El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Hace tiempo os conté que mi mayor ilusión a nivel profesional consistía en poder publicar mis artículos en un diario digital. Lo he conseguido y estoy muy satisfecha con el reto. Pero tengo un problema. Sé que hay temas en los que no estarían de acuerdo conmigo, especialmente en el asunto de la guerra de Ucrania. Durante varios días he estado dudando sobre si debería insistir sobre ello, pero al escuchar a César Vidal, me he dado cuenta de que no puedo seguir callando en un tema tan importante.
El riesgo de una tercera guerra mundial está en el aire. De hecho, la primera empezó por motivos mucho más frugales. Rusia está viendo amenazadas sus fronteras como nunca, después de los tratados verbales que le garantizaron que la Otan nunca llegaría tan cerca de ella. Y no estamos hablando de dirigentes muy razonables, ni por parte de Rusia ni de EE.UU. que está ahora en manos de un incapaz. Por tanto nos encontramos en el mayor peligro desde la guerra fría.
Mientras sigamos culpando de todo a Rusia y negando la posibilidad de un acuerdo amistoso, el futuro del mundo seguirá en juego. No se debe acorralar a un tigre herido. Es necesario que se escuche a las dos partes para poder alcanzar un final justo.
Suecia no ha logrado integrar a la gran cantidad de inmigrantes que
ha recibido en las últimas dos décadas, lo que ha provocado la creación
de sociedades paralelas y el incremento de la violencia en las calles del país. Así lo ha reconocido la primera ministra, Magdalena Andersson, en unas declaraciones recogidas por Reuters.
«Se ha permitido que la segregación llegue tan lejos que tenemos sociedades paralelas
en Suecia. Vivimos en el mismo país pero en realidades completamente
diferentes», dijo Andersson en una conferencia de prensa en la que
presentó una lista de iniciativas para combatir el crimen organizado.
La primera ministra ha presentado una batería de medidas contra la
delincuencia después de que en el último mes los disturbios se hayan
multiplicado y hayan provocado la detención de decenas de personas, el
incendio de una escuela y más de 100 policías heridos.
Así, señaló que la integración de los inmigrantes «ha sido demasiado
pobre al mismo tiempo que hemos tenido una gran cantidad de
inmigración». «La sociedad ha sido demasiado débil, los recursos para la policía y los servicios sociales han sido demasiado débiles«, dijo.
“Tendremos que reevaluar nuestras verdades anteriores y tomar decisiones difíciles”, dijo a los periodistas la líder del Partido Socialdemócrata, que ha estado al frente del Gobierno desde 2014.
El ministro de Integración y Migración, Anders Ygeman,
quien habló en la misma conferencia de prensa, dijo a su vez que el
problema de la violencia de las bandas no se puede resolver sin abordar
el problema de la segregación. Por lo tanto, anunció, el Gobierno sueco
planea introducir más medidas para fortalecer a la policía y garantizar
un mejor control sobre el comportamiento vulnerable de los jóvenes. “Toda persona que recibe apoyo también debe cumplir con ciertas expectativas” subrayó Ygeman.
El número de personas en Suecia nacidas en el extranjero se ha
duplicado en las últimas dos décadas a dos millones, lo que equivale a
una quinta parte de la población, según Reuters.
Durante este tiempo, el país ha sido, y es, gobernado por los
socialdemócratas, que han estado en el poder durante los últimos 28
años.
Suecia, que celebra elecciones generales este año, ha endurecido
ahora sus políticas de inmigración y ha cambiado radicalmente su postura
desde que acogió a más personas per cápita que cualquier otro país de
la Unión Europea durante la crisis inmigratoria de 2015 —alrededor de 163.000 inmigrantes
solicitaron asilo–. Ahora tiene una de las políticas más restrictivas
del bloque y más del 40 por ciento de los suecos considera que el número
de inmigrantes es demasiado alto, según una encuesta de Ipsos en 2016.
Me levanté esta mañana leyendo que ya era hora de que presentáramos algo bueno en Eurovisión y que haya queda entre los primeros. Así que pensé: tendré que escuchar la canción. Y qué decepción. La letra penosa, parece escrita por un niño. La música repetitiva. La actuación, todo un alarde de gimnasia y poco más. Lo mejor, las posaderas de la cantante, que supongo que influyen mucho. Me parece realmente patético que todo el mundo se haya lanzado a alabarla por sus resultados.
Si hubiera quedado penúltima, ahora estarían diciendo como siempre que vaya bodrio. Ganó Ucrania por razones políticas, de manera que hubiera dado igual que la canción fuera una obra maestra. Todo esto me hace preguntarme si se ha perdido la cultura musical. Porque cuando uno conoce la discografía de Elton John, por ejemplo, los Beatles, Génesis, Dire Straits, o algunos españoles, como Serrat, Victor Manuel o Perales no es posible que identifiques eso como música.
Incluso en el estilo más popular de Melendi, Estopa o algunos reguetoneros hay canciones mucho más originales, más valiosas y que aportan algo nuevo. También me encanta Sabina, Amaral, y otro muchos de distintas épocas y estilos. Precisamente lo bueno que tiene la música es que es inagotable. Siempre se puede sacar algo nuevo y especial, cuando menos te lo esperas y parece que todo está vendido. Pero en este caso, desde luego, no ha merecido la pena el esfuerzo.
Existe un consenso generalizado sobre lo buenos que son los médicos y lo mucho que les debemos. Pero como todo en la vida existen médicos buenos, regulares y peores. Yo no sé si he tenido mala suerte pero me han tocado de todos. Por ejemplo, cuando tuve diverticulitis aguda, tuve un médico que se pasó una hora afirmando que era estreñimiento. Por suerte llegó otro y le llevó la contraria. Cuando tuve ileón perezoso, tampoco me querían ingresar. Pensaban que no tenía nada.
Mis hijos son muy alérgicos y todos los catarros se les complicaban. Pues el médico decía: catarro de vías altas y los mandaba a casa. Al día siguiente era bronquitis. Después de cuatro neumonías, aprendimos a conseguir el antibiótico sin receta porque no nos quedaba otra solución. Luego la pequeña tuvo púrpura y en la seguridad social no se lo creían porque no la habían tratado ellos. Yo debo tener cara de loca porque los médicos no me toman nunca en serio.
Cuando estaba embarazada de mi primer hijo, mi médico, que era de la vieja escuela, no dijo nada de ingresarme a pesar de que tenía riesgo de preclamsia y llevaba cinco meses vomitando. Luego tuve hemorragia pero no me pusieron transfusiones, así que tarde mucho en recuperarme. En mi último parto, otro médico estaba empeñado en que me faltaba un mes de embarazo, así que no llegó a tiempo y me tuvo que atender el de guardia. Sólo espero que mis hijos tengan más suerte.
Ahora tengo otro problema de salud y sólo confío en que todo salga bien.
La mayoría provida en el
Tribunal Supremo gracias a los tres nombramientos de Donald Trump
podría revertir la sentencia que en 1973 legalizó el aborto en Estados
Unidos. Foto: Wikipedia.
Muchos medios recogen en
estos días el alboroto en Estados Unidos con motivo de la filtración del
borrador redactado por uno de los jueces del Tribunal Supremo sobre un
caso de su competencia. Si ese borrador obtiene el apoyo suficiente,
como es muy posible, supondría la revocación de la sentencia de 1973 que
se conoce como Roe versus Wade, la cual supuso el blindaje del aborto en todos los estados de la Unión por encima de cualquier instancia soberana. Bueno será recordar que esa sentencia, de muy débil andamiaje jurídico, fue obtenida en un ambiente de gran presión política y mediática merced a un falso testimonio
revelado años después por su autora. No obstante, el respaldo durante
décadas ha sido tal que Roe versus Wade se ha mantenido intocable
durante casi cincuenta años y tras 62 millones de abortos.
La actual mayoría conservadora en el Tribunal parece haber reunido valor para derogar esa infamia
y, escándalo mayúsculo en un país en el que las instituciones,
especialmente el Tribunal Supremo, se hacen respetar, por vez primera en
la historia de este órgano se ha filtrado un borrador antes de ser
discutido. Es muy "progre" eso de desprestigiar a las instituciones que no se pueden controlar.
El terremoto, la histeria que se ha apoderado de los medios y de los
políticos favorables al aborto han venido a poner de relieve la
verdadera naturaleza de los intereses abortistas. El aborto es la piedra angular del experimento social
al que desde hace décadas están sometidas las poblaciones occidentales,
algo literalmente sagrado. El borrador redactado por el juez Samuel Alito
no se propone prohibirlo, pero que aspire a devolver la capacidad
legislativa sobre el mismo a las cámaras estatales y federales, al pueblo en definitiva para que pueda decidir al respecto, es algo intolerable para la dictadura cultural de la izquierda y para el inmenso negocio que el aborto promueve.
La normativa estadounidense sobre el aborto es especialmente brutal, pues lo permite prácticamente hasta el sexto mes de embarazo y está auspiciando iniciativas claramente infanticidas
en algunos estados. Con esas derivas no puede extrañar que el
movimiento provida se fortalezca cada vez más y se haya convertido desde
hace tiempo en un factor de gran importancia en el juego político y el
debate electoral. La derogación de Roe versus Wade sería el más importante triunfo de su historia.
Reflexionando sobre este tema, yo desde luego no sería capaz de encontrar cien motivos para ser feliz. Tampoco las necesito, porque realmente me conformo con no ser infeliz. Teniendo en cuenta que soy depresiva, tampoco se puede pedir demasiado. Yo creo que para poder estar satisfecha es importante por ejemplo tener una salud aceptable, que no te duela nada, aunque luego sigan los achaques molestos. Como llevo dos semanas con dolor de espalda digamos que mi nivel de bienestar se resiente.
Por otra parte, naturalmente para mí ser feliz incluye estar con mis seres queridos, especialmente las pocas veces que coincidimos todos juntos en la misma habitación. También me dan felicidad cuidar de mi gatito y de nuestras plantas. Viajar, aunque sea sólo una excursión del día. Comer o cenar fuera algo especial. Dormir la siesta con mi marido el fin de semana. Tomar algo en una terracita. Expresar lo que pienso por escrito, leer lecturas antiguas, alguna película, y poco más.
Diez cosas he conseguido reunir. Creo que me gusta la vida sencilla y realmente no necesito más.
Sospecho que la bajada de suscriptores de Netflix,
es decir, de clientes, no se debe sólo al fin de los confinamientos y a
la creciente oferta de sus competidores, sino a la opción ideológica que
ha hecho en sus producciones. La empresa ha optado por convertir sus contenidos en instrumentos de adoctrinamiento e influencia política y social. No aspiran a entretener, sino a “educar” (permítanme las comillas, por favor).
En efecto, Netflix ha abrazado con fervor la agenda “woke”
y todos los consensos de la ideología globalista. A sus productores les
preocupa más no parecer racistas que dar rigor y sentido histórico a
sus series y películas. La obsesión por las cuotas y la visibilidad de
los colectivos, uno de los dogmas del globalismo, ha terminado
desdibujando las narraciones hasta hacerlas forzadas. No se da solo con
sus producciones, por supuesto, sino en general con los contenidos que
distribuye. Así, tenemos un Lupin muy alejado del personaje que concibió
Maurice Leblanc o una Ana Bolena directamente inventada. No se trata de
que sean producciones aburridas —aunque algunas de ellas sí que lo
sean— sino de que suelen estar sesgadas y, en realidad, orientadas siempre hacia el mismo lado.
Para lo ‘woke’,
todo lo que Occidente ha hecho es racista, xenófobo, excluyente y
destructivo para el clima. De la visión del cristianismo, mejor ni
hablamos
Se me dirá que todos los contenidos tienen un sesgo. Es verdad, pero
precisamente en la variedad está la posibilidad de contrastar y adoptar
una posición crítica. Basta ver un par de películas de John Ford
para ver que los héroes pueden tener la grandeza que les falta a los
protagonistas atormentados y desgarrados que ahora están de moda. Netflix hurta esa variedad a sus suscriptores y, salvo que uno recurra a las “soap operas” turcas o los “thrillers” y dramas coreanos, le costará encontrar algo que no lleve impreso ese toque “woke” característico.
Así, Elon Musk ha metido el dedo en la llaga al señalar que el declive de Netflix se debe al “virus de lo woke”.
Esta moda cultural estadounidense ha inspirado desde campañas de
“cancelación” hasta propuestas para abolir la Policía. Se trata de una
de las tendencias que la ideología globalista emplea para intentar
deslegitimar a las identidades nacionales y, en particular, a las
sociedades de los países occidentales. En torno a ella, se arraciman
todos los tópicos y lugares comunes de esa alianza entre las élites
globales y la izquierda. Ya saben, todo lo que Occidente ha hecho es,
entre otras cosas, racista, xenófobo, excluyente y destructivo para el
clima. De la visión del cristianismo, mejor ni hablamos. Es lógico que
quien paga una suscripción se replantee si, encima de adoctrinarlo en lo
“woke”, quiere que le cobren por ello.
Algo similar está sucediendo, por cierto, en toda la industria audiovisual estadounidense.
La retransmisión en directo de la gala de los Óscar ha ido perdiendo
audiencia año tras año. En 2022 ha remontado un poco por la trompada de Will Smith a Chris Rock,
pero nada más. Uno de los escaparates del progresismo global —ya saben,
aprovechar la atención para reivindicar cosas del gusto de la
izquierda— está perdiendo influencia. Algo parecido ocurre, aunque esto
sería para otra columna, con los premios de los festivales y certámenes.
Que una película gane no significa que deje de ser un bodrio —de hecho,
hay bodrios con un palmarés notable— ni que vaya a ser un taquillazo.
Basta ver en qué han convertido a James Bond para advertir que vamos por
el mal camino. Pérez-Reverte lo describió con acierto: “Un
James Bond tan equilibrada y políticamente correcto, tan familiar, tan
enamorado y tan moñas que constituye un insulto a la inteligencia de los
espectadores y a la memoria del personaje”. Si esa es la tendencia
dominante en la industria del entretenimiento, es comprensible que
algunos —cada vez más— prefieran no pagar el adoctrinamiento.
Recorriendo la A1 el otro día desde Madrid puede ver cómo absolutamente todas las vallas y puentes estaban cubiertos de graffitti. Ya sé que existen artistas que hacen maravillas por ese medio, pero no es la realidad del noventa y nueve por ciento de los graffiteros que, por desgracia, no tienen ese don de la pintura. Se limitan a escribir cientos y cientos de palabras sin sentido con más o menos acierto. Lo que debe tener mérito precisamente es discurrir tantas letras sin significado.
Todo ello da una impresión de suciedad y descuido y es una batalla que parece que las autoridades ya han dado por perdida hace tiempo. Me pregunto qué les pasa por la cabeza a esos jóvenes que a menudo se juegan el físico por dejar una firma que casi nadie podrá reconocer. Que falta de objetivos, de aficiones, por supuesto deportivas o intelectuales. O simplemente se trata, como casi siempre, de seguir la marea, y hacer lo que "mola", más aún si es ilegal.
Habría que buscar una manera de solucionar el problema, tal vez pintando todas esas vallas de negro, no sé o usando otros materiales. Y a los chicos que realmente tengan talento artístico darles otras alternativas. Si un extraterrestre llegara hoy a Madrid por la A1 creo que realmente se preguntaría qué clase de civilización se dedica a proclamar consignas sin sentido en todos los espacios públicos, y creo que realmente sus conclusiones serían preocupantes.
Philippe Pozzo di Borgo inspiró la película «Intocable»: «La idea misma de eutanasia crea estrés»
Philippe Pozzo di Borgo y
Abdel Sellou, la historia real que reflejó la película 'Intocable'.
Philippe ha intervenido directamente en el debate sobre la eutanasia en
Francia e Italia. Foto: Tempi.
Intocable, película que se estrenó en 2011 en Francia, es la segunda película francesa más vista en el mundo
y su éxito no se debe solo a unos acertados intérpretes. La película,
que se centra en la amistad improbable entre un millonario tetrapléjico y
su auxiliar de clínica, salido de la cárcel, cuenta sin medias tintas
el drama de la discapacidad y muestra a una sociedad obsesionada
por la autonomía y aterrorizada por su pérdida que incluso un
discapacitado grave, clavado a su silla de ruedas, puede vivir una vida
feliz, llena de esperanza y sentido.
"Intocable" (2011), de Olivier Nakache y Eric Toledano, con
François Cluzet y Omar Sy en los papeles estelares, es un divertido
canto a la vida de gran éxito de taquilla en todo el mundo.
Y sin embargo, son precisamente estas las vidas que el Parlamento
italiano, como el francés, quiere "abolir" con la ley sobre el suicidio asistido. El término ha sido utilizado en un llamamiento público por Philippe Pozzo di Borgo, el tetrapléjico cuya historia sirvió de inspiración a la película Intocable:
"Con las mejores intenciones del mundo, con la ayuda de palabras
aparentemente incuestionables como 'dignidad' y 'compasión', queréis
legalizar la muerte provocada a personas como yo. ¡No aboláis nuestras vidas!".
El 8 de abril de 2021, Philippe Pozzo di Borgo (a la izquierda de
las imágenes) lanzó un llamamiento solemne contra la eutanasia ante la
Asamblea Nacional Francesa, que leyó Tugdual Derville.
Si en 1993, cuando se quedó paralizado del cuello abajo a la edad de 42 años tras un accidente de parapente, Pozzo di Borgo hubiera tenido la posibilidad de acceder a la eutanasia, "me habría matado", declara a Tempi. En cambio, el heredero de la nobleza corsa, que sufrió la muerte de su primera esposa, Beatrice, en 1996, no cedió a la desesperación y gracias a sus seres queridos y su auxiliar "volvió a encontrar el gusto de vivir".
Hoy, Pozzo di Borgo se ha vuelto a casar, ha tenido dos hijos, vive entre Francia y Marruecos, en la región de Essaouira, y lucha junto a la asociación de la que es padrino, Soulager mais pas tuer [Aliviar pero nunca matar], contra la "absurda violencia de la eutanasia",
contra un "derecho que me quita toda dignidad y, antes o después, me
indica la puerta". La solución al sufrimiento, explica en la entrevista
que nos ha concedido, "no es matar a la persona que sufre, sino
acompañarla aliviando su dolor".
Autor de un libro sobre disfrutar de las pequeñas cosas, Argemí dialoga con un paliativista
«Pueden presionar al enfermo para que decida no vivir», advierte Xavi Argemí sobre la eutanasia
Xavi Argemí encuentra
ánimo en la fe, la medicina, la familia, los amigos y mil pequeñas cosas
Xavi Argemí, de 26 años, padece una grave distrofia muscular de Duchenne. Va perdiendo capacidades, explica. Ya no puede comer por la boca, sino con una sonda. Usar un respirador por la noche, hasta el mediodía. Le tienen que levantar y ayudar mucho.
A veces ha tenido crisis con ahogos. También tiene dolores posturales, pero, dice, "se pueden paliar".
A los retos de la enfermedad, ahora se suma algo nuevo: con la nueva ley de eutanasia de España, puede pedir que le maten.
"Hay gente que se puede aprovechar y presionar al enfermo para que decida no vivir. Si tu familia todo el día te dice: 'no puedes hacer tal cosa', 'estás así'... al final, de forma indirecta, te presionan", advierte Argemí.
Tener apoyos o no tenerlos
En enfermedades tan duras como la suya, dice Xavi, a veces hay desánimo. Hay momentos bajos y altos. "Intento aceptar y tirar adelante", afirma.
Él explica las cosas en las que se apoya: "mi familia, el acompañamiento espiritual, porque tengo fe y eso ayuda, tener amigos..."
Pero ¿y si alguien en una situación igual de dura no tuviese familia,
fe ni amigos? Xavi Argemí propone "que intente buscar el sentido de la
vida. Hay muchas cosas: la naturaleza, alguna afición, muchas cosas positivas, puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío..."
"Es fundamental el acompañamiento, el no sentirse solo", afirma.
Sobre muchas de estas posibilidades Xavi ha publicado el libro Aprender a morir para poder vivir (Grijalbo), sobre "pequeñas cosas que hacen la vida maravillosa".
Apreciar más las pequeñas cosas
Villavicencio comenta que las personas que piensan en la eutanasia a menudo "tienen mucho temor a sentir dolor y ahogo, a perder el control". Pero Argemí señala que en sus crisis siempre se ha atendido y controlado bien eso.
Después de un episodio de crisis, vuelve la calma, y entonces, dice
Xavi Argemí, "valoro más las cosas. Sigues disfrutando de pequeñas cosas
de la naturaleza, los amigos, la familia..."
"Con un buen equipo, las medicinas que haya falta y acompañamiento,
que no haya soledad, se puede encontrar sentido a la vida, y adelante",
añade.
"Sufrimiento siempre tendremos un poco, pero se puede aliviar hasta un mínimo", asegura.
La eutanasia pone en riesgo a los vulnerables
Villavicencio señala que la eutanasia, al ofrecer la salida de matar
al enfermo, "pone en riesgo a muchas personas a las que no dan la opción
de encontrar ese sentido".
"Mucha gente no tiene los medios suficientes para estar acompañado. Sienten presión, de que para vivir así mejor que no vivan. Es como 'egoísta, te tenemos que mantener'", protesta Argemí.
Villavicencio ve también fallos en muchos profesionales que tienen poca formación para "detectar, recoger y acompañar",
que desconocen el mundo de los cuidados paliativos y el buen
acompañamiento, y sólo ven como salida la eutanasia, "acabando con la
vida del paciente".
"Primero que los paliativos lleguen a todo el mundo, y después ya hablaremos", pide Argemí.
No es el dolor físico; es lo emocional
"En la calidad de vida influye más el sufrimiento emocional que el
físico", añade el paciente. "A veces hay gente sin sufrimiento físico,
pero por no poder moverse, cae en el desánimo; eso es emocional.
Villavicencio comenta que escondida detrás de una petición de eutanasia suele haber una petición de atención, de acompañamiento, de mejor cuidado...
El médico, dice, debe acompañar a la persona frágil "hasta el dintel
de la muerte, pero no le toca acabar con su vida, porque iría contra los
principios éticos y morales para los que nos hemos formado".