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El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

sábado, 17 de enero de 2026

Julio Ariza

 Marga Prohens refiriéndose a la entrada de 1000 personas ilegalmente en las islas Baleares en los últimos ocho días ha utilizado la expresión “inmigración irregular”


Marga me gustaría hacerte alguna precisión sobre el uso del término irregular en vez de ilegal :


No son “irregulares”, son ilegales

En los últimos años, el lenguaje políticamente correcto ha ido colonizando incluso la forma de llamar a las cosas más evidentes. La inmigración no se libra de este virus lingüístico: donde toda la vida se habló de inmigrantes ilegales, hoy se nos quiere imponer la expresión dulzona de inmigrantes irregulares.

La diferencia, nos dicen, es que “irregular” suena menos criminalizante, porque no todos los que incumplen la normativa migratoria cometen un delito penal: algunos solo incurren en una infracción administrativa. ¡Qué consuelo! Es decir, que el problema no es que alguien viole la ley, sino cómo lo llamamos para que duela menos al oído.

Pero conviene ser claros: quien está en un país sin derecho legal a estar en él, está en situación ilegal. Punto. Que la sanción sea cárcel, multa o expulsión no cambia lo esencial: su presencia carece de respaldo legal.

La obsesión por rebajar el término revela la trampa ideológica. Decir “irregulares” es querer vestir de normalidad lo que es un incumplimiento de la ley. Es como llamar “conductores alternativos” a los que no tienen carnet, o “contribuyentes flexibles” a los que no pagan impuestos. El eufemismo no corrige la realidad: la disfraza.

Por eso, insistir en llamarlos ilegales no es cuestión de dureza, sino de precisión. El respeto al Estado de derecho empieza por el respeto al lenguaje. Y un país que renuncia a llamar a las cosas por su nombre está renunciando también a defender sus fronteras, sus leyes y, en definitiva, su soberanía.

La inmigración ilegal existe, y existe porque hay leyes que se infringen. No es una cuestión de “regularidad” o “irregularidad”, como si habláramos del latido de un corazón o del compás de un metrónomo. Estamos hablando de personas que han entrado en un país sin cumplir la ley. A eso se le llama ilegalidad. Y lo demás son eufemismos.

10 comentarios:

  1. ¡Hola! Estoy de acuerdo, al final son ilegales, no han llegado aquí con ningún papel legal para poder... Es como el hecho que ahora de repente los inmigrantes se les llama emigrantes, cuando emigrante es de su país, no del nuestro, pero bueno tenemos que ser políticamente correctos no vaya a ser que mucha gente se nos eche encima jaja Besos :)

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    1. Si yo no cumplo la ley me multan por lo menos. A ellos no. Un beso

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  2. Creo que nos ponemos demasiado precisos, la situación de un sin papeles es irregular, pero no ilegal. La forma de entrar en España puede ilegal e irregular o simplemente ilegal (uno que entre con un visado turístico). La precisión en el lenguaje no debe hacernos olvidar de la cuestión principal ¿Puede un emigarante permanecer en España sin papeles?
    Un saludo

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    1. El problema es que los papeles se los dan por arraigo aunque no trabajen. Un beso

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  3. Drama muy actual.

    Un gran gusto el poder visitarte.

    Fuerte abrazo!!

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    1. No se trata de echarlos a todos. Sólo los problemáticos. Un beso

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  4. Muy de acuerdo! En estos tiempos de los wake es casi un pecado llamar las cosas por su nombre

    Paz

    Isaac

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