El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

lunes, 18 de julio de 2022

Pro eutanasia hasta que tuvo cáncer

 

El pasado lunes, la familia de Fabio Ridolfi, de 46 años, comunicó su muerte. Tetrapléjico desde los 18 años, desde hacía tiempo quería acabar con su vida y abogaba en Italia por la eutanasia y el suicidio asistido. Finalmente acudió a un recurso legal basado en una ley de 2018 que considera la alimentación e hidratación asistidas como una terapia, la cual puede por tanto ser rechazada por el paciente, aunque le conduzca a la muerte al cabo de unos días. La cual puede afrontar solicitando una sedación profunda para evitar los dolores de la inanición y la deshidratación. Es lo que hizo Fabio.

Su caso ha servido como bandera a los grupos pro-eutanasia, pero desde ámbitos provida se ha recordado en estos días el caso de Sylvie Ménard. Parisina afincada en Milán, donde desde 1969 ha trabajado en el Instituto Nacional de los Tumores, es una de las oncólogas más prestigiosas del país, ahora ya jubilada.  En la estela de su maestro, el oncólogo Umberto Veronesi (1925-2016, ministro de Sanidad en 2000-2001 con Giuliano Amato), Sylvie era activista pro-eutanasia hasta que, al ser ella misma diagnosticada de cáncer en 2005, cambió radicalmente su punto de vista.

"Yo pensaba que si el cuerpo ya no funciona, o peor aún, la cabeza ya no está perfectamente sana, eso no es vida: mucho mejor acortar enseguida el sufrimiento", explica. Pero su perspectiva dio un vuelco cuando le encontraron un cáncer de médula ósea incurable y le dieron una esperanza de vida muy corta: "Ahí te das cuenta de que todas las certezas que tenías como persona sana, como persona enferma ya no funcionan, porque ahora sabes las cosas, no las teorizas".

Empezó a luchar por el derecho al tratamiento, más que por el derecho "a la muerte digna". En 2009 escribió un libro de gran éxito, Se puede curar. Mi historia como oncóloga enferma de cáncer. Y hasta hoy no ha dejado intervenir públicamente en este debate, como hizo en octubre pasado en una entrevista de Lucia Bellaspiga en Avvenire:

-La historia nos enseña que la narrativa "falaz" puede llevar a la opinión pública y a las propias clases dirigentes a encontrar como "normales" derivas que, en cambio, son aterradoras.

-El hecho es que la comunicación de los enfermos con los sanos es casi imposible, porque mientras uno esté sano y posiblemente joven, bello y rico, no puede comprender ni remotamente lo que es la enfermedad, la niega hasta en el pensamiento. El deseo de la eutanasia es en realidad un intento de decirle al destino "no me cojas a mí porque no lo soportaría". El miedo a la enfermedad y al sufrimiento, sin haberlo vivido nunca, es la tentación de los sanos, pero cuando estás en ella te das cuenta de que no es cierto que la vida sea invivible, siempre y cuando haya un sistema de cuidados a tu alrededor que te lleve de la mano y te dé todo lo que necesitas, tanto física como psicológicamente.

-¿Usted lo ha experimentado directamente?

-Antes de recibir el trasplante de médula ósea tuve que someterme a altas dosis de quimioterapia que me destruyeron, mi cerebro estaba nublado, ya no podía ni siquiera leer un libro o escuchar música, pero ese periodo fue perfectamente soportable y lo superé porque estuve bien atendida por profesionales que respondieron a todas mis necesidades.

»Sin embargo, antes de la enfermedad, habría rechazado ese futuro, solía decir que si tienes que depender de los demás, la vida ya no merece la pena. Merece la pena, siempre y cuando la sociedad no te haga sentir como una carga y todo se haga con gracia y humanidad.

 

-También porque hay personas que nacen así...

-Por supuesto, y desde el momento en que decimos "esta vida tuya es imposible, así que se puede acabar con ella", estaríamos diciendo a todos los frágiles que su existencia es inútil, que nos cuestan y que en lugar de gastar para mejorar su situación es mejor darles una alternativa rápida, es decir, la eutanasia. Yo, que como médico alzo la voz cada vez que veo un tratamiento erróneo y exijo que el enfermo se maneje lo mejor posible, me vería claramente silenciada: es mucho más difícil garantizar a todo el mundo el derecho a la asistencia que ponerle una inyección letal. Esto me asusta mucho.

-La definición de "suicidio asistido", en cambio, sugiere una elección voluntaria, un derecho.

-El suicidio real se considera una enfermedad mental, hasta el punto de que quienes no consiguen quitarse la vida son tratados en pabellones psiquiátricos. Todas estas personas tienen algo en común, la desesperación: para tirarse desde un sexto piso o pegarse un tiro, está claro que se está desesperado, como desesperado puede estar el enfermo que no ve una salida. ¿Por qué, entonces, tratamos a los primeros como enfermos psicológicos, mientras que a los segundos debemos darles un empujón para que "salten"? Entonces también deberíamos ayudar a alguien que quiere tirarse de un puente: ¿por qué lo retenemos? ¿Por qué se considera más grave la desesperación del enfermo que la de quien ha perdido un hijo o está endeudado, o simplemente está deprimido?

Como el sargento Greg Bogert en el puente de Nueva Jersey con un hombre desesperado, todos los años decenas de policías, bomberos, personal sanitario u otros se juegan la vida por impedir que se suiciden personas que, según la contradictoria ideología dominante, tienen derecho a ser asistidas si quieren suicidarse.

-Cuidado, que no estamos lejos: si se aprobara la eutanasia para los enfermos, pronto llegaríamos a la eutanasia de los deprimidos, como ya ocurre en algunos países.

-Sin duda. Luego llegaríamos a considerar vidas "indignas" los enfermos de Alzheimer, luego los bebés con enfermedades o malformaciones y así hacia adelante; pero ¿dónde está la ruptura, el límite entre la persona a la que debemos "ayudar a morir" y la que si se ahorca la consideramos una locura y tratamos de salvarla?

-La batalla por la eutanasia, la razón de vivir de ciertos rostros de la política, elige casos extremos y los propone como cotidianos. El doloroso caso de DJ Fabo [murió por suicidio asistido en Suiza en 2017] lo dice todo.

-Son personas utilizadas por los medios de comunicación. Cualquiera de nosotros, incluso paralizado como Fabo, puede llegar a la muerte sin esperar que un médico lo mate: basta con negarse a comer y beber, y en cinco o seis días se muere, naturalmente sedado para no sufrir. La sedación es un derecho y no se le niega a nadie, no es eutanasia, solo anestesia y es utilizada por ley por la medicina paliativa con gran humanidad.

»Lo he dicho muchas veces en los debates televisivos sobre DJ Fabo, pero la respuesta de los adalides de la eutanasia es que habría tardado demasiado, que seis días era demasiado tiempo: una clara mentira, la batalla mediática que terminó llevando a Fabo a Suiza duró meses y meses. Si ese chico hubiera muerto de forma natural y sedado, como ocurre en otros casos, los que le rodean no habrían conseguido ruido alguno.

(...)

 https://www.religionenlibertad.com/personajes/566477647/sylvie-menard-famosa-oncologa-enferma-cancer-eutanasis-fin-civilizacion.html

4 comentarios:

  1. A eutanásia sempre foi. é e sempre será, um tema controverso, discutido, onde muitos concordarão e outros muitos descordarão.
    Será uma discussão eterna..
    .
    Saudações poéticas
    .
    Pensamentos e Devaneios Poéticos
    .

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  2. Estos temas son muy personales, debe haber leyes que contengan de uno y otro lado, un abrazo Susana!

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