Occidente ya no piensa. Está en el psitacismo más absoluto. Francia
está alineada con Alemania, que está alineada con Estados Unidos.
Nuestras élites globalizadas viven con el horario estadounidense, han
sido absorbidas por los mismos impulsos crepusculares. El Time marca el ritmo.
Las élites globalizadas, escribe, estaban preparadas para la
posibilidad de una epidemia mundial y habían previsto la respuesta a la
misma.
He descubierto algo inaudito: lo que hemos vivido ya se había
producido. Fue el 18 de octubre de 2019, en una inusual reunión de
poderosos, no mandatarios, fuera de los canales formales de las
instituciones multilaterales, celebrada en Nueva York. No se trataba de
un simposio, sino de un ejercicio de simulación de pandemia de
coronavirus que reunió a las grandes farmacéuticas, las grandes empresas
tecnológicas, la gran finanza, la Fundación Bill Gates y el Foro de
Davos. Estos nuevos señores conforman una especie de tablero de
influencia global, superior a los poderes públicos.
¿Qué ha deducido de esta reunión?
En ese momento, nadie hablaba de Covid. Supongo que sospechaban algo.
No digo que «inventaron el virus» porque no soy un teórico de la
conspiración. Lo que digo es que acogieron el virus como una señal de
buena suerte. Lo esperaban. Desde la creación de la Organización Mundial
del Comercio en 1994, las élites de la aldea global han querido
construir un nuevo mundo, sin fronteras, de una sola pieza: los unos,
por cálculo para abrir un gran mercado global de masas; los otros, por
ideología, para sustituir «los muros por puentes», como diría el papa
Francisco. Hicieron este mundo sin tabiques, sabiendo que sería
violentamente patógeno. Cuando pones 5.000 o 6.000 millones de personas
en una habitación, el germen se pasea más fácilmente. Lo sabían, lo
esperaban, se prepararon para ello.
En otras palabras, ¿el virus es una bendición para esta élite globalizada?
Eso es lo que dice Klaus Schwab. El fundador y presidente del Foro
Económico Mundial de Davos es el primero en presentar la Covid-19 como
una «ventana de oportunidades», según sus palabras. Lo ha puesto por
escrito en su manifiesto Covid-19: The Great Reset. No se
equivoquen: este libro es el equivalente al Manifiesto del Partido
Comunista. Dibuja un nuevo paradigma en plena pandemia.
El «Great Reset», lejos de ser una teoría conspirativa, ¿sería por el contrario el proyecto expuesto a plena luz del día de esta élite?
Después de escuchar todos los días en la radio y la televisión a
estos teóricos de la conspiración que hablan del gran reseteo en las
redes sociales, copiándose unos a otros, quise saber quién era el más
enfermo entre los enfermos. En mi búsqueda del paciente cero, encontré
uno sano: Klaus Schwab. Es el inventor de esta nueva semántica.
¿Quién es este Klaus Schwab y qué representa?
Desde hace cincuenta años, Klaus Schwab encarna, desde su chalet de
Davos, la plataforma culminante del diálogo entre los líderes del mundo,
en la intersección de la riqueza y la influencia. Es allí, en Davos,
donde se definen las líneas de fuga del capitalismo globalizado; es en
Davos donde se aplican los paliativos cuando el capitalismo entre
amiguetes va mal; es en Davos donde se viene a buscar la tonsura o la
aprobación -por ejemplo, Greta Thunberg, la «Juana de Arco» que escucha
voces en Instagram-; por último, es en Davos donde hay que ir a buscar
la investidura cuando se quiere irrumpir en la política. En 2016, el
joven Emmanuel Macron dejó el casino de Le Touquet para ir a Davos y
convertirse así, bajo la férula del Dr. Schwab que le impuso las manos,
en «joven líder global». Dos años después, fue Marlène Schiappa. Este
año ha sido Gabriel Attal quien ha recibido la unción. Davos es para el
capitalismo de vigilancia lo que la segunda Roma fue para la primera
bajo Bizancio. Hay que ir a Davos como antes había que ir a ver a los
emperadores tambaleantes.
En su libro, Klaus Schwab advierte, y se alegra por ello, que
la pandemia no es en absoluto un paréntesis y que el regreso al mundo
de antes es una ilusión.
Sus palabras son escalofriantes. Hay que citarlas. «Muchos de
nosotros se preguntan cuándo volverán las cosas a la normalidad. En
resumen, la respuesta es: nunca». Hay un lado febril en este pataleo. Y
Klaus Schwab añade que la Covid debe aprovecharse como una oportunidad
para una «nueva normalidad» mediante «la fusión de nuestras identidades
física, digital y biológica». Para estar seguro de que lo han entendido
bien, mientras el libro se publica el 2 de junio de 2020, al día
siguiente, el 3 de junio, se organizó una videoconferencia con la plana
mayor del mundo en presencia del Secretario General de la ONU. Explica
en qué consiste esta «ocasión propicia»» con, por un lado, la
digitalización del mundo y, por otro, la lucha contra el cambio
climático. En resumen: todos los gigantes de la digitalización del mundo
están de acuerdo con la clase dominante en un proyecto para resetear el
mundo, para crear una nueva humanidad bajo el dominio de la
inteligencia artificial.
Usted habla de la febrilidad de Klaus Schwab. ¿De dónde
viene, puesto que ya se suponía que dominaba el mundo en gran medida?
¿Por qué iba a tener miedo de volver a un mundo que ya gobernaba?
Esta pregunta es decisiva. Me adentré en el pensamiento de Klaus
Schwab para entenderlo y esto es lo que encontré. En realidad, lo que
está teniendo lugar ante nuestros ojos es un segundo compromiso
histórico entre el capitalismo sin entrañas y sus enemigos naturales. El
compromiso inicial organizó, cuando cayó el Muro de Berlín, la
colusión, esperada desde el cambio de los años 70, entre los
ultraliberales y los libertarios. Los primeros exigían libertad de
movimiento, los segundos libertad social. Se encontró un punto de
acuerdo. Las dos demandas se fusionaron: así nació la especie híbrida de
los «burgueses bohemios», los bobos [expresión francesa que viene de bourgeois bohèmes;
la izquierda del caviar]. El capital, a su vez, quería circular «sin
pausa y disfrutar sin trabas». La globalización del libre comercio fue
la realización económica de los ideales culturales y morales de mayo de
1968. Pero este compromiso ha encontrado un obstáculo: el CO2. Contaminó
la atmósfera al explotar al máximo los recursos. Así que era necesario
un nuevo compromiso…
¿En qué consiste este nuevo compromiso?
Se forjó en 2015, con la Agenda 2030 votada en la ONU, y se selló el
11 de noviembre de 2020, en pleno Covid, con la Cumbre Horizonte Verde.
Escuche con atención, lo que voy a decir es monstruoso: estamos
asistiendo al nacimiento de un capitalismo digital verde. Hay una razón
por la que Greta Thunberg está invitada a Davos. El CO2 es el nuevo
virus oficial. Los ecologistas apuestan para que la digitalización del
mundo permita encerrar a la gente en sus casas, evitar los coches en la
ciudad, hacer que todo el mundo vaya en bicicleta, prohibir que vuelen
los aviones, abolir la propiedad, señalar con el dedo a la industria
porque contamina y convertir la energía nuclear en eólica, que consume
metales raros. El nuevo imperativo categórico es sencillo: digitalizar
para descarbonizar. Pero esta alianza entre liberales y ecologistas, en
nombre del CO2, es una gigantesca farsa: los gigantescos centros de
datos contaminan una vez y media más que la aviación civil. En 2025,
será el triple. Por no hablar de los residuos que se devuelven a la
naturaleza, que son extraordinariamente contaminantes. El consumo de
electricidad de los centros de datos es considerable. Es una farsa que
salva la tecnología digital de sí misma. Y por eso tenemos una ley
climática y un referéndum climático, para meternos en el túnel del CO2.
Los gigantes digitales y los ecologistas se ponen de acuerdo y toda la
clase política francesa sigue su ejemplo. Este es el nuevo virus: el
CO2. ¿Sabe cuál es la contribución de Francia al CO2 mundial? 0,9%. Pues
bien, en nombre de ese 0,9%, nos van a infligir el decrecimiento y el
campo de reeducación permanente de los «jemeres verdes».
(...)
https://infovaticana.com/2021/04/24/philippe-de-villiers-el-reinicio-del-mundo-es-realmente-un-borron-y-cuenta-nueva/?fbclid=IwAR0catdl0N0VrRsECxldcgzRMjySadIXQLS7sIkFhTPFJMszzAbi0_ej7Ec