Hace 500 años, en las tierras del Sacro Imperio, ocurrieron unas de las matanzas más silenciadas en la historia de Europa: las guerras de los campesinos. En aquel 1525, bajo una situación de pobreza extrema, los labradores exigieron que la misma libertad que los protestantes reclamaban en materia religiosa se extendiera al ámbito político y social. ¿Por qué no podían ellos reclamar más derechos? Así redactaron los “Doce artículos”, una petición a la nobleza para ganar una mayor relevancia en la sociedad. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando en los Consejos empezaron a asomar la cabeza los propagadores de las nuevas doctrinas -que por primera vez alcanzaban la élite, hasta entonces reservada para los católicos-, y ahora no estaban dispuestos a repartir el pastel con más espectros de la sociedad.
Para situar el contexto histórico, todo se remonta a las tesis de Wittenberg, promulgadas en 1517 por un monje agustino de nombre Martín Lutero. Aquel gesto abrió un cisma dentro de la Iglesia católica, cuyo máximo defensor, el emperador Carlos V, estuvo dispuesto a escuchar a aquel fraile. Sus obras más controvertidas fueron A la Nobleza Cristiana de la Nación Alemana, una llamada a los príncipes a asumir las funciones del papado; El cautiverio babilónico de la Iglesia, una crítica a los sacramentos; y La libertad del cristiano, donde afirmaba que solo la fe salva al creyente. En 1521, se le pidió en la Dieta de Worms que se retractara de sus escritos, pero este se negó y aprovechó el salvoconducto imperial para desaparecer de la escena.
Los campesinos “se convirtieron con toda evidencia en hombres pérfidos, perjuros, desobedientes, en rebeldes homicidas, asaltantes, blasfemos”.
Martín Lutero, en “Contra las hordas asesinas y ladronas de campesinos”
En 1522, Lutero volvió al primer plano justo cuando sus ideas se propagaban con velocidad por las ciudades germánicas, a través de sus discípulos. En un principio, el fraile supo de las quejas de los campesinos y los quiso apoyar; pero rápidamente se dio cuenta de que su nueva doctrina empezaba a consolidarse en las altas cotas de poder, tanto en príncipes como magistrados. Así que aquellas demandas populares apuntaron directamente a sus nuevos protectores. Por eso escribió una obra que cambió completamente el panorama: “Contra las hordas asesinas y ladronas de campesinos” (1525). ¡Lutero cambió su posición para apoyar a la nobleza y pidió reprimir a la fuerza a los campesinos!
Este fragmento de su obra sirve para ilustrar su pensamiento: “En un primer término no quiero oponerme a aquellas autoridades que, pudiendo y queriendo hacerlo, repriman con todo rigor y castiguen a tales campesinos (…) Están plenamente en su derecho, dado que los campesinos ya no luchan en defensa del evangelio, sino que se convirtieron con toda evidencia en hombres pérfidos, perjuros, desobedientes, en rebeldes homicidas, asaltantes, blasfemos”.
El líder de aquella masa descontenta con el poder fue Thomas Müntzer, la cabeza de los anabaptistas, una vertiente más radical del luteranismo. En la actualidad, existe una gran desinformación a la hora de tratar el protestantismo, ya que se piensa que es un bloque uniforme, que no tiene matices. Pero la realidad es bien diferente, ya que existen diferentes ramas, entre ellas el anabaptismo: defensor de que el bautismo deba realizarse a una edad adulta y convencidos de que el día del Juicio Final estaba cerca. Sin duda, fue la competencia más directa que tuvo Lutero en el Sacro Imperio. Por eso, el monje entendió que apoyar una guerra contra los promotores de la considerada primera revolución del pueblo, solo podía ir en su beneficio. Este levantamiento será tomado como ejemplo durante la Revolución Francesa o incluso, años después, por los movimientos socialistas en el siglo XIX en Rusia.
La revuelta acabó con la batalla decisiva ocurrida en Frankenhausen, que enfrentó a las tropas de la nobleza con los campesinos. Los seguidores de Müntzer, considerado por algunos investigadores el gran revolucionario de su época, perdieron aquel 15 de mayo de 1525 cualquier esperanza de continuar con su lucha armada. La desigualdad en el armamento quedó plausible en las más de 5.000 bajas campesinas, frente a las apenas diez de los nobles. Tan solo unos días después, su líder fue capturado, torturado y decapitado por orden del príncipe de Sajonia en Mülhausen, en el estado de Turingia.
Estas guerras, conocidas sobre el terreno como “la revolución del hombre común”, movilizaron a un total de 300.000 campesinos, de los que murieron en torno 75.000 y 100.000. Es decir, casi un 33% de los implicados. La renovación espiritual planteada por Lutero no quiso cambiar los paradigmas políticos establecidos, y eso se notó en Alsacia, una de las regiones más afectadas con 30.000 fallecidos. La Oficina de Turismo de Estrasburgo todavía recuerda cómo estos hechos afectaron a su ciudad pese a los intentos de su reformador, Martín Bucero, de actuar como mediador. De esta forma, el luteranismo quedó como el gran adalid de la Reforma protestante, y podrá a través de su nueva doctrina establecerse paulatinamente en el poder.
https://www.vozpopuli.com/historia/las-matanzas-desconocidas-de-campesinos-aprobadas-por-martin-lutero.html
Las injusticias siempre convivieron en este mundo, un abrazo Susana!
ResponderEliminarLucero fue un personaje siniestro con muchos vicios. Un beso
EliminarLo que viene a demostrar que en muchas ocasiones los civilizados hacen barbaridades y que la verdad tarda demasiado en conocerse.
ResponderEliminarUn saludo
Algunas no se saben nunca. Un beso
EliminarGracias Susana, no conocia esta parte de la historia. El poder y la fuerza siempre vencen a la razón.
ResponderEliminarUn abrazo y Felices Pascuas de Resurrección!!
Yo tampoco lo conocí? Feliz Pascua. Un beso
EliminarNo quieren que lo sepamos. Felices pascuas. Un beso
EliminarEl poder no está pa ra historias de buenos y malos, se impone y listo.
ResponderEliminarBesos.
Pero aquí son los buenos. Un beso
EliminarMe temo que he borrado un comentario por error. Está parte de la historia no quieren que la sepamos. Un beso
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