En Nadie nace en un cuerpo equivocado, un provocador ensayo publicado por Deusto en 2022, los psicólogos José Errasti y Marino Pérez Álvarez sostienen que la disforia de género de inicio rápido (ROGD, por sus siglas en inglés), que surge de forma repentina durante la adolescencia, está propiciada por el «contagio social», a través de influencers y grupos trans online, y responde en la mayoría de los casos a otros problemas o experiencias adversas, como abusos, maltratos, apegos desorganizados o ACE (Adverse Childhood Experiences). Sin embargo, el modelo afirmativo ignora estos contextos y valida directamente, e incluso medicaliza, la transición.
En España ya ha habido casos como el de Susana Domínguez, joven de Galicia que se sometió a una cirugía de mutilación de pechos y genitales sin supervisión psiquiátrica, y finalmente se detectó que la causa de su malestar no era la disforia, sino el autismo. Terminó demandando a la Sanidad Pública. No es, ni mucho menos, un caso aislado. Así lo ha demostrado recientemente la asociación Amanda , conformada por decenas de madres de jóvenes con problemas de disforia de género de inicio rápido.
Esta entidad, nacida a finales de 2021, ha hecho la primera macroencuesta nacional sobre cómo afecta la ideología de género a los menores de edad, teniendo en cuenta la experiencia de 476 familias asesoradas en los últimos cinco años. La respuesta ha sido reveladora: el 77% de los menores que se declararon trans sufrían en realidad de traumas por abusos, bullying, separación, divorcio, muerte o enfermedad de un familiar. Del total, el 67% sufría de problemas de socialización y el 65% de neurodivergencia o trastorno psicológico, principalmente TEA (trastorno del espectro autista), AACC (altas capacidades) o TDAH (trastorno de atención con hiperactividad).
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La encuesta también muestra que la mayoría de los menores de edad que sufren disforia de género son niñas. En concreto, el 81%. Además, ellas se declaran trans antes que ellos: en secundaria, entre los 12 y los 16 años. Sin embargo, la mayoría de ellas ejerce una transición meramente social (esto es, cambio de nombre en el centro educativo), mientras que en los niños el porcentaje de los que se someten a transición médica es mayor. Otro dato interesante que arroja el estudio es que un 30% de las chicas y un 21% de los chicos desistieron y volvieron a identificarse con su sexo biológico.
«Esta investigación, la primera que se realiza en nuestro país, cuenta con una muestra abundante, al nivel de otras prestigiosas que se han realizado a nivel internacional, y sus conclusiones son muy sólidas», considera José Errasti, profesor de Psicología en la Universidad de Oviedo. Entre estas conclusiones, que «la disforia de género no es un fenómeno de anhelo interno, sino que está enmarcado en un contexto de otros problemas psicológicos que los menores arrastran desde niños y marcan su desarrollo». El psicólogo también señala el porcentaje de desistimiento, entre el 21% y 20%, «lo cual habla en contra de que estemos ante un fenómeno natural e imparable».
Quejas paternas
Por último, en lo referente al ámbito educativo, en el 70% de los casos los progenitores no firmaron la autorización para el cambio de nombre del estudiante. En el 60% ni siquiera fueron informados. Por esto, cinco de cada diez familias reportan experiencias negativas, en algunos casos con amenazas de derivar a sus descendientes a los servicios sociales. Amanda considera que «los protocolos educativos promulgados por las leyes transautonómicas y los centros educativos dificultan el tratamiento social adecuado de adolescentes vulnerables, lo que podría derivar en tratamientos hormonales cruzados, cuyo efecto es desconocido en la salud a largo plazo».
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Los resultados del sondeo van en línea de los arrojados por la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres en su Análisis de los protocolos educativos de corte transgenerista en España, que denuncia que estos «permiten a los centros iniciar la transición social del alumnado sin conocimiento de los progenitores. Y son los protocolos los que prevén que aquellos puedan ser denunciados a los servicios sociales si no firman el consentimiento». Esto, a juicio de Errasti, «es un escándalo que debería abrir todos los informativos».
El ‘informe Cass’
El descubrimiento de Amanda sobre cómo la mayor parte de adolescentes y jóvenes objeto de estudio presentan situaciones de neurodivergencia/malestar previo a la autodeterminación de género es coherente con hallazgos similares realizados en Estados Unidos y Europa. De todos ellos, destaca en Reino Unido el profuso estudio realizado por la doctora Hillary Cass, el conocido comúnmente como informe Cass, que hizo un análisis exhaustivo de 113.269 casos de menores y jóvenes en 18 países.
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El informe concluyó que el auge súbito y exponencial de los casos de disforia de género entre jóvenes no tiene origen biológico, sino eminentemente psicológico y social. Muchos de los menores que refieren disforia de género en realidad tendrían condiciones del espectro autista, podrían sufrir depresión, ansiedad, trastornos alimentarios u otras condiciones psicológicas y sociales que incidirían en su malestar. Esto es, que con el correcto acompañamiento psicológico podrían detectarse las causas de su malestar sin concluir mediante la terapia afirmativa que se trata de un menor trans y dar luz verde a un proceso de transición.
https://theobjective.com/sociedad/2026-03-19/trans-ninos-trastorno-psicologico-previo/
Hola, Susana. Muy interesante el estudio y los demás, el de la doctora Hillary Cass lo leí en su momento. Lo que está claro es que este es un "problema" que avanza en nuestro siglo y a pesar de todos los estudios, tampoco hay conclusiones concretas al respecto. Porque en esta evolución o ¿involución? (según algunos mal pensados), el ser llamado "humano" ¿está cambiando? Tampoco se sabe a dónde le llevará esos cambios... Pero ante todo hay que tener comprensión y abrir la mente a los tiempos, la realidad es que todas las cosas de la vida tienen su razón de ser... Y el razonamiento no puede ser tan simple como llamarlo "enfermedad", "incapacidad" o "contagio temporal"... Pero las soluciones nunca deben ser mutilar, extirpar, o emascular; nunca soluciones irreversibles... (Aunque no lo he vivido de cerca y no sabría...)
ResponderEliminarEl número de personas con desacuerdo con su sexo no spera el uno por mil, generalmente homosexuales. Si les convencen de cambiar de sexo no se soluciona su problema. Un beso
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