Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

domingo, 7 de julio de 2024

Begoñísima es nuestra Dulcinea, por Juan Manuel de Prada

Los fascistas españoles, gentes lerdas y de alma ruin, se obstinan en presentar a Begoñísima como una choni metida a conseguidora, que utiliza su connubio con el puto amo para beneficiar en las licitaciones a los empresarios amiguetes y para librarlos de la quiebra a costa del erario público. A los fascistas españoles, como gentes de ingenio boto, les ocurre como a Sancho Panza, que en Dulcinea sólo veía una aldeana de pelo en pecho llamada Aldonza Lorenzo, con el aliento fragante de ajos crudos. Pero, aunque Dulcinea fuese poco más o menos así, a don Quijote le importaba un ardite: «Bástame a mí –le explicaba a su escudero– pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta […] y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. […] Yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo».



Donde los zotes fascistas, empeñados sanchopancescamente en mostrarnos a Begoñísima como una moza perfumada por la brisa de las saunas y condecorada ridículamente con diplomas de la señorita Pepis, los demócratas vemos quijotescamente a una dama perfumada de ámbar, eruditísima en finanzas y catedrática complutense. Donde los zotes fascistas se empeñan en mostrar documentos que prueban la colusión de Begoñísima con empresarios amiguetes que después pillan millonadas del erario público, los demócratas pintamos en nuestra imaginación que tales documentos no son sino embelecos del mago Frestón o cualquier otro encantador ultraderechista y machista que pretende impedir la promoción profesional de nuestra Dulcinea y dejarla con la pata quebrada y en casa.


Frente a la máquina del fango fascista, el ideal caballeresco demócrata. Frente a la Begoñísima que los fascistas vilipendian inútilmente, acusándola de mangoneos y corruptelas, la Dulcinea que los demócratas amamos profundamente, a imitación de nuestro puto amo, que por amor se quedó cinco días reflexionando en palacio, como don Quijote se quedó haciendo penitencia en Sierra Morena; y que, cuando el folloncico Milei osó increpar a su amada, enseguida enristró la lanza, como hacía don Quijote cada vez que el bellaco Sansón Carrasco osaba discutir la primacía de Dulcinea sobre el resto de damas del orbe.




Siempre los españoles de bien hemos necesitado encarnar nuestros más altos ideales en una mujer de dulces prendas a quien poder adorar como reina y señora. Para don Quijote, Dulcinea representaba la Hermosura y la Virtud, frente a la villanía y fealdad de los folloncicos que trataban de obstaculizar el retorno de la andante caballería; para los demócratas de esta hora, Begoñísima representa la Democracia asediada por enemigos infinitamente más peligrosos, jueces y periodistas y demás ralea que anhelan el retorno de la España oscurantista. ¡Doblad la rodilla, demócratas, ante la dama de nuestros pensamientos de progreso, que nos inspira en el heroico combate contra las huestes del fascismo!


 https://noticiasholisticas.com.ar/begonisima-es-nuestra-dulcinea-por-juan-manuel-de-prada/

sábado, 6 de julio de 2024

Nadie da duros a cuatro pesetas

Para quien no lo sepa, un duro eran cinco pesetas. Yo tengo la norma en mi vida de no comprar nunca el producto más caro ni el más barato. El caro está sobrevalorado por la marca. El barato posiblemente haya sido elaborado en países del tercer mundo sin ninguna clase de controles ni derechos humanos.

Siempre he sabido que cuando algo cuesta menos, habitualmente también vale menos. Eso se aplica también a otros temas. Cuando una casa se valora poco o un coche, por muy buen aspecto que tenga, es que tiene un vicio oculto. Así que nunca hay que confiarse.

viernes, 5 de julio de 2024

Tu hijo es un cretino?. Dale un libro

  

Un niño leyendo y otro con el teléfono móvil. Gonzalo Vaquerín


Un niño de Occidente pasa de los dos años a los 18 el doble de tiempo frente a las pantallas que el que está sentando en el aula. El equivalente a que se matriculase en todas las asignaturas de dos cursos a la vez durante 15 años.


Desde hace tiempo se nos viene alertando del uso de pantallas a edades muy tempranas y desde hace algo menos estamos notando las consecuencias.


Las generaciones que al nacer ya vieron como sus padres subían y bajaban con el dedo o cómo en el salón las pantallas ya no eran para ver en familia sino individuales son ahora casi adultos y, según el neurólogo y director de investigación del Instituto Nacional de la Salud de Francia Michel Desmurget, unos auténticos cretinos.


Lo dijo hace ya cinco años en su ensayo La fábrica de los cretinos y ahora tras este lustro dando charlas y recibiendo siempre la misma pregunta al terminar, "¿qué podemos hacer?", publica Más libros y menos pantallas. Cómo acabar con los cretinos digitales (Península) donde encuentra el remedio aunque advierte de que parece más fácil de lo es en realidad: leer.


"Se trata de una verdadera máquina de configuración de la inteligencia en su dimensión cognitiva y también, y sobre todo, en su dimensión socioemocional"


MICHEL DESMURGET

Desmurget asegura que la gran solución son los libros en papel. Dice, como otros tantos estudios anteriores, que el saber no se adquiere en lo digital.




Que las pantallas no ayudan a memorizar, a recordar y que si no tenemos los datos no somos capaces de cruzarlos y generar progreso. "Se trata de una verdadera máquina de configuración de la inteligencia en su dimensión cognitiva (que nos permite pensar, reflexionar y razonar) y también, y sobre todo, en su dimensión socioemocional (que nos permite comprendernos a nosotros mismos y a los demás, lo que facilita las relaciones sociales). ¡Un lector es lo contrario a un cretino digital!", asegura.


Y para implantar la solución señala tanto a los colegios como a los padres. Advierte del uso de las pantallas en las escuelas y de cómo ya está demostradísimo que ha sido un fracaso. "Sabemos que la digitalización de los sistemas escolares tiene un impacto negativo en los niños y que su uso durante las últimas décadas ha sido un error. ¿Deberíamos dejar de enseñar a los niños como utilizar los ordenadores? La respuesta es que no, pero siempre que no sea demasiado pronto y para aprender su funcionamiento, no matemáticas o ciencias. Está demostrado que no se aprende igual, que el conocimiento no se adquiere con la misma profundidad. Mira Suiza, ha tenido que cambiar su sistema porque se ha visto que no funcionaba", explica a El Independiente.


Los padres, "los peores enemigos de sus hijos", según los profesores: "Vienen agotados a clase y sufren mucha ansiedad"

Los padres, "los peores enemigos de sus hijos", según los profesores: "Vienen agotados a clase y sufren mucha ansiedad"

Y echa pestes sobre aquellos que aseguran que vivimos en un mundo nuevo donde tenemos la biblioteca de Alejandría en nuestra mano. "Es la idea más estúpida que hemos tenido relacionada con la pedagogía y la educación. No es importante que la información esté en Internet, lo importante es lo que tengamos en la cabeza, necesitamos entender lo que leemos y para eso necesitamos conocimiento y este saber nos lo da la lectura. Tenemos que tener capacidad de criticar, analizar y evaluar lo que leemos. Además, poder cruzar ese conocimiento es lo que da lugar al progreso, a nuevas ideas, a nuevas teorías... Sin esto, perdemos lo que es más humano: la creatividad".


Advierte que si no hacemos que los niños lean cuando sean adultos se encontrarán frente a textos básicos que les sonarán a chino. "Como si a mi me das un estudio en alemán, no entiendo nada y eso es lo que está pasando. Se ha demostrado, por ejemplo en un estudio de la Universidad de Stanford, que los alumnos son incapaces de entender textos simples, noticias fáciles... No comprenden lo que dice y eso es terrible para la sociedad porque caen de lleno en las fake news", asegura.


Además, añade, que los propios chicos "dicen que se concentran mejor si leen en papel". "Pero leer es algo difícil que hay que aprender, el lenguaje es más complejo y más rico en los libros que cuando se recibe de manera oral. Un niño que jamás ha leído no va a poseer ese lenguaje, va a carecer de esa riqueza léxica", explica y añade que "una investigación reciente muestra que muchos padres y muchas madres no leen con sus hijos porque no son conscientes de que es necesario hacerlo. No son conscientes de los enormes beneficios y del placer que proporciona esta actividad. Algunos hasta dicen que sus hijos leen en los dispositivos y la lectura representa sólo el 2 o 3% del tiempo que pasan en Internet y además leen textos sin la calidad necesaria".


Ni televisión hasta los 6 años ni móviles hasta los 16

Y entra en la gran polémica. ¿Cuánto es un uso razonable de las pantallas? Dice que hasta los seis años lo único aceptable es nada, aunque entiende cada situación. "Si eres, por ejemplo, una madre soltera y no te queda otra para poder avanzar, puedes ponerle la televisión 15 minutos al día. Está demostrado que a partir de 15 minutos, a esa edad, el daño es muy grande a posteriori", asegura y añade que a partir de seis años, y hasta los 18 años, lo máximo debe ser una hora. "Pero me gustaría decir dos cosas respecto a estos límites: estamos felices porque hemos encontrado la cantidad no perjudicial que pueden ser esos 30 minutos al día pero, ¿qué ocurriría si utilizasen nuestros hijos esa media hora para leer o hacer deporte? Habrían leído 20 o 30 libros más al año, su lenguaje habría crecido un 30% y esta actividad tendría un gran impacto en su coeficiente intelectual".


"El uso de pantallas nos da dopamina, nos hace creer que somos más felices y eso es una droga"


MICHEL DESMURGET

Y entra de lleno en los móviles. Él no daría un teléfono inteligente a un niño menor de 16 años y esperaría incluso más. "No tienen la madurez suficiente para manejarlo, para decir: en vez de cuatro horas estoy media hora. Es que ni siquiera la tenemos los adultos. Si necesitan estar comunicados se les puede comprar un teléfono de los de antes pero no uno inteligente porque los estudio demuestran que el uso de pantallas nos proporciona dopamina, nos hace creer que somos más felices, y eso es una droga", sentencia.


A la pregunta de cómo seguimos usando las pantallas con niños pequeños y los móviles con adolescentes ante todas las evidencias científicas asegura que "todos los problemas de salud han tenido el mismo recorrido". "Mira el tabaco. Siempre suele haber un hueco de 20 a 30 años entre el conocimiento científico y el consenso social. Las empresas de los videojuegos y de la tecnología tienen mucho peso y hacen todo lo que están en su mano para generar dudas sobre estas investigaciones pero los datos están ahí y son los que son", asegura.

https://www.elindependiente.com/tendencias/cultura/2024/04/09/tu-hijo-es-un-cretino-dale-un-libro-y-quitale-el-movil-hasta-los-16-anos/

jueves, 4 de julio de 2024

Unos tanto y otros tan poco

 Eso pensaba yo de joven porque todo se me daba mal. Era muy grande y torpe. siempre llegaba la última en las carreras. No tenía ninguna agilidad. No es capaz de tocarme los pies levantada. Entonces no sabía que tenía un síndrome hereditario llamado Edher Danlos o hiperlaxitud articular.

Se ve que mi profesora de gimnasia tampoco lo conocía y pensaba que yo era simplemente una vaga. Y no me creía si me cansaba más de lo normal o me mareaba. El caso es que mis hermanos no tenían esos síntomas. Han tenido que pasar casi sesenta años para que me sintiera justificada al fin.

Más sobre Ucrania: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-el-coste-de-colaborar-con-ucrania-26-06-24

miércoles, 3 de julio de 2024

La administración

Hola, verá, entonces, si me quiero casar, ¿qué tengo que hacer? Pues mire, tendrá que, primero, pedir cita previa en el registro de la localidad en la que al menos uno de los dos contrayentes esté empadronado. Pues resulta que, por Internet, no había ninguna manera de hacer ese trámite en San Fernando de Henares, y la web de la Comunidad de Madrid nos redirigía al Registro de Coslada. Pero es que ustedes están empadronados en San Fernando, no en Coslada. Ya, verá, como le he explicado, no, no, mire, vayan a San Fernando que estarán menos saturados que nosotros, porque aquí no podemos abrirles el expediente.

Fundido a negro.

Interior. Día. Juzgado de Paz de San Fernando de Henares.

¿Se quieren casar? Oh, claro, están en su derecho, naturalmente, pero ahora no podemos atenderle porque estamos en un proceso de digitalización. Ah, qué maravilla, entonces, ¿qué hacemos? Esperar. ¿A qué? A que la letrada les coja el teléfono y les dé cita personalmente, miren, aquí tienen su teléfono, pueden llamar todos los días, es lo que está haciendo el resto de la gente. Pero si se están ustedes digitalizando, ¿por qué no ofrecen una manera alternativa de realizar estos trámites? Nosotros hemos tenido que solicitar todos los documentos que nos requieren previamente de modo físico, les recuerdo. Ah, qué quieren que les diga, esto es lo que dice la ley y yo no puedo decirles nada más que esto que les estoy diciendo.

Fundido a blanco.

Este diálogo kafkiano, en realidad doble, es real, me ocurrió a mí en apenas un lapso de media hora, en el Registro Civil de Coslada y en el Juzgado de Paz de San Fernando de Henares. Me sentí como una hormiguita minúscula viendo venir sobre ella la enorme pata de un elefante que ensombrece de golpe el mundo. La sensación de desamparo e impotencia es total. Me sentí completamente despojado de cualquier atisbo de soberanía política sobre mi propio país y reducido a pedigüeño de un feudo medieval o de una corte absolutista. En un rato la maravillosa mañana primavera, azul y blanca, cálida y fresca a la vez, perfectamente abrileña, se transformó en un lugar lúgubre y oscuro por la sombra tenebrosa de ese Leviatán inhumano que es la Administración: una hidra monstruosa capturada por un ejército de charos crueles, insensibles e implacables con las que resulta imposible cualquier tipo de comunicación inteligible.

Es una tomadura de pelo completa. Da mucha risa leer luego todo lo que pone en la Constitución acerca del ciudadano, los poderes públicos y las administraciones. ¡Qué gran mentira, qué gran farsa! El funcionario se parapeta en un reglamento, en una normativa, en una ley o en un protocolo, y alza un muro de arbitrariedad delante de él: da lo mismo, el caso es que tras la valla de papel timbrado no hay nadie que escuche, tan sólo órdenes. Es algo soviético, delirante y perturbador. El tiempo del ciudadano no vale nada, es lo último que han conseguido. Ni el voto, ni la voluntad política, ni la educación superior, ni el dinero confiscado vía impuestos, y, al final, tampoco el tiempo, que es lo único que nos queda mientras estamos vivos.

El Estado, en España, está en una fase terminal del siniestro proceso de emancipación del ciudadano, que ya sólo existe en la condición de administrado. La Administración, como su brazo ejecutor, tiene ya la magnitud hobbesiana del Leviatán y ha escapado por completo a cualquier tipo de fiscalización objetiva por parte del contribuyente, que es el que la financia. Por cojones, se entiende.

Se sale de una oficina de la Administración dudando siquiera de seguir vivo, de que no es un alma muerta como las de los siervos que compraban y vendían en la novela de Gógol. Vapuleado, uno regresa atónito a la secular y en apariencia desterrada por nosotros, que somos —o éramos— tan modernísimos, desconfianza y recelo de nuestros mayores respecto del Poder. Uno empieza a sospechar que la Administración Pública, que según la Constitución está para servir a los intereses generales “con objetividad, eficacia y jerarquía”, se ha transformado, siguiendo el dictado de las élites, en un negociado particular de un determinado tipo de gente cuyo mérito es haber aprobado una plaza, eso en el caso de no haber sido regularizado después de la colocación fraudulenta, como hay tantos casos. Esa gente, absolutamente adicta a lo que sea necesario creer en cada momento, expulsa al ciudadano de lo que es suyo, porque es el que lo paga, y le hace sentir extraño, vulnerable, poca cosa. La Administración se sostiene enchufada al raquítico bolsillo del españolito medio pero el españolito medio tiene que entrar en una oficina de la Administración como pidiendo perdón. Es una cosa grotesca y humillante.

Está claro para todo aquel que tenga ojos que la Administración pública no sirve al ciudadano sino que se sirve de él y hasta las últimas consecuencias. Progresivamente en España se han ido pagando cada vez más impuestos para que cada vez entre a trabajar en la función pública más gente y cada vez sea más difícil realizar la más mínima gestión. Hasta el punto de que, tras haber conseguido disponer de la cartera, del cuerpo y del alma del contribuyente, ahora también, como decía antes, el Estado se haya quedado con el tiempo. Como el Leviatán con el que fabuló Joseph Roth, como el Gólem de la tradición judía, la Administración es el terrible Polifemo del Estado que no conoce a nadie, un ente monstruoso e impenetrable para el cual todos somos la cuadrilla de Odiseo atrapada dentro de la cueva.

El tiempo, que es lo más valioso para el hombre, su único y efectivo capital, se convierte más que nunca en algo relativo, relativísimo, en cuanto se traspasa el umbral de una oficina pública. El régimen del 78 ha modelado un tipo humano, el Homo Fungi, que responde funcionalmente al órgano que lo ha creado en simbiosis darwinista perfecta. El Homo Fungi sólo se atiene a lo establecido y es capaz, sin pestañear, de obligar a un anciano a pasar por el arco de seguridad a sin su bastón porque “así es como está mandado”. El Homo Fungi adopta ante el ciudadano la presunción de culpabilidad: todo el que entra por la puerta es a priori malo, viene a hacerle trabajar y viene a inquietar la paz de cementerio y papelería de la oficina pública que, lo olvida a menudo el Homo Fungi, no existiría si no existiera el ciudadano al que maltrata por principio.

En España el ciudadano ya no existe, podríamos empezar por ahí. Si es que alguna vez ha existido, que esa es otra, porque la Constitución de 1978 en ningún momento consagra de verdad ni la libertad política genuina del español ni la división de poderes en origen, sin lo cual todo lo que estamos hablando es puñalada de pícaro. El ex-ciudadano es un súbdito al que el Estado ve únicamente como una máquina expendedora. Como la alta dirección de la Administración lo considera un peón necesario al que recaudar dinero y por supuesto el voto imprescindible con el que seguir validando el actual estado de cosas, todos los cuadros intermedios y hasta finalmente los de la ventanilla y el segurata han terminado también mirándolo del mismo modo. Ya se sabe desde antiguo que todos los perros se parecen al amo.

Digo que las AAPP son entes cautivos de la Charocracia porque a simple vista la mayoría de las que atienden, es un decir, al ciudadano, son mujeres. Mujeres de mediana edad, entre 40 y 60 años, con poca o ninguna simpatía hacia el que, vía impuestos directos y vía impuestos indirectos —en España sólo falta tributar por respirar y todo se andará— le paga el sueldo. Es curioso porque desde la izquierda Movistar y de Estado (¿acaso no es lo mismo?), desde los ministerios controlados por el PSOE y Sumar, antes Unidas Podemos, desde PRISA y todos sus innumerables satélites mediáticos y culturales, llevan más de un lustro bombardeándonos con mensajes que abogan por la necesidad de que las mujeres ocupen puestos de poder por todas partes, pero, ¿acaso esto no lleva ocurriendo ya desde hace décadas? Son ese tipo de mensajes goebbelianos cuya única intención es reafirmar la verdad oficial de las cosas. El Relato, anular cualquier discrepancia o pensamiento crítico al respecto y apretar aún más las filas. Como si hiciera falta. Pero es un simple vistazo a la realidad confirma empíricamente que al menos en lo que al sector público se refiere la desproporción mujeres-hombres es abrumadora. No sé, en cualquier unidad o departamento de cualquier actividad burocrática estatal, autonómica o municipal, hay tres mujeres por cada hombre, puestos de mando incluidos. No me parece ni bien ni mal, es sencillamente lo que hay.

Confieso que me sentí como dentro de un cuento de Gógol. No debemos andar lejos de la situación de aquella Rusia zarista prerrevolucionaria en la que la administración del imperio era una oficina con las dimensiones de las Termas de Caracalla. El Estado español está adquiriendo una escala no humana, sobrenatural, y hace tiempo que existe para retroalimentarse. Su razón de ser no es el servicio público, esa es la excusa para seguir expoliando al español que trabaja, que cada vez hay menos: nos acercamos peligrosamente al 1/1, por cada español que puede trabajar hay otro que o es funcionario o pensionista o cobra una subvención por desempleo, incapacidad leve, media o grave o está de baja. Una situación así no es sostenible pero supongo que eso ya lo sabrá Europa, que es la que, de acuerdo con nuestras élites socialistas y peperas nos ha llevado hasta aquí desde 1980.

Así las cosas no hay manera de hacerse comprender por quien está al otro lado de la ventanilla. La Ventanilla es en sí mismo una criatura inorgánica, un muro como el de Adriano en Escocia, hecho y pensado para separar al funcionario del salvaje ex-ciudadano. Es una medida higiénica, una frontera. Uno puede desgañitarse y reclamar, enfadarse e incluso golpear el mostrador o el cristal pero nunca atravesará La Ventanilla. Ni en sentido literal ni tampoco en el metafórico. Si no te gusta, amigo, reclama: aquí, naturalmente, como vi en el Juzgado de Sigüenza hace menos de un mes, pues sin el sello que nosotros hemos debemos darle a tu puta reclamación de mierda ésta no puede ser cursada y queda por tanto sin efecto. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen, no hay posibilidad alguna de oponerse y de pronto algo hecho para ayudar y servir (“Una administración de personas para personas”) ha mutado en un bucle obscenamente hinchado del que viven millones de personas, las únicas cuyo poder adquisitivo se ha mantenido e incluso aumentado en casi 20 años de retroceso y empobrecimiento general. A medida que España se tercermundiza y entra en vías de subdesarrollo su Administración pública se vuelve hermética y bananera, se argentiniza: todo es más difícil, cuesta más tiempo, más dinero, el vuelva usted mañana de Larra renace en todo su pútrido esplendor y el español, que es el que paga, asiste a todo el vodevil desesperado e impotente. Es la misma sensación que debían sentir los griegos antiguos ante la acción de los dioses, que hacían con sus vidas lo que les daba la gana. Ante lo divino no cabe respuesta ni rebeldía. La Administración está tomando cuerpo de dios, o de diosecillos, impíos, despreciables, pero igualmente incontestables, abrahámicos. El ciudadano es el pobre Isaac que no puede elegir si ofrecer o no el pescuezo en el altar de la burocracia.

El panorama es desolador pero es que uno mira a cualquier parte y, ¿qué no lo es? Todo en España está en fase de degradación irreversible. Los poderes legislativo y ejecutivo, que son básicamente el mismo, establecen las condiciones de vida del país según intereses muy ajenos a los de los españoles. La soberanía nacional ha sido suspendida de facto. Hay la mitad del trabajo que había hace veinte años y de peor calidad. Por uno de los sueldos de antes ahora cotizan dos. La devaluación interna es demoledora pero de eso no habla nadie en la prensa, comprada por los poderes públicos para que entretengan sin parar a la población con estupideces, frivolidades, banalidades sin cuento y debates falsos y engañosos, la mayoría importados de las potencias extranjeras de las que somos colonia cultural, intelectual, material y económica. En España se está cumpliendo esa profecía que dice que un país no se va a la mierda de una vez y estruendosamente, sino todos los días un poco y sin hacer ruido. Todos los días todo funciona un poco peor. Todos los días todos estamos más quemados, ganamos menos dinero, gastamos más, comemos menos carne y menos pescado, trabajamos más, nos cunde menos, nuestros títulos académicos valen cada vez menos, y el mundo gira más y más rápido delante de nuestros ojos. Las carreteras que cruzan el país de norte a sur están llenas de baches, parches y hoyos. La Vía de la Plata o la Carretera de Andalucía, las dos principales conexiones rutas de transporte de personas y mercancías entre Madrid y el sur de la península, están que da asco verlas. Hay tramos que no han visto un duro desde la Expo del 92. Los hospitales están saturados, en los juzgados se amontonan los expedientes, la Guardia Civil es mandada a luchar contra los narcos en zodiacs de juguete. La complicidad del Gobierno con la tiranía narcorreligiosa de Marruecos cuesta vidas, reputación e influencia, pero gracias a la anestesia mediática, de la televisión y de las redes sociales, a nadie le importa en realidad nada. En las oficinas públicas de desempleo se amontonan los egresados universitarios y los que tienen estudios superiores. Cada día somos menos libres y sin embargo cada día tenemos más derechos. Ahí reside la paradoja del sumidero por el que los españoles nos estamos ahogando sin remedio.

 

 https://ideas.gaceta.es/hola-me-quiero-casar/

martes, 2 de julio de 2024

Cómo tener un perfecto picnic, por Itxu Díaz

 Uno de mis planes favoritos en esta época del año es ir de picnic. Los primeros en salir de picnic fueron los cavernícolas, en una colina, sobre una enorme piedra de pizarra; simplemente no sabían que estaban haciendo un picnic. El menú no era el mismo que hoy en día y, además, aún no se habían inventado los manteles a cuadros ni los termos.


Además, en la Edad de Piedra las avispas huían de los hombres y no al revés. Y la verdad es que comer en medio del campo en la prehistoria no te hacía muy original. Como experto en picnic, quiero ayudarte a preparar el tuyo hoy. ( LEER MÁS de  Itxu Díaz: El mejor tipo de hippie: uno con clase )


Elija el lugar correcto

Supongo que puedes hacer un picnic donde quieras. Presta atención a las señales, observa de dónde viene el viento, averigua si necesitarás colocar un paraguas y frunce el ceño. Sobre todo fruncir mucho el ceño. Esto hará que el resto de la familia piense que sabes exactamente lo que estás haciendo cuando se trata de elegir el lugar adecuado para hacer un picnic.


En el campo, algunos lugares están marcados con un cartel que dice "Prohibido hacer picnic". Ese es el lugar perfecto para fumar un cigarrillo. 


La picadura

En cualquier picnic, a uno de los invitados le pica un insecto, normalmente una avispa o una abeja. La probabilidad de que la picadura la sufra el más alérgico de los presentes es directamente proporcional a la distancia al hospital más cercano. Sabes que eres alérgico cuando tienes peor aspecto que la abeja, que muere tras la picadura.


Dado que es inevitable, y eso significa que no se puede evitar, lo mejor que se puede hacer antes de desempacar es que un voluntario atrape una avispa o un enjambre de abejas y provoque la picadura. Esto ahorra tiempo y evita el siempre desagradable elemento sorpresa.


Animales invitados

Un error común que cometen los vacacionistas que van de picnic es creer que los animales respetarán su comida, su hamaca o el espacio elegido. Estás en el campo. Por lo tanto, no importa dónde te pongas, los derechos de los animales prevalecerán. A menos que estés haciendo un picnic en una azotea de Times Square, lo que a su vez presenta otros inconvenientes.


Alimento

La comida ideal para un picnic es tortilla, croquetas y esferificación de queso azul sobre gotas de tomate congeladas con espuma de hígado de manzanita silvestre y pétalos de pimienta rosa, mantequilla todavía tónica. 


Fuego

Hoy en día está prohibido encender fuego en el campo, y en casi cualquier lugar de la tierra. Si realmente quieres organizar una barbacoa y quieres evitar la multa, intenta hacerlo bajo el agua.


La temporada

El verdadero objetivo de ir de picnic en verano es disfrutar de una siesta al aire libre a la sombra de un árbol, uno de los grandes placeres de la vida. Es costumbre comentar “¡qué distinto saben las cosas en el campo!”. mientras saborea una loncha de jamón cocido insípido envasada al vacío y se la ofrece a los demás, quienes a su vez deben responder: “Es verdad, qué maravilla, qué sabor tan diferente”. Después de este estúpido ritual, podrás irte a dormir.




El coche

El picnic nunca se realiza en un lugar de fácil acceso. Casi siempre se celebra en una bonita pradera a la que no se puede acceder en coche. En estas circunstancias siempre surge una vieja controversia en torno a papá. Una vez elegido el lugar donde poner el mantel de cuadros, surge la gran pregunta: ¿Pongo ahí también el coche, o no?


Desde mi amplia experiencia te daré un consejo: no lo pongas ahí. Sin embargo, desde esa misma experiencia te daré otro consejo: ponlo ahí lo antes posible. Vas a estacionarlo allí de todos modos, así que ahórrese las dudas, midiendo los baches, la investigación de posibles rocas escondidas en la hierba y las probabilidades de destrozar los bajos. Si escucha traqueteos, golpes o chirridos durante la operación, va demasiado lento. Acelerar. Si escucha gritos, cuente los pasajeros nuevamente.


El perro

Cuando haces un picnic en medio de un campo, el olor de tu comida flota por kilómetros y llega a todos los perros del mundo. Esto significa que su picnic envía una invitación automática a almorzar a unos 400 mil millones de perros en el mundo, sin contar los perros políticos. No es probable que todos vengan. O al menos no de una vez. Pero debes estar preparado para que al menos un comensal canino muy hambriento aparezca sin ser invitado.


El perro aparecerá y tendrás que decidir entre tirarle la comida (no funciona, porque se la come y vuelve aún con más ganas), o inmutarte (dicen que si no te mueves, yo no sé qué), levantarse, recoger todo el picnic y salir corriendo (te morderá el trasero), o intentar razonar con el perro callejero (mi experiencia: a los perros les importan un bledo tus derechos constitucionales) . 


Ya sea que el perro sea amigable y domesticado o un animal salvaje que quiere matarte, lo ideal es que te subas al auto hasta que se haya comido todo, incluido el mantel de cuadros. Pero recuerda no dejar fuera al resto de los comensales si no quieres que el perro coma más de lo que tu abogado puede justificar.


Traducido por Joel Dalmau.

https://spectator.org/how-to-have-the-perfect-spring-picnic/

lunes, 1 de julio de 2024

No hay mal que por bien no venga

 Es algo duro de admitir, pero las dificultades nos hacen màs fuertes. La gente que lo ha tenido todo fácil a menudo se ahoga en un vaso de agua. No quiero decir que lo malo sea aconsejable, pero sí que es útil. Como mínimo sirve de mal ejemplo.

Los historiadores dicen que a veces las revoluciones son la única manera de evolucionar para mejor. También los animales que tienen que cazar son más inteligentes. De manera que los problemas nos obligan a esforzarnos y eso puede ser positivo.

Más sobre laley del Ela: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-el-abandono-bochornoso-de-los-enfermos-de-ela-24-06-24

domingo, 30 de junio de 2024

La ignorancia es atrevida

 Han llegado algunos jóvenes que pretenden enseñarnos ahora a vivir la vida. Como cuando dicen que la depresión se cura apuntándose a un sindicato. Con lo bien que estarían callados. Así no se nota la tontería.

Otras veces se creen que han inventado ellos. No saben que a cierta edad lo que no hayas hecho ya es porque no has querido. O piensan que nos reproducimos in vitro. Como también se dice: a un padre le vas a enseñar tú a hacer hijos.

Sobre los tomates de Marruecos: https://cesarvidal.com/la-voz/editorial/editorial-los-tomates-de-marruecos-otra-victoria-de-la-agenda-globalista-21-06-24

sábado, 29 de junio de 2024

Canadá. Si sobras, ¿por qué simplemente no te matas?

Este programa de suicidio o matanza selectiva cada vez se asemeja más a un reemplazo distópico de los servicios de atención, intercambiando el bienestar social por la eutanasia.

Sustituyendo la dignidad humana en toda circunstancia, aún adversa, por un ¿por qué simplemente no te matas?
La historia de Meunier

Tal es el caso reciente, de un hombre tetrapléjico canadiense que decidió terminar con su vida hace unos meses, haciendo uso de la muerte asistida médicamente.

La causa principal fue la falta de un colchón adecuado que pudiera prevenir las úlceras por presión, lo cual le condujo a una situación de desesperación y sufrimiento físico fatal.

La historia de Normand Meunier, reportada por la CBC, comenzó con una visita a un hospital en Quebec debido a un virus respiratorio. Meunier desarrolló una úlcera por presión dolorosa después de ser dejado sin acceso a un colchón que se adaptara a sus necesidades. Posteriormente, solicitó el programa de Muerte Asistida en Canadá (MAiD).

Meunier pasó noventa y cinco horas en una camilla en la sala de emergencias, casi cuatro días. La úlcera por presión que desarrolló «empeoró hasta el punto que se vieron comprometidos huesos y músculos, haciendo que su recuperación y pronóstico fueran muy oscuros».

El hombre que «no quería ser una carga» optó por morir en casa. Una investigación interna sobre el asunto está en curso.
MAiD humilla de manera extrema a las personas

Defensores de las personas discapacitadas y otros han estado advirtiendo durante años que el programa MAiD pone en riesgo a las personas. Avisaron del riesgo de que las personas elijan la muerte, porque es más fácil que luchar por sobrevivir. Pues MAiD se ancla en un sistema que empobrece y humilla de manera extrema a las personas, y lo hace de manera desproporcionada sobre todo con aquellos que están discapacitados.

La carencia de inversión en una buena atención médica prueba a las personas hasta el límite de su fortaleza y más allá, lo que significa que algunos elegirán morir.

    Porque con el tiempo asumirán como una justa ley moral la aberración de que “si eres una carga o no das la talla, sobras”.

Escalofriantes tasas de muerte asistida

Canadá a día de hoy tiene una de las tasas más altas de muerte asistida en el mundo. Las cifras del gobierno muestran que 13,102 personas pusieron fin a sus vidas bajo MAiD en 2022, con un aumento del 30% respecto al año anterior.

En una encuesta a esos 13,102 canadienses que acabaron con sus vidas, la gran mayoría justificaba su decisión de «una muerte por deseo» debido a la «pérdida de capacidad para participar en actividades significativas de la vida». Por otro lado, más de un tercio de los encuestados dijeron que su elección se basó en que sentían que eran una carga para la familia, amigos o cuidadores.

No hay forma de entender que el programa MAiD se considere progresista.

    El progreso nunca puede justificarse a través de una “muerte por deseo». Es inhumano, es perverso y es antinatural.

No fueron muchas las personas que parpadearon o se quejaron cuando se implementó MAiD. Inventándose una infundada carta de falsos derechos, los promotores de esta barbarie estaban convencidos de que las preocupaciones sobre la autonomía corporal y mal interpretada compasión eran razón suficiente para adoptar y promover MAiD.
La destrucción de lo más esencial del hombre

Sin embargo, se ha visto que en ausencia de un robusto estado de bienestar y frente a la pobreza estructural y la discriminación, particularmente hacia los discapacitados, las decisiones que las personas toman no son estrictamente individuales, sino que están moldeadas colectivamente y a veces son «el producto de circunstancias sociales, que están fuera de su control».

Cuidar del otro es un dato antropológico, un instinto muy humano, pero, cuando no cuidamos unos de otros, ¿en qué terminamos? En la destrucción de lo más esencial del hombre, su dignidad.

Si la compasión es constitutiva de lo humano, ¿por qué no abrir los oídos del alma? ¿por qué no cuidar el regalo de la vida sin cálculo y sin medida?

La muerte asistida no responde a ninguna promesa, no alberga ninguna presunción de esperanza. ¿Puede existir algo más desalmado, ajeno al hombre y vil que un “y si sobras, ¿por qué simplemente no te matas?«

 https://www.forumlibertas.com/canada-si-sobras-por-que-simplemente-no-te-matas/

viernes, 28 de junio de 2024

Los demonios de la inteligencia artificial, por Juan Manuel de Prada

 Una de las frases que más gusta chuperretear al lorito sistémico –lo mismo al que vive en la choza que en el palacio, aunque este último lo dice con socarronería maligna– es aquella que dice, poco más o menos: «La tecnología no es buena ni mala, depende del uso que le demos». Resulta, en verdad, grotesco que mucha gente se crea sinceramente este mito de la tecnología neutra e impersonal, como si sus ‘avances’ no estuviesen impulsados, inducidos, financiados con inversiones multimillonarias por personas concretas.


Ignacio Castro Rey, autor de ‘Antropofobia. Inteligencia artificial y crueldad calculada’ (Pre-Textos) sabe, desde luego, que la tecnología nunca ha sido neutra, mucho menos en esta fase terminal y posthumana de la Historia. Frente a los loritos sistémicos que celebran el «enorme potencial» y los «eventuales riesgos» de la inteligencia artificial, Castro Rey descubre en este nuevo ingenio algún potencial específico, en campos especializados, y enormes riesgos existenciales, políticos, éticos y culturales. Frente al tan cacareado peligro de los «malos usos» que los «gobiernos autoritarios» pueden hacer de la inteligencia artificial, Castro Rey nos alerta en su lúcido y penetrante ensayo de los peligros de su uso «progresista y democrático», que ayudará a instaurar un despotismo de nuevo cuño, una ‘gobernanza’ tecnocrática basada en una vigilancia estatal sin precedentes. Un despotismo que, según nos advierte el autor, ya no se ejercerá desde los centros institucionales del poder, sino que más bien será de naturaleza «ambiental»; y todo ello integrado en una cultura de la emergencia y en una hilera interminable de pánicos más o menos inducidos: sanitarios, económicos, geopolíticos, energéticos, climáticos, alimentarios, etcétera.


La inteligencia artificial nos ofrece, a modo de conocimiento universal consensuado, una mixtura de ciencia vulgarizada y estadística que añade al caudal vertiginoso de datos e informaciones un ‘sesgo’; el sesgo ‘progresista y democrático’ que al poder interesa imbuir en las masas, a la vez que las galvaniza con un eufórico espejismo de ’empoderamiento’ redentor. La inteligencia artificial no pretende otra cosa, a la postre, sino instaurar una nueva disciplina de masas; y no sólo –nos advierte Castro Rey– en las cuestiones medulares que interesan al poder, sino también en los asuntos más nimios, para que todos consumamos las mismas marcas y viajemos a los mismos sitios. Se trataría, en fin, de crear una sociedad gustosamente sumisa, que se cree informada pero sólo ha sido formateada en manada; y que, como se halla dispersa (pues la tecnología disuelve los vínculos y nos encierra en su jaula absorta), esa manada se cree formaba por personas únicas con voz propia (aunque sea voz de papagayo).




La inteligencia artificial declara abolido el pensamiento, que desde ahora se convertirá en una mera combinación de datos. Nos exonera de la difícil decisión de tomar partido, alivia nuestros dilemas más desgarradores, nuestras dubitaciones, nuestras caídas propias de personas falibles; arrebata a la vida, en fin, su naturaleza dramática. Quizá las páginas más dilucidadoras de este brillante ensayo son las que Castro Rey dedica a describir la abolición de lo específicamente humano, de esa singularidad que tiene cada uno de nuestros pensamientos, nacidos de nuestras deficiencias, de nuestra pobreza material y espiritual, de nuestros errores y sufrimientos. La tecnología odia esta unicidad intransferible que no puede alcanzar, como la zorra de la fábula odiaba el racimo de uvas; así que se dedica a uniformizarnos. Como leemos en el ‘Manifiesto conspiracionista’ que Castro Rey cita muy pertinentemente: «No pudiendo hacer máquinas capaces de igualar al ser humano, se han propuesto circunscribir la experiencia humana a lo que una máquina puede conocer».


Este furioso impulso de aplastar la singularidad humana y crear una humanidad en serie es el motor secreto de la inteligencia artificial. La represión de cualquier forma de inteligencia disidente o arisca, de cualquier «grumo de singularidad» (también, por supuesto, en el ámbito de las artes) se convierte, inevitablemente, en su objetivo prioritario. La aceleración tecnológica que impulsa la inteligencia artificial anhela, en último extremo, convertirnos en mónadas idénticas, gurruños de carne despersonalizada y fácilmente moldeable que se han vaciado de pensamientos y olvidado lo que ya sabían. Por supuesto, la resistencia a este tsunami tecnológico se presenta como algo insensato y suicida, un puro negacionismo insolidario que conduce al infierno analógico. Así que, quien se resista, se convertirá de inmediato en un réprobo. Sólo tendrá cabida en el paraíso de la inteligencia artificial quien acepte el veredicto de Harari, uno de esos lacayos sistémicos que Castro Rey desenmascara y satiriza: «Los seres humanos deberíamos hacernos a la idea de que hemos dejado de ser almas misteriosas. En este momento somos animales hackeables».



En los viejos tratados teológicos se nos enseñaba que Dios había querido que todos los hombres fuésemos distintos y, por ello mismo, deseosos de unirnos a otros hombres con vínculos fraternos; y también que la misión diabólica era precisamente uniformizar a quienes Dios había creado distintos, a la vez que los enviscaba entre sí. En ‘Antropofobia’, mientras nos describe magníficamente el odio a la singularidad humana que enardece a los creadores y apóstoles de la inteligencia artificial, acaso Ignacio Castro Rey haya desvelado una vasta conspiración angélica

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Otra de mis canciones favoritas