Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

viernes, 2 de enero de 2026

 Publicación de Pedro Ferrandiz Llinares


Según la mayoría de los analistas de hoy en día, nuestros padres, han estado intentando matarnos desde que nacimos.
Hemos llegado a adultos por los pelos, ya que, teniendo en cuenta: que el gluten es malo, la lactosa es mala, los cereales y el pan blanco son veneno, el azúcar es lo mismo que el cianuro, la fructosa de los zumos te revienta por dentro, y que las grasas son como resina para sellar las arterias, nosotros no deberíamos estar vivos.
Mirando hacia atrás, veo a mis padres.
Ahora, veo su plan magistral para eliminarme.
Aquellos filetes con patatas fritas y el aceitillo de la sartén por encima eran por algo. Luego, al ver que me levantaba vivo por la mañana, lo volvían a intentar con un buen Colacao con una torre de galletas María unidas por una capa de mantequilla o margarina.
Como aquella fórmula no funcionaba, reforzaban con una merienda a base de ¡Pan blanco, con chocolate, chorizo foie gras!. (Entonces no había paté). A veces lo intentaban con más ahínco regando una rebanada de pan con leche y añadiéndole nada menos que azúcar blanco.
¿Se puede ser más asesino?
Los fines de semana entraban los extras y ya iban con todo: en el desayuno unos buenos sobaos pasiegos o unos churros, y, como tenían más tiempo para cocinar, me metían para comer una fabada con su choricillo, su capa de grasilla flotante y más pan para “mojar”.
De postre, para terminar con algo dulce, un arrocito con leche no podía faltar y si era verano el Miko Lápiz reglamentario.
En la cena podía caer un pollo asado con salsita para poder bañarse y de postre natillas.
Claramente eran unos psicópatas sin sentimientos.
Hicieron todo lo que pudieron, pero al final aguanté.
Lo más sorprendente, es que con esa alimentación, sin traumas ni alimentos prohibidos llegué a medir 1,72mts.
¿A ver si el problema va a ser la actividad, la cantidad, la frecuencia, la variedad y el estilo de vida, entendidos míos?
Yo desde luego no me voy a subir al tren de alimentarme sólo de lechugas criadas en libertad y recogidas bajo la luna menguante del quinto ciclo de Júpiter en rotación con Saturno.
Nota: Lo de las abuelas ya ni os cuento. Aquello eran auténticas casas de tortura. Nunca habías comido suficiente.

2 comentarios:

  1. Hombre, si lo analizamos seriamente estamos vivos de milagro, además jugábamos en la calle y nos columpiábamos en artefactos que no cumplían la normativa de seguridad.
    Un saludo

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