Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

sábado, 19 de julio de 2025

Wokismo y pantalones Skiny Fit, por Gonzalo Cabello de los Cobos

En la última década hemos sido testigos de una caza pública despiadada contra una especie concreta: el Hombre Blanco Heterosexual (HBH). Desde los albores de la paranoia woke, este grupo perseguido ha sido discriminado con total impunidad y colocado en el centro de su diana. La retahíla ya la conocen: machirulismo, patriarcado, privilegios, señoro… etc.
Wok

Lu Tolstova

Ingenuo de mí, al principio pensé que toda esta persecución mediática, política y social quedaría simplemente en palabras. Y aunque muchos cayeron por el camino bajo el peso de esta nueva inquisición, jamás imaginé que el asedio llegaría a ser tan feroz… y certero. Y así, sin darnos cuenta, de las palabras los 'wokistas' pasaron a los hechos.

Nuestros usos y costumbres fueron atacados sin piedad, despreciando sin misericordia todo lo que representábamos. La idea era erradicar un modelo que, según sus dogmas, era inherentemente tóxico. Y así ha sido hasta hoy.

En la actualidad, sentarse con las piernas abiertas en un autobús no es solo una molestia, es violencia. Tanto es así que, en 2015, el diccionario de Oxford incorporó el término manspreading para describir esta supuesta opresión espacial masculina. Decirle «guapa» a una mujer es acoso. No ver el fútbol femenino es machista. Creer que la igualdad es más justa que el feminismo que criminaliza al hombre es ser facha. Y así, un sinfín de ejemplos.

Poco a poco, entre acusaciones y prohibiciones, nos han ido llevando a un lugar donde las palabras han dado paso a acciones concretas y lo que hace relativamente poco parecía una pequeña falta hoy se ha convertido en una realidad perseguida, en ocasiones, por la ley.

Yo lo veo, por ejemplo, en la ropa. Y sí, ya sé que las modas cambian y que bla, bla, bla. Me da igual. No hay más que salir a la calle para darse cuenta de que los chavales de hoy visten más como sus madres que como sus padres. Es un hecho que no pueden negar: la masculinidad comienza a ser un recuerdo del pasado.

Y esto no es fruto del azar. No. Ha sido una estrategia cuidadosamente diseñada por los 'wokistas' para transformar nuestra sociedad en un entorno «más femenino». Y no, no me refiero a esos iluminados que, por moda, van sin calcetines en enero, esos son idiotas, sino a toda una generación de chavales que, de manera inconsciente, toman decisiones moldeadas casi exclusivamente por lo que ven en la televisión y en sus redes sociales, donde la cultura woke impone su narrativa de forma absoluta.

Si Timothée Chalamet y Jaden Smith se visten como mujeres, es que no será tan malo, ¿no?

Ahora que está tan de moda la serie Adolescencia de Netflix, tomen buena nota de lo que sucede cuando dejas a tu hijo solo frente a un ordenador sin la tan necesaria supervisión paterna. Pero esa no es la cuestión ahora…

Me ha costado muchos párrafos llegar a lo que de verdad me importa: los pantalones.

Yo, como HBH de manual, suelo ir de compras una o dos veces al año. Antes de salir, ya sé exactamente lo que quiero: llego a la tienda, cojo lo que necesito, lo pago y trato de huir lo más rápido posible. Pero últimamente he tenido serios problemas con mis pantalones.

Desde que mi madre dejó de comprármelos, hace más años de los que me gustaría, siempre acudo a la misma tienda o a alguna similar para reponerlos. Cada dos años, más o menos, adquiero siete u ocho pantalones, suficientes para resistir hasta la próxima tortura consumista.

Pero mi última aventura fue un auténtico fiasco. Como siempre, tras hacerme con ocho pantalones, los llevé a casa. Esa misma tarde acudí a mi china de confianza para que me subiera los bajos y esperé un par de días hasta recogerlos. Todo iba según lo previsto. De hecho, tanta era mi confianza que, antes de estrenarlos, incluso tuve la brillante idea de deshacerme de los viejos: error fatal.

Cuando llegó el momento de probarme mis nuevos pantalones, para mi horror y sorpresa, descubrí que entre mi piel y la tela de esas cosas horrendas no había ni medio centímetro de relajación. La compresión era mucha.

Confuso, le pregunté a mi mujer por el asunto, insinuando que algún deficiente debía haberme vendido unos pantalones defectuosos. Ella, con ternura conyugal, me respondió recalcando lo que consideraba evidente: el deficiente era yo por no mirar las etiquetas antes de comprar ocho pantalones. Pero, a ver, ¿cómo iba a fijarme en algo que jamás había mirado en más de 30 años de pantalones sanos y cómodos?

Uno a uno, fui revisando las etiquetas, solo para descubrir, con una creciente sensación de desolación, que todos ellos decían Slim Fit, que en el idioma de Cervantes viene a ser algo así como «corte ajustado». Todos. Excepto uno marrón que me había gustado para el campo y que llevaba la terrorífica inscripción Skinny Fit, que se pegaba tanto a mis piernas que tardé más de cinco minutos en poder quitármelos.

Con la desidia propia de un buen HBH, tiré los Skinny directamente a la basura, no creo justo que ningún mortal lleve puesto semejante espanto, y decidí que, a pesar de mi error, no iba a gastar un dineral en otros ocho pantalones nuevos. A fin de cuentas, podía aguantar dos años más hasta la siguiente tanda. Pagué mi estupidez con más estupidez. Suele pasar.

Ya, por fin, puedo confesarles que hace tres días se terminó mi condena. He pasado dos años aguantando pantalones Slim Fit de forma estoica, aunque los odiase profundamente. He cedido al 'wokismo' de forma tacaña y consciente, permitiendo que mis muslos se notaran más de lo estrictamente necesario, y más o menos he sobrevivido.

Ahora ya lo sé. Los pantalones de hombre vienen en todas las formas y estrecheces imaginables, y la única que me gusta, la de toda la vida, la que deja circular la sangre sin estrangular la hombría, es muy escasa y cuesta tres veces más que un Skinny wokista.

No hay duda, querido lector: la guerra contra el Hombre Blanco Heterosexual también se libra en los probadores

 https://www.eldebate.com/opinion/en-primera-linea/20250321/wokismo-pantalones-skinny-fit-historia-violencia_280760.html

viernes, 18 de julio de 2025

El pensamiento sistémico y la insurrección de la verdad

La insurrección de las particularidades es el título del nuevo ensayo de Chantal Delsol, publicado en enero en Francia. Se trata de un análisis implacable de la postmodernidad y de su potencial totalitario, por parte de una de las pensadoras francesas más relevantes de las últimas décadas, profunda analista de la cultura y de las corrientes sociopolíticas contemporáneas.

En español solo se ha publicado una obra suya Populismos: una defensa de lo indefendible (Ariel, 2015).
Chantal Delsol, 'Populismos. Una defensa de lo indefendible'.

Ariel

Christophe Geffroy en el número 377 (febrero de 2025) de La Nef:

Desde la publicación de L'âge du renoncement [La era de la renuncia] (Cerf, 2011), Chantal Delsol ha acumulado una obra amplia e impresionantemente erudita sobre la posmodernidad. En esta su primera obra sobre el tema, defiende la tesis de un retorno al paganismo, que ha sido durante mucho tiempo la norma de la humanidad, tras el retroceso del cristianismo y de la noción de verdad que le es consustancial.

En Les pierres d'angles [Las piedras angulares] (Cerf, 2014) -una de sus obras más notables- demuestra que todo lo que más apreciamos -la inalienable dignidad humana, la democracia y la libertad de pensamiento, el universalismo, el progreso- se lo debemos al cristianismo, y que al negar esta contribución y su origen nosotros mismos estamos socavando los cimientos que sostienen lo que tanto apreciamos.

Luego, en La haine du monde [El odio del mundo. Totalitarismo y postmodernidad] (Cerf, 2016), fustiga el prometeísmo del hombre emancipado de todo límite, promovido por una pequeña minoría todopoderosa, el arraigo convertido en el mal absoluto y toda crítica desechada por la burla.
El matrimonio homosexual significa que no hay límites; y sin límites no hay civilización.

Mientras el mundo gira
El matrimonio homosexual significa que no hay límites; y sin límites no hay civilización.

Por último, en Le crépuscule de l'universel [El crepúsculo de lo universal] (Cerf, 2020), muestra cómo la cultura occidental, que se pretende universal -caracterizada por el individualismo liberal, el globalismo y la democracia de los derechos humanos-, creyó haber ganado definitivamente la partida tras la caída del Muro de Berlín. La realidad es que se ha visto contestada y combatida no sólo por potencias autocráticas como Rusia, China y los países musulmanes, sino incluso en Europa por gobiernos populistas o iliberales.

Insurrection des particularités [La insurrección de las particularidades] (Cerf, 2025) continúa el libro anterior desarrollando la tesis central de esta importante obra: "La modernidad ha destruido progresivamente la posibilidad misma de lo universal, sustituyéndola por el producto de voluntades particulares" (p. 12).
Chantal Delsol, 'Insurrection des particularités'.

La moral posmoderna

Como comprendió Tocqueville, la búsqueda desenfrenada de la igualdad es el resorte principal de la mentalidad moderna. Esta noción, desconocida en otras civilizaciones, procede del cristianismo, que defiende la igualdad ontológica de todos los hombres ante Dios. La Revolución francesa primero y el marxismo después retomaron esta idea "secularizándola" en la igualdad social, intención noble pero profundamente irreal. Pero como la necesidad de igualdad es inextinguible, se extenderá por todas partes y afectará tanto a las obras y los talentos como a los valores. A partir de ahora -y aquí estamos con el wokismo- todas las culturas o religiones son iguales, "ya no sufren la jerarquización que antes confería la cultura de los derechos humanos, [...] y emitir un juicio sobre el grado de civilización o de barbarie es un delito punible" (p. 27).

El dogma de la igualdad prohíbe cualquier jerarquía o superioridad, por lo que la sociedad se desdobla en una miríada de individuos, todos ellos brillantes, y cada uno de los cuales es libre de perseguir sus deseos y anhelos, incluso los más absurdos: tal es la moral posmoderna. Lo que lleva a Chantal Delsol a afirmar que "los avatares del difunto marxismo están por todas partes en nuestras culturas infectadas de utopías estériles" (p. 51). Sin embargo, esto conduce a una situación demasiado alejada de la realidad, por lo que es necesario recurrir a la coerción para imponer esta utopía: "Así, paradójicamente, la inclusión se ve obligada a excluir constantemente a todos sus oponentes" (p. 52).

Otro legado del marxismo (y del nominalismo) es que la lucha es el único factor para entender nuestras sociedades. "La modernidad occidental inaugura la era de la lucha" (p. 68). Pero, a diferencia del marxismo, ya no se trata de construir un paraíso aquí abajo; la lucha se convierte en un fin en sí misma. "A partir de ahora, lo bueno es la igualdad y lo malo la dominación" (p. 67), que debe combatirse allí donde exista. "El particularismo de la modernidad tardía es la consecuencia de una transformación de la moral. El bien ya no es la búsqueda de la conexión, el amor y la paz, sino la búsqueda de la igualdad mediante la venganza contra la dominación" (p. 76).
La académica Chantal Delsol apunta al Renacimiento como el inicio de la decadencia de la Cristiandad, que desde mediados del siglo XX vive sus estertores. Foto: Captura KTO.

Personajes
Chantal Delsol: «La ecología se ha convertido en una religión para sustituir al cristianismo»

La posmodernidad también vio surgir lo "sistémico", que favorece el desarrollo de las particularidades al tiempo que atenúa cualquier responsabilidad personal, ya que los males son el resultado de sistemas u organizaciones deficientes o de categorías nocivas como tales (ayer el burgués, hoy el hombre blanco heterosexual). "El pensamiento sistémico contemporáneo representa la continuidad del pensamiento marxista, pero al mismo tiempo la continuidad de la modernidad en general. El pensamiento sistémico expresa una gran esperanza de pureza: la idea de haber localizado por fin el mal, de haberlo aferrado como una mariposa a una tabla, sugiriendo que vamos a librar al mundo de él" (p. 120).

Esta evolución repercute en la política y en el funcionamiento de la democracia: "Estamos pasando de la democracia como soberanía del pueblo a la democracia como reino de las particularidades" (p. 123). Ya no son las elecciones las que hacen la democracia, sino la obediencia a las exigencias de las particularidades: las minorías, a veces minúsculas, hacen la ley mediante la intimidación de las víctimas, y su legitimidad deriva precisamente de su condición minoritaria o de los malos tratos infligidos a sus antepasados.
La razón desaparece, reinan las pasiones

Al abordar el estatuto de la ciencia y su pérdida de credibilidad, Chantal Delsol constata el retroceso de la razón y, más aún, el borrado del deseo y la sed de verdad que han caracterizado durante mucho tiempo a nuestra civilización cristiana, allanando el camino a un mundo basado en los sentimientos, las emociones y las pasiones, donde sólo la subjetividad de los individuos tiene algún valor. "El alejamiento de la verdad, que da paso a los discursos individuales, refleja un profundo rechazo del mundo tal como es y de la realidad misma. Un deseo de rehacer, cada día y cada uno a su manera, este mundo imperfecto e invivible" (p. 191).

Este mundo, que queremos reconstruir en cualquier momento, ya no se basa en la herencia y la transmisión, la historia y el apego al pasado que dan lugar al "fascismo": "El ser humano deja de imitar a sus predecesores o antepasados y elige modelos entre sus semejantes. En otras palabras, se rompe la cadena del tiempo" (p. 241).

Es fácil comprender el movimiento Childfree, ya que todo se detiene después de esta generación, ¡que aspira a la inmortalidad! ¿Por qué tener hijos cuando sólo te interesa tu propio yo, cuando no tienes nada que transmitir, cuando aspiras a una vida en la Tierra lo más larga posible, aunque pienses que el futuro es sombrío o incluso apocalíptico?

El miedo a la "catástrofe" climática, muy bien analizado por Chantal Delsol, contribuye al odio a sí mismo tan extendido en Europa, un odio comprensible cuando se culpa al hombre de todos los trastornos que afectan al planeta: el mundo natural sigue siendo así el único legítimo, el único que merece la pena proteger, incluso del propio hombre.
Ante la crisis de la sociedad Occidental y la pérdida de la influencia de la Iglesia en la vida pública, la filósofa francesa Chantal Delsol considera la existencia de cristianos como un signo de esperanza y llama a vivir la virtud y la familia cristiana.

Personajes
Occidente será «una sociedad ecologista y politeísta: lo sagrado estará en los árboles y animales»

"La tentación de la nada es el principal síntoma de la posmodernidad. [...]. Esperamos la catástrofe bajo muchas formas" (p. 290), escribe Chantal Delsol. El cambio climático no es la única "catástrofe" que alimenta el miedo omnipresente en nuestras sociedades posmodernas; también está la "superpoblación" mundial, el riesgo de conflicto nuclear, los excesos de una tecnología desbordante que se ha vuelto loca... Este mismo exceso demuestra que "la catástrofe esperada está en la mente de la gente, no en la realidad" (p. 291). Y Chantal Delsol concluye que lo que le ocurre al "occidental de la modernidad tardía" es que " ha renunciado a la necesidad de dar sentido a la existencia. El catastrofismo contemporáneo no anuncia una catástrofe, sino que expresa la llamada del no-ser" (p. 291).

Para cualquiera que reflexione sobre la modernidad y la posmodernidad, la obra de Chantal Delsol es ahora verdaderamente esencial.

 https://www.religionenlibertad.com/cultura/250314/chantal-delsol-implacable-analisis-pensamiento-sistemico_110944.html

jueves, 17 de julio de 2025

La cabra tira al monte

 Este dicho significa que la gente es como es y el que tiene malas intenciones las sigue teniendo. Es decir, que es muy raro cambiar con el tiempo.

Algún caso ha habido, especialmente entre los Santos. Sin embargo no conviene confiar en alguien que ya te la ha jugado en otras ocasiones.

Más sobre Gaza: https://www.cesarvidal.tv/videos/haaretz-destapa-asesinatos-de-civiles-por-el-ejercito-israeli-en-gaza-30-06-25

miércoles, 16 de julio de 2025

Pavor en el hormiguero por Juan Messeschmidt

(,,,) Si a algo se puede comparar la Unión Europea es al Sacro Imperio Romano Germánico, con sus innumerables estados alemanes e italianos, unos diminutos, otros apenas medianos, sometidos a una egoísta oligarquía feudal, mal avenidos, débilmente vinculados por una vaga fidelidad a la figura del emperador e incapaces de articularse como un sujeto histórico coherente y poderoso. Sería interesante, y seguramente revelador y muy útil, que algún historiador competente estudiara a fondo estas sejemanzas.


Por otra parte, el éxito económico ha envanecido a Europa hasta hacerle perder el sentido de la realidad.

La naturaleza no ha favorecido a Europa con generosos recursos energéticos ni con abundancia de metales preciosos ni de materias primas. El auge económico europeo empezó muy lentamente en la baja Edad Media gracias al intercambio comercial con Oriente, teniendo a Bizancio y al Islam como intermediarios. El papel hegemónico de Europa a escala mundial se alcanzó gracias a la conquista de América y al control de rutas comerciales en el Mediterráneo, el Índico, el Pacífico y el Atlántico, un proceso de dominio que llegó a su cumbre en el siglo XIX, con el sometimiento total de África y Asia al poderío colonial europeo. Sin las materias primas llegadas de ultramar y sin los mercados abiertos en otros continentes, la revolución industrial difícilmente hubiera podido tener lugar y llevar a Europa al zénit de su poderío.


Tras la Segunda Guerra Mundial, la tutela estadounidense permitió a una muy debilitada Europa alcanzar una prosperidad económica notable, así como seguir teniendo un acceso privilegiado a los mercados del “tercer mundo”. La descolonización fue en bastantes países más formal que real: un buen ejemplo es el de Francia, que tanto por medio de las finanzas (en buena medida gracias al franco africano) como de la fuerza militar ha seguido controlando la economía y la vida política y social de buena parte de sus antiguas colonias.


Pero con el fin de la Guerra Fría y el advenimiento de la globalización las cosas han entrado en un proceso de cambio profundo, de modo que el “sur global” ha ido ganando terreno y saliendo de la postración postcolonial: la India, el Brasil, Sudáfrica, el Irán, Indonesia, etc. se perfilan como potencias económicas, políticas, tecnológicas y militares cada vez más sólidas. Ello significa que se convierten en temibles competidores de Europa. Pero Europa parece querer ignorarlo. Sobre todo los dirigentes políticos británicos, franceses y alemanes están arrogantemente convencidos de que Europa en general, y sus naciones en particular, siguen siendo grandes potencias mundiales, al menos si a su lado están los Estados Unidos.


Pero desde el final de la Guerra Fría para los Estados Unidos el valor de Europa no ha dejado de disminuir.

No se trata de la mala voluntad de tal o cual presidente norteamericano, es un hecho geopolítico y económico sin más. Por mucho que la mitología política pretenda hacernos creer otra cosa, los Estados Unidos son una gran potencia hegemónica como casi todas las que ha habido a lo largo de la historia: es decir, una nación dura, con unas ambiciones, unas ansias de poder y unos intereses propios que sus gobiernos anteponen a cualquier otra consideración o escrúpulo.


Con un acceso cada vez más difícil a sus antiguas colonias y con una tutela estadounidense en proceso de extinción ¿puede la Unión Europea, sola y precariamente unida, hacerse la ilusión de ser una gran potencia y de estar en condiciones de mantener su prosperidad?


Existió durante mucho tiempo la posibilidad de que este socio fuera Rusia


Si al finalizar la Guerra Fría Europa no quería caer en la irrelevancia ni perder su riqueza, debía, por lo que respecta al interior, lograr su unidad política y social, con todas las consecuencias que ello conlleva; y por lo que respecta al exterior, tenía que hallar un socio que le proporcionara lo que le falta: materias primas, energía, y, a ser posible, protección militar y acceso a grandes mercados extranjeros. Existió durante mucho tiempo la posibilidad de que este socio fuera Rusia, que cumple con estos requisitos y es un país europeo que ha llevado la cultura y la civilización occidentales hasta los últimos confines del Extremo Oriente. Pero la Unión Europea se empeñó en rechazar esta alianza.


Ahora Europa se ha quedado sola: los Estados Unidos le dan la espalda, en el “sur global” no está bien vista, con China está enemistada, con Rusia en pie de guerra. Sería hora de reflexionar, de reconocer los errores cometidos y de corregir el rumbo. En vez de ello Bruselas y los gobiernos europeos se muestran incapaces de asumir una posición verdaderamente unitaria frente al exterior, patalean contra Donald Trump y al mismo tiempo, contradictoriamente, intentan hacerlo volver al redil de la OTAN, mientras adoptan una posición cada vez más hostil hacia Rusia, sin intentar siquiera un gesto que pueda ganarles las simpatías del sur global o aflojar la tensión con China.


Sus medidas para preservar el medio ambiente son caras y mucho más retóricas que eficaces


Europa no tiene una diplomacia unificada. Tampoco unas fuerzas armadas mínimamente coordinables. En la carrera tecnológica se está quedando atrás. Carece de grandes recursos energéticos y de abundantes materias primas. En importantes sectores ha sufrido una fuerte desindustrialización. Su sector agrícola pasa por malos momentos. Tiene una población densa y en acelerado proceso de envejecimiento. Sus medidas para preservar el medio ambiente son caras y mucho más retóricas que eficaces. Tiene serias dificultades con la inmigración. Crecen en continente la corrupción y la delincuencia. Su sistema político pasa por una severa crisis. Los ciudadanos de la Unión Europea están hartos, descontentos, decepcionados y, sobre todo, muy confundidos y asustados. Renunciamos aquí a hablar de lo más hondo, su decadencia cultural, moral, espiritual…


Hace veinte años alguien me dijo que el futuro de Europa era, con suerte, transformarse en una especie de Disneylandia para turistas chinos. Si no cambiamos ya mismo de rumbo, del parque de atracciones europeo no quedará otra cosa que un gigantesco túnel fantasma.

https://www.forumlibertas.com/europa-estados-unidoso-pavor-en-el-hormiguero/

martes, 15 de julio de 2025

Hacia el vertedero de la historia, por Juan Manuel de Prada

 Habría que empezar recordando que, aunque los aspavientos de la prensa sistémica nos hagan creer lo contrario, Estados Unidos y Rusia no han entablado todavía ninguna negociación de paz sobre la guerra de Ucrania. Vuelve otra vez a demostrarse que la intemperancia y facundia de Trump, ese Atila de la paz, sirven sobre todo para alimentar el fuego de las pasiones antagónicas que benefician a sus enemigos. Estados Unidos y Rusia sólo han iniciado contactos para restaurar un ‘diálogo’ que llevaba mucho tiempo roto. Para ello han acordado restablecer las relaciones diplomáticas, noticia en princípio muy halagüeña; pues, salvo los belicistas frenéticos y sedientos de sangre, todos deberíamos celebrar que las dos principales potencias nucleares tengan abiertas vías de comunicación y entendimiento. Trump prometió a sus votantes que sacaría a Estados Unidos de una guerra que estaba vaciando las arcas públicas y que, lejos de debilitar a Rusia, la ha fortalecido económicamente, abriéndole mercados en Asia y África ante las sanciones con efecto bumerán impuestas por el gagaísmo bideniano (que sólo han servido para empobrecer a Europa). Y ahora se propone cumplir su promesa electoral, para alegría de sus votantes, cobrándose además el dineral que se han llevado crudo el títere Zelenski y sus mafias satélites.

Este propósito tan plausible de acabar con una guerra que sólo ha servido para empobrecernos debería ser motivo de moderada satisfacción para cualquier persona que no tenga arrasadas las meninges con el napalm de la propaganda (otra cosa es que ese propósito se haga realidad, pues ya hemos explicado que a Rusia la mueven razones incomprensibles para el pragmatismo yanqui). Pasma que ‘progres’ y fachas (pero ya hemos explicado que ambas facciones son simbióticas) se hayan puesto como la niña del exorcista en cuanto se ha apuntado tímidamente la posibilidad de una resolución para tan odiosa guerra que, si se mantiene artificialmente mediante el envío de armamento, concluirá inevitablemente con una catástrofe nuclear. Rusia no va a ser derrotada por muchas armas que se envíen a Ucrania (si se viese desesperada, haría lo mismo que Sansón hizo con los filisteos); y la prolongación de la guerra no hará sino empeorar la situación.

Desde luego, las declaraciones del bocazas Trump no ayudan a mantener la calma, pero, aunque estentóreas y chulescas, son fundamentalmente ciertas, en especial las acusaciones que lanza contra Zelenski, salvo aquella que le
atribuye la responsabilidad de «haber comenzado la guerra contra Rusia». La guerra la inició Estados Unidos en 2014, mediante la operación de falsa bandera de Maidán, y Zelenski -como antes Poroshenko-no han sido sino títeres (aunque hayan aprovechado la coyuntura para hacer perrerías a la población rusa del Donbass) a las órdenes del tío Sam, que ha empleado a los ucranianos como carnaza de sus intereses geoestratégicos. Entretanto, la patulea al frente del pudridero europeo (con Francia y Alemania al frente), aparte de permitir el incumplimiento de los pactos de Minsk, ha tragado sin rechistar los sapos más indigestos, desde el encarecimiento de los alimentos básicos hasta la voladura del gaseoducto Nord Stream, por citar sólo un par de fechorías perpetradas o permitidas por el tio Sam. Es normal que Trump no conceda protagonismo a los títeres, pues unas negociaciones de paz no son un teatro de guiñol.

Y ahora resulta que la patulea al frente del pudridero europeo, que ha tragado los sapos más indigestos, se pone estupenda cuando Trump anuncia su propósito de acabar con la guerra en Ucrania y lo acusa, además, de lanzar un «ataque frontal» contra los «valores occidentales». ¿A qué valores se refieren? ¿Al sopicaldo penevulvar, tal vez? ¿Al hundimiento demográfico? ¿A la religión climática? ¿A la sumisión a las invasiones bárbaras? ¿A los concursos de Eurovisión? El pudridero europeo ha renegado de todos los ‘valores’ (aceptemos esta palabreja inane) que fundaron su civilización, para después prohibirlos. Por lo demás, si los capataces del pudridero europeo deseaban tener presencia en esas anunciadas negociaciones de paz, les habría bastado con advertir a Trump que, si los excluía, las tropas americanas tendrían que abandonar de inmediato las bases militares que se hallan en territorio europeo. Todas las colonias del pudridero europeo cargan con esta servidumbre (prueba evidente de su condición colonial) que, en esta coyuntura, habría podido erigirse en magnífica moneda de cambio ante el ninguneo de Trump. Pero la patulea del pudridero europeo nada ha dicho de las bases, prueba inequívoca de que sólo son siervos que reclaman un poco de casito. Ocurre, sin embargo, que el amo ya no los quiere, son como esa criada a la que el señorito, una vez hollados todos sus orificios, echa de casa, porque se ha puesto fondona y celulítica.

Así que la pataleta de estas criadas rechazadas la vamos a pagar en nuestras sufridas costillas el pueblo sometido, mediante exacciones brutales («flexibilidad fiscal», en la jerga cínica de estos chupasangres) que se destinarán…. a la compra de armamento en gran parte procedente del complejo industrial-militar estadounidense. No se me ocurre forma más eficaz de profundizar en la irrelevancia y la humillación. Nos van a expoliar salvajemente para que la juventud ucraniana siga muriendo despedazada por las bombas, en defensa del sopicaldo penevulvar, la religión climática, las invasiones bárbaras y los concursos de Eurovisión. El destino del pudridero europeo es el vertedero de la Historia.

 https://noticiasholisticas.com.ar/hacia-el-vertedero-de-la-historia-por-juan-manuel-de-prada/

lunes, 14 de julio de 2025

Cría fama y échate a dormir

 Es algo muy habitual. Alguien consigue un éxito, merecido o no, y ya vive de ello por años. Si alguien tiene fama de buena persona, ya lo es para siempre.

Lo mismo al contrario. La mayoría se quedan con las primeras impresiones. Da igual lo que digas o lo que pienses tú al respecto 

domingo, 13 de julio de 2025

Mi kit, por Itxu Díaz



Escribo desde la despensa de la cocina, donde he instalado una trampilla forrada con papel de aluminio que da paso a un pequeño búnker oscuro con las dimensiones justas para refugiar a un columnista inquieto, talludito, y con levísimo sobrepeso, en posición de alabanza moruna, alcanzando la cavidad hueca del contorsionado tórax al suelo el espacio preciso para ciertos enseres de primeros auxilios, entre los que se incluye el hambre atroz y la sed africana. Escribo, en fin, presa del pánico, lo que alegrará enormemente a Ursula von der Leyen, la única gobernante cuyo nombre es onomatopeya de bombardeo, cuya principal afición es mantener a todo el mundo atenazado de temores a todas horas.

He colgado en la ventana un palo de escoba con un pañuelo blanco, por si los pútines, he insonorizado la cocina con un pedido industrial de papel higiénico, y he guardado en el congelador unas 500 barras de pan que yo mismo he amasado y horneado, tal y como aprendimos en el Curso de Iniciación a la Histeria Colectiva impartido a pachas por von der Leyen y Tedros Adhanom durante la pandemia de 2020. Grandes recuerdos de aquella célebre promoción de lunáticos y delatadores de visillo. Todavía recuerdo las juergas, el cante jondo, y las borracheras a chupitos de gel hidroalcohólico escondidos y amontonados en el ascensor de casa, con el QR tatuado en la frente por si el presidente de la comunidad nos pedía el santo y seña.

He quemado todos los libros que pudieran significarme, empezando por los míos, he pegado mi propia esquela por las parroquias del barrio para perderme la pista, y he comprado tres linternas, una de las cuales puede funcionar incluso en medio de un holocausto nuclear, según Yung Yi, el comerciante de la esquina que me las ha vendido a precio de muela de oro, sin parar de sonreír, sospechosa risita, con todo el teclado al aire, a Lang Li, su crush, presente durante la ardua negociación en el bazar.

Dentro del refugio he instalado una pequeña plantación de cereales, vagamente iluminados con un sistema de luces que también me vendió el chino, y que presuntamente favorece su crecimiento en circunstancias de extrema oscuridad; asunto que me ha obligado a responder demasiadas preguntas al vecino policía de la unidad antidroga al que he invitado a conocer mi bunker, que me miraba fijamente, y se mesaba la perilla achinando uno de sus ojos, durante mis apuradas explicaciones sobre el zulo, las macetas y las luces.

He comprado —en el chino— también un traje NBQ resistente a todo tipo de amenazas nucleares, biológicas y químicas, y me lo he enfundado en el probador de la tienda, resultando que, por su grueso tejido y extrañas costuras, aunque me queda mono en conjunto, me amplía de manera vergonzante mis más íntimos atributos, provocando cierta hilaridad entre las dependientas del establecimiento. Muy serio, he mirado a los ojos a una de ellas, la más carcajeante, y le he dicho con voz institucional: «Señora, en este momento singular de la historia, no estamos para bromas». Y al girarme hacia el probador todo digno, chof chof con las aletas, y cerrar la puerta de un portazo, me ha quedado el agigantado hueverío atrapado entre Pinto y Valdemoro, aprendiendo al instante a recitar versos de Shaaban Robert, célebre poeta tanzano considerado el padre del suajili.

El mayor reto en el diseño del búnker han sido las canalizaciones propias de la civilización posterior a Roma. La vida digna está bastante relacionada con el asunto de que las aguas circulen arriba y abajo en espacios cerrados, de la manera más discreta y encapsulada posible. Tras considerar opciones, me he decidido por horadar la pared del bunker hacia el patio exterior, con el milimétrico diámetro exacto que requiere la sagaz puntería a distancia de la que alardeo desde mis años escolares en la práctica del desaguado natural, última ventaja biológica de la masculinidad en tiempos de feminazismo morado. En cuanto a la dirección contraria, a saber, la venida de líquidos hidratantes, he optado por un dispositivo de alta tecnología formado por un monopatín, un gran depósito de agua mineral, y una cuerda. Esto me permite tener refrigerio en el búnker sin necesidad de dedicarle espacio. Me sabe mal decirlo, pero no he sido ingeniero porque no me ha salido de las pelotas.

En cuanto a las comunicaciones, me he llevado la decepción de que, gracias a Bruselas, ya no quedan radios de pilas en todo el continente europeo, salvo en el mercado de negro a precio de mordida de concejal de Urbanismo. De modo que he optado por otra comunicación alternativa que no exige conexión a internet ni alimentación eléctrica. Se trata de Úrsula, una córvida audaz de muy hábil aleteo, implacable tensión en el pico al portar mensajes, y una mala leche cósmica que me facilita además que el búnker no se convierta en el Arca de Noé, con todos los animales del barrio queriendo formar parte de la comuna. Lo único malo de la cuerva mensajera es que es muy suya y, cuando alguien le toca los huevos se ciega, me hace dormir fuera del búnker, y se come todos mis Phoskitos de emergencia.

Por último, como lecturas para calmar los nervios, he incluido en el refugio las obras completas de Greta Thunberg, tres volúmenes de Judith Butler como sujetacubatas, y el célebre libro de autoayuda, financiado por Next Generation EU, Es fácil morirte de miedo si sabes cómo. Lleno de ardor guerrero vegano, recito en verso la Constitución Europea, y beso cada noche la bandera de la UE. Ah, qué maravilla. No veo ya la hora de que caiga el primer pepinazo.
 

 https://gaceta.es/opinion/mi-kit-20250327-0455/

sábado, 12 de julio de 2025

¿Feminismo moderado?, por Angélica Barragán

El feminismo, como muchas otras ideologías, ha caído en las garras de la polarización, que ha dividido las diferentes corrientes de dicho movimiento en dos posturas principales, el feminismo radical o extremista y el feminismo original o moderado. Este último, que sostiene que las primeras feministas fueron mujeres cuya noble lucha se limitó a conseguir la justa igualdad de derechos para las mujeres, considera al feminismo radical, de raíz marxista y carácter revolucionario, una deformación del verdadero feminismo.

Sin embargo, ambas posturas, al parecer tan diferentes, comparten la misma raíz cizañera, la rebelión de la mujer contra su propia naturaleza.

Tanto, que las reconocidas sufragistas Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton (íconos de la mayoría de las feministas conservadoras) negaron las evidentes diferencias biológicas y psicológicas entre ambos sexos y denunciaron las limitaciones impuestas a las mujeres. Además, sostuvieron que el matrimonio es una institución establecida por el patriarcado a fin de mantener sus grandes privilegios y beneficios (especialmente económicos, políticos y sexuales). De ahí que alentasen a las mujeres a exigir la redefinición de su papel en la sociedad y realizar los interesantes y desafiantes trabajos masculinos, omitiendo que muchos varones afrontan duras y arduas labores, actividades tediosas y poco redituables, así como tareas de alto riesgo.

Anthony permaneció soltera, pues afirmó: "Nunca sentí que pudiera renunciar a mi vida de libertad para convertirme en el ama de casa de un hombre”. Por tanto, consideraba que la mujer solo podía ser realmente libre e independiente si trabajaba fuera de casa y evitaba el matrimonio. Así, afirmó: “No hay mujer nacida que desee comer el pan de la dependencia, no importa si es de la mano del padre, esposo o hermano; porque cualquiera que así come su pan, se pone en poder de la persona de quien lo toma”. Además, criticó ferozmente la institución familiar en la cual la mujer es “sacrificada” para ser esposa y madre. Es famosa su frase: “El matrimonio convierte a la mujer en una esclava (de casarse con un hombre pobre) o en una muñeca (de casarse con un rico caballero)”.

Por su parte, Cady Stanton abogó por el divorcio y el control de la natalidad y llegó a equiparar el matrimonio con la prostitución afirmando que “incluso en los mejores matrimonios las mujeres son meras sirvientas o amantes, y en las peores situaciones viven como esclavas o prostitutas”. Asimismo, en uno de sus muchos artículos, titulado Matrimonio y amantes [Marriage and Mistresses], escribió: “Admito francamente que ser una amante es menos deshonroso que ser una esposa; pues mientras la amante puede dejar de serlo, si ese es su deseo, la presión social y la ley mantienen sometida a la esposa”. Paradójicamente, apoyó la legalización de la prostitución como una forma de eliminar el doble rasero moral.

Simone de Beauvoir y Betty Friedan, principales representantes del feminismo de la segunda ola, continuarían, fieles al origen del feminismo, el ataque al matrimonio y a la familia. Simone de Beauvoir, en El segundo sexo, escrito en 1949, comparó las tareas domésticas con la tortura de Sísifo: “El ama de casa se agota corriendo en el sitio; no hace nada; sólo perpetúa el presente”. También, expresó que “ninguna mujer debería ser autorizada a quedarse en casa y criar a sus hijos. La sociedad debería ser totalmente diferente. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si existe esa opción, demasiadas mujeres la tomarán”. A su vez, Friedan escribió en 1963 uno de los libros más influyentes del siglo XX, La mística de la feminidad, en el cual califica el hogar como “un cómodo campo de concentración” donde las mujeres sufren una “muerte lenta de mente y espíritu”.

Como vemos, el feminismo, desde su origen, promovió una igualdad que, al negar las diferencias naturales entre el hombre y la mujer, despreció y ridiculizó la labor irremplazable de la mujer en el hogar. Ello ha producido que varias mujeres antepongan la carrera profesional al matrimonio y a los hijos, y que a muchas otras, como deseaba de Beauvoir, se les haya arrebatado la opción de quedarse en casa, pues a la fuerte presión social se suma la difícil situación económica actual que obliga a innumerables mujeres a trabajar fuera de casa.

Así, la complementariedad y la ayuda mutua han sido sustituidan por la competencia y la desconfianza entre la mujer, perpetua víctima y el hombre, inherente opresor. Además, los frutos podridos del feminismo son devastadores: promiscuidad, infidelidad, divorcio, anticoncepción y aborto, pues el movimiento que se levanta en “defensa de la mujer” ataca y destruye su bien más preciado, la capacidad de dar vida y de moldear almas.

Por supuesto que antes del feminismo la relación entre el hombre y la mujer no era perfecta. La perfección está lejos de nuestra naturaleza caída. Mas la situación de la mujer y del hombre no mejorará con leyes arbitrarias, ni gritando consignas en las calles, ni promoviendo la absurda des-masculinización del varón; sino reconociendo, promoviendo y apoyando el insustituible papel de la mujer en el hogar, donde tiene lugar la plena realización de la mayoría de las mujeres, cuya virtud es tan poderosa que es capaz de gestar a los más nobles y valientes caballeros. Pues, como nos recuerda Fulton J. Sheen: “Cuando un hombre ama a una mujer, tiene que hacerse digno de ella. Cuanto más alta es su virtud, más noble su carácter, más devota es a la verdad, a la justicia, al bien, más debe aspirar el hombre a ser digno de ella. La historia de la civilización podría escribirse en términos del nivel de sus mujeres”.

 https://www.religionenlibertad.com/opinion/250307/feminismo-moderado_110943.html

viernes, 11 de julio de 2025

La realidad oculta de la eutanasia, por Miriam Estéban

 La eutanasia y el suicidio asistido han sido promovidos como actos de compasión y autonomía personal. Sin embargo, detrás de la  falsa retórica de una muerte digna y sin sufrimiento, se esconde una realidad mucho más oscura que pocos están dispuestos a reconocer.

La reciente elección de Brad Sigmon, un condenado a muerte en Carolina del Norte, para ser ejecutado por pelotón de fusilamiento en lugar de la silla eléctrica o la inyección letal, expone una contradicción clave en la narrativa de la eutanasia. Si un prisionero teme los métodos de ejecución por su potencial de causar dolor extremo, ¿por qué deberíamos creer que la eutanasia es un procedimiento indoloro y digno? La evidencia indica lo contrario.
El mito de una muerte pacífica

Los defensores del suicidio asistido insisten en que es un proceso tranquilo y sin dolor, en el que la persona simplemente toma una pastilla y se duerme para no despertar. No obstante, los datos indican que este no es el caso.

En 2023, una persona que optó por el suicidio asistido en Oregón tardó 137 horas en morir. Esta cifra desafía la idea de que la eutanasia es una solución rápida y eficiente para aliviar el sufrimiento. Si se tratara de una muerte garantizada y sin dolor, tales retrasos no existirían.

    Asimismo, los cocteles de medicamentos utilizados para inducir la muerte han sido descritos como extremadamente dolorosos.

Según el Dr. William Toffler, estos brebajes pueden provocar sensaciones de ardor en la garganta y un proceso de agonía prolongado. Sumado al acto terrible en si mismo de acabar con la vida.

    En lugar de proporcionar alivio inmediato, el suicidio asistido puede convertirse en una tortura lenta, comparable a los métodos de ejecución que incluso los condenados a muerte temen.

Experimentos con humanos: la cruda realidad del suicidio asistido

Un aspecto alarmante del suicidio asistido es la forma en que se han desarrollado los cócteles de drogas letales.

    A diferencia de los medicamentos convencionales, que son sometidos a rigurosos ensayos en animales antes de ser aprobados para uso humano, los cócteles utilizados para el suicidio asistido han sido experimentados directamente en personas.

Un artículo de JoNel Aleccia, publicado por Kaiser Health News en 2017, reveló que los activistas del suicidio asistido han probado diversas combinaciones de fármacos para encontrar una opción más barata.

    En uno de estos experimentos, la primera mezcla de medicamentos causó un dolor insoportable al quemar la boca y la garganta de los pacientes, provocando que algunos gritaran en agonía. La segunda combinación, utilizada en al menos 67 casos, resultó en muertes que tardaron hasta 31 horas.

De manera similar, un artículo de Jennie Dear publicado en The Atlantic en 2019 expuso el desarrollo del cóctel letal conocido como DMP, el cual también generó sufrimiento innecesario.

En uno de los casos documentados, un hombre de 81 años con cáncer de próstata tardó 18 horas en morir.

    El hecho de que estos cócteles hayan sido probados directamente en pacientes sin ensayos previos en animales demuestra una preocupante falta de regulación y ética en la práctica del suicidio asistido.

Expansión inevitable y la manipulación del discurso

Un patrón común en los países donde se ha legalizado el suicidio asistido es la expansión gradual de las leyes. En un principio, estas leyes se presentan con límites estrictos para tranquilizar a la opinión pública y evitar preocupaciones sobre posibles abusos. No obstante, con el tiempo, los defensores del suicidio asistido trabajan para ampliar los criterios de elegibilidad y reducir las restricciones.

Por ejemplo, en Canadá, la ley de eutanasia se aprobó inicialmente solo para personas con enfermedades terminales. Hoy en día, la legislación ya permite la eutanasia para personas con discapacidades y enfermedades mentales. Este patrón de expansión también se observa en otros países y estados donde el suicidio asistido ha sido legalizado.

La estrategia del lobby del suicidio asistido consiste en hacer que la legalización inicial parezca inofensiva y controlada, para luego modificar la legislación y hacerla más permisiva. Esta táctica plantea una pregunta crucial: ¿cómo podemos confiar en un sistema que continuamente cambia sus propios límites?

La narrativa a favor de la eutanasia se basa en la idea de que proporciona una muerte digna y sin dolor.

Sin embargo, los datos y testimonios demuestran que la realidad es muy diferente. Desde los experimentos inhumanos con cócteles de drogas hasta los casos documentados de muertes prolongadas y dolorosas, la eutanasia y el suicidio asistido están lejos de ser el procedimiento compasivo que sus defensores afirman.

La decisión de Brad Sigmon de evitar la inyección letal debido a su potencial de causar una muerte lenta y agonizante debería hacernos reflexionar. Si un condenado a muerte reconoce los riesgos de este método, ¿cómo podemos aceptar la mentira de que el suicidio asistido es un acto humanitario?

Antes de aceptar la eutanasia es fundamental analizar los datos y cuestionar la narrativa impuesta por el lobby del suicidio asistido. La vida humana no es un experimento ni un cálculo económico; es un derecho fundamental que debe ser protegido, no manipulado bajo una falsa promesa de dignidad.

 https://www.forumlibertas.com/la-realidad-oculta-de-la-eutanasia/

jueves, 10 de julio de 2025

A otro perro con ese hueso

 Se dice cuando quieren engañarte con algo evidente. El problema es que para mí muchas cosas son evidentes, mientras que para la mayoría no lo son.

Yo por principio tiendo a dudar de todas las noticias y suelo acertar. La versión de los medios habitualmente, si no es del todo falsa, le falta poco.

Record de parados extranjeros con subsidio, por Francisco Núñez

En pleno anuncio del Gobierno de una nueva regularización de inmigrantes (más de 500.000), las prestaciones asistenciales a los parados extr...