El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Sí, es cierto, Donald Trump es un personaje impredecible, de modales sorprendentes y, visto lo visto hasta el momento, singularmente dotado para suscitar antipatías tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Sí, es cierto, los intereses de los Estados Unidos no tienen por qué coincidir en todo momento con los de España, pero esto no sucede solamente con ese país. En eso consiste la política internacional. Es inevitable.
Y sí, es cierto, a veces parece que Trump y alguno de sus colaboradores no ponen cuidado en otorgar al ejercicio de sus elevados cargos la dignidad que merecen. Deberían aprender de sus enemigos, que podrán ser corruptos, disolventes, destructivos y hasta criminales pero que en todo momento transmiten una imagen de seriedad que les procura respeto y les aporta millones de votos.
Pero hay demasiadas cosas que, en mi ignorancia de españolito provinciano al margen de las grandes cuestiones de nuestro tiempo, no consigo comprender.
Por ejemplo, los gobernantes españoles llevan décadas derrochando cantidades inconmensurables de agua por no haber realizado un plan hidrológico nacional, destruyen embalses, promueven la desaparición de la ganadería, arrancan olivares para instalar paneles solares y hacen imposible ganarse la vida en el campo, pero el peligro para los productos agrícolas españoles es Trump.
La Unión Europea lleva décadas mortificando a los agricultores y ganaderos españoles y facilitando la competencia desleal de países norteafricanos cuyos productos son alimentaria y sanitariamente muy inferiores, lo que provoca que muchas cosechas ni se recojan porque sale más barato dejar que se pudran, pero el enemigo del campo español es Trump.
La Unión Europea, con sus cuestionables políticas basadas en el dogma del cambio climático antropogénico, entorpecen y encarecen crecientemente la producción energética y la actividad agraria e industrial de todos los países miembros, pero el culpable de los problemas económicos de una exhausta, impotente y suicida Europa es Trump.
Los partidos europeos mayoritarios, tanto los que se dicen de derechas como los que se dicen de izquierdas, están a partir un piñón con la dictatorial China y su Partido Comunista, pero el peligro mundial para la democracia es Trump.
Los aranceles llevan siglos existiendo, y España obstaculizó la entrada de productos extranjeros desde el XVIII hasta mediados del XX; y su política arancelaria provocó la desesperación de unos cubanos obligados a pagar sobrecostes a los productos peninsulares para financiar, entre otras y principalmente, la industria textil catalana, por lo que finalmente estalló la guerra de separación de Cuba. Pero de lo que los medios de comunicación repiten al unísono parece deducirse que los aranceles se los acaba de inventar Trump.
La Unión Europea, entre aranceles, IVA y otros impuestos, lleva décadas encareciendo grandemente los productos que vienen de los Estados Unidos, pero parece que el único culpable de establecer aranceles es Trump. En el caso concreto de la industria automovilística, la UE aplica un arancel del 10% a las importaciones de automóviles estadounidenses, mientras que USA carga solamente el 2,5% a los europeos. Y no ha pasado todavía un año desde que la UE anunció un arancel del 48% a los coches eléctricos chinos. Pero el malo es Trump.
Trump propuso en la cumbre del G7 de 2018 la eliminación de los aranceles y las barreras al comercio entre los países miembros, pero los demás dirigentes se opusieron. Sin embargo, el malo Trump.
Cuando China sube los aranceles, nadie dice ni una sílaba. Reagan se destacó en los años ochenta por gravar con un 100% los productos electrónicos japoneses. Y cuando Obama —por ejemplo, un 35% a los neumáticos chinos y 546 medidas restrictivas para productos españoles— y Biden subieron los aranceles, tampoco. Pero, según los unánimes medios de comunicación, el malo es Trump.
Quienes se han pasado la vida condenando a los voraces capitalistas occidentales por instalar sus fábricas en países del tercer mundo para sacar beneficio de su mano de obra barata, ahora se llevan las manos a la cabeza porque Trump, con su política arancelaria, pretende devolver esas industrias a suelo estadounidense en beneficio de los obreros nacionales.
Quienes, como los comunistas, indigenistas y demás compañeros de viaje, llevan toda la vida clamando contra el libre comercio por explotador de los países pobres, ahora se han convertido en los más ardorosos librecambistas para oponerse a los aranceles de Trump.
Quienes, al menos durante las campañas electorales, anuncian sus intenciones de promover la creación de industrias para aumentar la riqueza nacional y dar trabajo a los parados, se escandalizan ahora de que precisamente eso sea lo que Trump persigue en su país con su política arancelaria.
Los superpacifistas gobernantes europeos, que llevan décadas adelgazando sus ejércitos hasta dejarlos en poco más que figurantes para desfiles —incluidos un José Bono que durante su etapa como ministro de Defensa proclamó su preferencia por morir antes que matar y su correligionario Pedro Sánchez, que ha llegado a declarar que el ministerio de Defensa sobra—, se han vuelto de repente de un militarista que asustaría a Rambo. Pero, como sigue firme en su voluntad de poner fin cuanto antes a la guerra de Ucrania, la amenaza contra el mundo es Trump.
No me gusta hablar del infierno y tengo mis razones porque he tenido pesadillas muy vívidas. Sin embargo, me siento obligada a tocar este tema ahora que todo el mundo se ha puesto de acuerdo en ignorarlo. Claro está que algunos dicen que el infierno es la ausencia de Dios y a mí me gustaría mucho creer eso, pero no es lo que dice en los evangelios ni en el antiguo testamento.
Tal vez sólo se trataba de asustar a la gente para que se portaran bien, pero lo cierto es que existe mucho más en el cielo y la tierra que lo que podemos verificar, Sancho; cada día los científicos encuentran algo nuevo inexplicable por la ciencia. Son muy conocidos los fenómenos que suceden cada día en todo el mundo sin que nadie comprenda su causa.
Especialmente, en el tema religioso, ha habido multitud de milagros eucarísticos y apariciones marianas. Los milagros atribuidos a ellos son incontables. Demasiados para que puedan ser imaginarios. Pero volviendo al tema del mal, no hay duda de que, con enfermedad o sin ella, existen también seres malignos entre nosotros. Qué nos hace creer entonces que no existan en la otra vida?.
El mundo vive de espaldas al cielo y al infierno. Quieren pensar que sus actos no tienen consecuencias. Incluso parte de la iglesia comparte este versión buenista de la realidad. Pero, y si no tenemos razón?, y si esiste el pecado y el infierno?. Podremos decir que nadie nos avisó?, o tendremos que cargar con nuestras culpas por la eternidad?. Y si no avisamos a otros será peor.
“Todo está bien por aquí”. La respuesta de David, que trabaja desde hace diecisiete años como guía turístico en la ciudad de Goma y sus alrededores, raramente varía al otro lado del teléfono. Uno tiende a pensar que el M23 (grupo rebelde financiado por Ruanda y que actúa desde 2022 en la provincia congoleña de Kivu Norte, cuya capital sería Goma) podría bombardear una mañana el patio de la casa de David y que éste contestaría con la misma calma de siempre, modulando la voz como es característico en él, de manera que muestre en pleno apocalipsis la paz y la resignación que pesa sobre los santos.
David contesta a los WhatsApp explicando que todo está en orden, sin novedad, para enviar a continuación un vídeo donde un grupo de paisanos suyos queman para después devorar a un ladronzuelo local que cogieron con las manos en la masa. Pregunta con jovialidad cuándo volveremos a vernos (pronto, David, te lo prometo) y después comparte otro vídeo: decenas de personas corren a zancadas largas, como huyendo de algo que no aparece en el encuadre pero que David explica que se tratan de militantes del M23, ese nombre que suena a maldición. Otras veces manda una foto de su último hijo nacido, Gabriel, que hizo un año el pasado mes de diciembre. David es una persona real, aunque escenifica en cierta medida esa metáfora que se interpreta como la rutina de una guerra. En la mañana de este lunes ocurrió un bombardeo en la localidad de Kibati, a siete kilómetros de su casa, pero David hace como si los estallidos hubiesen sonado en otro mundo, en otra dimensión.
“Ahora hay combates en Kibumba, pero están lejos, casi a veinte kilómetros”. Su familia está bien, gracias por preguntar. Las navidades fueron buenas, gracias por preguntar. Y no, sigue sin encontrar trabajo estable. Nadie quiere ir a ver los gorilas con David, pero esto no se debería a que David caiga mal a nadie, sino porque el congoleño escogió ser guía turístico en un recoveco del mundo donde es más probable que el turista se encuentre con una bala antes que con un gorila, y eso que los primates son difíciles de encontrar.
David es humano, y las letras que le definen arrastran un pedazo de la humanidad. La humanidad hace como si la guerra que llama a la puerta de su casa no ocurriera, entonces tiene sentido que David haga algo parecido: jugar a que la guerra no es real. Que todavía puede ser guía turístico en un lugar donde todas las embajadas recomiendan encarecidamente evitar los desplazamientos bajo cualquier circunstancia. En diciembre, cuenta, unos turistas alemanes le contrataron (los primeros que le contratan desde hace ocho meses) y la pequeña excursión de dos días que hizo con ellos sirve para que pueda prorrogar la ficción durante ocho meses más. Hacer como que la guerra no es de verdad parece una alternativa razonable para este congoleño de sonrisa fácil y ojos expresivos.
El 27 de diciembre de 2024, más o menos por las mismas fechas en que David se aferraba al escollo de los turistas alemanes, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas publicó un extenso informe acerca de la situación de seguridad del este de República Democrática del Congo. Dicho informe reiteraba la participación directa de Ruanda en las operaciones del M23, una información ya por todos conocida, mientras que los ataques registrados una y otra vez desde hace dos años en Kivu Norte no consiguen aún que ningún presidente europeo, chino, ruso o estadounidense mire de frente a una cámara de televisión para decir que Ruanda está en guerra con República Democrática del Congo porque Ruanda está atacando a República Democrática del Congo.
El informe menciona que 150 toneladas de coltán han sido trasladadas de forma ilegal a Ruanda en el segundo semestre de 2024. Que el M23 recibe apoyo de los servicios de inteligencia ruandeses y de sus fuerzas armadas. Que el M23 controla el sector minero de Rubaya para luego introducir las materias primas extraídas en el flujo comercial ruandés. Que la extracción de coltán en Rubaya beneficia tanto al M23 como a la economía ruandesa. Que antiguos combatientes del grupo rebelde confirman en repetidas ocasiones la presencia de instructores del ejército de Ruanda y de Uganda.
Curiosamente, desde Kigali niegan su implicación en todo lo referente al M23, pero también se niegan a “retirar sus fuerzas” de RDC hasta que los congoleños no cumplan con lo que piden por su parte. Su parte, el exterminio absoluto de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), un grupo armado de composición étnica hutu, formado en el año 2000 y que hoy no llega al medio millar de integrantes. Sus actos se han reducido históricamente al territorio congoleño… mientras los ruandeses excusan sus agresiones en la amenaza que suponen las FDLR para ellos… pese a que las FDLR actúen en territorio congoleño. No deja de ser paradójico que unos ruandeses que asesinan a congoleños sean, según Kinsasa, una amenaza para los ruandeses y no para los congoleños. No deja de ser paradójico e incluso ridículo que Ruanda se niegue a retirar a unas fuerzas que niega tener, pero quienes atendieron en las matemáticas del colegio saben que un doble negativo deriva en un positivo imperturbable; y Ruanda aparece hasta 146 veces mencionada en un informe que habla de la situación de seguridad del país vecino.
Thierry es el jefe del hospital de Kirotshe, a 30 kilómetros de Goma. Su visión del mundo difiere de la de David. Es más oscura, quizás porque Thierry no puede permitirse negar la realidad. Kirotshe se encuentra hoy en manos del M23 y Thierry tuvo que escapar antes de que le rebanaran el cuello, cuando los rebeldes tomaron la diminuta localidad. Era un importante jefe de hospital y ahora es un desplazado, un ciudadano de tercera categoría. Sus respuestas suelen limitarse a monosílabos desde que perdió su casa, pero aún acierta a decir que el 90% de la población de Kirotshe ha huido de sus hogares y que “quienes se quedaron, sobreviven con enormes dificultades”.
Pero Thierry no existe, o es como si no existiera. Si la guerra no es de verdad, es de suponer que tampoco lo son las 2.4 millones de personas que viven en Kivu Norte como desplazados internos. Muerto el perro, se acabó la rabia. El terrorismo islámico recrudece sus acciones
El informe de 162 páginas publicado en diciembre por Naciones Unidas perpetúa esta extraña contorsión de realidades. Menciona también la lucha en curso entre el gobierno congoleño y el terrorismo islámico que actúa en Kivu Norte bajo el nombre de las Fuerzas Aliadas Democráticas (ADF por sus siglas en inglés). Se dice que los ataques han aumentado en los últimos tiempos y que el Estado Islámico ha reivindicado entre junio y octubre de 2024 un total de 111 ataques ejecutados por su filial congoleña. Que 650 civiles fueron asesinados por las ADF entre junio y principios de noviembre, donde sólo en el pasado mes de junio fueron 200 muertes las que hubo que lamentar. La confusión de realidades llega cuando Uganda coopera con el ejército congoleño a la hora de combatir a este enemigo fanático.
Basta recorrer unos pocos kilómetros en Kivu Norte, aplicando la fantástica metodología de David, para que Uganda pase de ser un enemigo íntimo por colaborar con el M23 a un aliado inquebrantable para los congoleños. Un comunicado publicado por el Estado Islámico en junio de 2024, en el medio digital an-Nabā’, incluso señala que fuerzas congoleñas y ruandesas también colaboran para combatir contra ellos, sea cierto o no (los terroristas no son la mejor fuente de información). Es evidente que queda algo de poso, sin embargo. El informe recalca que Uganda ha realizado operaciones en suelo congoleño sin solicitar permiso previo a las autoridades, igual que han llevado a cabo traslados de prisioneros sin consultarlo antes con sus aliados, entre otras formas de pisotear la soberanía de un país (República Democrática del Congo) ya dado de sí por las patadas.
David espera con entusiasmo a que el periodista español regrese a su tierra; Thierry responde con un tono lúgubre: “pienso que nos veremos si Dios nos sigue dando vida”. Sólo queda darle ánimos vacíos al doctor y fingir que su drama concluirá pronto. ARCHIVADO EN:
Elabortose consolidó como laprincipal causa de muerte a nivel globalen 2024 con más de 45 millones de víctimas, según datos deWorldometer. Esta cifra representamás del 42% del total demuertes en el año, superando combinadamente las muertes por cáncer, VIH/SIDA y accidentes de tráfico.
En España se sigue imponiendo la cultura de la muerte: se elaboran leyes y se anulan protocolos para ocultar toda la información a la madre e instarla a acabar con la vida de su hijo. En 2023 (últimas estadísticas conocidas) se practicaron un total de 103.097 abortos (casi el 25% de los embarazos), 4.781 más que en 2022, lo que representa un aumento del 4,8% en un año y del 8,7% con respecto a 2014, cuando se registraron 94.796 abortos.
En Estados Unidos, el aborto se posiciona como una de las causas más significativas de mortalidad, siendo responsable de aproximadamente un tercio de las muertes anuales en el país. Las comunidades afroamericanas son las más afectadas, con estadísticas que indican que más del 60% de las muertes en este grupo se deben a abortos.
Se refiere a un fallo que tenían antes las armas, que al disparar herían al atacante. Se dice cuando a alguien le perjudican sus propias acciones.
Generalmente se refiere a malos actos, de manera que es una justicia poètica. Por ejemplo, cuando el estado ataca a la iglesia, hace que le presten mayor atención.
Llamaron a la puerta de mi casa. ¡Somos del Ministerio de la Guerra, vamos casa por casa repartiendo fusiles para el conflicto bélico! ¡Hay que estar preparados! Aquello me hizo reaccionar de inmediato: ¿Quién es el enemigo? —pregunté. Nadie supo responderme. Tampoco ellos lo sabían.
Bajo mi humilde opinión, el enemigo es aquél que se sitúa uno enfrente del otro; de tal manera que alguien ordena a cada tirador que dispare al sujeto opuesto. Basta un fusil y algo de munición para que la secuencia de un combate bélico quede entre el enemigo de allí y el enemigo de este otro lado. Así pues, adversario uno, y adversario el otro, ambos forman parte de lo conocido como guerra, lugar en donde el escenario se vuelve oscuro porque uno mata y otro muere. ¿Y después?
Ante esta situación prebélica, fabricada por vayan ustedes a saber, uno pierde la orientación de lo que somos y por quiénes estamos gobernados. El enemigo de toda la vida se supone que ha de ser el invasor de casa ajena; pues bien, Europa se ha puesto a cavar trincheras y poco menos que a meternos el miedo en el cuerpo, comprometiendo nuestro estado de sosiego. Ante este aprieto, ¿cómo saber en realidad quién es el auténtico enemigo? ¿Los que nos atemorizan dentro de casa, o los que dicen tener miles de ojivas nucleares para darnos matarile? Y por qué.
Les aseguro que no hay peor enemigo que nosotros mismos. La indolencia de la mayoría silenciosa, incapaz de situarse en su papel dentro de la sociedad, es lo que impide dar paso a la acción-reacción frente a los verdaderos problemas colectivos. No olvidemos que al nuevo orden moral, basado en la sumisión controlada, en donde a los políticos se les considera seres de luz o nuevos apóstoles terrenales, les importamos la friolera cantidad de la nada más absoluta. A partir de ahí, el camino hacia el cadalso es la pena negra de nuestro destino.
Si queremos salir de la beata aceptación de nuestra suerte como especie humana, no queda otra que el despertar del estado comatoso ante el preocupante devenir que se viene gestando. Es nuestro futuro, el de nuestros hijos, familias o amigos lo que está en juego por un convenio de hacer la guerra traído por energúmenos dedicados a crear muerte y destrucción en detrimento de las víctimas inocentes y en beneficio de los de siempre.
Uno añora aquella cruzada del “No a la guerra” que tanto juego y rédito dio para la ocasión, aunque solo fuera por idealismo conceptual. Nos movilizamos porque aquello era una sinrazón como lo son todas las crueldades bélicas. Eran otras las circunstancias y también los intereses políticos; por concordatos o sin ellos, el rechazo por lo de Irán y sus armas de destrucción masiva tomó las calles como lo deberíamos hacer ahora mismo, aunque solo fuera por complicidad con nuestra propia vida y la de los nuestros.
Bruselas nos transmite negros nubarrones. Por eso vienen las urgencias de doña Úrsula. Quieren que seamos beligerantes en primera persona, por lo que, según ellos, debemos estar preparados; tanto es así que el Gobierno de Bélgica ya ha instado a las universidades a que comiencen a instruir a los estudiantes de medicina en el desempeño de labores sanitarias ante la alta posibilidad de guerra. El “más vale prevenir que curar” siempre me pareció una necesaria medida en todos los órdenes de la vida, pero ahora mismo, si la situación es la que es, según los “expertos” en calamidades, no nos queda otra que, como antes apunté, abandonar mantras hipnóticos y salir a la calle rechazando cualquier acto belicoso.
A mi juicio, quien no entienda esta situación debe considerar que lo que acontece a nuestro alrededor debiera abrirnos la mente para hacer valer un “No a la guerra” inmediato y global ante la estupidez de esas “minorías excelentes” que a la hora de la verdad nos venderán al mejor postor.
Las terapias de conversión sexual, especialmente aquellas relacionadas con la atracción hacia el mismo sexo, han suscitado intensos debates en los medios de comunicación y la sociedad en general. Pues el término mismo, «conversión», puede generar confusión y malentendidos.
En este contexto, el Dr. José María Simón Castellví, presidente emérito de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), aporta una reflexión fundamentada desde su experiencia profesional y basada en los principios de la ética médica.
Ofrecer un camino de vida
Desde hace años, la FIAMC ha abordado diversos trastornos afectivo-sexuales mediante un enfoque profesional y discreto. Esto incluye casos relacionados con la atracción hacia el mismo sexo, pero también otros comportamientos como la poligamia y las adicciones sexuales o afectivas.
Este trabajo, que en ocasiones se acompaña de la orientación espiritual, busca ayudar a quienes se sienten en conflicto con sus impulsos o su estilo de vida, respetando siempre la dignidad de la persona y la complejidad de su experiencia.
Los profesionales de la salud mental, como psiquiatras y psicólogos, tienen la responsabilidad de atender a personas que experimentan disonancia entre sus deseos y sus valores (egodistonía).
En muchos casos, estos individuos se encuentran atrapados en patrones de vida que generan un profundo vacío existencial, con frecuencia acompañado de comportamientos promíscuos, abuso de sustancias o crisis afectivas.
Frente a esta realidad, la intervención médica y espiritual busca no solo aliviar el sufrimiento inmediato, sino también ofrecer un camino hacia una vida más equilibrada y significativa.
Principios éticos fundamentales
Un principio esencial en cualquier intervención médica es el de «primum non nocere» (primero, no hacer daño). Este principio guía las terapias de conversión sexual que, según el Dr. Simón Castellví, deben cumplir con los siguientes criterios:
Consentimiento Libre e Informado: Las terapias solo deben ofrecerse a personas que las soliciten voluntariamente y sin coacción.
Evidencia Científica: Los métodos empleados deben estar fundamentados en la ciencia actual y ser eficaces para los objetivos planteados.
Cuidado Integral: Es esencial proteger las dimensiones biopsicosociales, familiares y espirituales del individuo, evitando cualquier tipo de daño psicológico o físico.
Además, para algunas personas, la dimensión espiritual juega un papel crucial en su proceso de transformación. Un encuentro profundo con la figura de Jesús puede ofrecer un punto de apoyo trascendental para superar y sanar sus conflictos internos. Este acompañamiento espiritual, lejos de ser una imposición, se presenta como un recurso adicional para quienes buscan reconciliar sus sentimientos y valores.
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2357-2359) enseña que las personas con atracción hacia el mismo sexo deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza, evitando cualquier signo de discriminación. Sin embargo, también reconoce que los actos homosexuales no son conformes al designio divino para la sexualidad humana. En este marco, se anima a quienes experimentan esta atracción a vivir la virtud de la castidad, contando con el apoyo de la comunidad eclesial y, si es necesario, de profesionales de la salud.
El debate cultural
Un aspecto crítico señalado por el Dr. José María Simón es la falta de libertad para discutir abiertamente sobre la atracción hacia el mismo sexo en muchas sociedades occidentales.
Cualquier argumento que se desvíe del pensamiento dominante corre el riesgo de ser censurado, y quienes los expresan, de ser estigmatizados.
Esta dinámica dificulta el diálogo abierto y limita la posibilidad de explorar alternativas que puedan ser útiles para quienes buscan asistencia.
La FIAMC, en su documento sobre la atracción por el mismo sexo, sostiene que esta tiene tanto bases genéticas como ambientales.
La interacción entre estos factores influye en la orientación de la persona, pero sentir no equivale a consentir.
Así, si alguien siente atracción por el mismo sexo pero decide evitar relaciones sexuales contrarias a sus valores o creencias, esa decisión debe ser respetada y, en ciertos contextos, incluso valorada.
No se trata de imponer cambios a quienes no los desean, sino de acompañar con amor y caridad a quienes libremente buscan ayuda para vivir en coherencia.
Las terapias que buscan ayudar a estas personas se basan en el principio de libertad.
Esto significa que nadie debe ser obligado a participar en una terapia de conversión, pero tampoco se debe negar a alguien el derecho de buscarla si lo hace de manera voluntaria y consciente.
La libertad para buscar ayuda espiritual, psicológica o médica es parte del respeto a la autonomía y la dignidad personal.
No es un secreto, ni un dato que no se conozca, o que esté por investigar. Pero es indudable que el brutal genocidio cristiano acometido por las checas republicanas en el comienzo de la Guerra Civil forma parte de esa memoria que no se quiere recuperar y que permanece, en gran medida, escondida en algún desvencijado cajón de la Historia.
Y, sin embargo, no estamos hablando de una cuestión menor. 6.845 religiosos fueron ejecutados, fundamentalmente entre los años 1936 y comienzos de 1937, incluyendo obispos (12), un administrador apostólico, sacerdotes (4.184), religiosos (2.365) y monjas (283). Pero ellos son sólo una parte del gran genocidio cristiano cometido por el bando republicano, el más grave de la historia de Europa hasta la fecha, y durante mucho tiempo después. A esos casi 7.000 miembros del clero hay que sumar 3.000 seglares de Acción Católica y otros 10.000 miembros más de otras asociaciones eclesiásticas como la Adoración Nocturna. Cerca de 20.000 ejecuciones.
Y eso sin mencionar los cientos de iglesias que fueron destruidas, dañadas gravemente o asaltadas, incluido una parte importante del patrimonio artístico que contenían: desde pinturas, a esculturas, sagrarios, indumentarias eclesiales de carácter histórico, y los archivos documentales que albergaban las iglesias. Esto último ha afectado de forma significativa a investigaciones posteriores. “Los historiadores nos vemos muy condicionados por la destrucción del patrimonio de la Guerra Civil”, explica Javier Burrieza, profesor de la Universidad de Valladolid. “En algunas zonas carecemos de archivos diocesanos y eso viene de entonces”.
Para hacernos una idea del tratamiento que ha recibido este capítulo de la historia de España, cabe recordar que, durante mucho tiempo, el libro de referencia sobre la persecución religiosa del bando republicano fue La ira sagrada, de Manuel Delgado, que básicamente justificaba aquel ejercicio de violencia y muerte. Se nos decía que eran fruto de la justa ira del pueblo por la complicidad de la Iglesia Católica hacia los poderosos, que explotaban a los obreros y a la gente humilde. Pero ningún comité revolucionario hizo distingos entre unos y otros clérigos; salvo excepciones, los religiosos que más comprometidos estaban con los pobres tampoco se salvaron. Este reproche a la complicidad de la Iglesia no es una idea nueva, aunque ha llegado hasta nosotros con gran vigor. En realidad, es el mensaje que lanzaban en la época 146 periódicos de naturaleza anticlerical que contribuyeron a crear un clima exacerbado y violento de odio a la Iglesia (y, en esta ocasión, la palabra ‘odio’ está más que perfectamente justificada). Mensajes como: “no vaciléis en atacar edificios religiosos al margen de su valor histórico”, o “la Iglesia debe ser arrancada de cuajo de nuestro suelo”, eran habituales.
Lo explica Ismael Arevalillo, un historiador agustino segoviano, aunque afincado en Valladolid, que acaba de publicar su ensayo Checas y cárceles del Frente Popular. El Gólgota de la Iglesia Católica en la Guerra Civil Española. No busquen esta obra en editoriales de postín, como tampoco la que le precedió: Memoria del pasado. Así se destruyó y expolió el patrimonio artístico-religioso en España durante la Guerra Civil. Pese a que algunos ensayos sobre esta tragedia van abriéndose hueco en las librerías, estos dos libros en concreto han visto la luz gracias a la labor de la Editorial Agustiniana y a Galland Books.
Son libros que están llamados a servir de base para otros que vengan después, pues su principal virtud es documentar, detallada y prolijamente, todas y cada una de las muertes y agresiones (personales y materiales) en cada una de las provincias de España. Como fuentes principales aparecen los expedientes de la Causa General (que se custodian en el Centro de la Memoria Histórica de Salamanca), pero también los que se conservan en los archivos vaticanos, que Arevalillo pudo consultar durante tres meses para su libro sobre las checas, y que son una aportación inédita hasta la fecha. En estos archivos se atesoran los informes que el nuncio del papa Pío XI recabó de las distintas diócesis españolas que habían sufrido los ataques de los milicianos. En total, casi 800 notas a pie de página dan cuenta de las diversas fuentes documentales utilizadas para cada suceso relatado.
A menudo ha intentado desligarse esta masacre religiosa del Gobierno de la República, indicando que los asesinatos fueron cometidos por personas ajenas a la institucionalidad republicana. Hay una parte de verdad en esto: entre los testimonios recogidos por Arevalillo, encontrará el lector no pocos casos en los que las autoridades oficiales aseguran personalmente a los religiosos su seguridad e intentan garantizarla. Pero son incapaces de hacerlo, pues se impone el criterio de los Comités Revolucionarios, especialmente en zonas dominadas por los anarquistas, pero no sólo en ellas.
Ningún episodio como el del genocidio cristiano revela más a las claras la voladura de la legitimidad oficial que se produjo en el bando republicano, tras el estallido de la Guerra Civil, donde milicianos de la UGT, CNT, PSOE o PCE gestionaban checas y cárceles con muy notable autonomía con respecto a las autoridades civiles, y al margen de su criterio. De modo que es verdad que ningún organismo oficial ordenó los asesinatos, pero no fueron capaces de impedirlos, y en muchas ocasiones, ni siquiera lo intentaron, o los alentaron.
Arevalillo explica que el modelo de las checas lo importó la República del todavía joven régimen soviético de la URSS, a través del general Orlov, que asesoró en el diseño de las prisiones y sobre los métodos de tortura. Estamos ante una muestra clara de la influencia que los comunistas soviéticos lograron alcanzar en el Gobierno del Frente Popular.
El modo de funcionamiento lo explicaba muy bien la película Rojo y Negro (1942), de Carlos Arévalo. Todo comenzaba por una denuncia anónima que llevaba a los milicianos a presentarse en una casa para registrarla en busca de documentos incriminatorios (un carné de la Adoración Nocturna, y no digamos de Falange, eran más que suficientes) y, de paso, para practicar el pillaje. En caso de encontrarse algo, la persona era detenida y traslada a la checa más próxima, o alguna cárcel con similar misión. Allí los presos eran mal alimentados y convivían en situaciones higiénicas deplorables, conviviendo con sus propios orines y defecaciones en muchos casos. En las checas los detenidos eran interrogados, a menudo de forma violenta, para intentar identificar a otras personas. Hasta que llegaba un día en que se dictaba sentencia de muerte y eran trasladados a algún cementerio próximo donde se les daba muerte. En el caso de los religiosos, a veces se quemaba su cuerpo, o se mutilaba después de muerto. El obispo de Barbastro, Florentino Asensio, tuvo peor suerte, pues le extirparon los testículos el día antes de su ejecución y le obligaron a ir, herido y desangrándose, hasta el lugar de su muerte. Allí la primera tanda de disparos no le mató, y aún tuvo que sufrir dos horas de agonía hasta que una bala lo remató y acabó con su dolor.
Paradójicamente, la película Rojo y negro, apenas logró distribución en la época, lo que la convirtió en una película extrañamente maldita, pese a ser su autor falangista. Una de las razones probables es que ya por entonces a Franco no le interesaba insistir en las crueldades de los republicanos. Su régimen era sólido y aspiraba a la legitimidad internacional que recibiría merced a su alianza con el Gobierno de los Estados Unidos. De modo que el franquismo dedicó apenas un lustro a denunciar el genocidio religioso, para sustituir, poco después, la crítica a aquellos desmanes por una decidida apelación a la concordia y a la reconciliación. Esto explica el olvido del episodio en la cultura popular. Ni siquiera el franquismo se esforzó en ello, y mucho menos el cine de la democracia, que sólo excepcionalmente ha tratado el tema.
El número de checas dependía de cada zona, pero en algunas grandes capitales llegaron a ser muy numerosas: En Valencia están documentadas cerca de un centenar, y 350 en Madrid. No por casualidad Agustín de Foxá tituló su novela ambientada en la Guerra Civil Madrid, de corte a checa. “La situación que vivían los presos eran espantosa”, explica Ismael Arevalillo. “Al trato inhumano, por falta de alimentos y de higiene, le acompañaba la tortura física: collares eléctricos, celdas enanas donde debían permanecer encorvados, sillas con descargas eléctricas, látigos…”. Y a todo ello se unía la tortura psicológica. La más habitual era el simulacro de fusilamiento, pero también abundaban los insultos y desprecios, así como la incitación a los religiosos para que apostataran de su fe. En algunos casos incluso eran tentados por alguna miliciana o prostituta con los placeres de la carne, para intentar que flaquearan en su fe y vocación. Con todo, incluso en circunstancias tan desgraciadas se dieron comportamientos ejemplares de contención, generosidad y ausencia de odio hacia sus ejecutores, de las que también da cumplida cuenta el trabajo del historiador.
En cuanto a la destrucción del patrimonio artístico, la enumeración de templos y objetos de arte destruidos o saqueados es inmensa. En este caso, hay que aclarar que el saqueo se inició durante los meses de Gobierno del Frente Popular, antes del estallido de la Guerra Civil. Entre el invierno de 1935 y la primavera de 1936 cientos de iglesias fueron incendiadas, saqueadas o asaltadas, mientras que otras fueron incautadas por las autoridades. Pero, además, decenas de sacerdotes fueron amenazados y obligados a salir de sus parroquias mientras sus casas rectorales eran incendiadas o saqueadas. Asimismo, fueron profanados cementerios y sepulturas, pisoteadas las sagradas formas y profanado el Santísimo. Todo antes de que estallara la guerra.
La destrucción de patrimonio afectó no sólo a edificios, sino también a cuadros, obras de imaginería y orfebrería, “debidas algunas a las más nombradas firmas de la tradición española”. Arevalillo resalta que esta destrucción patrimonial es “un hecho singular” de los republicanos españoles “pues en otros países donde se asentó un régimen comunista, el patrimonio cultural quedó intacto, como fue en la República Checa y en otros Estados que, tras la Segunda Guerra Mundial, quedaron ubicados en el Bloque del Este”.
Aquí, en cambio, la profanación de imágenes fue una práctica general, especialmente las del Cristo Crucificado y la Virgen María. “Las que no fueron reducidas por el fuego, fueron destruidas o mutiladas de diferentes maneras”. A las tallas hay que añadir los ornamentos religiosos, que fueron reducidos a cenizas o robados, así como los cálices, coronas o copones, muchas de ellas de gran valor y antigüedad. “Cabe reconocer el papel de algunos fieles que lograron esconder y salvar algunas alhajas y ornamentos, aún a riesgo de su propia vida”, recuerda el historiador agustino.
Entre todas estas piezas, y edificios, muchos procedían del periodo de los Reyes Católicos (ahora tan de actualidad). Reyes que se han beneficiado de una de las pocas series históricas de televisión satisfactorias, Isabel, protagonizada por Michelle Jenner y Rodolfo Sancho. Del periodo de los Reyes Católicos procedían muchos de los documentos que albergaban los archivos diocesanos más antiguos de entre los destruidos. Pero también torres, arcadas y templos arrasados procedían de aquel periodo histórico. Por no hablar de imágenes, esculturas e indumentarias donadas por los Reyes. Y respecto a la autoría de las obras vandalizadas incluyen desde esculturas de Juan de Mena (en Alicante), Gregorio Fernández (Guipúzcoa), Berruguete (Jaén), Pedro de Mena (Madrid) a cuadros de Goya o Claudio Coello (Madrid), Alonso Cano o Murillo (Almería), entre otros muchos que el libro ‘Memoria del pasado’ documenta prolijamente.
Objetos, inmuebles y, sobre todo, personas que fueron víctimas de una exacerbada manifestación de odio religioso sin parangón en Europa y de la que los españoles, o al menos la mayoría de ellos, lo ignoran casi todo. Todavía hoy. La memoria histórica no alcanza a estos episodios trágicos.