Diario conservador de la actualidad

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

domingo, 12 de abril de 2026

El silencio de los libres, por Alba Vila

 Esta semana se han cumplido dos años del ataque más sangriento en Israel. El 7 de octubre de 2023, los terroristas de Hamás irrumpieron por tierra, mar y aire. Aquel día dejó 1.200 muertos y más de 250 secuestrados. La imagen del terror con el festival de música Nova, los kibutz y de familias enteras ejecutadas, dio la vuelta al mundo. En este segundo aniversario, Hamás ha aceptado el plan de paz propuesto por Donald Trump. Todos lo sabemos. Todos sabemos lo que ocurrió aquel 7 de octubre, conocemos las declaraciones, los análisis, las protestas, los comunicados, las flotillas y quién iba en ellas (también que iban sin ayuda humanitaria), lo que opina uno y el contrario,… Todo está registrado al milímetro, medido para el discurso y comentado hasta la madrugada como una buena cortina de humo. Sin embargo, mientras usted lee estas líneas, hoy, doce cristianos morirán por su fe.

 Según la Lista Mundial de la Persecución 2025, 4.776 cristianos fueron asesinados el año pasado simplemente por creer en Jesús. En un mundo que presume de derechos humanos, de pluralidad y de progreso, hay hombres y mujeres que siguen muriendo por rezar. Hay un país donde esta realidad se evidencia y se torna en un problema de una magnitud mayor: Nigeria. En este país africano, el genocidio no es una palabra de debate sino una realidad observada y sufrida en el día a día. Una realidad expresada en datos: más de 7.000 cristianos asesinados entre enero y agosto de este mismo año.

 El silencio reina en Europa ante este drama y festín de limpieza étnica. Nos definimos a nosotros mismos cómo la sociedad más libre, ¡nunca antes tan libre!, pero quizás nunca fuimos tan cautivos del miedo a parecer políticamente incorrectos. Si fuéramos libres, esto sería tema de conversación. Si fuéramos libres, la indignación sería compartida. Las aldeas arden y los niños son raptados mientras que, aquí, se celebran congresos sobre la tolerancia y se ofrecen discursos llenos de referencias hacia los más débiles. Los verdugos de esta sangría de cristianos tienen nombre propio: Boko Haram, las milicias fulani, el Estado Islámico de África Occidental… pero a nadie parece importarle. Tremenda comodidad disfrazada de virtud. 

 La palabra genocidio ha ocupado portadas, titulares e incluso mesas de comidas familiares. Pero se ha usado para Gaza y aunque nadie niega lo que ha sido esta realidad durante dos años resulta inevitable preguntarse por qué unos muertos merecen tantos titulares y otros nada, el dolor del silencio. Callar se convierte en máxima y, quizás, por cobardía, por considerar que defender al prójimo no es moderno. Porque hacerlo, ¿nos haría parecer intolerantes? Pero ese silencio, no el de las víctimas, sino el nuestro, es el sonido más revelador de la decadencia de nuestra sociedad.

 El genocidio, el mayor del mundo, es contra los cristianos. En Corea del Norte, entre 50.000 y 70.000 cristianos están internados por practicar su fe. En Pakistán, Irán, Afganistán e India, la persecución crece cada año. En Europa, también. Según el Observatorio sobre la Intolerancia y la Discriminación contra los Cristianos (OIDAC), 2.444 ataques fueron registrados en 2023 en 35 países europeos: un ataque cada cuatro horas. Profanaciones, incendios, amenazas, agresiones. Francia encabeza la lista, seguida de Alemania, Italia, Polonia y España. Una violencia cultural, mediática e ideológica. Un sinsentido ya que somos hijos de esos valores. Nuestra idea de vida, de dignidad humana, de familia, de libertad o igualdad nace de la fe. Por eso, el problema de Occidente no es que haya olvidado a Dios, es que ha olvidado al hombre que muere por Él. 

 Quizá haya llegado el momento de una revolución de cristianos se está librando la batalla más antigua del mundo: la del bien contra el mal. Y ese mal exige coraje. Una revolución de fe y de valentía, que recuerde que creer no es algo que se nos permita, una concesión, sino una condición del alma. Si Occidente deja de defender sus raíces, también deja de defender al hombre. Y cuando se calla ante el sufrimiento de los inocentes, empieza a perderlo todo. Nunca antes tuvimos tantas leyes, tantos llamados derechos, tantas medidas de protección o más declaraciones universales. Pero nunca fue tan fácil mirar hacia otro lado.

https://gaceta.es/opinion/el-silencio-de-los-libres-20251010-0801/ 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El silencio de los libres, por Alba Vila

 Esta semana se han cumplido dos años del ataque más sangriento en Israel. El 7 de octubre de 2023, los terroristas de Hamás irrumpieron por...