Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

martes, 26 de mayo de 2026

No hay peor desprecio que no hacer aprecio

Nostalgia de lo que no fue (relato que presenté a un concurso

Si me hubieran preguntado de niña si era feliz hubiera contestado que sí. Pero entonces no tenía ni idea de lo que era la felicidad. Me bastaba con comida, un techo sobre la cabeza y poco más. No sabía que otros niños tenían amigos con los que jugar. Yo jugaba siempre sola.

No comprendía que estar todo el día leyendo de la mañana a la noche podía ser un sucedáneo de vida, pero no era lo ideal. Y que pasar las horas sin hablar con nadie tampoco era lo natural.

Tuvieron que pasar muchos años para que pudiera comparar mi vida con las de otros niños y darme cuenta de que no era feliz en absoluto. Tenía nostalgia de lo que nunca había sido: la familia unida, la relación con los hermanos, los amigos de la calle…

Sólo tras años de terapia comprendí que yo no tenía la culpa de nada de eso. Ni de ser enfermizamente tímida, ni de no tener vida social, ni de perder el interés por los estudios.

La vida no la eliges tú. Viene como toca. Son las cartas que te da el destino. Mi infancia solitaria marcó toda mi existencia posterior. Así que con mis hijos procuré que nunca les faltara el cariño ni la compañía. Para que, si sienten nostalgia, sea de algo real, no ficticio.

Así que intenté que nunca les faltara atención, que tuvieran buenos amigos, que salieron con ellos cuando tuvieran edad. Aún así los libros nunca faltaron de su vida. Salieron grandes lectores, pero no por necesidad sino por elección.

La soledad no elegida es tan dura que te hace pensar que tu vida no tiene sentido. Nadie debería pasar por ello. Pero es peor la soledad rodeado de gente a quien no pareces importarle. Sé que hay cosas mucho peores pero el sufrimiento no entiende de razones.

Veinte años que parecieron cuarenta, días sin principio ni fin. Veranos eternos. Cuando escucho hablar a otros de cómo añoran su infancia, no puedo evitar pensar que me han robado algo insustituible. Por suerte después cambiaron las tornas.

La memoria a veces nos engaña. Nos cubre de un velo rosa el pasado para que no duela tanto. Algunos prefieren quedarse con esa imagen. Otros no tenemos más remedio que rasgarlo por nuestra salud mental. 

Descubrir el pasado forma parte esencial del proceso de curación de las heridas que no sabías que tenías pero no han cicatrizado. Y sobretodo ayuda a no volver a caer en las mismas trampas. 

Escribir también ayuda en el proceso de sanación. Sacar a la luz a la niña que fuiste, sola, triste, ensimismada, viviendo en un mundo de fantasía para no tener que afrontar la realidad.
 

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