Cuando decidí dejar de trabajar y quedarme en casa con mis hijos nadie lo entendió, ni mi familia, ni mis amigos. Así que les dije que era algo temporal y sí, pensaba volver a trabajar más tarde. Lo intenté a los cuarenta años pero no encontré nada compatible con los colegios de los niños.
Así que empecé a repasar idiomas y a escribir en internet. Con el tiempo se volvió algo un poco obsesivo. Escribía sin parar. Luego empecé a comunicarme con más gente y tomarlo con calma. De ese modo la escritura se convirtió en un oficio que realmente nunca he dejado del todo.
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