El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
He visto esta película francesa y me ha gustado mucho. Trata de un matrimonio que tiene dos hijos mayores que ya no les visitan nunca. Así que deciden llevar a cabo un plan, que al final se complica mucho, pero tiene un buen final. Es una comedia blanca, divertida, sin palabrotas ni situaciones forzadas. Vamos. Todos lo contrario a la mayoría de las películas españolas que se pueden ver actualmente. Yo ahora veo muchas películas francesas y no me decepcionan.
Los actores son muy naturales, no sobreactúan y la historia es bonita y amable. Es como retroceder a mi infancia cuando todas las películas te dejaban buen sabor de boca. Me pregunto por qué los franceses pueden hacer películas así, con un presupuesto mínimo, libres de ideología; y en cambio los actores españoles con todas sus subvenciones son incapaces de sacar un producto aceptable la mayoría de las veces. Tal vez sea sólo una cuestión de buena voluntad.
Se ha puesto sobre el tapete de las utopías políticas la ‘abolición’ de la prostitución,
que provoca un nuevo rifirrafe ideológico con quienes pretenden que se
impida el proxenetismo pero se garantice el ‘libre’ ejercicio de la
prostitución.
Vemos, tanto en la solución ‘abolicionista’ como en la solución
‘liberal’, los graves errores morales y teológicos sobre los que se
asientan las ideologías modernas. Afirmaba Donoso Cortés que toda
gran cuestión política supone y desarrolla una gran cuestión teológica,
una observación que tampoco le pasó inadvertida a Proudhon. Y esta cuestión que ahora abordamos lo prueba plenamente; también prueba, por cierto, que las ideologías son falsificaciones religiosas
que terminarán conduciéndonos a un barranco sin fondo. Pues, cuando se
parte de premisas erróneas (como cuando, en una expedición, se parte de
coordenadas equivocadas), siempre se acaba en un barranco.
No se puede considerar la prostitución como un oficio cualquiera, con
la única condición de que sea ejercida libremente, sin coacción ni
chantaje. El hombre se distingue del resto de los animales –nos enseña Aristóteles– por su capacidad para discernir la naturaleza de sus actos,
determinando si son buenos o malos. Desde luego, que la prostitución
sea ejercida mediante coacción o chantaje añade aspectos sombríos a su
práctica. Pero la prostitución, en sí misma, es un acto indigno,
que daña de forma muy grave, tanto moral como afectivamente, a quien la
ejerce y a quienes a ella recurren. Y si lo hacen ‘libremente’ es porque
su libertad se halla viciada (u ofuscada por pasiones torpes) y
es incapaz de ponderar las consecuencias funestas de esa práctica.
Siempre la «sexualidad elemental, divorciada del amor» tiene –nos
recuerda Aldous Huxley– un efecto degradante en la naturaleza
humana; pero una sexualidad ofrecida o buscada a cambio de dinero atenta
contra nuestra dignidad y lastima muy gravemente los vínculos humanos, que exigen donación, además de incapacitarnos para los afectos verdaderos (porque todo afecto fingido acaba siendo un callo que nos insensibiliza).
Cuando se niega el juicio aristotélico sobre la naturaleza de los actos,
los resultados serán siempre catastróficos. Pero frente al error de la
‘legalización’, que se niega a determinar la naturaleza de la
prostitución, se halla el error de la ‘abolición’, que se niega a
reconocer la naturaleza humana. Al escribir sobre los utopistas
obsesionados con la creación de un hombre nuevo, Lewis Mumford señalaba: «Al pretender que Falstaff sea como Cristo, estos fanáticos impiden que los bribones de nacimiento sean capaces de alcanzar al menos el nivel de un Robin Hood».
Hasta donde yo sé, Mumford era ateo; pero no hace falta ser creyente
para intuir ciertas verdades teológicas, sobre todo las que atañen a la
naturaleza humana. Que, en contra de lo que pretenden los utopistas, no
es una naturaleza angélica, sino una naturaleza caída, aunque bendecida por las gracias de la redención.
Una comprensión cabal de la naturaleza humana propiciará que los seres
humanos mejoren, pero sin pretender absurdamente que se conviertan en
ángeles.
Se puede conseguir que un ladrón desvergonzado como Falstaff se
convierta en un ladrón solidario como Robin Hood (sobre todo si Falstaff
se mira en Cristo y trata de imitarlo); pero si pretendemos forzar a
Falstaff para que se convierta en Cristo de la noche a la mañana, sólo
lograremos enfurecerlo. Y esto es lo que conseguirán estos utopistas que
pretenden la ‘abolición’ de la prostitución: generar frustración y violencia
entre quienes recurren a esta forma degradante de sexualidad, que de
este modo acabarán degradando toda expresión de su sexualidad (y de la
ajena). La ‘abolición’ de la prostitución incrementará las violencias y
abusos sexuales y, en fin, la prostitución generalizada de los afectos y
de la sexualidad.
La lacra de la prostitución sólo se podrá combatir (además de persiguiendo el proxenetismo, claro está) trabajando con la caída naturaleza humana, recuperando los frenos morales
que la encauzan, apagando los reclamos que la encienden, formando
suavemente las conciencias, templando la libertad humana, de tal modo
que se vigorice y pueda vencer sus flaquezas y debilidades. Así se
logrará poco a poco que cada vez menos personas recurran a la
prostitución para aliviar sus ansiedades sexuales y existenciales; y
también que menos personas se prostituyan ‘libremente’. Toda solución
que confunda la naturaleza humana con la naturaleza angélica no hará
sino acrecentar fatalmente el problema, como siempre ocurre cuando se
pretende crear un ‘hombre nuevo’ en lugar de mejorar al viejo.
La nueva ley apoyada por el ejecutivo pretende que los niños puedan declararse niñas y viceversa, sin necesidad de que tengan que pasar por la consulta de un psicólogo. Es más, incluso se prohíbe expresamente la terapia, con objeto de averiguar si el niño tiene otro tipo de problemas que justifiquen sus preferencias. Además este trastorno que se llama disforia de género suele desaparecer de forma espontánea en la adolescencia, pero no lo tienen en cuenta.
El otro día estaba yo en la sala de espera del médico y una señora dijo: vengo con mi hija al otorrino. Todo muy normal si no fuera porque era un niño de unos seis años. Posiblemente su madre prefería haber tenido una niña. Pero no puede ser que una criatura que apenas reconoce a sus tíos pueda decidir por sí mismo a esa edad qué sexo desea tener. Mientras que para fumar, beber o votar tiene que esperar a los dieciocho años. No ningún sentido.
Cualquiera que haya convivido con niños sabe que cambian continuamente de opinión, porque realmente no saben lo que quieren. En primer lugar porque no tienen un conocimiento de sí mismos y del entorno para poder evaluar lo que les gusta. En segundo lugar, porque realmente no tienen sexualidad hasta el momento en que sus órganos sexuales se desarrollen. En tercer lugar, porque la influencia de su familia y los medios audiovisuales es determinante para ellos.
Por tanto, asignarles otro sexo o incluso meterlos en terapias hormonales antes de la mayoría de edad me parece una locura que todos pagaremos muy cara.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha anulado la sentencia Roe vs Wade que en 1973 legalizó el aborto en el país, y que ha costado la vida aproximadamente a 60 millones de seres humanos
muertos antes de nacer. También ha anulado la sentencia de 1992 Casey
vs Planned Parenthood, que había confirmado en 1992 la doctrina de Roe
vs Wade.
Cambio radical
Según la sentencia dada a conocer este viernes
en el caso del estado de Mississippi contra un abortorio (Dobbs vs
Jackson Women's Health Organization), "el aborto supone una profunda
cuestión moral. La Constitución no prohibe a los ciudadanos de los estados regular o prohibir el aborto. Las sentencias Roe y Casey se arrogaron esa autoridad. Ahora anulamos esas sentencias y devolvemos dicha autoridad al pueblo y a sus representantes electos".
La sentencia ha obtenido 6 votos favorables y 3 contrarios.
El ponente ha sido el juez Samuel Alito y su sentencia apoyada por los jueces Clarence Thomas, Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. El juez presidente del Tribunal, John Roberts, apoyó la decisión pero con un voto particular propio. En contra de la sentencia se pronunciaron los jueves Stephen Breyer, Sonia Sotomayor y Elena Kagan.
El borrador de la sentencia fue filtrado a principios de mayo,
algo insólito en la historia del tribunal, en lo que se interpretó como
una maniobra de presión sobre los jueces provida, quienes, de hecho,
desde entonces han sido reiteradamente acosados en sus domicilios, lo que incluye un intento de asesinato contra el juez Kavanaugh a principios de junio.
La anulación de Roe vs Wade es la mayor victoria legal provida
conseguida en cualquier país occidental desde hace setenta años, cuando
el aborto empezó a ser despenalizado primero, y luego afirmado como un
derecho de la madre. Esta victoria solo ha sido posible gracias a que
durante su presidencia Donald Trump pudo designar tres jueces con
mayoría suficiente en el Senado para ser refrendados. Los escogió entre
magistrados considerados "originalistas", es decir, inclinados a
interpretar la Constitución según su sentido original, y no según las
ideologías imperantes en cada momento.
Los grupos abortistas han anunciado una "noche de ira" para llevar la violencia a las calles en protesta por esta sentencia, como ya ha sucedido desde que se filtrara el borrador.
Ya se están salvando vidas
La sentencia en sí no implica la prohibición del aborto,
aunque deja de estar amparado por la Constitución. Los estados (es
decir, "el pueblo" y "sus representantes", según la sentencia Dobbs vs
Jackson) son ahora los que decidirán si es una práctica legal tan amplia
como hasta ahora (así lo han anunciado ya, por ejemplo, California y
Nueva York) o si es regulada a ciertos casos o incluso ilegal en
cualquier circunstancia.
De hecho, se espera que al menos 26 estados prohíban todos o la mayoría de los abortos, mientras que 24 lo mantendrán legal sin apenas restricciones, como amparaba Roe vs Wade.
Veintiún estados disponían ya de leyes o enmiendas constitucionales preparadas
para entrar en vigor y prohibir o limitar el aborto en cuanto dicha
sentencia fuese anulada. En el caso de Kentucky, Luisiana y Dakota del
Sur podría ser inmediato, y en el caso de Idaho, Tennnessee y Texas esas
disposiciones entrarían en vigor treinta días después a partir de hoy.
Otros estados que podrían seguir esos pasos son Alabama, Arizona,
Arkansas, Georgia, Iowa, Michigan, Mississippi, Missouri, Dakota del
Norte, Ohio, Oklahoma, Carolina del Sur, Utah, Virginia Occidental y
Wisconsin.
Y las primeras vidas se están salvando ya horas después del anuncio, pues en virtud de esas leyes de aplicación inmediata, algunos abortorios han dejado ya de practicar abortos, según ha informado Sarah McCammon, de la radio pública NPR.
Las razones del Tribunal
Roe vs Wade fue una sentencia que se basó en un caso falso, alegó datos insostenibles sobre el origen de la vida humana y estaba considerada, incluso por partidarios del aborto, como una chapuza jurídica.
Dobbs vs Jackson, por el contrario, hace un examen puramente jurídico
de las razones que podrían amparar el aborto en una Constitución que "no hace ninguna referencia expresa al derecho a obtener un aborto".
"Guiado por la historia y la tradición, componentes esenciales del
concepto de 'ordenación de la libertad' característico de nuestra
nación", dicen los jueces, "el Tribunal entiende que la 14ª Enmienda
claramente no ampara el derecho al aborto".
Y explican por qué: "Hasta finales del siglo XX no había apoyo en la
ley estadounidense para un derecho constitucional al aborto. Ninguna constitución de ningún estado había reconocido ese derecho.
Hasta pocos años antes de Roe vs Wade, ningún tribunal estatal ni
federal había reconocido ese derecho. Tampoco ningún manual académico.
De hecho, el aborto llevaba tiempo siendo un delito en todos los
estados. Según la common law, el aborto era un delito al menos
en algunos estadios del embarazo y estaba considerado ilegítimo y podía
tener graves consecuencias en todos los estadios. La ley estadounidense
siguió la common law hasta que una ola de restricciones en el
siglo XIX fue expandiendo la responsabilidad criminal por el aborto.
Cuando se aprobó la 14ª Enmienda, tres cuartas partes de los estados consideraban el aborto como un crimen en cualquier momento del embarazo.
Este consenso continuó hasta que llegó la sentencia Roe vs Wade. Esta
sentencia ignoró o tergiversó esta historia, y la sentencia Casey rehusó
reconsiderar el erróneo análisis histórico de la sentencia Roe".
El varapalo legal de los jueces de 2022 a los de 1973 es, pues, contundente.
Vengo a celebrar mis cuarenta seguidores, 5000 comentarios y 40000 vistas de este blog en casi dos años. No es que sean números espectaculares, pero es mi noveno blog en dieciséis años. Lo que empezó como un hobby y se ha convertido en una ocupación. Ahora creo que por fin me puedo considerar una escritora. Aunque soy incapaz de escribir ficción. Sería más bien una ensayista. No sé si alguien tan limitado se puede considerar profesional. Sería como pintar cuadros sólo con modelo.
Todo en mi vida ha resultado estar un poco inacabado. Mis estudios, mi trabajo de secretaria, mis aprendizajes de idiomas. Aunque he avanzado mucho en ese sentido, me temo que nunca llegaré a dominar el francés y el alemán. Mis capacidades se han reducido. Tampoco voy a ser ya una gran cocinera, o jardinera o lectora. Creo que hay un tiempo para cada cosa y el mío ya ha pasado. Así que me conformo con poder seguir con estas actividades como hasta ahora.
La causa del hundimiento demográfico no es económica, es cultural
Abismo de la natalidad: la «estupidez» de comparar a los niños con las cosas y los estilos de vida
Cada niño que nace es
una riqueza incomparable, pero la cultura contemporánea lo degrada
poniéndolo a competir con minúsculos intereses personales o formas
artificiales de vida. Foto (contextual): Marcin Jozwiak / Unsplash.
El hundimiento de la natalidad
en Occidente es abismal y sus consecuencias cataclísimas, pero en
particular en los países que baten récords negativos, como España o, con
problemática similar, la Italia a la que se refiere Caterina Giojelli en un interesante alegato publicado por Tempi.
Descenso de la natalidad: sin la familia, impera la estupidez de comparar a los niños con las cosas y los estilos de vida
Descenso de la natalidad: o nos hemos rendido o no nos explicamos la indiferencia colectiva -cuando no la reacción histérica de las amazonas "sin hijos"- ante la desaparición de los niños en Italia. En 2020 había 5,1 ancianos por cada niño. Y dábamos la alarma de la "extinción masiva" debido al cambio climático. En 2021, nos quedamos por debajo del umbral de los 400.000. Y hablábamos de la maternidad "heredada del patriarcado".
En 2050 tendremos 5 millones de italianos menos, perderemos 2 millones
de jóvenes y poco más de uno de cada dos italianos estará en edad de
trabajar y tendrá que hacerse cargo de todos los menores de 20 años y
los mayores de 66. Y nosotros, discutiendo sobre el aborto, el fin de la vida, la superpoblación.
El descenso de natalidad, la alarma más frustrada
El descenso de natalidad es la alarma más escuchada y más frustrada
en Italia: no faltan las metáforas (la última circuló con motivo de los Estados Generales sobre la natalidad [iniciativa
social para fomentar la natalidad] a mediados de mayo: "En 2050
desaparecerá una región del tamaño del Véneto"); no faltan los
llamamientos a invertir la tendencia, actualizados puntualmente por el presidente del ISTAT [Instituto Nacional de Estadística], Gian Carlo Blangiardo; no falta la lista de desastres a los que nos dirigimos, denunciada por el demógrafo Alessandro Rosina; no falta un Papa que no tiene pelos en la lengua
("Italia, Europa y Occidente están empobreciendo su futuro" y "Esta es
una nueva pobreza que me asusta. Es la pobreza generadora de los que
descartan el deseo de felicidad que tienen en su corazón, de los que se
resignan a diluir sus mayores aspiraciones, de los que se conforman con
poco y dejan de esperar algo grande").
No faltan los llamamientos del presidente de la República o de un ministro de Educación
preocupado porque dentro de veinte años "ya no podrá formar la
primaria", médicos como los de la Sociedad Italiana de Reproducción
Humana que denuncian el riesgo de "extinción si no se actúa ahora. Es
fundamental promover la cultura de la fertilidad y la reproducción entre los jóvenes".
Nacimientos en Italia: 1946-2018.
Tampoco a Elon Musk se le escapó una infografía del ISTAT
que le presentó un analista de datos en Twitter y que muestra la caída
en picado de la natalidad, que ha descendido desde la postguerra hasta
2021 por debajo de los 400.000 nacidos. "Italia dejará de tener
población si estas tendencias continúan", es el comentario, que se ha
hecho viral, del jefe de Tesla.
Mujeres estresadas, jóvenes con miedo a procrear
¿Es esto una tragedia? Se lo pregunta, por último, el Sole 24 Ore,
señalando el "discurso paradójico" de "luchar para que las mujeres
trabajen a tiempo completo, sean económicamente independientes, se
eduquen, cultiven sus aficiones y se mantengan en forma" y, al mismo
tiempo, pedirles "que sean resilientes. Pero ¿también queremos que estén
verdaderamente serenas?". Según el Sole, la
"resiliencia" se traduce en "una presión para (puesto que puedes, tienes
que intentarlo) ser capaz de hacer todo lo mejor que se pueda, y ser
feliz por esta increíble capacidad que la naturaleza te ha otorgado
genéticamente (falso, por cierto). Solo que entonces, si algo se escapa
-y con los niños y los jóvenes es fisiológico que algo se escape-,
aparece el sentimiento de culpa, personal y social". Estamos hablando de
natalidad.
Por supuesto, no estamos en los Estados Unidos woke, donde el sueño de un mundo postpaternidad preconizado por la escritora Sophie Lewis [defensora de "abolir la familia"] en su libro Subrogación total ya. El feminismo contrra la familia (donde
define la familia como una microfábrica de deudores que apesta y el
embarazo como algo contra lo que hay luchar), parece haber encontrado un extraño humus en los millennials, con el sueño ya no de una familia sino de una especie de comuna sin llantos de niños, conflictos ni emisiones.
Viejas dificultades, nuevas "sin hijos"
Si bien es cierto que al otro lado del océano la batalla de las
mujeres se ha trasladado a los jóvenes, que piden en masa la extirpación
de las trompas y la vasectomía por considerar "moralmente incorrecto"
tener hijos que contaminarán y sufrirán el racismo, aquí en Italia el foco está en la falta de "madres potenciales".
Una escasez en parte atribuible al declive demográfico iniciado entre
el 76 y el 95, en parte a las dificultades "habituales" de las madres
para conciliar la vida laboral y familiar y para encontrar guarderías, a
las escasas ayudas económicas a quienes dan a luz.
En parte también a las nuevas sufragistas del derecho a rebelarse contra el estereotipo de la "mujer reproductora"
que renuncia a su propia identidad individual para identificarse
exclusivamente con el papel materno, un papel que "no es para todas" y
que ningún niño debe "sufrir".
Rendirse al destino del descenso de natalidad y convertirse en el líder mundial de la "economía plateada [silver economy, orientada a las necesidades de las sociedades envejecidas]" como panacea para los males que afectarán a todos los sectores económicos (desde el problema de la deuda pública hasta el mantenimiento de las infraestructuras)
parece la única alternativa a una lucha contra los molinos de viento
para revertir la natalidad, centrándose en animar a las mujeres a
procrear mediante ayudas familiares, permisos de paternidad, políticas de conciliación, servicios.
Son terapias muy útiles, ¡faltaría más! Sin embargo, en el hiperindividualismo
en el que nos hemos sumido (incapaces de reconocer un imperativo que no
sean la autosuficiencia y la autodeterminación; o de ver, en un niño
que nace, una persona que aparece y que supera nuestros planes, en vez
de una partida de gastos y presupuestos que hay que equilibrar), estas terapias "parcelan" el problema.
Que no es solo "la mujer", "los costes", "el dinero", "el trabajo".
Hay un gran ausente en la narrativa sobre la falta de natalidad, un
ausente convertido en palabra malsonante o que inspira un sopor
colectivo en una sociedad que ha aprobado que la unión entre un hombre y
una mujer se convierta en una obsesionada con llegar a fin de mes, y el
nacimiento en una fabricación tecnocientífica: un ausente llamado familia. El único lugar anterior al Estado, la ley, el mercado y la cultura, el lugar del señorío de la genealogía.
¿Otro niño? La respuesta de Hadjadj es la familia
La única respuesta real que explica el descenso de la natalidad es la que da Fabrice Hadjadj, padre de nueve hijos, todos de la misma esposa, en un libro de 128 páginas (se puede encontrar aquí la extensa reseña de Rodolfo Casadei en el número de mayo de Tempi), titulado ¿Otro hijo? A
los que le echa en cara que "vivimos en un mundo difícil, y lo único
que hacéis vosotros es traer niños al mundo", el filósofo recuerda que
es el consumismo, y no la natalidad, lo que está en la raíz de la
decadencia contemporánea: los que tienen una familia numerosa (como
también ha señalado muchas veces Gigi De Palo, presidente de la Fundación para la Natalidad y del Forum Nacional de Asociaciones Familiares) viven de las relaciones y conocen la frugalidad; los que no la tienen viven de las cosas y deben multiplicar sus compras (incluso a costa del equilibrio medioambiental).
Renunciar a un ser, a una nueva mirada que puede cambiar el mundo,
como si fuera una cosa o una forma de vida, no es un bien, un derecho,
el corazón de un debate, la cancelación de un vuelo de avión, es una total estupidez.
Porque "el milagro que salva al mundo, el ámbito de los asuntos
humanos, de su ruina normal y 'natural' es, en definitiva, el hecho del
nacimiento, en el que la facultad de actuar está ontológicamente
arraigada. En otras palabras, es el nacimiento de hombres nuevos y el
nuevo comienzo, la acción de la que son capaces en virtud de haber
nacido. Solo la experiencia plena de esta facultad puede dar a las cosas humanas fe y esperanza,
las dos características esenciales de la experiencia humana [...]. Esta
esperanza y esta fe en el mundo han encontrado quizás su expresión más
gloriosa y escueta en la pequeña frase de los Evangelios que anuncia su
'buena nueva': 'Nos ha nacido un niño'".
"Nos..." Oponer el "bien al ser", el amor al hijo, que solo
querríamos que naciera si tuviéramos la certeza de que será feliz, si
estamos a la altura, si somos dignos, si tenemos dinero, tiempo,
voluntad, lleva no solo a negar el ser al niño, sino a deslegitimar
nuestra propia vida y la de nuestros padres, porque ninguno de nosotros fue traído al mundo con la certeza de que sería feliz,
y ni siquiera en determinadas condiciones y con las debidas
capacidades. Si lo lógico se impone a lo genealógico, la fuente de la
vida se seca: es la tesis de Hadjadj... y no hay mejor respuesta para
los los fans del descenso de la natalidad de todo tipo y ralea.
Si el amor fuera suficiente, si la familia no fuera el eje del
problema del descenso de la natalidad, de la falta de madres y de
padres, y no solo de niños, los orfanatos bastarían para criar a los niños.
Actualmente el significado es "Meterse una persona en asuntos o
problemas que no conoce, que no le competen o que no reportan ningún
beneficio".
Es mi especialidad porque llevo dieciséis años ya en internet escribiendo sobre temas variados y algunos polémicos, teniendo en cuenta que nadie me paga y no saco de ello a menudo más que disgustos. Sin embargo, soy incapaz de dejarlo. Será porque no soporto el abuso ni la injusticia o porque la verdad me parece algo más que una palabra. Aunque hoy en día esté absolutamente fuera de lugar.
Así que no me basta sólo con el blog y voy escribiendo en otros lugares, pero en vez de estar a bien con todos, como debería, si quiero que me dén cancha, me dedico a llevar la contraria. No lo puedo evitar. Mis principios siempre han estado por encima de la conveniencia. Lo malo es que las consecuencias no las sufro sola. En un mundo ideal, los que luchan por sus ideas alcanzarían al final el éxito soñado. En la vida real, sólo consiguen algunas noches de insomnio.
Os dejo un enlace de mi blog ideal, aunque no estamos de acuerdo en lo de Ucrania.
En enero murió mi suegra y yo tuve covid. En febrero fui a Alemania y volví con un dolor de espalda tremendo. En marzo me dió diverticulitis todo el mes. En abril me quedé coja con tracondeítis y me encontrarón un pólipo en el útero.. En mayo me quitaron el pólipo y mi hija cogió covid. En junio tiene covid mi marido. Por medio un par de migrañas y alguna molestia más. También operaron al gato de mi hija. Total que llevamos una temporada atípica, que no levantamos cabeza.
De manera que hemos visto mucha televisión, muchas películas y series y hemos salido poco. Quería haber hecho algún viajecito pero no ha podido ser. Ahora no me atrevo a planearlos. Esperemos que julio sea un mes aburrido sin novedades. Mientras tanto sigo con mi faceta de escritora y lectora, aunque la verdad es que me puede la pereza. He perdido varias clases de alemán y ya quedan pocas. A ver si llegan las vacaciones y podemos descansar de no hacer nada.
(Fourth Wave)
Las nuevas directrices del Comité Olímpico Internacional indican que
los varones trans que deseen competir en deportes femeninos no deben
reducir sus límites de testosterona.
Las nuevas políticas del COI sustituyen a las directrices de 2015 y
llegan a afirmar que «no se debe presumir» que los varones trans tienen
una ventaja automática sobre las mujeres biológicas, una afirmación que
contradice las posiciones anteriores del COI.
Según el documento, «hasta que las pruebas determinen lo contrario,
no debe considerarse que los atletas tienen una ventaja competitiva
injusta o desproporcionada debido a sus variaciones de sexo, apariencia
física o condición de transgénero.»
En las directrices anteriores, el COI había establecido que los
varones trans debían reducir sus niveles de testosterona por debajo de
10 n/mol por litro durante al menos 12 meses para poder competir. Aunque
las directrices no son legalmente vinculantes y, en última instancia,
son los organismos deportivos los que determinan sus propias normas, el
COI ya no fomenta ningún tipo de reducción de testosterona.
En 2020, la revista British Journal of Sports Medicine publicó los
resultados de un estudio en el que se constató que los atletas
masculinos que se autoidentificaban como trans conservaban una ventaja
competitiva del 12% hasta dos años después de comenzar la terapia
hormonal.
La investigación afirmaba que «pueden ser necesarios más de 12 meses
de supresión de la testosterona para garantizar que las mujeres
transgénero no tengan una ventaja competitiva injusta al participar en
competiciones atléticas de élite».
A pesar de ello, parece que el COI ha llegado a la conclusión de que
la suposición de una ventaja competitiva biológica masculina sobre las
mujeres «no está verificada».
He estado viendo las seis temporadas de esta serie como un experimento sociológico. Digamos que no me gustaba su planteamiento pero quería ver hasta dónde les llevaba. Una de las protagonistas le dice a su ahijado: no te preocupes, estás en el lado correcto de la historia, en el izquierdo. Con eso se resume la mentalidad de esta serie de Netflix que aúna todas las teorías de la ideología de género y el pensamiento woke. Aparte de eso, tengo que reconocer que es muy entretenida.
Trata de la vida de cuatro mujeres trabajadoras que acaban de tener un hijo. Dos de ellas acaban divorciándose antes del año porque realmente no tenían una relación estable. Una es lesbiana, como el cincuenta por ciento de los personajes, lo cual multiplica la proporción real en la sociedad por cincuenta. Otra tiene una hija adolescente que anda muy perdida y su madre no le sirve de ayuda, aunque sea psiquiatra. La verdad es que todos los niños sobreviven gracias al cuidado de sus padres o niñeras.
Ellas están centradas en su trabajo y la familia es algo accesorio. Con el tiempo, una de ellas acaba teniendo problemas de control de la ira; otra descuida su familia y su trabajo; otra, no sabe qué hacer con su vida; y las última se da cuenta de que lo ha hecho todo mal. Lo único que tienen todas claro es que no quieren ser mujeres tradicionales. Pero el problema es que carecen de otro modelo a seguir; de manera que van improvisando, metiéndose en mil problemas y aprendiendo sobre la marcha.