Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

lunes, 2 de junio de 2025

Expulsar a los palestinos es un genocidio

 Hay soluciones que son muy tentadoras pero imposibles de llevar a la práctica. Por ejemplo, en Cataluña viven ocho millones de personas. Se reparten por España y se acabó el problema. Pero es que resulta que la gente tiene derecho a conservar su pueblo y sus raíces. No son peones de ajedrez que se puedan mover.

Por eso la idea que le han sugerido a Trump es injusta y absurda. Y pretender hacer negocio con ello, peor todavía. Si alguien tiene que disfrutar de sus tierras son los palestinos, que llevan allí generaciones. No unos recién llegados, por más que digan otra cosa, ni el resto del mundo.

Más sobre el tema: https://www.minutocrucial.com/2025/06/02/cuantos-ninos-mas-deben-morir-para-que-el-mundo-despierte/

domingo, 1 de junio de 2025

Nos crecen los enanos

 Coloquialmente significa que te surgen problemas de todas partes. Realmente es: si pongo un circo, me crecen los enanos.

Pero yo quiero verlo de forma literal. Tuve un hijo y dos hijas, y ahora espero una nieta de mi hijo mayor, si Dios quiere. Estamos como si nos hubiera tocado la lotería.

Ya ha nacido. 😃

https://www.cesarvidal.tv/videos/camina-israel-hacia-convertirse-en-una-sociedad-genocida-29-05-25


Brain rot digital

 Las palabras, cuando son elegidas con tino, nos revelan no solo el espíritu de una época, sino también el poso malsano que se acumula en su fondo.

Oxford English Dictionary, con su agudeza filológica, ha coronado «brain rot» como la palabra del año 2024, y no podría haber encontrado un término más certero para definir el estado de la mente contemporánea: un estado de atrofia cognitiva, una extenuación intelectual inducida por la sobreexposición a contenidos digitales triviales y adocenados.

Se trata, en suma, de una pobreza mental tan extendida que se ha convertido en plaga.

No nos llevemos a engaño: el mundo digital, con tentadora conexión ilimitada y acceso inmediato al conocimiento, se nos impuso como el gran propulsor del progreso humano. Pero nos ha llevado a una red de trampas sutilmente urdidas por algoritmos insaciables, que nos empujan a un consumo compulsivo de «naderías».

Pasamos de leer con avidez a escanear con impaciencia, de la hondura analítica a la digestión apresurada de tips informativos que, lejos de nutrirnos, nos idiotizan. Y así, sin darnos cuenta, nos convertimos en zánganos de la inmediatez, en zombis de la gratificación instantánea.

El «brain rot» es la manifestación sintomática de una mente que ha renunciado a la lucha por la excelencia, que ha claudicado ante el hechizo de la pereza intelectual.

Es el resultado de una exposición descontrolada a la cascada de memes, vídeos insustanciales y titulares sensacionalistas que secuestran nuestra capacidad de concentración y reducen nuestra memoria a un almacén de datos inservibles.

«Doomscrolling»

Esta degradación cognitiva se refuerza con el hábito ya instalado del «doomscrolling»ese afán enfermizo de deslizar el dedo por la pantalla en busca de noticias cada vez más alarmantes, como si la angustia informativa nos diera una ilusoria sensación de control sobre el caos.

Las cifras son elocuentes: el término «brain rot» ha experimentado un aumento del 230% en su uso entre 2023 y 2024.

Y es que, en el fondo, intuimos que nos estamos embruteciendo, que la era digital ha traído consigo una forma de analfabetismo sofisticado, un cretinismo ilustrado donde la información es abundante, pero el pensamiento escasea.

Estamos cada vez más conectados, pero más solos. Más informados, pero menos sabios.

¿Es posible revertir esta tendencia?

La respuesta es sí, pero exige disciplina y valentía.

La primera línea de defensa contra la pobreza mental pasa por establecer límites claros en nuestro consumo digital.

Los teléfonos móviles son amos imperceptibles de nuestras horas muertas.

Existen aplicaciones que permiten restringir el tiempo en redes sociales y sitios web. Dejar de mirar el móvil nada más despertar y resistir la tentación de deslizarse por la pantalla antes de dormir son pequeños gestos que, acumulados, pueden marcar una diferencia sustancial en nuestra higiene mental.

Pero la solución no es solo negativa, sino también positiva. La mente, como el cuerpo, necesita alimento de calidad.

Leer literatura de verdad (no sus sucedáneos digitales), escribir con lápiz y papel, mantener conversaciones largas y sin interrupciones, cultivar el pensamiento crítico y el silencio contemplativo: he aquí los antídotos.

Y, por supuesto, volver a poner la mirada en lo trascendente, en lo que nos ancla a la vida real y nos salva del loquero digital. Dios, la familia, los amigos, la contemplación del mundo tal como es, sin filtros ni artificios.

Decía Blaise Pascal que «toda la desgracia del hombre proviene de no saber estar a solas en su habitación». Si esto era cierto en el siglo XVII, lo es aún más en nuestro tiempo, cuando cada instante de introspección es interrumpido por una notificación.

Pero si logramos recuperar ese espacio de quietud, si nos atrevemos a mirar más allá de la pantalla, si miramos al cielo, somos conscientes de que la pobreza mental no es nuestro destino ineludible.

Estamos a tiempo de rescatar nuestras mentes de la degradación digital y devolverles la grandeza de la contemplación profunda.

Buscar unos minutos de verdadero silencio al día pueden ser el primer paso. ¿Nos atrevemos?

viernes, 30 de mayo de 2025

Los moderados, por Itxu Díaz



Alguien tenía que decirlo: no hay nada más extremista que un moderado. Conozco a auténticos profesionales de la mesura, gente que pasa por la vida levitando por el pánico a pisar lo mojado. Los de la moderación en el comer, los de la moderación en el reír, los de la moderación en el holgar, y los de la moderación en el pensar, que son los que ocupan hoy un parte nada desdeñable de la granja política. Pero es sólo impostura. El español desconoce la moderación. Quien la exalta o no es español o es un extremista tan desorejado que necesita ocultarlo con una careta de prudencia y distante levedad.

Los de la moderación de las formas son los idiotas que, diciéndose de derechas, preferían ver a la Argentina bajo la suela de zapato de los Kirchner que con Milei a los mandos, sólo porque dice palabrotas. ¿Qué es más importante, no escuchar «la concha de tu madre» en un debate televisado o que te bajen de una vez los malditos impuestos y, de paso, dejen de robarte? El moderado duda, piensa, rasca la cabeza, y finalmente cede: «La educación es lo primero». Y se queda sin la educación y sin la bajada de impuestos y dejándose robar.

Pero volvamos a la idiosincrasia del moderado. Su aparente neutralidad ideológica no existe ni puede existir nunca. Cuando actúa como neutro tan sólo se convierte en un muro de contención para las ideas de uno de los dos lados. Por estar vacío, por no tener peso, por no tener fuerza, no es capaz de ejercer resistencia en varios flancos a la vez, de modo que lo barre la corriente, y casi siempre se deja barrer por la misma corriente.

El moderado lo es en muchos aspectos de su discurso, especialmente en los que le resultan incómodos, pero paradójicamente se muestra muy radical en otros. Cuando se adhiere a un argumento o una idea, el moderado es el tipo más totalitario que hay. Si quieres descubrir su verdadero rostro, dale una situación de excepcionalidad, como una pandemia de coronavirus, y lo verás tiroteando a transeúntes aleatoriamente si es necesario, o vacunando bebés a la fuerza tras arrancárselos del brazo a sus padres, o exigiendo los más prolongados y restrictivos toques de queda del mundo. ¿Por qué? Porque han cantado «bingo»: igual que «la educación es lo primero», ya sabes, «la salud es lo primero».

La obsesión por el consenso en la que vive el moderado a menudo resulta divertida, porque no es consciente de que, en determinadas situaciones, el acuerdo es una farsa, es un peligro, o sencillamente no sirve de nada. En su imaginario, el tibio cree que el acuerdo de una mayoría es suficiente para que una idea sea buena, pero lo cierto es que la mayor parte de las veces que demasiada gente se pone de acuerdo en algo suele ser para respaldar una estupidez, para proclamar una mentira, o para justificar un crimen.

En política, la máxima aspiración del moderado es conseguir que no ocurra nada en absoluto, que nadie hable de él, que nadie pueda fiscalizar sus decisiones —razón por la que procura no tomarlas— y que el tiempo haga su trabajo y dicte su sentencia, pero la única sentencia que sabe dictar el tiempo es «tic, tac», y eso no es demasiado útil para levantar un país. No lo verás atacando a sus rivales, porque el moderado también es chef, y su receta favorita para cualquier cosa es dejar que todo se cueza en su jugo.

De joven tenía en clase un compañero extremadamente moderado en las maneras, en las ideas, en la honradez, y en la forma de hablar. Siempre me asombraba su capacidad para la equidistancia y la flotación. Tenía extrañísima fama de buen tipo, pero era el típico que, mientras un matón descuartizaba a un pequeñajo, venía y le pedía explicaciones al pequeñajo mientras indultaba al matón.

Un buen día, durante un partido de fútbol de patio de colegio, se puso en la barrera del equipo contrario. Lanzaba yo la falta. Por alguna extraña razón, tal vez fruto de su extrema afición a la equidistancia, en vez de protegerse las partes íntimas se tapaba la cara con las manos. Un viento de maldad cruzó mi cabeza y, sin que fuera la idea inicial, zapateé la pelota con la rabia de un recién liberado de prisión, saliendo esta demasiado baja, y alcanzando muy lentamente altura hasta impactar de lleno en el epicentro del eje de rotación de los huevos del moderado a la velocidad de un tomahawk joven.

El muchacho, habiendo olvidado durante un instante su tibia posición en la vida, exclamó enrojecido mientras daba pequeños saltitos: «¡Díaz, cabrón, me acabas de volar las pelotas!», a lo que gustosamente respondí en su tono habitual, porque el moderado sólo merece la misma equidistancia que ofrece ante todos los dilemas morales: «En absoluto, Gómez, tampoco seas extremista». Espero que el buen Dios no me lo tenga en cuenta. Pero, quién podría imaginarlo, el tipo hoy es un talibán wokista, animalista, calentólogo, y aliado feminista modalidad planchabragas. Y sin pelotas. Mira, eso que me llevo.
https://gaceta.es/opinion/los-moderados-20241205-1428/

jueves, 29 de mayo de 2025

Que cada palo aguante su vela

 Decía mi padre que cada cual tiene que cometer sus propios errores. Tenía razón. Las madres tendemos a querer evitarles todos los problemas a nuestros hijos.

Pero si no aprendes a resolver tus problemas, volverás a caer en lo mismo una y otra vez.  Madurar forma parte de saber gestionar tu vida.

Sobre Palestina:https://www.cesarvidal.tv/videos/netanyahu-reconoce-que-financio-millonariamente-a-hamas-22-05-25

La batalla de Almaraz, por Miguel del Pino

 Extremadura se prepara para la gran batalla nuclear; empiezan a levantarse las voces de agricultores y ganaderos que ven como los sagrados terrenos agrícolas de las provincias más fértiles de España son invadidos por bosques tecnológicos de espejos solares que crecen paralelamente al desmantelamiento de la central nuclear de Almaraz. - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/opinion/2025-04-27/miguel-del-pino-la-batalla-de-almaraz-o-espantapajaros-de-la-dehesa-7247608/

 Cargados de razón, algunos ganaderos van poniendo el grito en el cielo advirtiendo sobre el crecimiento de paneles solares que no solo invaden, sino que inutilizan las tierras de cultivo y los pastizales de aprovechamiento ganadero. Si nada frena de manera inmediata al fanatismo antinuclear socialista, el deterioro natural será definitivo e irreparable. 

 En Castilla-La Mancha, hermana ambiental de su inmediata vecina Extremadura, no se pudo evitar que las destructoras "huertas solares" invadieran ecosistemas agrarios que deberían considerarse sagrados, como algunos de los mejores olivares –¿verdad, Almodóvar del Campo?–. En Extremadura vamos aún más allá en la fiebre del fanatismo antinatura, porque el peligro de las huertas solares se extiende como una sombra sobre la dehesa. 

 A lo largo de mi trayectoria profesional como biólogo y como profesor, he visto cómo desde los poderes oficiales responsables de la llamada "transición ecológica" se han realizado intentos denodados para trastornar las realidades biológicas convirtiéndolas en dogmas del "progresismo", pero la dehesa que no osen tocármela. 

 Porque la dehesa responde a los esfuerzos que desarrollaron en siglos pasados hombres menos tecnificados, pero más sabios y desde luego más naturalistas que estos actuales seguidores de Al Gore y sus apóstoles del cambio climático.

La dehesa es una sabana humanizada donde la tala del encinar para el carboneo y la obtención de leña o la construcción naval se realizó de manera tan prudente que evitó la extinción del ecosistema de bosque mediterráneo para convertirlo en una gran llanura arbolada parecida a dos biomas africanos: la estepa arbustiva y la sabana verdadera.

Verdaderamente, aquellos agricultores y ganaderos de hace varios siglos tuvieron una visión de futuro que podemos calificar de genial: los árboles supervivientes, Quercus como la encina, el quejigo, el roble o el alcornoque, sembraron con sus bellotas la llanura circundante y permitieron un sistema de ganadería extensiva que se convertiría en el paraíso del cerdo ibérico, el más próximo pariente porcino del jabalí, o de razas vacunas de crecimiento en régimen extensivo, entre los que destaca el toro de lidia.
Del autor

    Hoy: El toro de lidia, una joya zootécnica
    4 May. 2025: ¿Quién se ha llevado mi luz?
    13 Abr. 2025: Simplemente: el burro
    6 Abr. 2025: Mineros y canarios, una amistad entrañable

No nos engañemos: la dehesa es producto del hombre rural y de su conocimiento del campo y de su producción. Burócratas, ecologistas de salón y dictadores de normas para la transición ecológica a la ruina: hagan el favor de abstenerse.

Pero hay otras facetas de este ecosistema que no podemos olvidar y que podríamos definir como referentes a la biodiversidad europea; la dehesa alberga una fauna riquísima, y no sólo hablamos de la ibérica, sino también de los componentes invernantes de la avifauna europea que acuden a la dehesa para pasar el invierno antes de regresar a sus cuarteles de cría del norte de Europa. Quien se haya deleitado con el espectáculo aéreo de las formaciones de grullas emigrantes sabrá bien de lo que estamos hablando.

Pero esas poblaciones de grullas siberianas, y tantas otras especies de aves migratorias que cruzan los cielos en busca de descanso y alimento en la dehesa, se van a encontrar pronto cono todo un bosque de espantapájaros refulgentes: las huertas solares, que con tanta razón están alarmando a los ganaderos extremeños vecinos de Almaraz.

Nada parece capaz de frenar el fanatismo antinuclear de nuestro Gobierno, por mucha dificultad que presente la labor de justificar ante Europa las razones de esa fiebre, que ya ha pasado de moda en el resto del Continente, por kilovatios que podrían obtenerse de manera mucho menos agresiva para la Madre Tierra; y no hablamos sólo de energía nuclear, es sencillamente un disparate.

Un disparate que supone además emprender un camino sin retorno, porque el suelo agredido no se recuperará en siglos, cuando la obsolescencia de las plantas solares, sumada a la de las torres de "molinazos", haga necesaria su desmantelamiento y retirada, soñaremos entonces con reciclajes imposibles; pero las cicatrices en el suelo productivo herido por el "ecologismo" equivocado quedarán como testigo implacable de la locura de una generación que se quemó, como Icaro, en busca de una fuente de energía inagotable.

Así que lo del carácter sagrado que algunas civilizaciones han adjudicado a la Pacha Mama, para nosotros Madre Tierra, no iba nada desencaminado.

Políticos socialistas: rectifiquen sobre el cierre de Almaraz. Aún estamos a tiempo.

Miguel del Pino, Catedrático de Ciencias Naturales.
- Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/opinion/2025-04-27/miguel-del-pino-la-batalla-de-almaraz-o-espantapajaros-de-la-dehesa-7247608/

 https://www.libertaddigital.com/opinion/2025-04-27/miguel-del-pino-la-batalla-de-almaraz-o-espantapajaros-de-la-dehesa-7247608/

miércoles, 28 de mayo de 2025

El deseo de tener padres. Hijos congelados

Por supuesto. Es muy bueno este deseo natural de descendencia, de tener hijos. Pero en ocasiones queremos que se cumpla a cualquier precio, cueste lo que cueste. Y entre el precio a pagar, lo queramos o no, dejamos un rastro de “hijos congelados”. Es la segunda derivada, uno de tantos problemas que generan las técnicas de reproducción artificial, la fecundación in vitro.

Esta técnica produce artificialmente la fusión de un óvulo y un espermatozoide, generando en un laboratorio un embrión. Pero esta producción, ya de por sí preocupante, no es tan simple. El proceso es costoso, en dinero, en trabajo técnico y en salud de la mujer. Con frecuencia hay que utilizar varios óvulos para conseguir una fecundación. Además, la mentalidad tecnocrática necesita optimizar el proceso, y por ello se hiperestimula a la mujer para obtener varios óvulos a la vez (lo deseable son entre 5 y 15 ovocitos). Se fecundan varios óvulos, pero la mujer “ha contratado” un hijo, no media docena. Solución: se congelan los embriones sobrantes, conseguimos así otra optimización del proceso: estos embriones se podrían usar para el caso, más frecuente de lo que vende la publicidad, de que tengamos que repetir el proceso.

Pido disculpas por este lenguaje empresarial para hablar de la paternidad, la procreación y los bebés, pero es un claro reflejo de lo que sucede. El mismo procedimiento y su lenguaje reflejan la mercantilización que esconde esta técnica, la instrumentalización de los 4, 6 u 8 hijos que se han generado en cada ciclo. Y aquí hay un curioso juego lingüístico: por una parte los llaman embriones, pero por otra, no se les da la protección que merecen. Y si el embrión no está implantado en el útero de la mujer, dicen, no existe embarazo. Estos pobres embriones son apátridas, seres que viven en un limbo legal, científico, humano.

La congelación o criopreservación de embriones es un delicado proceso en el que se detiene el desarrollo del embrión sometiéndole a una gran bajada de temperatura, 196 grados bajo cero. Así podemos tener embriones en stock, por si falla el proceso o la madre quiere otro hijo. En España, según la última cifra de que disponemos, tenemos a 791.634 embriones, 791.634 niños, 791.634 personas. Casi el mismo número de personas que hay en Valencia, la tercera ciudad más poblada de España.

Son 791.634 niños huérfanos, o mejor dicho, abandonados, esclavizados, con una mísera vida en un tanque de nitrógeno líquido a 196 grados bajo cero. Niños congelados, condenados a una existencia indigna de cualquier persona. Algunos de ellos serán descongelados, para intentar una nueva transferencia en su madre, o en el seno de otra mujer. Pero se sabe que en ese proceso de descongelación el 25 o 30 por ciento morirán. En el 2022, por ejemplo, de los casi 100.000 embriones descongelados poco más de 26.000 llegaron a nacer. ¿Qué han hecho estos niños para tener una existencia así, o para terminar sus días de ese modo?

Es una de las caras ocultas, quizás la más llamativa, del drama de la fecundación in vitro. Una existencia indigna, que pone más en evidencia el proceso industrial que se esconde tras estas técnicas. “Stock sobrante”, que con frecuencia termina como material biológico para la investigación.

Recientemente leí las condiciones que un seguro privado de España marca para sufragar, pagar,  la fecundación in vitro (sospecho que es una práctica habitual de los seguros privados): Si quieres una fecundación in vitro y cumples ciertas características, el seguro privado cubre los gastos de la ´FIV. Pero si quieres mantener a tus hijos congelados, la única opción es que el particular pague ese mantenimiento íntegramente; en caso contrario, siempre cabe el recurso de “donarlos a la ciencia”, o sea, entregarlos a un laboratorio para la investigación.

No estoy a favor de la fecundación in vitro, pero ¿por qué pagar la fecundación y no hacerse cargo de sus consecuencias, de todos los hijos engendrados en ese proceso? ¿No será que prima el deseo inmediato de los padres, olvidando casi por completo las consecuencias derivadas de sus actos? Adoramos con demasiada facilidad la “estatua de la libertad”, pero ni siquiera hemos construido la “estatua de la responsabilidad”.

Un acto no es bueno ni malo principalmente por sus consecuencias, si bien estas nos deben hacer pensar, nos pueden ayudar a vislumbrar la bondad o maldad que esconde el acto. Más de 791.000 embriones congelados en tanques de hidrógeno líquido, un gasto descomunal, económico y sanitario, para conseguir un “éxito” en un 20 por ciento de los casos, numerosos matrimonios rotos o seriamente dañados después de “conseguir” el niño, etc.

Junto a esa reflexión hemos de pensar en la verdad de la vida que hay detrás de cada embrión, una palabra muy presente en todos los informes oficiales sobre reproducción artificial. La realidad biológica y humana del embrión es un dato que se nos impone desde la ciencia (la realidad es tozuda, decía un ilustre profesor de filosofía). Nos grita, desde su libertad: “Déjame vivir, quiero vivir, soy inocente”. Y llegamos al núcleo del problema: ¿quién tiene potestad para matar a un inocente o condenarl0 a la “prisión del nitrógeno”? Las circunstancias son complejas, pero nunca debemos perder de vista el núcleo de la cuestión, el respeto a la vida y el respeto a cómo se da esa vida, en un acto de amor ordenado a la procreación o en una técnica de reproducción, siguiendo unos protocolos de calidad y eficacia.

 https://www.forumlibertas.com/el-deseo-de-ser-padres-hijos-congelados/

martes, 27 de mayo de 2025

Esto pasa en tu cerebro si fumas marihuana

El cannabis es la droga ilícita más consumida en España. Según el último informe del Plan Nacional sobre Drogas, un 20 por ciento de los adolescentes afirman haber consumido marihuana al menos una vez en el último año. Ante estos datos, los expertos se muestran preocupados por la «banalización» que los jóvenes hacen de esta droga porque no son conscientes de los efectos que tiene fumarse un porro en el cerebro.

Una nueva investigación acaba de concluir que el consumo excesivo de cannabis reduce la actividad cerebral en ciertas áreas del cerebro involucradas en funciones cognitivas importantes como la toma de decisiones, la memoria, la atención y el procesamiento emocional.

El estudio, publicado en JAMA Network Open, examinó los efectos del consumo de cannabis en más de 1.000 adultos jóvenes de entre 22 y 36 años utilizando tecnología de imágenes cerebrales. Los investigadores descubrieron que el 63 % de los grandes consumidores de cannabis a lo largo de su vida mostraron una actividad cerebral reducida durante una tarea de memoria de trabajo, mientras que el 68 % de los consumidores recientes también demostraron un impacto similar.
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Memoria de trabajo

Esta disminución de la actividad cerebral se asoció con un peor rendimiento de la memoria de trabajo, la capacidad de retener y utilizar información para realizar tareas. Por ejemplo, la memoria de trabajo permite a una persona seguir instrucciones que acaba de recibir o visualizar y manipular mentalmente la información, como resolver un problema de matemáticas.

El primer autor del estudio, Joshua Gowin, profesor adjunto de radiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado en el Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado, explica: «A medida que el consumo de cannabis continúa creciendo a nivel mundial, estudiar sus efectos en la salud humana se ha vuelto cada vez más importante. Al hacerlo, podemos proporcionar una comprensión integral tanto de los beneficios como de los riesgos del consumo de cannabis, lo que permitirá a las personas tomar decisiones informadas y comprender plenamente las posibles consecuencias».

En el estudio, se considera a los consumidores habituales como adultos jóvenes que han consumido cannabis más de 1.000 veces a lo largo de su vida, mientras que los que lo han consumido entre 10 y 999 veces se consideran consumidores moderados y los que lo han consumido menos de 10 veces se consideran no consumidores.

Los investigadores estudiaron la respuesta neuronal de los participantes durante una sesión de resonancia magnética y les dieron siete tareas cognitivas para completar. Las tareas ponían a prueba la memoria de trabajo, la recompensa, la emoción, el lenguaje, las habilidades motoras (como tocar con un dedo para mapear el control cerebral), la evaluación relacional y la teoría de la mente.
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Los investigadores descubrieron que el cannabis tenía un efecto estadísticamente significativo en la función cerebral durante las tareas de memoria de trabajo, lo que significa que es muy poco probable que el impacto observado se deba a la casualidad. Este efecto se observó tanto en los consumidores de cannabis recientes como en los que habían consumido cannabis durante toda su vida. El impacto fue menos significativo en las otras tareas.

Durante las tareas de memoria de trabajo, los investigadores descubrieron que el consumo excesivo de cannabis parecía reducir la actividad cerebral en ciertas áreas del cerebro (corteza prefrontal dorsolateral, corteza prefrontal dorsomedial e ínsula anterior). Estas regiones del cerebro están involucradas en funciones cognitivas importantes como la toma de decisiones, la memoria, la atención y el procesamiento emocional.

Sin embargo, Gowin menciona que su investigación también sugiere que abstenerse de consumir cannabis antes de realizar una tarea cognitiva podría ayudar a mejorar el rendimiento. «Las personas deben ser conscientes de su relación con el cannabis, ya que la abstinencia repentina también podría afectar su cognición. Por ejemplo, los consumidores habituales pueden tener que ser más cautelosos», dice Gowin.

Y añade: «Todavía quedan muchas preguntas por responder sobre el efecto del cannabis en el cerebro. Ahora se necesitan estudios a gran escala y a largo plazo para entender si el consumo de cannabis altera directamente la función cerebral, cuánto duran estos efectos y cuál es su impacto en diferentes grupos de edad».

 https://www.eldebate.com/salud-y-bienestar/salud/20250130/esto-pasa-cerebro-fumas-marihuana-forma-habitual-segun-estudio_265313.html

lunes, 26 de mayo de 2025

Por la boca muere el pez

 Este dicho advierte sobre el hecho de hablar demasiado y acabar revelando tus intenciones. Hay cosas que no se deben contar ni a los amigos íntimos.

Hay personas que fingen apreciarse y están deseando contar lo que les dijiste en un momento de debilidad. Cuidado con eso. Yo he tenido muchos problemas con este tema.

Más información: https://www.cesarvidal.tv/videos/la-antartida-desmiente-el-calentamiento-global-20-05-25

A oscuras y a lo loco

 Todos hemos visto las imágenes. Los grupos de jóvenes cantando y dando palmas en la calle alrededor de beatíficos abuelitos que se arrancan por sevillanas mientras un espontáneo saca una guitarra que lleva siempre encima por si se produce un apagón generalizado en España y hay que ponerse necesariamente a bailar. O esos alegrísimos pasajeros del AVE que se bajan del convoy parado por falta de electricidad en mitad del campo y tras descender por un peligroso terraplén se ponen a ensayar una coreografía tan torpe como animosa. Porque los españoles somos así, alegres, optimistas, siempre dispuestos al buen rollito y a ponerle al mal tiempo buena cara. Y es que es mucho mejor pasarse seis horas en un ascensor con tu vecino del quinto y poder por fin poneros a hablar de corazón a corazón, o ligar con desconocidos a la luz de las velas en una terraza que solo da cervezas calientes previo pago en metálico, que seguir con tu vida normal y tu luz y tu agua caliente y tus trenes a la hora y tus tarjetas de crédito. Todas esos avances calvinistas que en el fondo nos arrancan de nuestra naturaleza intrínseca de sureños pobretones y vitales y nos drenan la alegría de vivir a cambio de comodidades más o menos necesarias.

    Que son tan pobres pero tienen tan buen ánimo y de todo hacen una fiesta. Teatrillo barato de lo más meta: se baila no para disfrutar del baile, normalmente ridículo, sino para que te vean bailar.

Eso sí, todas estas escenas tan de “que bello es vivir” las hemos visto porque alguien las ha grabado con el resto de batería que les quedaba en el teléfono móvil. Y es que lo esencial de estas escenas no es vivirlas, sino poder colgarlas en redes para que el resto de los mortales hundidos en la tristeza de sus casas con luz y calefacción en perfecto estado de revista, esos pobres niños ricos,  puedan sentir envidia de la alegría y el duende de la españolidad. Que son tan pobres pero tienen tan buen ánimo y de todo hacen una fiesta. Teatrillo barato de lo más meta: se baila no para disfrutar del baile, normalmente ridículo, sino para que te vean bailar.

De lo que no se dan cuenta estos ciudadanos estupidizados es que en esos vídeos lo que de verdad se pone de manifiesto es la docilidad bovina con la que una gran parte de la población asume sin rechistar el continuo chuleo de un gobierno de ineptos que les exprime fiscalmente hasta extraerles la última gota como si fueran un limón y les acostumbra a no darles nada a cambio. Un gobierno de sobrinas de catálogo colocadas en empresas públicas, asesores a cientos, corrupción generalizada e ignorancia cósmica, con ministras adoradoras de Greta Thunderberg que no quieren entender que no puede dependerse casi en exclusiva de las renovables, que vienen a ser la lechuga que acompaña al filete de la energía hidráulica y nuclear, y ministros con el desarrollo neurológico parado en una adolescencia mostrenca  que dedican su jornada laboral a pelearse a twitter con ciudadanos anónimos en vez de ponerse a trabajar. Un gobierno que ha dilapidado la herencia recibida, como la de un sistema de trenes de alta velocidad que era la envidia del mundo, y la ha malbaratado con su nefasta gestión.
Palmitas durante el apagón

Sobrevivir a la era Sánchez sin bajar los niveles de exigencia propios de personas adultas e inteligentes ha resultado imposible. Con sus mentiras y sus cuentos nos ha ido arrastrando a casi todos al fango de la vagancia y la aceptación de las ruedas de molino con las que nos obliga a comulgar a diario. Yo reivindico aquí al pasajero del AVE que se niega a cantar en mitad de la avería , al ciudadano que no se pone a tocar palmas por la calle durante el apagón, al legítimamente enfadado, al que no se ríe con el chascarrillo del animoso ecologista, al que recuerda las corrupción, al que no perdona las traiciones. Hagamos un elogio del que no se deja llevar y cabreado con una mona toma nota de todo para votar en consecuencia.

Si conseguimos salir de esta, que está por ver, será gracias a ellos

 https://www.vozpopuli.com/opinion/a-oscuras-y-a-lo-loco.html

Record de parados extranjeros con subsidio, por Francisco Núñez

En pleno anuncio del Gobierno de una nueva regularización de inmigrantes (más de 500.000), las prestaciones asistenciales a los parados extr...