Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Colonialismo religioso

 Lo de la “comunidad musulmana” en España me parece un ejemplo perfecto de colonialismo religioso (por el momento, light), al que nos somete el islamismo y que las autoridades, y nosotros mismos, aceptamos como algo normal. ¿Por qué razón un ciudadano marroquí, sirio, afgano, deja de ser un ciudadano marroquí, sirio o afgano y en España se convierte automáticamente en parte de la “comunidad musulmana”? Con las cautelas, consideraciones, y temores de trato correspondientes. Lo pregunto porque los ciudadanos argentinos, mexicanos, uruguayos o peruanos que llegan a España siguen siendo argentinos, mexicanos, uruguayos o peruanos, no pasan a ser considerados parte de una “comunidad cristiana” a la que hay evitar ofender a toda costa. Incluso violando las leyes.  

Por mucho que se intente ocultar, esta actitud significa el pago de un peaje religioso. Pongamos un ejemplo. Durante la llamada “Fiesta del cordero” (que es fiesta para todos menos para los pobres corderos, ¡digan algo antitaurinos!), se sacrifican miles de animales, sin ningún tipo de control veterinario ni aturdimiento previo, en plena vía pública y en muchos domicilios, lo cual supone una infracción del Reglamento CE 1099/2009, relativo a la protección de los animales en el momento de la matanza. No hablemos ya del repugnante espectáculo del degollamiento de los corderos en nombre de un ritual religioso, a mi juicio, oscurantista. Este tipo de actitud parece, más que una permisividad en nombre de la concordia y la convivencia, un conato de transformación de la sociedad que nos hemos dado. ¿Por qué la civilización occidental y su sociedad laica resultante, tienen que adaptarse a formas de ignorancia ya superadas, como la famosa “Matanza del cordero”? Adaptación que incluye, repito, en este caso, una violación de la Ley.

    Cuando se censura un evento informativo o cultural por miedo a ofender a esa comunidad, se están sacrificando los modos civilizados, es decir los occidentales, por miedo

Las religiones afrocubanas (y caribeñas, en general) requieren a veces de sacrificios animales durante sus ritos. Pero. Para ellas, sacrificar animales está prohibido y sancionado en España. A pesar de que los animales sacrificados se consumen en celebraciones posteriores a los ritos, exactamente lo mismo que hacen los islamistas, sin restricción alguna. Por qué a unos sí y a otros no. Ya se lo digo yo. Las religiones afrocubanas no practican el terrorismo, ni pretenden eliminar a los que no comparten sus creencias. Ni están en guerra con la cristiandad o cualquier otra religión.

Cuando se  toman medidas como permitir la matanza y desangramiento ritual de animales, violando la Ley, para no disgustar a la “comunidad musulmana”, cuando igual proceder se prohíbe y castiga si se hace en nombre de cualquier otra creencia; cuando se cambia la dieta en los colegios para adaptarla a la “comunidad musulmana” o se censura un evento informativo o cultural por miedo a ofender a esa comunidad, se están sacrificando los modos civilizados, es decir los occidentales, por miedo, dejémonos de subterfugios, a la reacción de la “comunidad musulmana”. Miedo que lleva a permitir la violación de las leyes en beneficio de una religión. Miedo justificado, además. Porque se trata de la única religión en nombre de la cual, se mata. Bueno, ya los escucho gimotear contra mi islamofobia. Me da igual. Va siendo hora de que reconozcamos que cuando mata el extremismo islamista, se trata de un crimen religioso. Matan en nombre de Alá y de Mahoma, matan en nombre de su religión. Esto es algo tan evidente que resulta vergonzoso tener que explicarlo.

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Lo que me lleva otra vez a las ciudadanías. Dejemos de colectivizar. Por miedo o cualquier otra razón. Toda colectivización es una forma de totalitarismo. Y es una claudicación a nuestra condición más preciosa, la de individuos. El mayor logro de la Civilización Occidental (la única que existe) es la ciudadanía. La principalía del individuo sobre la masa. Por eso un ciudadano marroquí debe ser ante todo considerado y respetado como ciudadano marroquí, no como un miembro de la comunidad musulmana. Creer en Alá no es ser parte de ningún colectivo, es practicar la religión islamista, creer en que hay un dios que se llama Alá etcétera. Un acto de Fe. Que no está ni puede estar por encima de la Razón y la Ley. Nada más. Lo colectivo hace desaparecer la base fundamental de la democracia, el ciudadano. Lo colectivo es una trampa totalitaria. Ataña a quién ataña: religiosos, mujeres, homosexuales, heterosexuales, lesbianas, trans, bisexuales o lo que te guste ser, o creer.
Pagar un precio

Si se añade al colectivismo una religión como el Islam, se carga con un dogal de oscurantismo al ciudadano (también a los marroquíes, sirios o afganos, naturalmente), que deja de serlo para convertirse en una pieza más de una trampa totalitaria. No se puede importar oscurantismo religioso y pensar que no tendrá consecuencias. Hay que pagar un precio. Y ese precio siempre es la descomposición de las normas de convivencia, de las reglas comunes, y un retroceso social que terminará por destruir a las sociedades democráticas laicas, las más libres y justas que existen.

Se comienza haciendo concesiones que parecen pequeñas y nobles y se termina colonizado.

https://www.vozpopuli.com/opinion/colonialismo-religioso.html

martes, 6 de agosto de 2024

El lado positivo del calentamiento global, por Itxu Díaz

Casi todos descubrimos de niños que el miedo es eficaz. Un amigo mío, padre de dos niños muy activos, de seis y nueve años, les dice que cuando no quieren irse a la cama y prefieren pelearse con almohadas durante horas que si no se van a dormir, un niño de seis cabezas El monstruo saldrá del armario y los devorará. A él le funciona. Me parece un poco cruel (seis cabezas son demasiadas), pero su defensa también es razonable: “Las ojeras debajo de mis ojos también son crueles”. El miedo siempre ha funcionado. Y el miedo profético, aquel que presagia que algo terrible va a suceder, es el más fuerte.


En 1939, cundió el pánico ante la inminente desaparición de los glaciares del este de Groenlandia; El pánico por la desaparición de los glaciares persiste, pero también los glaciares. En la década de 1970, los científicos predijeron una nueva edad de hielo para el siglo XXI; aparentemente, querían decir lo contrario. Y en 2012 nos dijeron que la nieve desaparecería para 2020; Acabo de pasar un fin de semana maravilloso esquiando. ¿Por qué fallan tantas previsiones? Porque quienes los hacen no buscan la verdad sino el sometimiento de la opinión pública.


El alarmismo climático está socavando la credibilidad de los científicos, y los políticos tienen gran parte de culpa por ello, ya que han hecho que el cambio climático sea esencialmente ideológico. De hecho, las élites y los políticos progresistas han logrado imponer un modelo climático notable: el calentamiento global es causado únicamente por Occidente, mientras que las dictaduras comunistas emiten sólo el aroma de las rosas a la atmósfera; por eso nosotros en Occidente deberíamos soportar medidas draconianas de mitigación. António Guterres, el secretario general de la ONU, advirtió recientemente que la Tierra está “en su límite”. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que Guterres ha predicho la ruina planetaria. En la ONU ya ni siquiera se habla de “calentamiento global”; eso es demasiado suave. El verano pasado proclamaron la entrada en la era de la “ ebullición global ”.


Sin embargo, una vez que reconocemos el cambio climático, es necesario responder a dos preguntas: ¿qué o quién lo causa? ¿Es beneficioso o perjudicial para nosotros? Si abres cualquier periódico, casi sin excepción, o entras a una reunión de la ONU, a Davos o a casi cualquier parlamento occidental, escucharás dos respuestas seguras: es causado por la actividad humana y es dañino. Pero como escribió Bjørn Lomborg en las páginas de National Review el año pasado, si bien tendrá impactos negativos en general , hay algunos positivos y “no es el fin del mundo”.


El calentamiento global, históricamente hablando, ha hecho algunas cosas buenas para la humanidad. Sin oscilaciones climáticas viviríamos en una era de hielo permanente, la mayor parte del mundo sería un glaciar, sería imposible elaborar cerveza y no tendríamos vacaciones de verano. El clima cambia porque siempre lo ha hecho y, sí, eso también está sucediendo ahora.


Como sabrán, el clima empezó a calentarse por sí solo mucho antes de que el hombre habitara el planeta, incluso antes de que Biden habitara el planeta, independientemente de que algunas de nuestras actividades contribuyeran a ello. Científicos como el investigador Javier Vinós, siguiendo las tesis de Richard Lindzen, apoyan la idea de que el cambio climático es un fenómeno natural provocado por la actividad solar, aunque admiten que una pequeña parte del calentamiento está asociado al CO₂ procedente de la actividad humana. Son posiciones que no interesan al alarmismo climático, porque al final demuestran que los modelos y pronósticos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) están llenos de errores.


Los efectos nocivos del calentamiento global pueden incluir temperaturas más cálidas, tormentas más intensas, la propagación de enfermedades, el aumento del nivel del mar o mayores niveles de pobreza debido al aumento de los precios de los alimentos. Si bien algunas de estas cosas podrían suceder, no está de más reflexionar sobre si todas ellas son motivo de alarma. No creo que haya nada más provocativo y contracultural hoy que admitir que el calentamiento global también tiene ventajas.


Tomemos como ejemplo la intersección de los precios de los alimentos , el hambre y la pobreza. Una de las ventajas de un aumento de la temperatura climática es la mejora de la producción agrícola en algunas regiones, con una primavera más temprana y estaciones cálidas más largas. Estos beneficios podrían compensar parcialmente los daños de la sequía.


Un estudioso de los beneficios del calentamiento global es Richard Tol, de la Universidad de Sussex, quien dice que el cambio de temperatura del siglo pasado mejoró el bienestar humano al aumentar enormemente la producción económica global. En su artículo para NR, Lomborg destacó otro tema alarmista: las muertes por calor. Sin duda, si el planeta se calienta, aumentarán las muertes por calor. Sin embargo, esto también reduciría las muertes por frío, que “mata ocho veces más: alrededor de 4,5 millones de personas al año”.


Otra cosa que los alarmistas climáticos ignoran es nuestra capacidad de adaptación. Patrick J. Michaels, quien ejerció como director del Centro para el Estudio de la Ciencia del Instituto Cato hasta su muerte en 2022, profundizó en la llamada tercera vía sobre el calentamiento global. La idea se basa en cuatro pilares: el costo de hacer realmente algo sobre el calentamiento global es mucho mayor que el costo del cambio climático en sí (a menos que logremos ponerle un potenciómetro de intensidad al sol); los sistemas energéticos se vuelven más eficientes por sí solos con el tiempo (es decir, no hay necesidad de acción gubernamental en este caso); el cambio de temperaturas no será tan extremo como dicen los alarmistas (ideal para la playa); y las personas y los seres vivos tienen capacidad de adaptación. (Incluso los osos falsos del documental de Al Gore pudieron aparecer en pantalla porque sobrevivieron a episodios de cambio climático en el pasado).


Es posible que los beneficios del calentamiento global no superen sus costos, y es seguro que esos beneficios se describen de manera menos llamativa en las simulaciones fotográficas y en los titulares de los periódicos. También es posible que la relación costo-beneficio eventualmente sea un fracaso. Pero la verdad es que ocultar los beneficios del calentamiento global, así como negar que es al menos hasta cierto punto un fenómeno natural, sólo contribuye a imponer una narrativa sesgada para manipular a la gente y promover políticas largamente buscadas por los ideólogos. Y esas políticas son caras, muy, muy caras. Es más que razonable que la gente normal no dé crédito a la relación entre gastar una fortuna en un vehículo eléctrico y salvar el planeta.


https://www.nationalreview.com/2024/06/what-drove-the-historic-defeat-of-the-left-in-the-european-elections/

lunes, 5 de agosto de 2024

Ser un cero a la izquierda

 Es decir, algo que no tiene ningún valor. De niña me sentía menos que cero. Era un número negativo. Por suerte tenía mi perro y mis libros. Mi madre también  era un apoyo.

Siempre recuerdo que una vez me dijo: no te preocupes. Algunas plantas tardan mucho en florecer, pero luego sus flores son las más hermosas. Eso me levantó el ánimo.

sábado, 3 de agosto de 2024

Los diez daños que causa la pornografía a la sociedad

 Crece cada vez más la conciencia de que la pornografía causa daños no sólo morales, sino psíquicos, sanitarios y sociales. Diferentes estudios han demostrado que causa daño en el cerebro, que daña las relaciones entre personas, que rompe familias y matrimonios y que incluso tiene un impacto en el planeta. El catedrático de Filosofía del Derecho, Francisco J. Contreras Peláez (y, recientemente, diputado por Sevilla en el Parlamento español) ha escrito un artículo titulado “Por qué un liberal debe combatir la pornografía” en el que desgrana los aspectos negativos de la pornografía. El digital ForumLibertas lo ha condensado en 10 puntos:

1. La ideología sexual busca atemorizar e impedir el debate

“La ubicuidad y uso masivo de la pornografía no suscita el debate público que debería. ¿Se acepta ya como parte del paisaje que más de la mitad de los jóvenes consuman pornografía de manera regular, que la educación sexual de los niños de diez u once años tenga lugar, no en el hogar ni en el colegio, sino en la sentina de vídeos porno fácilmente accesibles en Internet? ¿Que la adicción pornográfica de cada vez más adultos esté rompiendo muchas parejas? ¿Realmente estamos todos de acuerdo con eso?”

“Creo que ocurre más bien lo que señalara Robert P. George en su magnífico trabajo Making Children Moral [1]: “Cualquiera que tenga la osadía de cuestionar los dogmas de la ideología sexual progre asume el riesgo de ser tergiversado y menospreciado. […] [Los progres le estigmatizarán en términos parecidos a los que usó] el juez Douglas en el caso Ginsberg vs. New York [1968]: “Los censores, por supuesto, actúan movidos por sus propias neurosis”. Como George, también yo quiero desvelar aquí mis “neurosis”.”

2. La pornografía es inmoral: cosifica y mercantiliza

“La pornografía es inmoral (atención, eso no es todavía decir que debería estar prohibida o seriamente restringida en su acceso, pues no todo lo inmoral es susceptible de ilegalización). Es inmoral porque implica la cosificación, deshumanización, mercantilización y pública exhibición de algo que debería ser personal, humanizado e íntimo, como el sexo. La pornografía es degradante tanto para sus protagonistas como para sus usuarios: unos realizan actos sexuales con desconocidos por dinero, ofreciendo su coyunda como producto de consumo a millones de mirones; los otros buscan la excitación mediante la contemplación de la intimidad sexual de desconocidos: es la perversión del voyeur.”

3. El deseo sexual, que debería elevar a la persona, aquí la degrada

“El deseo sexual es una pasión intensa, una energía muy poderosa que puede servir tanto para la realización de la persona como para su degradación e infelicidad, según como sea encauzada. Desde la antigüedad –ya saben, Platón, Aristóteles, Cicerón y otros fascistas- se entendió la vida moral como un combate entre la razón y las pasiones, y se atribuyó especial relevancia a la virtud de la templanza, que consiste precisamente en el control sensato de éstas (siendo la sexual la más potente de ellas). “La sexualidad –escribe el filósofo John Finnis- es una fuerza poderosa que solo con alguna dificultad, y siempre precariamente, se deja integrar con otros aspectos de la personalidad y el bienestar humano, de forma que enriquezca –en lugar de destruir- el amor duradero de una pareja y el cuidado de los hijos, por ejemplo”.”

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John Finnis es un filósofo tomista norteamericano

“La clave de una sexualidad moral es, pues, la integración del deseo en una relación amorosa integral, de forma que el señor Smith desee a la señora Smith y viceversa, no en tanto que mero ejemplar del sexo opuesto (intercambiable por cualquier otro), sino precisamente por ser el individuo que es. Ahora bien, la pornografía nos ofrece exactamente lo contrario: una visión despersonalizada del sexo. El compañero sexual –o los actores porno que procuran al espectador voyeur una excitación vicario-onanista- son tratados como objetos sin rostro. Harry M. Clor (Public Morality and Liberal Society, p. 190) lo explicó muy bien: “La sexualidad que presenta y a la que invita [la pornografía] está totalmente deshumanizada; la pasión a la que apela es el deseo de la posesión del cuerpo de alguien sin interés alguno por la individualidad de la persona a la que pertenece ese cuerpo. […] [La pornografía implica] una “cosificación” de la experiencia erótica, y de la mujer en particular” “.

4. Argumentación libertaria: el porno daña a terceros, es lícito limitarlo mucho

“La defensa libertaria de la pornografía suele apelar al “principio del daño” de John Stuart Mill, expuesto en su obra On Liberty [Sobre la libertad] (1859): “La única razón por la que se puede ejercer el poder legítimamente contra un miembro de una comunidad civilizada en contra de su voluntad es la prevención del daño a otros. Su propio bien, sea físico o moral, no es justificación suficiente. No puede ser legítimamente obligado a hacer o abstenerse de hacer algo simplemente porque, en opinión de otros, actuar así sería sensato o correcto. Esas pueden ser buenas razones para sermonearle, o para razonarle, o convencerle, pero no para obligarle. […] La única parte de su conducta por la que responde ante la sociedad es la que concierne a otros. En la parte que le concierne solo a él, su independencia es, de derecho, absoluta”.”

“He citado con alguna extensión las palabras de Mill –sagradas para los libertarios- porque claramente dejan ventanas abiertas a la restricción de la  pornografía. El pornógrafo que produce vídeos sexuales, los sube a Internet o los vende, no está protegido de la interferencia legal-estatal por el principio de Mill, pues su actividad afecta a terceros: los niños cuya inocencia será corrompida por la visión de esas escenas; los maridos que perderán interés en sus esposas cuando se vuelvan adictos al porno, etc. Por otra parte, Mill admite que, aunque no coaccionado legalmente a cesar en su vicio, el individuo sí puede ser “sermoneado, razonado, convencido”. Desde los presupuestos liberales de Mill resultaría perfectamente admisible una campaña estatal de concienciación sobre los peligros del porno, similar a las que advierten sobre los del tabaco o el alcohol. Liberales progresistas como el propio Dworkin o Joel Feinberg (Offense to Others, 1985) dejaban esa puerta abierta en los 80 [8]. Hoy, proponer una campaña pública de concienciación anti-porno le hace aparecer a uno como un nacional-católico pacato. El progre de hace 30 años es el reaccionario de hoy. Nuestra sociedad progresa a velocidad supersónica.”

5. La pornografía es ya una plaga social... el Estado debe frenarla

“En realidad, la pornografía se ha convertido en una plaga social: resultaría muy aconsejable la intervención del Estado para frenar su expansión (que esa intervención consista en prohibición directa de la pornografía, en restricciones serias a su accesibilidad que garanticen que los contenidos porno no se cruzarán en el camino de quien no desea –o no debe, por su edad- tener contacto con ellos, y/o en campañas de concienciación pública sobre sus peligros, es algo que dependerá de consideraciones prudenciales en las que no vamos a profundizar aquí).”

El psicólogo familia doctor Peter C. Kleponis en su obra reciente en español Pornografía. Comprender y afrontar el problema (Voz de Papel), explica los daños que causa la pornografía y cómo combatirlos

 

6. Daña a la sociedad, afecta a muchos menores

“La pornografía está dañando cada vez más a nuestra sociedad. En EE.UU., la edad promedio de iniciación al consumo de pornografía son los once años; el 92% de los chicos y el 63% de las chicas admiten usar la pornografía en la adolescencia. El 46% de los hombres adultos admiten usarla regularmente. En España, el informe de Ayala López y García habla de un 46% de chicos entre 14 y 17 años que la usan habitualmente. El 37% de los varones en esa franja de edad admite visitar contenidos porno una vez por semana, y el 14% a diario. El 30% reconocen estar enganchados. Parecen fundadas, pues, las palabras del psiquiatra Enrique Rojas: “Hoy, para muchos, la educación sexual la hace la pornografía. […] Millones de adolescentes atrapados en esto desde los 12-14 años, sin que sus padres se enteren, lo que cambia su visión de la mujer, de la sexualidad y del amor”.”

7. Genera adicción química, como la ludopatía, por mecanismos neuronales

“La pornografía, por tanto, genera adicción: “Pertenezco a una generación en la que nadie nos ha dicho que el porno es malo, al contrario: la sociedad te anima, te dice que sirve para pasarlo bien, evadirte o liberar estrés, y que es muy difícil perder el control”, se lamenta un adicto español de 34 años. “Lo que nadie te cuenta es que la pornografía te atrapa igual que una droga, porque está pensada justo para eso”. Hoy son conocidos incluso los mecanismos neuronales que explican la adicción: “El porno y otras adicciones comportamentales, como la ludopatía, no introducen [a diferencia de las drogas] sustancias en el cuerpo que no estuvieran ya allí. Pero estas conductas desencadenan procesos en el cerebro que se parecen asombrosamente a los que produce la adicción a sustancias. Secuestran las “autopistas de gratificación” del cerebro. […] Cuando la imagen pornográfica llega al cerebro, estimula al centro de gratificación, que comenzará a bombear dopamina, la cual disparará una cascada de emisiones químicas, incluida una proteína llamada DeltaFosB”.”

8. Daña las relaciones entre personas

“Además de la adicción, el uso de la pornografía genera otros efectos indeseables como la despersonalización de las relaciones (pues el sujeto tiende a imitar el “sexo de usar y tirar” que ve en la pantalla), la extensión de parafilias y prácticas sexuales de riesgo, la ruptura de matrimonios… Paradójicamente, la adicción al porno llega a producir también impotencia sexual, pues el estímulo generado por la pareja de carne y hueso no puede competir con el que llega desde la performance virtual. En EE.UU. se han detectado récords históricos de disfunción eréctil en hombres jóvenes, con rangos que varían entre el 14% y el 37% según los diversos estudios (el Informe Kinsey, en los años 40, mostraba una incidencia del 2%). Como se ha producido una mejora en otros factores que pueden generar disfunción sexual (alimentación, tabaco, etc.), la explicación parece estar relacionada con el uso masivo del sexo virtual, que termina generando apatía hacia el sexo real.”

9. La fantasía pornográfica da inestabilidad sentimental

“En otros casos, sin embargo, se produce el intento de llevar a la vida real la fantasía pornográfica, con un resultado de promiscuidad e inestabilidad sentimental. Añádase a ello el hecho de que, en un porcentaje no despreciable de usuarios del porno, se cae en una espiral de búsqueda de contenidos cada vez más fuertes (de la misma forma que el drogadicto necesita dosis cada vez mayores de su sustancia para alcanzar el mismo nivel de gratificación). Es este el mecanismo que podría explicar la asociación entre consumo de pornografía y violencia sexual, sostenida por muchos estudios.”

10. Genera violencia: muchos quieren probar lo que han visto

“El nexo pornografía-violencia es el punto en el que a los defensores de la pornografía se les encienden las alarmas, y acuden en tromba –lo pude comprobar hace unos días en Twitter- a descalificar como “poco científico” cualquier estudio que parezca acreditarlo. Como bien saben, un estudio absolutamente riguroso resulta casi imposible: habría que seleccionar una muestra de mil personas que hayan consumido porno desde la adolescencia, compararla con un grupo de control de otras mil que no lo consuman, y monitorizarles durante varias décadas para cotejar los índices respectivos de delincuencia sexual. Hay decenas de estudios, sin embargo, que apuntan con suficiente rigor la plausibilidad de la conclusión según la cual el consumo frecuente de pornografía incrementa la probabilidad de cometer agresiones sexuales (lo cual no implica que todos, o siquiera la mayoría, de consumidores de porno vayan a llegar a eso):

- por ejemplo, “Pornography Use and Sexual Agression”, de Kingston, Federoff y Curry, que acredita un índice mayor de reincidencia en los pedófilos usuarios de porno.

- O el meta-análisis de Malamuth, Addison y Koss, que afirma “la existencia de asociaciones verosímiles entre el uso frecuente de pornografía y las conductas sexuales agresivas”.

- O el informe del State Police Department de Michigan que aseguraba que un 41% de los delitos sexuales investigados habían sido precedidos por el “uso o imitación” de la pornografía.

- O los datos del FBI que hablan de la presencia de material pornográfico en hasta un 80% de los delitos sexuales (bien en el lugar del crimen, bien en el domicilio del agresor).

- O el estudio del doctor Victor Cline “Pornography’s Effects on Adults and Children”, que documenta cómo los adictos al porno necesitan materiales cada vez más extremos, y cómo algunos terminan poniendo en práctica lo que ven, incluida la violencia (hay vídeos porno que simulan violaciones y hasta asesinatos).”

 https://www.religionenlibertad.com/vida_familia/69234451/Los-10-danos-que-causa-la-pornografia-a-la-sociedad-debe-limitarse-mucho-con-leyes-y-normas-firmes.html

viernes, 2 de agosto de 2024

Hecha la ley, hecha la trampa

 Como la frase bien dice, los españoles tenemos mucha tendencia a intentar esquivar las leyes. Especialmente los abogados estàn especializados en sacar las excepciones de cada norma. Por algo se dice que el infierno está lleno de ellos.

Yo en ese sentido soy un poco cuadriculada y me gusta seguir el reglamento, a no ser que la ley me parezca que atenta contra la ética. La moral tiene prioridad.

jueves, 1 de agosto de 2024

Ignorancia artificial

 Este titular reciente es de risa: “McDonald's pone fin a sus pruebas de autoservicio operado por IA tras reportar errores en pedidos de 'McAuto': Algunos clientes recibieron helado con bacon”.



Hace poco perdí la virginidad con la Inteligencia Artificial y resultó ser una experiencia que mutó de la intriga al desencanto en menos tiempo de lo que había imaginado. La realidad siempre tiene ese acento de verdad que no deja resquicio al engaño y a lo falso, al menos en los corazones con un rastro de humanidad y en las almas libres. Resultado subsiguiente: la certeza de que esto de la IA que nos están vendiendo como una revolución a la altura de la imprenta, también es un paso adelante en la deshumanización de una sociedad cada vez más ignorante. Hablo en términos generales estadísticos.


Esta es, sin duda, una de las consecuencias más demoledoras de la nueva era tecnológica, algo que por supuesto negarán muchos de los que han nacido con un móvil bajo el brazo, enganchados a internet y habitando en redes sociales si es que leen este artículo escrito por un ser humano, aunque intuyo que no serán los únicos.



Lo cierto es que existe una parte de la sociedad altamente ignorante y tecnificada. Seres que deambulan por las calles de este mundo con la cabeza gacha, mirando una pantalla, o incluso algunos ya talluditos capturando y entrenando Pokemons, como he podido ver sin salir de mi asombro mientras paseaba en un parque público hace unos días. La escena era como para escribir otro artículo, pero retornemos a la IA.


La irrupción del teléfono móvil supuso ya un avance en la incomunicación entre seres humanos a pesar de vivir en la era de la comunicación, y este nuevo alarde tecnológico de la IA supondrá, sin duda, un vertiginoso retroceso del conocimiento y un daño grave a la cultura del esfuerzo.



En mi primer contacto con esta nueva tecnología y nada más crear la primera imagen con el “prompt” o la “instrucción” (ojo al término) “Bola de helado en cuchara”, sin que transcurrieran treinta segundos aparecieron en la pantalla cuatro opciones de notable calidad con infinidad de opciones de modificación. Lo primero en lo que pensé no fue en las posibilidades que ofrece esta invención (que seguramente son muchas más de lo que podemos imaginar o nos cuentan) sino en la preocupación de tantas personas, profesionales de distintos sectores como fotógrafos, ilustradores, diseñadores, escritores, periodistas, profesores… creadores y transmisores de cultura en definitiva que, de un día para otro, ven amenazadas y mermadas sus posibilidades laborales, no porque su trabajo no siga siendo meritorio sino porque gran parte de la masa social, predominantemente vaga e ignorante, insisto, le dará más valor a una imagen, un texto o lo que sea creado por la IA que al trabajo minucioso, creativo y profesional de todos ellos.


Años de estudios y dedicación a un oficio que, de un plumazo, puede tambalearse gracias a los códigos binarios, al Big Data y a nosotros, que somos los que hemos engordado al monstruo facilitando gratis et amore toda la información a las Big Tech, que ahora se forran a nuestra costa y además también nos cobran por utilizar las herramientas de IA que han desarrollado gracias a nuestros clicks. Esto da como para pensar, al menos.



Hace años, no sé si por intuición, creo más bien que por necesidad vital, puse en marcha actividades relacionadas con la artesanía tratando de recuperar algunos oficios artesanos. Un taller de talabartería en el que hago piezas únicas y personalizadas en piel, un sello editorial con tiradas limitadas y numeradas de libros en algunos casos realizados artesanalmente, una imprenta tipográfica utilizando las técnicas de principio del siglo XX donde me mancho las manos de tinta y la actividad que es más vocacional en mí, véase o léase esto de escribir. Ante la “amenaza” de la inteligencia artificial me pregunto si también lo que está usted leyendo ahora lo podrá escribir una aplicación dándole una “instrucción” que diga: “Escríbeme un artículo sobre Inteligencia Artificial titulado Ignorancia artificial firmado por Miguel Ángel Blázquez con un lenguaje basado en su interacción en la red y en sus textos publicados”.


Pues ya le digo que no seré yo quien lo haga y si alguien lo hace, ese texto no tendrá nada que ver conmigo porque no ha nacido en mí. No será posible a pesar de que muchos afirman que incluso será mejor y lo aseveran con argumentos que pueden parecer verosímiles y hasta lógicos. Nada hay como el proceso creativo original en el ser humano y, si algo tiene de bueno esta nueva revolución, es precisamente el hecho de que acrecentará más aún la diferencia entre los ignorantes y los inteligentes, entre los vagos y los hacendosos, entre los creadores y los plagiadores y entre los que siguen a la masa o aquellos que aún son libres de optar por el uso de la razón y el conocimiento. He aquí el punto en el que hay que enfocar el juicio, ya que una sociedad más ignorante es una sociedad más manipulable y maleable y esto lo saben bien aquellos que gobiernan masas ignorantes.


Como decía, si el teléfono móvil ya supuso una forma de control de esa masa social pseudo ignorante, esto de la IA es, ante todo, la gran revolución de la ignorancia porque además le da ese ficticio poder gratuito al ignorante que, como bien sabemos, es la base informe de una sociedad encaminada al desorden y a la violencia o, peor aún, a la nada. Y nada hay menos artificial que la inteligencia, precisamente la inteligencia humana, esa que nos permite discernir ante estas novedades técnicas de las que no discuto que debamos tratar de obtener su mejor fruto, pero es el criterio del ser pensante, es el ser inteligente el que tiene por naturaleza una indomable capacidad de juicio a la altura del deseo y del corazón humano, no sólo respecto a la inteligencia artificial sino a todo lo que ha sucedido en la historia y lo que sucederá.


P.S. Después de escribir lo que antecede he debatido el asunto con un hijo de 20 años y en un momento de la conversación ha sentenciado: “Papá, a ti lo que te pasa es que eres un humanista”. Debo confesar que me habría hecho mucha ilusión ese calificativo si no fuera porque lo ha dicho en plan “anticuado”, “desfasado”, “retrógrado”, “viejuno”, “trasnochado”, “fuera de la realidad”… Mantengo la total convicción de que si el ser humano da más valor a lo que una máquina puede hacer que a su capacidad de crear y a las posibilidades de su inteligencia, eso le hará cada vez más ignorante. Lo estamos viendo.


https://www.religionenlibertad.com/opinion/321443638/ignorancia-artificial.html

miércoles, 31 de julio de 2024

Granjeros europeos declaran la guerra a la sofocante burocracia, por Itxu Díaz

Uno de los problemas recurrentes del gobierno es que los legisladores escriben leyes sobre cosas que no entienden. En general, pueden hacer leyes de tránsito, o leyes sobre jornada laboral, o leyes sobre lucha contra el crimen, porque al fin y al cabo cualquier político sabe lo que es un coche, tuvo un trabajo real en algún momento de su vida (esperemos) , y al menos ha visto CSI . El problema comienza cuando empiezan a legislar fuera de su campo de conocimiento, como legislar el uso de pesticidas en los campos de cereales, cuando el alcance de su familiaridad con esa industria comienza y termina con su paquete de Kellogg's 


Teóricamente, las leyes que afectan al campo suelen estar sujetas a la opinión de los profesionales del sector. En la práctica, a estos profesionales a menudo sólo se les permite dar su opinión si sus propuestas no chocan con los postulados de la nueva religión climática. Los agricultores y ganaderos europeos, por lo tanto, han guardado silencio durante mucho tiempo, viendo cómo el Parlamento Europeo, la ONU, Davos y otros organismos de élite los culpan por el calentamiento global, por todo, desde las flatulencias de las vacas hasta el desperdicio de agua, pasando por los pesticidas y la contaminación. desagradable consumo humano de carne.


Después de todo esto, su paciencia para ser el blanco de la culpa se ha agotado.  


El mundo rural europeo está contraatacando desde hace varias semanas. Montados en sus tractores, miles de agricultores están bloqueando calles y caminos en ciudades de Grecia, Países Bajos, Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Polonia, Rumania y España. Por el momento, han logrado algo histórico: la primera derrota del Acuerdo Verde Europeo, cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció recientemente la retirada de una controvertida ley destinada a imponer una reducción del 50 por ciento en el uso de pesticidas en toda la UE. para 2030. No fue suficiente. Las protestas continuarán, incluso aunque la Comisión Europea haga más concesiones . Además, todo el mundo ha entendido que von der Leyen, principal impulsora de la agenda verde europea, sólo ha retirado la propuesta por miedo a que le pueda costar las elecciones europeas dentro de unos meses. La mayoría de los políticos sólo hacen cosas sensatas en los meses previos a las elecciones.


Los manifestantes exigieron la retirada de esta ley pero también muchas otras cosas: denuncian que los precios de venta se desploman mientras los costes siguen aumentando, se quejan de la excesiva burocracia y de las regulaciones locales y comunitarias que ponen un sinfín de obstáculos a su trabajo, y, en En particular, protestan contra las constantes restricciones que Bruselas les impone como parte de su acción contra el cambio climático. Restricciones que, por cierto, no siempre son necesarias para los productos importados de fuera de la Unión, lo que permite ofrecerlos a precios más baratos, dificultando así la competencia entre pares. Pero la competencia entre pares es un concepto que no entra en la cabeza de la mayoría de los eurodiputados: derecha o izquierda, no importa; todos sufren de la compulsión por el intervencionismo.


Llama la atención que muchos de los manifestantes exhiban pancartas en sus tractores contra los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, a los que culpan de gran parte de la ruina que enfrentan. También exigen que los políticos de la UE que legislan día tras día sobre agricultura y ganadería “salgan de sus oficinas y se den un paseo por el campo alguna vez”. Tienen razón al pedirlo, aunque sería más probable que un camello pasara por el ojo de una aguja. He conocido a algunos eurodiputados y les puedo asegurar que más de uno cree que las patatas crecen en las copas de los árboles y que brotan ya fritas.


El hecho de que los agricultores estén adoptando una postura contra la locura climática de las élites globalistas ha llevado a muchos políticos y medios de comunicación a acusarlos de ser de “extrema derecha”. En España, el gobierno socialista les ha dicho que no representan a los verdaderos trabajadores, que son sólo empresarios reaccionarios montados en tractores.


Pero no penséis que lo que está pasando en Europa es un problema puramente local. Esta guerra en el Viejo Continente es una batalla que afecta a todo Occidente. En Estados Unidos, estos días se debate en el Congreso el proyecto de ley agrícola estadounidense. Los demócratas ya han anunciado que sólo votarán a favor del nuevo proyecto de ley si preserva los fondos climáticos de la Ley de Reducción de la Inflación. Mientras tanto, los republicanos denuncian que el proyecto de ley agrícola solicitado por el presidente Biden es demasiado New Deal Verde y falta de agricultura.


La capacidad de los demócratas para observar cómo la izquierda europea comete un grave error y luego se esfuerza por replicarlo en Estados Unidos es impresionante. Los conservadores de ambos lados del océano deberían unirse a los agricultores en sus tractores y esforzarse por infundir algo de sentido común a los eurócratas y a sus imitadores.


ttps://www.nationalreview.com/2024/02/european-farmers-declare-war-on-suffocating-bureaucracy/

martes, 30 de julio de 2024

Escuchar a tu corazón

 No sè cómo este blog se ha acabado convirtiendo en un periódico, pues ahora tiene màs noticias que opiniones propias escritas por mi.

Ha sido un proceso gradual que en cierto modo yo no he decidido sino que se me ha dado. El tiempo y las circunstancias me trajeron hasta aquí. Espero que dure. Sólo escuché a mi corazón.

lunes, 29 de julio de 2024

El fanatismo climático malthusiano

 

El fanatismo climático guarda un aborrecimiento particular al ser humano. Los distintos maltusianismos históricos pedían la reducción de la población anunciando, en caso contrario, catástrofes que no se han producido. El maltusianismo actual pide directamente, en sus manifestaciones más extremas, la extinción de nuestra especie para que sobreviva el planeta.


En su nº 370 (junio 2024), La Nef  consagra un dossier especial a la demografía. Una de las contribuciones hace un repaso a los distintos maltusianismos que desde hace dos siglos pugnan por robar la esperanza de la humanidad. Su autor es Gérard-François Dumont, profesor en el Instituto de Geografía de la Sorbona de París, presidente de la revista Population & Avenir [Población y futuro], vicepresidente de la Academia de Geopolítica de París y autor de diversas obras sobre geografía de las poblaciones.


El retorno del maltusianismo


¿Es posible trabajar sobre cuestiones de población sin mencionar, de un modo u otro, la obra de Malthus? En 1848, Proudhon escribió: "Todo lo que se hace, lo que se dice, lo que se imprime hoy y desde hace veinte años, se hace, se dice y se imprime como consecuencia de la teoría de Malthus". ¿En qué consiste exactamente esta doctrina? ¿Cuáles son sus diferentes variantes? ¿Y puede el malthusianismo resistir la prueba del análisis científico de la geografía de las poblaciones?


Las diferentes formas de maltusianismo


1. Maltusianismo pre-Malthus



Incluso antes de la primera publicación de Malthus en 1798, ya habían aparecido doctrinas maltusianas. Platón, por ejemplo, temía la superpoblación de la ciudad, por lo que abogaba por fijar demográficamente la población. Presentó una serie de medidas públicas (honores, castigos, advertencias, fijación de una edad reproductiva, etc.) para "ajustar el número de hogares a 5.040", cifra que facilitaría la tarea de la administración.


Después, en el Occidente cristiano, estas reflexiones quedaron aparcadas durante unos diez siglos: en primer lugar, porque el deseo de tener hijos se consideraba casi exclusivamente en el marco de las normas morales, lo que eliminaba de hecho la dimensión cuantitativa de la cuestión demográfica; y en segundo lugar, porque durante el primer milenio Europa experimentó un fenómeno de despoblación.


La cuestión resurgió con la Modernidad. En Inglaterra, por ejemplo, Francis Bacon se preguntaba sobre la posibilidad de alimentar a la población en un momento, a finales del siglo XVI, en que Inglaterra contaba con poco más de 4 millones de habitantes: "Por regla general, hay que procurar que la población de un reino (sobre todo si no es destruida por las guerras) no supere la producción del país que debe mantenerla".


En sentido contrario, otros autores descartaban el riesgo de superpoblación. En 1699, por ejemplo, Fénelon escribía: "Si se cultivara adecuadamente, la tierra alimentaría cien veces más gente de la que alimenta ahora".


2. Maltusianismo de Malthus


Entonces llegó el final del siglo XVIII y las teorías de Malthus sobre el riesgo de superpoblación.


Thomas Malthus (1766-1834), economista y demógrafo, fue también clérigo anglicano.


Thomas Malthus (1766-1834), economista y demógrafo, fue también clérigo anglicano.


El contexto en el que nació esta reflexión fue el refuerzo en Inglaterra de la Ley de Pobres, en contra de la opinión de pensadores que temían que estos subsidios, indexados al precio del pan y pagados a los más indigentes, no les animaran lo suficiente a superar su miseria.


En 1798, Malthus publicó un Ensayo sobre el principio de la población, cuyo objetivo era político: aportar argumentos para acabar con la Ley de Pobres. Su punto de partida eran las "leyes permanentes de nuestra naturaleza": "Creo poder proponer francamente dos postulados: primero, que el alimento es necesario para la existencia del hombre; segundo, que la pasión recíproca entre los sexos es una necesidad y permanecerá más o menos como en la actualidad". Y de ahí extrae un principio simple: "Digo que el poder multiplicador de la población es infinitamente mayor que el poder de la tierra para producir el sustento del hombre". Su principal crítica se dirige contra la Ley de Pobres: aunque puede aliviar individualmente la intensidad de ciertas angustias, tiene el inconveniente de fomentar el matrimonio precoz y el aumento de la descendencia, agravando así el desequilibrio entre la población y lo que la naturaleza puede ofrecer, lo que sólo puede conducir a una miseria cada vez mayor.


A continuación, Malthus distingue los frenos capaces de poner coto al crecimiento demográfico.


Los frenos activos son "los que aparecen como consecuencia inevitable de las leyes de la naturaleza": la mortalidad resultante del exceso de población (por ejemplo, las hambrunas). También hay frenos activos ligados a la acción humana: "Las guerras, los excesos y muchos otros tipos de males evitables".


Los frenos preventivos son la "coacción moral" (no casarse, permanecer casto) y el "vicio" (el libertinaje, la homosexualidad, el adulterio, las técnicas de control de la natalidad y el aborto). En su opinión, hay que luchar contra el crecimiento excesivo de la población, pero no todos los medios son buenos.


En 1820, el economista Jean-Baptiste Say popularizó en Francia la teoría de Malthus y propuso el control voluntario de la natalidad: "Las instituciones más propicias para la felicidad humana son las que tienden a multiplicar el capital. Por tanto, hay que incitar a los hombres a ahorrar en lugar de tener hijos". Francia parece que cumplió su deseo, sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, con una tasa de fecundidad muy baja pero un ahorro elevado, invertido masivamente en préstamos rusos de 1822 a 1917, préstamos que nunca se reembolsaron...



3. Maltusianismo de los recursos


El maltusianismo tuvo muchos partidarios en el siglo XIX y principios del XX. Luego, a finales de los años 60 y principios de los 70 empezó de nuevo a ganar popularidad, partiendo de la base de que el nombre de Malthus "se refiere más a un estado de ánimo doctrinal que al hombre que llevó el nombre" (Alfred Sauvy).


En concreto, adopta la forma de un maltusianismo de los recursos: la expansión económica de los Treinta Años Gloriosos hizo un uso creciente de fuentes de energía y métodos de producción que generaban contaminación. El problema era cuantitativo: la naturaleza no podía satisfacer las necesidades de un número creciente de personas, había límites físicos.


En 1968, Paul Ehrlich comparó el crecimiento de la población mundial con la bomba atómica en un libro cuyo título llamó la atención: La bomba demográfica. Advirtió de hambrunas mortales en un futuro próximo y pidió que se actuara con extrema urgencia. Por ello propuso una reducción drástica del número de seres humanos.


En 1972 se publicó el Informe Meadows (Los límites del crecimiento), en el que se exponían cinco tendencias del mundo moderno: la industrialización, el crecimiento demográfico, la desnutrición, la desaparición de los recursos no renovables y el deterioro del medio ambiente. Su conclusión era que había que limitar el crecimiento.


Estas dos publicaciones tuvieron una enorme repercusión y profetizaron catástrofes humanas planetarias a corto plazo (antes del año 2000).


En 1990, Paul Ehrlich, que al parecer tuvo la suerte de sobrevivir a la inminente catástrofe que había predicho, persistió con un nuevo libro, La explosión demográfica. Por su parte, el muy popular comandante Cousteau expresó el deseo de reducir los habitantes de la Tierra "a 600 o 700 millones", lo que supondría aniquilar a casi el 80% de ellos, única medida eficaz, según él, para protegerlos de sí mismos y evitar el peor genocidio jamás conocido. En noviembre de 1991 declaró: "Hay que estabilizar la población mundial y, para ello, habría que eliminar 350.000 hombres al día".


4. Maltusianismo ecológico


Paralelamente, se desarrolla un maltusianismo ecológico, preocupado por la posibilidad de que el crecimiento demográfico perjudique a la naturaleza y a los grandes equilibrios del planeta. Uno de los autores de esta ideología ecológica, James Loverlock, padre de la hipótesis Gaia, según la cual todos los seres vivos de la Tierra constituirían un vasto superorganismo, se ha pronunciado a favor de reducir la población mundial a 500 millones de individuos.


Otros pensadores van aún más lejos, defendiendo una especie de maltusianismo total, decretando que la única solución a los males de los que es culpable la humanidad es que "nos extingamos totalmente" (Les U. Knight).


Les U. Knight explicando en los años 90 su plan ecologista para la extinción de la humanidad.


Les U. Knight explicando en los años 90 su plan ecologista para la extinción de la humanidad.


En 1991 se fundó en Estados Unidos un Movimiento para la Extinción de la Especie Humana, que propugna medidas como la esterilización masiva y la contracepción obligatoria.



5. Maltusianismo climático


A finales de la década de 2010 surgió un maltusianismo climático, preocupado por la idea de que el crecimiento demográfico podría agravar la crisis climática. "Hay que ayudar urgentemente a las mujeres a tener menos hijos para luchar contra el peligro climático: este es el mensaje que se desprende del informe UNFPA de 2009" (Le Monde).


Las incertidumbres creadas por la cuestión climática se consideran incompatibles con el deseo de tener hijos, porque suscitan el temor de ver a su futuro hijo sufrir un entorno de vida degradado, un acceso restringido a los recursos esenciales y un aumento de las tensiones sociales. En 2022, France Info titulaba: "Clima y demografía: 'O nos regulamos, o habrá pandemias, hambrunas o conflictos', advierte Jean-Marc Jancovici». Así podría haberlo expresado el propio Malthus.


El maltusianismo, puesto a prueba por la geografía de las poblaciones


Una vez esbozado este panorama de las distintas formas de maltusianismo, queda una pregunta por responder: ¿la evolución demográfica conocida ha confirmado o refutado los análisis y proyecciones maltusianos? ¿Se han hecho realidad sus temores?




Una de las frases más célebres de Yuval Noah Harari, ideólogo de la dictadura globalista, tiene que ver también con la disminución de la población: al finalizar una charla TED en junio de 2015 en Londres, comentó con Bruno Giussani, responsable internacional de estos encuentros (minuto 16:00 del vídeo): "La gran cuestión política y económica del siglo XXI será '¿Para qué necesitamos a los seres humanos?' o, al menos, '¿Para qué necesitamos tantos seres humanos?'". Su perspectiva es maltusiana por transhumanista: el filósofo oficioso del Foro Económico Mundial de Davos cree que las máquinas suplantarán la mayor parte de la actividad humana y habrá que mantener felices a las personas "con drogas y videojuegos".


La población mundial se ha multiplicado por ocho en 220 años, sin que los "frenos activos" de Malthus, es decir, las hambrunas, hayan obstaculizado este crecimiento provocando altas tasas de mortalidad. Los medios de subsistencia han aumentado mucho más deprisa de lo que preveía Malthus: la humanidad ha podido mejorar los métodos de cultivo y la calidad del transporte y almacenamiento de los alimentos (sobre todo los cereales), en mucha mayor medida que el crecimiento aritmético calculado por Malthus. Y el crecimiento demográfico no ha tenido el carácter "súbito y espectacular" que justificaría la imagen pirotécnica de una explosión: más bien ha adoptado la forma de un largo proceso de transición demográfica, desencadenado por los progresivos avances técnicos, económicos, médicos, sanitarios e higiénicos realizados desde finales del siglo XVIII.


Además, el motor del crecimiento demográfico no es tanto el aumento de la natalidad como el descenso de la mortalidad. Si consideramos el periodo 1950-2021, por ejemplo, la población mundial se ha triplicado. Sin embargo, la tasa media de natalidad mundial se ha reducido a la mitad, y la fecundidad media ha bajado de 5 hijos por mujer a menos de 2,4. Por el contrario, las condiciones de vida han mejorado notablemente, las tasas de mortalidad infantil y materna han caído en picado y la esperanza de vida al nacer casi se ha triplicado.


Así pues, el mundo de los dos últimos siglos se ha caracterizado más por el "desarrollo" que por el "crecimiento" demográfico, y los cambios han sido al menos tanto cualitativos (revolución de las condiciones de vida demográficas: vacunaciones, prácticas de control médico, moléculas farmacéuticas, mejora de las redes sanitarias, dietas más variadas, reducción de la dureza en el trabajo gracias al progreso técnico, etc.) como cuantitativos.


Un futuro difícil de predecir


Pero, ¿es sostenible este progreso a largo plazo? ¿O podría acabar produciéndose el riesgo de terribles hambrunas previsto por el maltusianismo y correlacionado con un aumento significativo de la población mundial?


La respuesta a esta pregunta es infinitamente difícil de construir, porque las proyecciones demográficas presentan cifras muy variables, que van de 7.000 millones de habitantes en 2070 (hipótesis baja) a 14.800 millones (hipótesis alta). Además de los determinantes "cercanos", como la mortalidad y la natalidad, hay que tener en cuenta los determinantes "lejanos", más indirectos pero no menos activos, como la calidad y la cantidad de los alimentos disponibles, las condiciones sanitarias e higiénicas, el estado del medio ambiente y la eficacia de la lucha contra las distintas formas de contaminación, y los acontecimientos geopolíticos. En función de la interacción de todos estos factores, la población mundial puede aumentar o disminuir, y en órdenes de magnitud muy diferentes.



La única conclusión posible es afrontar y aceptar la incertidumbre estructural asociada a estas proyecciones, lejos de las afirmaciones catastrofistas de los maltusianos.


Otra objeción al maltusianismo tiene que ver con la pertinencia de su escala de pensamiento, que no es en absoluto evidente: ¿tiene algún significado operativo la cifra que indica el número de habitantes del mundo? Consiste en sumar los resultados en términos de número de habitantes de regímenes demográficos muy diferentes en su cronología e intensidad, ya que la geografía de las poblaciones muestra un mundo extremadamente fragmentado. Pero si queremos entender el futuro, quizá debamos alejarnos de la escala mundial y examinar las realidades a los niveles adecuados: nacional, o incluso subnacional.


En demografía no hay globalización, y nunca la habrá. Describir la población a escala mundial es tan esclarecedor como decir, ante dos personas, una de 110 kg y otra de 50 kg, que el peso medio es de 80 kg, sin dar más detalles.


La comparación entre Japón y México ilustra bien esta fragmentación de las poblaciones y la necesidad de realizar estudios a escala local: estos dos países tienen actualmente el mismo número de habitantes y, sin embargo, todo contrasta entre ellos en términos demográficos (densidad de población, natalidad, mortalidad, migraciones, esperanza de vida, composición por edad, etc.).


Así pues, más que centrarnos en una cifra global, debemos comprender la geografía de las poblaciones del mundo (Cf. Gérard-François Dumont, Geografía de las poblaciones. Conceptos, dinámicas, prospectivas), y concebir políticas adaptadas a las realidades locales si queremos que respondan al bien común de las poblaciones.


Conclusión


Ninguna de las variantes del maltusianismo está justificada. El aumento del número de seres humanos no es el resultado de una actitud de sobrefertilidad de las poblaciones del mundo durante los últimos siglos, sino el fruto de un progreso imprevisto, gradual y considerable (en particular, un progreso espectacular de la producción agrícola).


El maltusianismo, con su discurso y sus imágenes apocalípticas, es profundamente misántropo. Tiene una "obsesión por la superpoblación" (Cf. Georges Minois: El peso del número: la obsesión por la superpoblación en la historia, Perrin) y, tejido a partir de una multitud de temores, siempre quiere reducir el número de seres humanos. Es lo contrario de la esperanza.

https://www.religionenlibertad.com/polemicas/645181741/maltusianismo-climatico-ultima-modalidad-ninguna-cumplido-augurios.html

sábado, 27 de julio de 2024

Cuando no están presos los están buscando

 Curioso dicho que se refiere a personas que siempre se meten en problemas, que se complican la vida.  Hay quien anda mudándose, cambiando de trabajo o de pareja todo el tiempo. 

Es curioso porque yo huyó de los problemas, pero los problemas siempre han venido a mí, en el colegio, en mi vida laboral y la familiar. No he tenido que buscarlos. Dios quiera que acabe la racha.

Otra de mis canciones favoritas