Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

viernes, 23 de agosto de 2024

Testimonio de una mujer francesa sobre la inmigración ilegal


“Tengo 26 años, soy rubia de ojos claros y siempre he vivido en el distrito 6 de Lyon, que se considera la zona más elegante. Y mi vida diaria se ha vuelto insoportable. Escribo esto porque hace diez años podía salir con mis amigas por la noche, a cualquier hora, sin que me molestaran, me insultaran, me persiguieran o me apuñalaran. 


Menciono lo de apuñalar porque, hace tres años, mi novio y dos de sus amigos fueron abordados por un grupo de hombres cuando volvían a casa. Los rodearon y le robaron el móvil a uno de ellos. Intentaron defenderse y mi novio, aunque juega al rugby y está muy fuerte, se llevó un navajazo en el brazo al protegerse el cuello, que era el objetivo. Intentaron apuñalarle en el cuello. 


En cuanto a mí, a menudo me siguen hombres, me insultan porque no les contesto o porque les digo que tengo novio. Un día, me escupieron. Cada vez es más frecuente que me silben como a un perro, o me hagan ‘ksksks’ como a un gato. Me han pasado cosas del estilo una treinta veces, solo durante el último año.


Hace seis meses adoptamos un cachorrito. Una noche, mi novio salió a pasearlo a las 9 de la noche y tres hombres intentaron robarle el cachorro. Desde entonces, solo salimos por la noche en pareja y yo siempre llevo spray de pimienta en el bolso. 


En nuestro barrio, justo en nuestra cuadra, hay tres puntos de venta de droga que operan constantemente. Día y noche. Con todo lo que eso conlleva: vigilantes paseándose y merodeando delante de nuestra casa, gritando, drogándose y molestando a la gente, sobre todo a las mujeres. 


Todos los hechos que he mencionado (y solo son una parte de lo que hemos pasado) son obra de hombres de origen subsahariano o norteafricano. Un hombre blanco nunca se ha comportado conmigo de esa manera.


¿Es racista denunciar en qué se ha convertido mi vida diaria como mujer por culpa de la inmigración? ¿Es mi realidad, mi vida diaria, racista? ¿No tengo tanto derecho como cualquier otra persona de denunciar actos de violencia traumáticos, simplemente porque los cometen extranjeros o inmigrantes?


Para ser claros, no me he referido a los hombres en general, sino específicamente a hombres (a veces menores de edad) de origen inmigrante.


Ahora, y desde hace unos cuatro años, la forma en que vivo mi vida ha tenido que cambiar para vivir con esta inseguridad constante. Ahora vivo con un spray de pimienta en la puerta de casa, una pistola ‘taser’ y una pistola falsa, después de sufrir un intento de robo. Hemos puesto una cerradura adicional en la puerta de casa. Tenemos una cámara de seguridad en el piso. En el bolso llevo un segundo spray de pimienta; en el llavero, un mosquetón de bronce. Nunca entro en un edificio sin mirar antes a ambos lados de la calle, por si me está siguiendo un hombre. Nunca hago contacto visual, ya sabéis con quién. Cambio a la otra acera constantemente. Ya no salgo sola de casa después de las 9 de la noche. Ya no uso el transporte público por razones obvias. Tengo miedo cuando estoy sola en casa. Tengo miedo cuando salgo de casa. Ahora siempre tengo miedo. 


No quiero este futuro para mis hijos que, por suerte, aún no están aquí. No entiendo a la gente que no ve que Francia se está convirtiendo en una cuna de inseguridad a causa de los inmigrantes. Inseguridad para las mujeres, pero también para los hombres.

jueves, 22 de agosto de 2024

Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo

 Las personas tibias son el peligro porque se dejan engañar y actúan como manada. De alguien bravo sabes lo que puedes esperar, para bien o para mal. La gente mansa es impredecible. Se deja llevar por la corriente.

A lo largo de estos casi dieciocho años de blog he tenido muchas disputas. Sin embargo, me preocupa màs que la gente no se defina. No hay peor desprecio que la indiferencia.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Le da vergüenza al PP ser de derechas?, por Luis Ventoso

 Oh sorpresa: la socialdemocracia no inventó la protección del Estado. En 1889, Alemania se convirtió en el primer país en crear un sistema de pensiones. Gobernaba un tal Otto von Bismarck, apodado el Canciller de Hierro, que me temo no era muy de izquierdas, sino exactamente lo contrario.

En 1908, se aprueba en el Reino Unido la Coal Miners Eight Hours Act, que fija la jornada laboral en las minas en un máximo de ocho horas. Su impulsor es un joven ministro de corazón conservador, enrolado entonces en el Partido Liberal que gobernaba. Al año siguiente, ese impetuoso ministro impulsa el primer modelo de subsidio de paro. Probablemente ustedes conocen a aquel intrépido reformista: se llamaba Winston Churchill, futuro gran primer ministro tory.

Sin embargo, es cierto que tras la Segunda Guerra Mundial la izquierda es quien extiende en Europa la malla de lo que hoy llamamos el «Estado de bienestar». La creación de esa suerte de red de seguridad se convirtió en su gran aportación política. Pero acabó surgiéndole un problema: a la derecha le gustó el invento y lo incorporó a su propia oferta programática. La izquierda se encontró metida en un brete: si la derecha se ha apropiado de mi idea estrella, y si además resulta que gestionan la economía mejor que yo, ¿qué puedo vender al público para seguir resultando atractivo en las urnas?

La respuesta de la izquierda consistió en trasladar su discurso desde el bolsillo a los corazones y la entrepierna, inventando y promocionando lo que dieron en llamar «nuevos derechos». Además cambiaron su nombre, pasando de socialismo a «progresismo», que sonaba más guay y sin las connotaciones negativas que arrastraba –por méritos propios– la ideología socialista.

La bandera estelar de la «izquierda progresista» pasó a estar conformada por un cóctel en el que se revuelven los siguientes ingredientes:

-Negación de la dimensión trascendente del ser humano y promoción de un gran YO egotista.

-Primacía absoluta del Estado, al que el ciudadano alquila parcelas de su libertad para que el Gran Leviatán providencial lo pastoree en cada acto de su vida (pública, económica y privada).

-Un feminismo híper politizado y victimista.

-Promoción de la subcultura de la muerte (aborto y eutanasia) como «derechos».

-Corrección política, que acaba degenerando en formas de autocensura.

-Alarmismo climático, hasta el extremo de convertirlo en una seudo religión pagana.

-Promoción de una igualación a la baja y de la aversión a «los ricos» (categoría en la que incluyen a la clase media próspera).

-«Superación» de la familia tradicional abriéndose a «nuevos modelos».

-Fomento de la homosexualidad y la transexualidad, presentando como víctimas a las personas con esas opciones sexuales y llegando en las formulaciones más extremas a negar el hecho bilógico del hombre y la mujer.

Todo ese conglomerado, el programa de la izquierda actual, conforma lo que algunos denominan el «wokismo». Por eso el líder de la oposición demuestra que no se ha enterado –o que comparte la ideología social de la izquierda– cuando sale a celebrar el «Orgullo», los festejos homosexuales anuales, con unos términos que no difieren de los que emplearía cualquier ministro del PSOE o de Sumar (amén del manifiesto que ha emitido su partido al respecto). Una cosa es respetar la opción sexual de cada cual, algo en lo que todos estamos de acuerdo, y otra distinta es el llamado Orgullo, una evidente bandera política de la izquierda, a la que el PP se suma presto mostrando su complejo de inferioridad ante el mal llamado «progresismo».

Este debate es muy interesante, pues conduce a una pregunta clave: ¿Quiere el PP ser todavía un partido de centro-derecha, o más bien se avergüenza de ser de derechas y va camino de convertirse en algo similar a lo que era Ciudadanos?

Si el actual PP no acaba de ser realmente un partido liberal en economía, y si en lo que hace a los temas morales se instala en los parámetros de la izquierda, ¿cuál es su diferencia con el PSOE de Sánchez? ¿Estriba tan solo en cumplir la Constitución, respetar las reglas y ceder menos ante los separatistas? ¿En todo lo demás comparte el modelo que nos ha traído la ingeniería social del PSOE?

Si renuncia a la batalla ideológica para acomodarse en el marco de lo que podríamos llamar «el consenso progresista», Feijóo garantizará la existencia y el crecimiento de Vox. Vayan despertando en Génova: 99% de los votantes del PP lo apoyan porque quieren unas ideas moderadas de centro-derecha o derecha, no de centro-izquierda.

Ayuso y Almeida, por ejemplo, lo han entendido y marcan distancias ideológicas con el socialismo. Antes de que lleguen las elecciones, al PP le vendría bien organizar un gran congreso ideológico para decirnos claramente qué quiere ser, porque a día de hoy no está del todo claro. En sus estatutos sigue figurando el humanismo cristiano como una de sus divisas. Pero algo no encaja cuando en la práctica se entrega al ensalzamiento de los fastos gais, como hace Sánchez, que incluso ha colgado una inmensa banderola arcoíris en una torre de la Moncloa, para dar así fe de que es un gran estandarte de la izquierda.

España necesita una derecha moderada, constructiva, argumentativa y alejada de los aspavientos populistas. Pero eso no puede confundirse con una suerte de PSOE light.

 https://www.eldebate.com/opinion/20240629/le-da-verguenza-pp-derechas_209234.html

martes, 20 de agosto de 2024

El arte acomplejado, por Itxu Díaz

 

Como últimamente los haters me insultan un poco menos de lo habitual, me dispongo a consignar un artículo elitista y clasista. ¿En serio Itxu Díaz es elitista? Muchísimo. Desde que me levanto hasta la hora de almorzar, y después ya todo el día. Soy felizmente elitista y estoy en contra de que tipos con el mismo perímetro cerebral que una pulga enana emprendan proyectos intelectuales y morales para los que no están capacitados. Los museos no son para todo el mundo. Como tampoco lo son las universidades. Como tampoco lo es el arte, ni el cine, ni la literatura. Saber leer y escribir sin demasiadas faltas de ortografía es un avance encomiable con respecto a los analfabetos, pero no es suficiente como para aventurarse a cancelar pasajes de El Quijote, incluso aunque pertenezcas a una minoría, o a un colectivo de izquierdas, o aunque te haya caído del cielo un cargo político.

El arte de ayer, el bagaje cultural de la civilización occidental, es algo superior a la media. Quiero decir que un idiota no puede disfrutar cualquier obra de arte. Un tonto que contempla con anteojos contemporáneos un cuadro o lee un libro de hace cuatro siglos se equivoca en todo, pero sobre todo se equivoca en creer que esa herencia cultural le pertenece. No. Si esa obra de arte hubiera caído en manos de ese tonto, con toda probabilidad, no se habría conservado hasta hoy intacta en un museo. De modo que lo primero que debemos hacer para seguir conservando el bagaje artístico de Occidente es pedirles a los idiotas que se mantengan al margen de aquello que no ennoblece intelectual y sensorialmente a nuestra civilización.

Hay bobos que la emprenden contra una escultura o un cuadro porque creen que son capaces de comprenderlas y hablar de ellas sin hacer el ridículo, algo que nunca se atreverían a hacer con la Suma Teológica de Santo Tomás, o con la obra de Martin Heidegger; de algún modo lo dejan al margen porque asumen que no están capacitados para abordarlo sin que les reviente el cerebro. Y ahí está el error. No, los dementes que han obligado a varios museos a instalar paneles aclaratorios sobre por qué las esculturas antiguas eran tan blancas y a incluir junto a las obras arengas contra el racismo, no están capacitados para contemplar las obras maestras de Grecia y Roma. Está capacitado para ir a un programa de televisión a decir tonterías, para dar charlas a sus adeptos a la secta, o para intentar poner de moda un hasthag en Twitter, pero carece de la formación, la decencia intelectual, y la capacidad de absorción de belleza necesarias para sentarse frente a una obra clásica y formarse un juicio de valor sobre lo que hay más allá de sus narices.

Hace algunos meses, un ilustre idiota localizado en un instituto de Massachusetts dijo aquello de que estaba muy orgulloso de haber eliminado La Odisea del plan de estudios porque, desde su agujereado criterio, se trata de una obra racista y sexista. El ejemplo no es nuevo, pero sí ilustrativo. Alguien que cancela una obra de Homero porque no encaja con sus diminutas entendederas de 2024 es un idiota, no lo digo como insulto, sino como definición. O sea, su cara podría acompañar al término «estupidez» en un diccionario ilustrado, y a nadie le llamaría la atención. Pero en el supuesto caso de que te sientas tan «empoderado» (es la típica palabra que sólo entienden los idiotas) como para atacar y censurar a Homero, lo mínimo que puedes hacer es estar a su mismo nivel intelectual. Y no, haber organizado talleres inclusivos donde las niñas dibujan chicas con pantalones y los niños dibujan y recortan a chicos con falda no está, lo lamento, al nivel intelectual de La Odisea, sino más bien a la altura de un tiktoker chillón para adolescentes todavía no demasiado enganchado a la cocaína.

Y si, de todos modos, algo que sugiere que tienes la fuerza intelectual suficiente como para destrozar un museo con tus consignas de usar y tirar recién sacadas de un editorial futurista del New York Times, al menos haznos un favor: no la emprendas con lo clásico, hay un montón de museos de arte contemporáneo llenos de basura por los que yo, personalmente, no voy a llorar si algún izquierdista abducido decide inmolar allí sus principios woke.

Sea como sea, los conservadores deberían darle una maldita oportunidad a la intransigencia en estos casos, cuando se trata de defender la herencia cultural de Occidente. En el pasado, por asuntos mucho más pequeños, la gente tomó las armas y dio su vida. A los idiotas que tratan de convertir nuestros museos de arte clásico en discotecas woke hay que plantarles cara con un único argumento: saca tus acomplejadas manos de mi arte.

Porque el arte no es de todos. Esa es la enésima cantinela de la vida progre. El arte es de quien lo defiende, lo salva, lo admira, y lo conserva.

 https://gaceta.es/opinion/el-arte-acomplejado-20240627-0500/

lunes, 19 de agosto de 2024

Se le ve el plumero

 Cuando a alguien se le notan las segundas intenciones, casi es mejor así. Al menos no te das por engañado. Sin embargo algunas personas son incapaces de detectar la trampa. Como se dice: si es un perro te muerde.

No verían la realidad ni aunque se la grabaran. Yo no sé por qué ocurre esto y creo que ya he renunciado a entenderlo. Es lo bueno que tiene hacerse mayor, que dejas de luchar por causas perdidas.

Sobre Venezuela: 


sábado, 17 de agosto de 2024

Los neandertales cuidaban a sus niños con síndrome de Down

 Investigadores españoles de la Cátedra de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología de HM Hospitales y la Universidad de Alcalá, formado por antropólogos y otorrinolaringólogos, junto a arqueólogos de la Universitat de València han descubierto el primer caso de síndrome de Down entre los neandertales y que este individuo, lejos de ser desechado, sobrevivió más de seis años gracias a los cuidados y la solidaridad del colectivo.


Este estudio, que acaba de ser publicado en la prestigiosa revista Science Advances, genera un nuevo paradigma respecto a las relaciones sociales y las características que definían a las comunidades neandertales como el sentido de pertenencia y el altruismo. Una de las características más extraordinaria de los seres humanos es que nos ocupamos y cuidamos de las personas vulnerables. El altruismo de nuestra especie constituye un comportamiento insólito en el Reino Animal y representa un auténtico desafío a la Biología Evolutiva. Desde hace décadas, se sabe que los neandertales también se ocupaban y cuidaban de sus compañeros vulnerables. Sin embargo, todos los casos conocidos de cuidados afectaban a individuos adultos, por lo que algunos científicos pensaban que no se trataba de un auténtico comportamiento altruista sino de un mero intercambio de ayuda entre iguales: Hoy por ti y mañana por mí. “Lo que no se conocía hasta ahora era ningún caso de un individuo que hubiera recibido ayuda, aunque no pudiera devolver el favor, lo que probaría la existencia de auténtico altruismo entre los neandertales. Eso es precisamente lo que significa el descubrimiento de ‘Tina’”, confirma la Dra. Mercedes Conde, codirectora junto con el profesor Ignacio Martínez, que también participa en el estudio, de la Cátedra de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología de HM Hospitales y de la Universidad de Alcalá.

Tales afirmaciones resuelven uno de los enigmas más polémicos de la antropología, ya que queda probado tanto la existencia de personas con síndrome de Down en las comunidades de neandertales y que dichos colectivos cuidaban y protegían a estos individuos de forma altruista, en lo que sin duda representaba una de las polémicas recurrentes entre los colectivos de antropólogos.

Esta polémica ha quedado resuelta por el descubrimiento de un individuo neandertal con síndrome de Down (al que los investigadores han apodado ‘Tina’) que sobrevivió por lo menos seis años, lo que sin duda requirió los cuidados y la solidaridad de su grupo. Se trata del primer caso conocido de este síndrome en una especie de hominino distinta a la nuestra y ofrece una prueba evidente de que también los neandertales tenían auténticos sentimientos humanos.

El fósil procede del yacimiento de la Cova Negra (Xátiva, València), que es uno de los lugares en los que primero se descubrieron fósiles humanos en España. El hallazgo lo ha realizado el equipo liderado por el catedrático emérito de Prehistoria de la Universitat de València, Valentín Villaverde, que lleva excavando en este yacimiento desde la década de los años ochenta. Se trata de un pequeño fragmento de hueso temporal, el hueso del cráneo que alberga el oído.

El fósil ha sido estudiado por un equipo liderado por la Dra. Mercedes Conde, profesora de la Universidad de Alcalá, que ha contado con la participación del Dr. Alfredo García, jefe del Servicio de Otorrinolaringología de los hospitales universitarios HM Puerta del Sur. HM Montepríncipe y HM Rivas, y la Dra. Nieves Mata, otorrinolaringóloga de ambos centros, quien destacó que, "fue apasionante detectar en el TAC del hueso temporal, que alberga el órgano de la audición y del equilibrio, unas malformaciones presentes en el nacimiento, como la displasia del canal semicircular lateral, y signos de complicaciones de las otitis que pudo presentar este niño durante su infancia, como la presencia de una fístula laberíntica. Todas estas alteraciones pudieron conducir a una pérdida de audición severa y a un vértigo incapacitante en un niño con una malformación de oído interno altamente sugestiva de síndrome de Down”.

El resto craneal objeto de estudio fue encontrado en el año 1989, en el contexto de las excavaciones efectuadas en la Cova Negra de Xàtiva (València), un yacimiento en el que se han recuperado gran número de restos óseos neandertales, muchos de ellos de individuos infantiles. “Estas excavaciones han sido claves para conocer el modo de vida de los neandertales de la vertiente mediterránea ibérica y han permitido definir las ocupaciones del asentamiento: de corta duración temporal y con un reducido número de individuos, alternadas con presencia de carnívoros”, destaca Villaverde. El profesor Villaverde aporta al trabajo el contexto arqueológico del resto y su importancia en la valoración de la conducta de los neandertales, especialmente en relación con el cuidado de discapacitados. El resto fósil está depositado en el Museu de Prehistòria de València, según informa HM.

 https://www.larazon.es/sociedad/neandertales-cuidaban-protegian-sus-ninos-sindrome-down_20240626667c65c109305200018e4071.html

viernes, 16 de agosto de 2024

La ultraderecha que nunca existió

 

Como todo el mundo sabe, la gran noticia de las elecciones europeas ha sido el auge de la ultraderecha, o de la extrema derecha, y no ha habido medio tradicional que no haya usado una u otra expresión (o ambas, para mayor abundamiento) en sus crónicas.

El presunto fenómeno ha sido también ocasión propicia para que los comentaristas cuyo marco ideológico quedó anclado en la Europa de los 30 y los 40 se preguntaran en alto, con reproche en la voz, si no hemos aprendido nada. La implicación, naturalmente, es que los europeos estamos otra vez votando fascismo.

Es todo muy estúpido, o lo sería si no fuese el trágico resultado de una incesante propaganda para que el electorado europeo crea un mito que hubiera podido disipar con cinco minutos de reflexión y, quizá, una rápida comparativa de idearios y programas. Porque lo que está subiendo —que no triunfando— es algo bastante más soso y menos emocionante que el fascismo.

Si uno echa un vistazo, por ejemplo, a la página web del más ‘peligroso’ de los grupos en el europarlamento, los Conservadores y Reformistas Europeos, no va a encontrar soflamas o vibrantes llamadas a las armas, sino una lista más bien aburrida de iniciativas del estilo de “salvaguardar a los ciudadanos y las fronteras”, “respetar los derechos y la soberanía de los Estados miembros”, “proteger el medio ambiente global a un costo que podamos afrontar”, “mejorar la eficiencia y eficacia de la unión” y “cooperar con socios globales”. Nada, en fin, que no pudieran firmar los que combatieron al fascismo en los cuarenta.

Lea, si le place, este manifiesto extraído de la página web de Hermanos de Italia (FdI), el partido de Giorgia Meloni, la primera ministra italiana cuya llegada al poder fue presentada en la CNN con imágenes de archivo de la Marcha sobre Roma: “Debe ser Europa la que decida quién entra en su territorio y no organizaciones criminales o actores externos interesados en utilizar los flujos migratorios como arma para desestabilizar gobiernos. La inmigración debe enmarcarse en un contexto de legalidad y abordarse de manera estructural. Salvar vidas es un deber, al igual que proteger a quienes tienen derecho a asilo, pero el modelo favorecido por la izquierda, caracterizado por una aceptación indiscriminada y redistribuciones (de migrantes) nunca implementadas, ha demostrado ser un fracaso”. No es exactamente Mein Kampf, sino una serie de afirmaciones que para cualquier partido occidental de posguerra resultarían demasiado evidentes como para consignarlas por escrito.

Ni rastro de banderas y uniformes, llamadas al Estado totalitario, exaltación de la raza o demonización de las democracias, en fin. ¿Qué ha pasado, entonces, para que estas verdades de perogrullo suenen de repente a LITERALMENTE HITLER a oídos del ciudadano medio europeo? En pocas palabras, la traición de la derecha liberal-conservadora de posguerra.

Esa derecha de la alternancia política de posguerra —el PP, el Partido Conservador británico, Los Republicanos en Francia, la CDU alemana— han ido abandonando uno a uno sus compromisos ideológicos al tiempo que acogía las novedades más enloquecidas y extremas de la izquierda y las convertía, casi sin sentir, en “opinión conservadora”.

No ha habido alternancia en absoluto; no ha habido contrapeso conservador a las innovaciones crecientemente utópicas y disparatadas de la izquierda por parte de la ‘derecha convencional’ europea, y así ha carecido de contestación y freno confinamientos, pasaportes vacunales, censura en el discurso, creaciones orwellianas como los ‘delitos de odio’, delitos de autor (la ‘violencia de género’ asentada en una dogmática que criminaliza todo uno sexo), exaltación de anomalías (estadísticamente hablando, al menos) sexuales, reescritura obligatoria de la historia, catastrofismo climático con tintes religiosos que justifican medidas ruinosas y liberticidas, el desprecio de las fronteras y la concomitante indulgencia con la ilegalidad de los foráneos y una visión, en fin, del Estado como un sustituto de la divinidad perdida, exactamente lo contrario de lo que siempre ha significado la posición conservadora.

Es como si la derecha se hubiera rendido, se hubiera entregado con armas y bagajes al enemigo histórico y funcionara como su cómplice necesario. Y es a esto a lo que reacciona un número creciente de europeos, que no buscan en absoluto una vuelta de ideologías que solo existen ya en la cabeza de los izquierdistas nostálgicos de la Resistance, sino la recuperación de la sensatez política, de la derecha real: el orden público, la seguridad en las calles, la inmigración ordenada, la libertad de expresión, impuestos moderados y un gobierno limitado.

De hecho, lo más llamativo de la ‘alerta antifascista’ que se ha decretado en Europa es lo fácil que resultaría desactivar esa deriva supuestamente peligrosa, y a un coste que ni siquiera debería considerarse tal. Bastaría que los partidos del consenso gobernaran como lo han hecho la mayor parte de su historia, evitando, especialmente, las dos principales quejas del ciudadano europeo corriente: una inmigración ilegal masiva que, teorías de la conspiración aparte, equivale en muchas partes a un verdadero reemplazo demográfico —la misma tierra, pero con otra población no autóctona— y la ‘locura verde’ traducida en un verdadero programa de destrucción de la calidad de vida que el europeo ha llegado a dar por supuesta. Es decir, sin tener que hacer nada que traicione sus idearios tradicionales, ni en la derecha ni en la izquierda.

Ser es defenderse, y ni siquiera un pueblo tan adormecido como el europeo irá a la extinción sin algún amago de resistencia. Y ahí está, sí, el peligro, el riesgo de que nuestros líderes acaben provocando con su aceptación de políticas suicidas el mismo mal que temen.

Porque, históricamente, los fascismos en Italia y Alemania fueron expedientes desesperados a los que recurrieron pueblos que ya no veían en la democracia salida a su situación desesperada de declive económico y social. Y si no se permite a los europeos recurrir a programas democráticos razonables y sensatos, moderados, incluso, como los que promueven estos partidos absurdamente motejados de ultraderecha, el fascismo de verdad, la auténtica extrema derecha podría ser la opción de muchos, enfrentados al totalitarismo empobrecedor y restrictivo de una Unión Europea decidida a convertirse en la versión moderna de la URSS.
Carlos Esteban 

https://ideas.gaceta.es/la-ultraderecha-que-nunca-existio/

jueves, 15 de agosto de 2024

El hábito no hace al monje

 He sabido por experiencia que las personas a veces no son lo que parecen. Me tocó descubrirlo de la peor manera posible. Hay gente que son como camaleones. Se camuflan y los de alrededor no se dan cuenta.

Pero lo que no me explico es que se pueda convivir con esas personas durante años y seguir defendiéndose y no detectar el camuflaje. Pensar que son buenas personas, inocentes y bienintencionadas...

miércoles, 14 de agosto de 2024

Las nuevas víctimas

En los llamados 30 gloriosos, años posteriores a la II Guerra Mundial donde se produjo un extraordinario desarrollo económico, se dieron cuenta de que la gente se alejaba del Marxismo pues, encontraban en las mejoras económicas un aliviadero y esto, los alejaba de la izquierda; ya no era gente proletaria expulsada del paraíso, ahora podían comprarse un coche. 


Eran décadas donde los trabajadores empezaron a equipar sus casas, se compraban electrodomésticos y algunos otros incluso vislumbraban la posibilidad de comprarse hasta un apartamento en la playa y eso, les alejaba de votar a los comunistas y, puestos a prescindir, prescindían del Marxismo. 



Revisando este fenómeno, pocas cosas fueron comparables al milagro económico europeo tras la guerra. Hete aquí que los ideólogos de izquierdas reaccionaron rápido y tras una reestructuración de sus ideas, decidieron, entre otras cosas, buscar votos en otros nichos de mercado, concretamente en  los grupos de víctimas (véase Escuela de Fráncfort).


Se empezaron a centrar en la defensa de grupos considerados víctimas por su sexualidad, por su género, las mujeres, gordura, empezaron a apoyar a las regiones supuestamente oprimidas, cualquier grupo local víctima será defendido por la izquierda renovada. Frente al modelo universalista marxista de antaño se postula el nuevo: sufro luego acuso, si me presento como víctima es que tengo la razón, etc. Todos estos grupos de víctimas serán los nuevos épsilones de un mundo feliz. 


Pero, la cuestión que urge plantear es que, para qué funcione y el grupo se cohesione, en psicología social sabemos que se necesita a un enemigo “opuesto” o “simplemente distinto”. Y siguiendo las teorías poscoloniales y posmodernas, el hombre blanco occidental heterosexual y cisgénero fue el objetivo de todas las acusaciones. Insisto en decir “heterosexual”  pues si fuera un hombre blanco “homosexual” ya no sería diana de todos los dardos, -aunque fuera blanco-.


Podemos decir que incluso se llega a odiar lo normal, lo que se denomina normofobia concepto que enmarca lo que entendemos por “convencional”, lo que está en la media, lo tradicional.


Las políticas identitarias eclosionaron triunfales tras la caída del muro y hoy, es el día que la cultura de la fragmentación y por ende, de la polarización política es máxima. 



Pero hay que ser extremadamente precavidos y cautos ante toda esta corriente pues, si se premia y protege en exceso a las víctimas, sabemos que fácilmente se podrá acomodar a su situación enrocándose en sí misma, lo cual le podrá dificultar salir de esa situación. 


Hoy, no hay lugar a duda de que estamos ante la cultura de la víctima, el mejor ejemplo es el triunfo actual de Joker sobre Batman. Joker que sufrió abusos de niño y tiene problemas de salud mental.


Y en el caso de la Salud Mental se corre el serio riesgo de que la enfermedad se convierta y adhiera a la propia identidad.


Al igual ocurre con la gordura, sí uno reconoce que no es un problema y que “ese” es su estatus social que los demás deben aceptar, ¿qué médico puede contradecir a un colectivo marginalizado y recomendarle que cambie y  adelgace?


Para la teoría de la “justicia social” solo hay buenos (víctimas) y malos. Dominantes y dominados marginalizados (víctimas). Pareciera cómo si los varones no tuvieran capacidad de sufrir ninguna discriminación. 


La cultura del victimismo también tiene como efecto que el estado se extralimite en sus funciones protectoras. Pues la víctima a diferencia de la cultura del honor, necesita de otros que le ayuden, busca constantemente la simpatía de los demás, procura la constante solidaridad. El problema que veo, reside en que esa víctima se cronifique de por vida como víctima, la víctima queda infantilizada y frágil.


Y suele ocurrir, cuando el Estado aumenta e interviene demasiado se producen innumerables falsos positivos. Se llega a considerar víctima a quien no lo es, incluso muchos presionan para adscribirse a ese grupo de víctimas por las numerosas ayudas y apoyo social. 


La víctima es el nuevo héroe de hoy en día que despojado de responsabilidad sabe que en un debate se le atribuye la verdad y se le da la razón. Es el nuevo significante amo.

https://eltorotv.com/rebelion-en-la-granja/presentarse-como-victima-20240507

martes, 13 de agosto de 2024

Deja en paz a los tíos, por Itxu Díaz

Ser hombre es un pésimo negocio en 2024. Ahora todo el mundo te mira por la calle como si vinieras de esconder el primer cadáver del día, no hacen más que subir los impuestos de la cerveza, te excluyen en los programas de ayudas laborales e incentivos económicos, y te presionan para que te arranques los pelos de cualquier parte del cuerpo. Por si fuera poco, cosas tan masculinas como perderse en el supermercado, conducir borracho, o romper ladrillos a cabezazos, despiertan el peor de los rechazos sociales. Ser hombre en el siglo XXI es un maldito drama y nadie se atreve a decirlo. Yo tampoco.

Veamos. Nunca ha sido fácil ser tío. Recuerdo que en la Edad de Piedra teníamos que vérnoslas cada día con peligrosos animales para llevar carne tierna a la caverna. Pobre de ti si regresabas con las manos vacías. A un marido de la cueva de al lado lo cocinaron y se lo comieron por salir a cazar mamuts durante una semana y regresar solo con un par de pajarillos. De nada le sirvió decir que eran de la selva gourmet. El mamut era un animal muy cabrón. Si tenía ocasión de ver cómo torturan a un hombre, corría como una liebre y no se dejaba capturar. He visto a muchos hombres arrojarse por inmensos acantilados para evitar la deshonra de no ser capaz de alimentar a la prole. Eran tiempos difíciles. Nos pasábamos horas cazando bichos asquerosos por cualquier jungla, con palos afilados, y con la única compañía de un montón de idiotas en taparrabos, igualmente armados con palos e incapaces de distinguir, a la hora de arrojar sus lanzas, la cabeza de un mamut del culo de un cazador.

Un tiempo después, en la Edad Antigua, ibas a Egipto pidiendo que te trataran como a un faraón, y una turba te arrancaba el cerebro, te evisceraba, te ponía en salazón, y te construían encima una enorme pirámide para asegurarse de que no podrías escapar. Y en efecto, no podías salir de ninguna manera, porque también te habían atado con vendas. Entretanto, aquello se supone que estaba lleno de diosas bellísimas —eso decían mis colegas de la taberna— pero te confieso que desde dentro de la pirámide y convertido en bacalao en salazón, hay poco que puedas contemplar. Y todo por ser tío.
Del autor

 En la Edad Media, la presión social sobre la vida del macho se hizo insoportable, pero gracias a Dios existía el paraíso del castillo, donde podías encerrarte durante diez o quince años, rodeado de buenas vistas, seguridad privada, un montón de armas divertidísimas, y sin necesidad de ir al centro comercial los sábados a comprar cualquier tontería; todo lo importante se fabricaba dentro, incluido el capón relleno, el vino, y los mazapanes.

La principal diversión medieval eran los banquetes y nadie te montaba una escena por arrojar por encima de una almena los huesos de costilla de un carnero, o por comer con los dedos y limpiarte los morros con el mantel, cuando ni siquiera se había inventado la servilleta. Y lo mejor del castillo era el foso donde, a los vendedores que te visitaban a la hora de la siesta para ofrecerte una tarifa plana de telefonía móvil, se los comían los cocodrilos. Aquello era vida. Para compensar tanto disfrute, un imbécil dictó por entonces que la moda de caballero pasaba por unos ridículos zapatos larguísimos que nos convirtieron para la posteridad en el hazmerreír del terraplanismo. Las chicas nos decían que nos sentaban muy bien, para después despellejarnos por la espalda en los corrillos de las ciudadelas. Desde aquella historia de los zapatones, a los tíos ya nunca nos dejaron respirar en paz.

Más tarde, lo único bueno de la Edad Moderna es que llevábamos capa y espada y cualquier excusa era buena para batirse en duelo, que es, junto al fútbol, la única actividad típicamente masculina que produce un placer infinito. Por lo demás, de la Edad Contemporánea tan solo recuerdo que nos obligaban a ponernos camisas gigantes con lentejuelas, no había manera de echarse una novia con los pelos sin electrificar, y en general a un caballero se le exigía saber bailar como Freddie Mercury, que era el único tío al que adoraban todas las mujeres. En vano.

Y ya en nuestros días, toda afrenta contra lo masculino es gratuita. A veces con razón. Pienso en esas feministas de nuevo cuño que se pasan el día diciendo que los hombres les dan asco, que lo único que realmente les gusta son las mujeres. Y las comprendo, no puedo culparlas. A mí me pasa exactamente lo mismo.
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