así, supongamos que muchos ciudadanos están a favor de tenerlo todo a su alcance; yo también estaría a favor, siempre que eso incluya las máquinas expendedoras de tabaco y cerveza. Para conseguir un CMA, las administraciones públicas deben empujar a las empresas privadas a instalarse allí donde su planificación urbanística determine. Y cuanto más se inmiscuya el Estado en el sector privado, ya sea pagando o coaccionando, mayor será el revés para el libre mercado; las consecuencias se pueden leer en cualquier libro de historia serio que no se encuentre en las escuelas públicas.

La FMC también prevé que los barrios dediquen antiguas oficinas a espacios de coworking comunitario, donde teletrabajadores de distintas empresas puedan reunirse para cumplir sus horas a escasos metros de casa. Debe ser realmente emocionante intercambiar correos electrónicos con el director comercial de tu agencia inmobiliaria, o con el psicólogo que te da terapia online por Skype a tu lado, mientras otro tipo prepara hogazas de pan en el escritorio de enfrente, frunciendo el ceño mientras intenta pasarlas por el módem hacia la panadería. Da tanto miedo como que el “Imagine” de John Lennon se haga realidad.

Al final, la FMC también busca revivir ese viejo orgullo de barrio, convirtiéndolo en una identidad tan fuerte como la nacional. Es paradójico que las mismas personas que apoyan el globalismo sean las promotoras de ese orgullo de barrio. El propio Moreno ha rechazado las críticas a su campaña, calificando supuestamente de “mentiras” las nociones más conspirativas de que los planificadores gubernamentales encerrarían a la gente en sus barrios o restringirían el movimiento y vigilarían a los residentes. Es posible que Moreno sea sincero, pero también es razonable suponer que los políticos que deben implementar su plan se sentirían bastante cómodos imponiendo restricciones a los ciudadanos, como demostraron en la pandemia.

Incluso sin todo eso, convertir las ciudades en docenas de pequeños ecosistemas autónomos sólo empeoraría nuestra propia epidemia de alienación y nos volvería aún más insulares en nuestros hábitos. La mayoría de nosotros odiamos conducir en el tráfico de la ciudad, pero hay un valor social en tener que subir al coche un par de veces a la semana para hacer un recado, o más a menudo para ir a trabajar. Mezclarse con otras personas en tu ciudad (o, ¡oh, Dios!, fuera de ella) te enriquece y aumenta tu sentido de pertenencia. Amplía tu mundo. Y, además, a algunos de nosotros simplemente nos gusta conducir, acelerar a fondo antes de que se cierre el semáforo y maldecirnos unos a otros en los atascos como una forma de liberación; ¿por qué siempre vienen a por nosotros? ¿Por qué no gravan a quienes se desestresan yendo a Pilates?

Pero esto nos lleva a la llamada agenda 2030. Las restricciones a la movilidad que se impusieron durante la pandemia fueron un experimento de ingeniería social que ahora están aplicando los promotores de las llamadas “ciudades y comunidades sostenibles”, según el objetivo número 11 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Y llamadme paranoico, pero no confío en que los tecnócratas que idean estos sistemas resistan la tentación de convertirse en Gran Hermano. Hace unas semanas, viví la experiencia de que varias ciudades europeas ya exigen que uno tenga un DNI digital personal para poder abrir la tapa del contenedor de basura. Es cierto que no estaba intentando deshacerme de un cadáver, pero me sentí bastante incómodo con el hecho de que el contenedor de basura registre mi acto de eliminación de residuos. Sospecho que la idea es multarte si tiras una lata de atún en el contenedor de basura orgánica.

Sea como fuere, hoy, pasear por el centro de las antiguas capitales europeas revela lo que los simpatizantes del FMC no quieren admitir: que, sin el tráfico de coches y el tirón de gente de otros barrios, los centros antiguos de las ciudades se han empobrecido, los comercios han tenido que cerrar, los vecinos se han marchado y la extrema soledad de sus calles las ha convertido en un foco de delincuencia.

Como cualquier utopía, el FMC sólo podía funcionar si se le daba demasiado poder al gobierno. Los que se oponían podían irse al campo, sí, pero ¿por qué tendríamos que renunciar a los centros urbanos, los edificios, los monumentos y las avenidas que antaño fueron la cuna de la civilización occidental y a la esperanza de que algún día pudieran volver a tener su antigua gloria?

https://www.nationalreview.com/2023/02/the-problem-with-the-15-minute-city-utopia/

lunes, 27 de enero de 2025

Rasgarse las vestiduras

 Es lo que hacen algunos cuando al fin descubren la verdad sobre algo. Se hacen los sorprendidos y los ofendidos, cuando realmente deberían saberlo.

Es como intentar librarse de la responsabilidad de una desgracia. Declararse inocente. Pero no engañan a nadie màs que a ellos mismos.

Sobre el foro de Davos: https://www.cesarvidal.fm/2022276/episodes/16490746-editorial-sanchez-triunfa-en-davos-23-01-25

Record de parados extranjeros con subsidio, por Francisco Núñez

En pleno anuncio del Gobierno de una nueva regularización de inmigrantes (más de 500.000), las prestaciones asistenciales a los parados extr...